El pasado domingo se volvió a callar la mitad de España. Como yo ya he dicho, en este país tenemos la manía de criticar lo que nos va bien. Es el deporte nacional, por encima del fútbol. Pero a lo que vamos. La mitad de España que se quedó muda nuevamente es aquella que no puede ver a Fernando Alonso.
Fernando volvió a demostrar que sabe ayudar a los ingenieros a crear un buen coche a partir de una papa con ruedas. Lo hizo el año pasado con McLaren y lo está consiguiendo de nuevo con Renault. Quien no vea eso es que critica por el simple hecho de criticar. En dos carreras ha vuelto a subir al podio, y no a un escalón cualquiera, sino a lo más alto del podio.
Está acabando el año como debe ser, demostrando que es el mejor piloto en activo. Unos se atreven a decir que Hamilton es el que debe ostentar ese título, pero claro, si yo yo tengo la calidad de Lewis y debuto con un McLaren también debería tener el título de mejor piloto. Lo que sucede es que Hamilton no sabe llevar la presión, si no el año pasado hubiese sido campeón y este año tendría medio título en el bolsillo.
Las dos últimas carreras han servido para eso, para que los que despotricaban contra Alonso bajasen la cabeza. Ahora esperarán a que le pase algo al coche en China y volver a decir que es muy malo. Pero lo que realmente importa es que ha conseguido callar bocas y acabar la temporada como debe ser: en lo más alto.

Escribir un comentario