Se acabó el corto período de descanso que me había dado para poner a punto el disco duro éste que tengo sobre los hombros. Tras resetearlo varias veces (se cuelga más que el Windows Vista...) creo que ya está listo para ser usado de nuevo. Esta semana tengo varias cosas de las que hablar. Que si el gran triunfo táctico de Alonso en Singapur; que si el descalabro español en Varesse, calificado por Antequera como "ridículo"; que si el octavo mundial de Il Dottore; que si el golazo de David García; pero me tengo que quedar con la barbaridad que vimos el sábado.
Nos situamos en Barcelona, en la Montaña Olímpica. El derby catalán por excelencia: Espanyol - Barça. Un gran partido, unos grandes jugadores, un árbitro pésimo (como el 99% de los árbitros españoles) y una gran afición. Y me refiero a la del Espanyol, no a esos tipejos que se hacen llamar "Boixos Nois".
El gran Eduardo García (Radio Marca), define a estos bárbaros como "cerebros rapados", así que utilizo su denominación porque me parece la más adecuada. Estos tipos creen representar al Barça, creen que nadie es más culé que ellos. Se nota que son cerebros rapados porque eso sólo se lo creen ellos. Estos, y todos los grupos ultras, son la vergüenza de un deporte tan bonito como es el fútbol. Yo soy de los que no aprueba la labor de Laporta al frente del club, pero si algo ha hecho bien ha sido desterrar del Camp Nou a unos ultras que ayer, por poco, no provocan una desgracia. Si una de esas bengalas hubiese alcanzado a alguien quién sabe de lo que estaríamos hablando...
Espero que el próximo presidente del FC Barcelona mantenga ese destierro. Si vuelven al Camp Nou de nada servirían estos años. El problema es que los demás equipos sí les permiten el paso, y encima la seguridad es tan buena que su registro consiste en mirarlos de arriba a abajo, como si llevasen rayos X en sus ojos. Si no no me explico cómo se pueden meter tantas bengalas en un campo de fútbol. Yo soy partidario de que a esta gente se le llegue cachear.
Esperemos que no vuelvan a repetirse incidentes como los del sábado, y que todos los clubes de fútbol lleguen al consenso de prohibir su entrada en los campos de fútbol. Lo que está por ver es si algunos presidentes tienen la misma valentía que Laporta a la hora de tomar decisiones drásticas...

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