Semana tras semana estamos acostumbrados a ver errores arbitrales en los partidos. Eso es algo normal, ya que al igual que falla un jugador de campo en una jugada o el portero en un lance aislado, los trencillas también tienen derecho a equivocarse. El problema aparece cuando las equivocaciones son muchas más que los aciertos.
Que en un partido el colegiado termine con más errores que aciertos es lo más habitual en la liga española. No sólo en la Primera División, sino en todas las categorías. Pero claro, tenemos que darnos cuenta de una cosa. En 1ª, 2ª A y, en algunos casos, 2ªB los futbolistas son profesionales (se dedican única y exclusivamente a jugar al fútbol), lo que conlleva menos errores (digo "menos", no que no los cometan) que los jugadores de 3ª división para abajo.
Entonces, ¿cómo es posible que los árbitros (sobre todo de las categorías profesionales) no se dediquen a ello por completo? Son empresarios, funcionarios, odontólogos o lo que sea. Pero no son árbitros profesionales. El día que lo sean, el día en que se dediquen a ello por completo, seguirán cometiendo errores, sí, pero muchos menos.
Por ello espero que tanto el Sr. Villar como el Sr. Sánchez Arminio hagan caso a las peticiones de la FIFA (por una vez sensatas, señor Blatter), de tener árbitros profesionales para el Mundial '10, y formen de una vez a los trencillas españoles. Da vergüenza ir a un campo y ver como la cantidad de errores arbitrales cometidos desvirtúan un partido. La profesionalización es un paso más hacia la consecución de un mejor espectáculo, que al fin y al cabo es lo que es el fútbol.
