Comenzó el sábado el evento más importante de la Tierra, aquel que los deportistas (incluídos los del fútbol, aunque la FIFA haga el paripé de "nos encantan los JJ.OO."...) esperan con ansias cuatro años: Los Juegos Olímpicos. Eso sí, estos son unos juegos un tanto... raros... con una presencia policial que llama en exceso la atención y con un Gobierno que no es que respete mucho los derechos humanos. Porque estoy en España... que si no por esto que escribo ya me ponían en el paredón. Pero centrémonos en lo que realmente nos importa.
Malamente me había quitado las legañas el sábado y ya estaba sonando el himno español. Un gran Samuel Sánchez, el único del que no esperábamos la victoria nos dejó atónitos. Incluso yo, que había estado dando la tabara con que Contador tenía bastantes posibilidades me tuve que callar al ver la pájara que sufrió. En esto del ciclismo no hay nada escrito (ese tópico me suena de algo...).
No voy a engañarles si les digo que ver a Samuel en lo alto del podio hizo que a mí también se me saliese alguna lagrimilla. Era el tapado, el que supuestamente venía a "completar" el equipo, pero fue el más listo. Ni los magníficos Davide Rebellin y Fabian Cancellara daban crédito cuando cruzaban la meta.
Enorme comienzo en los juegos en ciclismo (una pena que las chicas no pudiesen hacer más). Ahora a contar días para llegar al miércoles. Y a seguir disfrutando. Porque estoy estudiando, que si no me pegaba 24 horas con los ojos de búho...

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