Todos buscamos nuestro espacio en medio de las calles y de los paisajes, en las habitaciones de una casa o entre la multitud. Necesitamos un lugar, por pequeño que sea, para ponernos a salvo. Y ese lugar no es siempre el mismo, como no son las mismas las ciudades que buscamos. Tú eres tu única patria, el que reconoce sus límites allí donde el corazón se sienta como en casa. Un día necesitas mar, otro montaña, otro bullicio de grandes ciudades y otro el silencio de un páramo deshabitado. No le pongas nunca obstáculos a tu propia necesidad errante, a esa búsqueda que ha ido sembrando a los humanos por todos los rincones del planeta. Los que vivimos en islas sabemos desde el principio que venimos de todas partes.
