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Novedades en la categoría Ecología

Las pipas de los árboles de la plaza se le fueron pegando a sus zapatos durante semanas. No se daba cuenta de que paseaba llevando los restos de árboles milenarios de un lado para otro. Ni siquiera el escáner del aeropuerto alertó de aquella migración botánica. Han pasado tres mil años y la ciudad a la que llegó no es más que una arboleda como la de la plaza que estaba justo al lado de su casa.

Esta mañana ha aparecido una ballena varada en Corralejo. Ha venido a morir a la orilla. Sé que no es noticia para abrir un informativo, pero si los informativos contaran la realidad que acontece a nuestro alrededor la muerte de una ballena sería siempre noticia destacada. Uno quisiera saber qué busca una ballena cuando cambia las profundidades abisales por las rocas, el silencio de los fondos oceánicos por el bullicio de las olas de la costa. Me conmueven las ballenas que se desorientan. Se me parecen a esos viejos que han perdido la memoria y deambulan por las calles de ciudades que ya no reconocen. Las ballenas ya estarán presintiendo el eco ensordecedor que horadará los fondos buscando los restos fósiles de paraísos que quedaron fondeados en el tiempo. Hace días nadaba por el océano pensando que la vida no terminaba en ninguna orilla.

-¿Lo perforas tú o lo perforo yo?
-¿El qué?
-¿Cómo que el qué? ¡El océano, que no te enteras de nada!
-¿Qué te ha hecho?
-No importa lo que haya hecho, lo que vale es el petróleo que los satélites han visto en el fondo.
-Pero podemos acabar con las playas cercanas y con la vida que hay en esos fondos.
-A ver, ¿tú qué quieres, ir en bicicleta de una punta a otra del planeta o seguir volando en aviones y subiendo en los coches? ¡A lo mejor te crees que la gasolina cae del cielo!
-Ya, pero digo yo que se podrían hacer las cosas de otra manera, tratando de evitar esos riesgos y esperando a que hagan estudios medioambientales.
-Sí, claro, para que luego digan que existen esos riesgos y nos quedemos sin ver un euro de todo el dineral que se puede sacar del petróleo. O vamos o no vamos.
-Pero el océano no es realmente de nadie, o como mucho es de quien lo habita.
-Déjate de chorradas, esto es como en las películas del Oeste: o lo matas tú o lo mata el otro, pero el tipo no puede salir vivo porque dan una buena recompensa por él.
-Hoy dicen que saldrán miles de personas a la calle para protestar por esas prospecciones.
-Que salgan y que griten todo lo que quieran. Aquí mandamos nosotros. Ellos votan, pero eso no es más que un paripé.
-Pero son los que viven en esas costas que quedarían manchadas de petróleo si hubiera cualquier fallo.
- Y qué, que se muden de sitio. El mundo es muy grande. Donde aparece el petróleo manda el dinero.
- ¿Y si no picamos ninguno de los dos? Mira frente a Baleares, también hay petróleo, pero como saben que habría riesgos para las costas y para el turismo lo dejan donde mismo está. No veo la diferencia.
-Pues la diferencia es que aquí está Marruecos dispuesto a sacar todo lo que pueda. Y que esto importa menos porque está lejos de la metrópoli. Desde Madrid solo ven barriles de petróleo y dinero con el que poder salir un poco de la crisis.
-Yo no perforo.
-Allá tú. Los soñadores han escrito pocas páginas en los manuales de historia.
-Sí, pero por lo menos no han escrito páginas sangrientas ni cargan en sus conciencias con la destrucción de la belleza.
-¡Bah, bah, bah! Monsergas. Hay que ser prácticos y dejarse de utopías y de pendejadas ecológicas.
- No nos vamos a entender. Pero no puedo dejar de expresar lo que siento. En esas playas están todos mis recuerdos. No concibo otra patria que no sean mis costas y los horizontes en los que he ido pergeñando todos mis sueños.
-Eres un poeta y un sentimental, y así no vas a ir a ninguna parte. O lo haces tú o lo hará el otro.
-Esa ha sido la martingala que han utilizado todos los canallas de la historia: o te exploto yo o te explotará el otro. Hay otros caminos. Y en el mundo que estamos viviendo no podemos consentir que los tipos como tú sigan haciendo lo que les dé la gana. Ya va siendo hora de cambiar las cosas.
-Eres un inmaduro. Te niegas a aceptar la realidad que tienes delante. Estamos en manos de los que manejan la guita. O te unes a ellos o te quedas fuera de todos los repartos.
-No son esos los repartos que yo quiero. No hay dinero en el mundo que justifique el deterioro de Cofete, Famara, Sotavento, Papagayo o El Cotillo. El riesgo existe, y además es muy alto, casi diría que inevitable; pero eso lo reconocerán luego, cuando ya no haya nada que hacer. Si callamos ahora también nosotros seremos cómplices de esos desastres.
-Tú mismo.

Las prospecciones petrolíferas han vuelto a convertir a Canarias en la colonia que creíamos que ya no era. Se vuelve a decidir el futuro de las islas sin contar con la opinión de los que viven en ellas. Da lo mismo el paisaje y que ese océano, además de ser nuestro principal reclamo turístico, sea también nuestro cordón umbilical con la vida y con nuestros recuerdos. No me vale el argumento de que si no extraes tú el petróleo lo extrae Marruecos. Lo que tendrían que exigir son estudios medioambientales que garantizaran que no hay riesgos, pero como saben que eso es imposible prefieren mirar para otro lado y destrozar un poco cada uno antes de marcharse con lo ganado el día que fallen los controles y lleguen los desastres.
La guita comprará voluntades, y da lo mismo la vida de los que habiten cerca del petróleo. No hay más que mirar lo que pasa en Guinea Ecuatorial o las dictaduras medievales del Golfo Pérsico. Solo vale lo inmediato y lo que genere dinero a corto plazo. Quieren hacer desaparecer las energías renovables y no hay voluntad de pueblo o providencia celestial que detenga a esos tipos cuando dan con el petróleo. Confluyen todos los intereses porque el sistema está en manos de las multinacionales. Seguiremos viendo cómo destrozan los paraísos. Es lo que hacen ahora mismo en medio mundo. Esta vez nos ha tocado casi a las puertas de casa, pero nuestra impotencia es la misma que han sufrido otros países y otras regiones en los últimos veinte años. Nos estamos autodestruyendo. Canarias les importa un pito. No somos más que una cierta cantidad de barriles de petróleo en el reino de la especulación financiera. Estas islas ya solo son siete manchas negras en los mapas de los despachos de las multinacionales.

Cada tiempo tiene su estética y sus iconos. Hay civilizaciones que dejaron pirámides y otras que excavaron catacumbas o levantaron fortalezas para protegerse de sí mismas. Anoche vi el Puerto de La Luz lleno de plataformas petrolíferas iluminadas. Podrían parecer bellas vistas desde lejos, pero cuando amanece solo encuentras un adefesio de hierros cuyo único destino es destrozar la armonía y el equilibrio de los fondos submarinos. La especulación se reconoce en sus formas. No contiene adornos o elementos que la embellezcan. Así querrían los especuladores que fuéramos nosotros, estructuras de hierro sin sentimientos y sin quejas, plataformas en medio del océano de la vida produciendo sin parar. Antes los puertos solo veían llegar y partir barcos cargados de sueños.

Entre un paraíso y una prospección solo hay deterioro y usura. Mi generación ha perdido muchos paraísos en los que aprendimos a mirar la belleza. Hay playas, montañas y horizontes que nadie nos podrá devolver jamás. Siempre aparecía la martingala del crecimiento económico y de las posibilidades laborales; pero al final Canarias solo sigue viviendo del turismo, y poco favor le haremos a ese medio de subsistencia horadando el fondo del mar para buscar petróleo. Cualquier mínimo fallo, el despiste de alguien que un día amanezca medio agripado o la negligencia de uno que pasaba por allí, convertirían a Famara o a Sotavento en una sombra negra y pegajosa como las de aquellas manchas de alquitrán que cuando yo era niño ensuciaban cada dos por tres las piedras de la playa del Puerto de Las Nieves de Agaete. Esas manchas venían de los petroleros que pasaban cerca de nuestras costas y esa playa que les acabo de nombrar ya no existe. Era mi paraíso, pero quedó sepultado para siempre porque llegaron los mismos desaprensivos que ahora nos cuentan que sin petróleo no viviremos, o que si no lo sacamos nosotros lo terminará comercializando Marruecos con los mismos riesgos para nuestras costas. No me valen sus argumentos, y mucho menos cuando éstos vienen casualmente unidos a la negación de las energías alternativas. Ayer me preguntaban en una entrevista que si los canarios éramos un pueblo resignado. Contesté que era verdad que durante siglos no habíamos hecho otra cosa que escapar por el mar cada vez que pintaban bastos, pero que creía que ahora habíamos cambiado. No sé si acertaba, pero sí tengo claro que los que ven estas islas como lugares en los que enriquecerse rápido y de cualquier manera han cambiado poco. Esta vez no hablamos de una crisis pasajera como la de la cochinilla o la caña de azúcar. Ahora nos estamos jugando el paraíso. Hay que elegir paraíso o prospección. No hay término medio. Futuro azul o futuro negro.

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