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Desmemoria

Decía Benedetti que el olvido está lleno de memoria. Creo que tenía razón, que da lo mismo que no nos acordemos de una cara, de un paisaje o de un nombre para que esa cara, ese paisaje o ese nombre sigan formando parte de nuestra memoria más necesaria. Hoy conmemoramos el Día Mundial del Alzheimer y nos acordamos de quienes ahora mismo transitan entre los espejismos de su propia memoria o se pierden en infancias lejanas. Esa vuelta real a la infancia de muchos enfermos de Alzheimer demuestra que todo lo que vamos viviendo cala en lo más profundo de cada uno de nosotros. Por eso no hay que desdeñar ningún día ni ningún sentimiento. Todo queda, como cantaba el poeta. Todo vuelve, aunque contradigamos al filófoso de Éfeso que aseguraba que no podíamos bañarnos dos veces en las mismas aguas. Hay un arcano indescifrable en nuestra memoria que guarda todo lo vivido. No sé si ese reducto misterioso se hace eterno y permanece más allá del cuerpo y de las palabras que nombramos. El recuerdo únicamente pertenece a cada uno de nosotros. Da lo mismo que los demás piensen que no podemos recordar y que nos encuentren extraviados en mitad de una calle o buscando la casa que ya no existe en la que vivimos hace veinte años. Uno a veces no sabe si lo que estamos viviendo no será más que un recuerdo que rememoramos desde un lugar que no somos capaces de asumir, un destino que podemos cambiar en algunos capìtulos pero que ya viene trazado en su argumento principal. Hay días que parecen un déjà vu de nosotros mismos, una vuelta a un lugar en el que casi juraríamos que ya habíamos estado alguna vez. A lo mejor en algún lugar del tiempo somos nosotros los que terminamos olvidando. Recuerda esto siempre que los veas a ellos. Da lo mismo que te miren y que no te reconozcan.

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6 comentarios

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Es duro ver cómo cerebros generadores de pensamiento y que tuvieron como columna vertebral la memoria se diluyen en sus últimos años. Recuerdo ahora al novelista Alfonso Grosso, a los cineastas Berlanga y Bardem, a ese García Márquez que ya no recuerda lo que escribe y que construyó un mundo con su memoria. Qué triste.

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Y más cerca, Emilio, recuerdo a Alfonso O'shanahan, magnífico escritor y periodista, y mejor persona. Tuve la suerte de trabajar algunos años con él en Diario de Las Palmas. Dolía mucho encontrarlo extraviado y ausente de sí mismo habiéndolo conocido siempre lúcido, irónico y genial. Un fuerte abrazo

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No mencioné a Alfonso O'Shanahan porque es un recuerdo que me duele. Fue el primer hombre de la cultura que apostó por mi obra, con mi primera novela, y me empujó a escribir en los periódicos. Siempre le tuve y le tengo eterno agradecimiento, conmigo fue más que un amigo; él y Agustín Millares fueron mis padrinos morales. Pero la memoria de los afectos parece que sigue funcionando; poco antes de su muerte lo vi en la Plaza Hurtado de Mendoza; iba con Marta, su esposa, y miraba a la nada. Movido por un impulso, le di un abrazo, y mientras lo abrazaba pude escuchar su voz, casi al oído, que me decía: "Me alegro de verte, Emilio". Me reconoció, y luego siguió mirando al vacío. ¿Cómo no voy a acordarme de Alfonso? Además de su obra, deja la estela de todo hombre honesto, bueno en el sentido machadiano.

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Fíjate, Emilio, cómo se cruzan las coincidencias y cómo la estela de los hombres buenos reaparece más allá del olvido. También fue Alfonso la primera persona que escribió algo positivo sobre un texto mío. Nunca olvidaré aquel detalle. Yo empezaba temeroso en el periódico y él, que era una de las grandes referencias del periodismo y la literatura insular, se detuvo en un pequeño reportaje que yo firmaba y lo resaltó en su columna de opinión. Nunca le agradeceré bastante aquel apoyo tan poco habitual en el mundo de las letras y el periodismo. Me alegro mucho de que, paradójicamente hablando de desmemoria, hayamos recuperado su presencia, su generosidad y lo mucho que le tenemos que agradecer los dos. Otro abrazo.

5

…La memoria. En mis tiempos del instituto, durante una clase de Lengua a uno le llega la fatalista inspiración de que nuestro pensamiento está formado por palabras; signos ordenados que representan a objetos materiales, trocitos de memoria que no merecen una eternidad cuando a nuestro ordenador deje de circularle la corriente de la vida, o cuando se averíe su disco duro, porque los dioses inmortales no hablan nuestros idiomas de la materia; ¿pero todo en nosotros es reducible a signos, a palabras, a memoria?, hay momentos en la vida que no son expresables por palabra alguna, situaciones en que los sentimientos superan a las palabras, …quién sabe si también a la memoria y al tiempo, …quién sabe si el mundo tiene su propia memoria y guarda lo que sentimos, lo que no merece el olvido. En cualquier caso, ni debemos despreciar el tiempo que se no has dado, …ni mucho menos olvidar la capacidad de amar, la que hace que los que se han ido aún sigan latiendo en nuestro ser, la que hace que no olvidemos a los seres que queremos.

6

Estoy totalmente de acuerdo con lo que has escrito, Pedro. Un abrazo

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