Todos interpretamos nuestro propio personaje. No hace falta que subamos a un escenario o que nos esté enfocando una cámara. Ni siquiera queriendo ser coherentes todo el rato, logramos unificar las miradas. Unos te verán nervioso y otros calculador e inmutable, los habrá que te recuerden como alguien aventurero y osado y también quien hable de ti como la persona más timorata que conocen. Incluso hay momentos en los que uno se ve superado por su propio personaje y termina actuando como espera el otro para no tener que dar explicaciones. Ya sé que no es lo más recomendable, pero no siempre se pueden elegir los papeles. A veces sí es verdad que nos tocan las letras rutilantes en el reparto: cualquiera que se enamore, por ejemplo, verá su dicha anunciada en todas partes con las luces de neón más grandes y luminosas.
Todas estas elucubraciones han surgido con la muerte de Colombo. Si hubiera visto el titular de un obituario con el nombre de Peter Falk, lo más probable es que no me hubiera detenido. Habría pensado en un jugador de la NBA, en un héroe de la Segunda Guerra Mundial o en un miembro destacado de la CIA. Para pararme, conmoverme y recordar tuve que leer Colombo, y sobre la marcha regresé a las tardes de mi infancia, a la tele en blanco y negro, a una gabardina ajada que uno soñaba vestir alguna vez, y a la sagacidad de alguien que creo que me ayudó a razonar mucho mejor que los profesores de matemáticas.
Colombo era uno de los grandes mitos de mi infancia, un tipo al que no me costaba nada imaginar por las cuestas empinadas de mi pueblo; y no costaba imaginarlo porque lo íbamos imitando cualquiera de los amigos de entonces, un día a Colombo, otro a Starsky (el de las Adidas Achille) o a Hutch y otro día a cualquiera de Los hombres de Harrelson. La tele no era ese aparato que ahora nos paraliza durante horas y nos vuelve apáticos y sedentarios. En aquellos años sólo era un anticipo de lo que inmediatamente íbamos a interpretar en la calle. Todavía éramos mucho más soñadores que tecnológicos. Hoy Colombo hubiera sido una serie más, una historia de un señor con gabardina llamado Peter Falk. En cambio para nosotros siempre será parte de nuestra propia vida, un personaje que ahora se confunde con nuestro recuerdo. Todos fuimos Colombo alguna vez. No tienes más que cerrar los ojos y recordarte.
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Personajes
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