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Anoche se celebró el desfile de baño de Gran Canaria Moda Cálida, en el Faro de Maspalomas. Vimos un pequeño tropiezo de una modelo, a la que le cambió la cara en un instante. Pero han habido muchos más...

De vuelta al mundo real, sentada desde mi ordenador en la redacción del periódico, las imágenes y olores del desierto se suceden. En la retina aún guardo los rostros de las personas valientes que sobreviven en esta parte del mundo. A tan sólo siete horas en avión (sin atravesar el espacio aéreo marroquí) desde mi universo. A veces muy limitado...

Smara, Auserd, Dajla y Aiun son ciudades en pausa. No están dormidas sino en un letargo que dura 33 años. Vivir de la ayuda humanitaria, de la caridad, no es plato de buen gusto. La autoestima se gana con el esfuerzo del trabajo, sintiéndose útil.

El ritmo de la expedición es frenético. No se ha secado la henna que decora nuestras manos, y ya estamos atravesando el desierto.

Las mujeres omiten los rodeos. Llevan más de 10 minutos escuchando a sus maridos hablando a su familia de acogida, la madre de Galia me observa y me pide que le diga de una vez un regalo para llevarles. No hace falta que nadie lo traduzca, ambas nos hemos entendido y reído al mismo tiempo.

Un muro, de 2.500 kilómetros y custodiado por 170.000 hombres, borra la línea del horizonte. A 300 metros de él, pierde toda su grandeza.

La carne de camello es uno de los platos típicos de la región. Está sabrosa. Como acompañamiento: arroz con cebolla y aceitunas. La mayoría de los alimentos son suministrados por la ayuda humanitaria.

Amanece camino a la wilaya de Smara, en la que viven alrededor de 50.000 refugiados. La arena, que impregna todo el ambiente, dificulta la respiración.

Es la primera vez que la veo vestida con una menhfa. Galia Omar lleva tres años en Gran Canaria, después de que se quedara tras su primera visita a las Islas Canarias con el programa 'Vacaciones en paz' del Ayuntamiento de Santa Lucía.