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Si, ya, claro. ¡Haber llegado a la década de los 50 y transcurrir por ella sin ningún asunto grave de salud se puede considerar un éxito¡ Si, ya, claro.

Mi ginecóloga me dijo una vez, como de pasada, que es muy difícil aceptar el fin cierto de la propia existencia, estadio mental que además coincide en las mujeres con los cambios hormonales y de todo tipo asociados a la menopausia. De ahí, citaba, los estados depresivos que se suelen producir en esas edades.

Se trata de una lectura mucho más realista de la existencia que aquellas que pretenden no querer ver el paso del tiempo. O intentar engañarlo con métodos quirúrgicos o efectos ópticos.

Pero por muy realista que sea, por mucho que hayamos interiorizado el principio y el fin de la existencia como sentido fundamental de la vida, la memoria flaquea con frecuencia. Será porque en nuestro interior, y esto es una alucinación y al tiempo una verdad como un templo, estamos detenidas en aquella edad que fue la mejor versión de nosotros mismas.

Aún así, hay detalles que tienen la capacidad de tirar del hilo que nos mantiene flotando en el universo de las fantasías mentales. Y no, no estoy hablando del espejo ni de quedarse patéticamente encasquillada al intentar ejecutar proezas físicas de antaño. No. Es algo más simple y muy habitual en la vida tecnológica en la que andamos embarcados.

Algo tan tonto como intentar registrar tus datos en una página web y acceder para ello a la columna en la que debes dejar constancia de tú año de nacimiento te sitúa de golpe en la realidad.

Mientras vas bajando, bajando y bajando por las fechas de tal fatídica columna sin que el viejuno año de tú nacimiento haga acto de presencia, vuelves a experimentar sensaciones tan fuertes como las que antaño te provocaba cruzar la mirada con el macizo de la clase, al que secretamente amabas. Pero en este caso estás asomada al borde de un precipicio cuyo final no vislumbras. Y, cuando por fin aparece el año de tú nacimiento, el golpe de realidad te noquea: ¡un poco y más y se agota la columna!
Todavía no me ha pasado. Todavía la lista no se ha interrumpido en un año posterior al de mi llegada a esta nave dejándome en caída libre frente a la pantalla y el teclado. Pero temo que algo así ocurra cada vez que me embarco en la búsqueda de 1956, dígitos que a día de hoy me parecen más propios de una novela de Jane Austen que de la era de Steve Jobs.

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Dicen que si tienes que elegir un solo árbol para ponerlo en tú jardín el más interesante es un limonero, supongo que por la relación entre el esfuerzo que te supone, ninguno, y los beneficios que te acarrea: limones frescos a los que echar mano en cualquier momento, Y, ojo, que un limón es algo que siempre necesitas cuando menos te lo esperas.
Pues al igual que al jardín el limonero, es el pisto a la nevera. Si hay un comodín útil de verdad en el fondo de armario de una nevera este es el pisto.
Es un excelente acompañamiento para carne, pescado, otras verduras y huevos. Y una magnífica base para numerosos guisos y rellenos. Por ejemplo las berenjenas rellenas con queso fresco y queso feta que podéis encontrar en otra de las entradas de este blog y, por ejemplo, un arroz hecho con el pisto como sofrito, y un poco de bacon y atún de lata como tropezones en su versión más pobre. También queda estupendo con atún fresco, con pollo o con magro de cerdo, todos ellos cocinados, eso sí, con un buen caldo, de pescado o de pollo.
¿Y cómo se hace el pisto? Es un plato tan clásico que casi me da vergüenza repetir la receta, pero sí puedo decir que para mi pisto es imprescindible la berenjena. En realidad, la berenjena es imprescindible en mi cocina con carácter general. Y también que la Thermomix resulta muy práctica para este cometido.
¿Qué tiene de bueno hacer el pisto en la Thermomix? Pues dos cosas fundamentales. La primera es que, al cocinarse en un recipiente herméticamente cerrado, se concentran mucho los sabores. Y la segunda es que se puede hacer con apenas dos cucharadas de aceite, lo que convierte el pisto en algo mucho más ligero que en su versión tradicional. Solo hay que tener una precaución fundamental: no olvidarse de poner el giro a la izquierda para que las hortalizas no se deshagan y nos encontremos al final con una especie de puré de color lamentable. Y un consejo: es mejor utilizar salsa de tomate previamente cocinada que tomates naturales o de lata. De esta manera se armoniza mejor la textura del conjunto.

Mi pisto en Thermomix
Necesitaremos dos dientes de ajo, una cebolla grande, medio pimiento rojo, medio pimiento verde, una berenjena y un calabacín, mucho mejor tipo zucchini, ambos de buen tamaño. Además, salsa de tomate ya preparada.
Sin quitarle la piel, partir a cubitos la berenjena, espolvorear con bastante sal gorda y dejarla sudar en un colador. Así se le van quitando algo del amargor.
Mientras poner en el vaso de la Thermomix los dos dientes de ajos y la cebolla a cuartos y triturar dos o tres veces con el botón de Turbo. Agregar 50cc de aceite, temperatura varoma, velocidad cuchara, giro a a izquierda y como 20 ó 25 minutos de tiempo, que será lo que tarda en total en hacerse el pisto.
Mientras trocear el resto de los ingredientes en cubitos e ir echándolos en el vaso sobre a marcha en tandas. Primero los pimientos, después el calabacín y por último la berenjena una vez lavada y escurrida. Bajar la temperatura a 90 grados, dejar transcurrir unos 15 minutos y añadir la salsa de tomate. En 10 minutos estará listo todo. Yo no le pongo sal, pero se puede incorporar en cualquier momento. También admite un poquito, muy poquito, de guindilla.
Y listo. Se puede estrenar con un huevo frito o poché o, mejor, con una rodaja de bonito o un filete de lomo de atún. Y el resto a la nevera listo para actuar de comodín en cuanto sean reclamados sus servicios.

PD: En la versión clásica será preciso sofreir muy lentamente todas las verduras. Primero la cebolla y el ajo hasta que la cebolla esté casi caramelizada, después los pimientos hasta que estén tiernos, luego el calabacín, la berenjena y, por último, la salsa de tomate. Es más lento y laborioso y pide mucho más aceite, por lo que resulta menos sano. Eso sí, el aceitillo le da un melosidad buenísima¡¡¡

El de la foto acaba de salir de la nevera listo para sacarme del paso con una hamburguesa vegetal, una opción también buenísima que no es nadie sin un buen pisto o una buena salsa de tomate.

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¿Puede ser Santa Cruz de Tenerife una ciudad turística con paisajes industriales como éste en el centro de la ciudad? Y no solo de paisaje va la cosa. La contaminación y los malos olores también cuentan. La pregunta va dirigida a Cepsa y al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, aunque la crisis económica es otra excusa perfecta para retrasar sine die el necesario traslado. ¿La nueva corporación municipal tendrá algo que decir al respecto?
La foto está tomada desde la terraza del principal centro comercial de la ciudad.

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El Auditorio Adán Martín, la obra de Calatrava que da carácter y prestigio internacional al nuevo Santa Cruz de Tenerife, es como un gran crustáceo que se ha escapado del mar dispuesto a engullir a los transeúntes que se despistan por la zona de Cabo Llanos

. Cartel electoral
¿Y quién ha dicho que los políticos no tienen derecho a soltarse la melena? En la foto, el comedido Ricardo Melchior, presidente del Cabildo tinerfeño, se retrata como un auténtico desmelenado, versión flower power local. Ocurrió en la bajada a la playa del Socorro, en Los Realejos, y la foto es de un tal Rafael Luque, esposo de la autora de este blog. ¿A que un buen estilismo capilar es capaz de hacer milagros hasta en la imagen del que, entre la canallesca y el adversariado político, llaman el abuelito por un físico que lo emparenta irremediablemente con Heidi? Pues eso.

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Se vende pequeña vivienda con garaje exterior para embarcaciones de recreo. Abstenerse los que aspiran a que les construyan un puerto deportivo en cada esquina y curiosos sin recursos y sin imaginación.

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Papel pintado de exterior resistente a la lluvia, al viento y al tiempo. Mínimo mantenimiento. Solo algo de mimos y un poco de agua si el cielo se resiste a cumplir con su cometido natural. Visto en la Punta del Hidalgo hace 11 meses. Ya debe estar más mayor...

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Ellos ya lo saben. A la vida no hay que pedirle nada, sino aprovechar lo que te da. Y si la sombra no te llega todavía, la cuestión es continuar esperando estoicamente a que te alcance. Días de sol y playa, sí, pero cada uno en su lugar.

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¿Y quién dijo que los domingos en la playa no se puede ni aparcar?

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La calidad no es tan abundante como para dejar escapar nada que la tenga en las dosis suficientes. Y The good wife es una serie que, aunque en algunos capítulos no parece dar todo lo que se espera, tiene un nivel excelente.
El estilo narrativo es muy peculiar y consigue que te enganches.
Se ocupa de la corrupción, pero desde una óptica en la que no estamos acostumbrados a reparar: la de las familias de los acusados. Imprescindible para todos aquellos que, con razón o sin ella, hayan sentido el aliento en el cogote de una situación así. Y muy recomendable para los amantes de la buena televisión, de la política, de la abogacía y de la vida misma.