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Archivos Diciembre 2010

Los controladores aéreos acaban de triturar la economía española. La huelga salvaje lanzada esta tarde es un despropósito de principio a fin que debe obtener una dura contestación por parte de la Fiscalía General del Estado.

No se puede permitir una intromisión en el derecho de los españoles a moverse libremente con artimañas propias de clanes mafiosos, donde el fenómeno de la extorsión tiene muchas maneras de expresarse, desde paros encubiertos a bajas masivas por supuestas dolencias médicas.

Pero si la Fiscalía debe mostrar a todos los españoles el amparo del Estado de Derecho, el ministro de Fomento, José Blanco, debe también presentar su dimisión de forma inmediata.

El costo financiero, en víspera de un puente de larga duración, duele ahora mucho más por la crisis. Blanco hace honor a su apellido y se ha convertido en la diana de los controladores y de los pilotos.

Que el Gobierno tratara hoy de medir su control sobre este colectivo insolidario (con la militarización del cuerpo) exige una respuesta contundente por las instituciones democráticas (partidos, organizaciones empresariales, sindicales...), pero también impone cordura entre sus dirigentes, que deben parecerlo y serlo.

Blanco no es creíble y la ira de las decenas de miles de pasajeros es un argumento de peso para que cambien los interlocutores y, de paso, que la Justicia haga su trabajo exigiendo a los controladores (a todos por igual) daños y perjuicios por un conflicto que perjudica gravemente a la maltrecha economía española.

 

 

 

 

 

 

Este país solo aprende con sangre. Los latigazos que sufre la economía española desde hace tres años, han sedado al Gobierno para tomar decisiones firmes, enérgicas y valientes.
Pero han hecho falta amenazas de rescate, ataques masivos de los especuladores y una derrota sin paliativos en las elecciones catalanas, para que José Luis Rodríguez Zapatero se uniforme como un mortal más, sin iluminaciones, fraternidades ni señales de rosacruces del Medievo.  


zapa2.JPGAyer, precisamente, se celebró la fiesta judía de las luces (Janucá) y los mercados entraron en una calma chicha que permite coger oxígeno para la próxima racha de adversidades que se asoma por la esquina.


Las medidas de Zapatero se direccionan hacia la contención de la deuda soberana, sometida a una lucha frontal contra los sospechosos habituales de las finanzas. La asistencia del Banco Central permitió que la Bolsa se anotara la segunda mejor subida del año, de forma que la visita de la enviada especial de Obama a Madrid, surtiera el efecto deseado.
Zapatero aceptó ser humilde ante la ejecutiva del Tesoro y, desde primera hora, se descolgó con reajustes del gasto (adiós a la ayuda de los 420 euros), ingresos adicionales (venta del 49% de Aena y de Loterías) o suspensión de la cuota cameral (aunque no está limada y podría limitares a una exención para autónomos).


Ahora bien, ¿es suficiente para que España se salve del rescate? ¿Qué puede hacer, en realidad, Europa para evitar la caída del euro?


La respuesta es tan negativa como escéptica.


Zapatero gana tiempo porque, en realidad, no puede hacer otra cosa. Sufre resaca porque ve cómo el barro le llega a la cintura y llora en soledad cuando pide auxilio a Europa. Trichet dio un paso ayer para sofocar la solidez del sistema comunitario a sabiendas de que la falta de competitividad crónica de Portugal y España abren muchas incógnitas.


El Fondo de Estabilidad Financiera de la UE tiene fecha de caducidad (2013) y, para entonces, los ratios de deuda de Irlanda, España y Grecia serán todavía mayores, una condición que merma la capacidad de estos países para emitir bonos.


La Eurozona, por tanto, se verá obligada a ampliar la duración de los rescates o armonizar sus políticas internas. Pero, ¿y si fracasa?  


dow3.JPGSólo caben dos opciones: o que la UE asuma la deuda de sus socios periféricos (algo que anhela el zapaterismo) o, quizás, la más apolíptica de las salidas (de la que los bancos no desean hablar), permitir el impago de los Estados. ¿Y puede un Estado entrar en suspensión de pagos? Sí, puede, porque, ¿qué ata a un país a no pagar los intereses financiero cuando los bienes de un Estado son inembargables? Solo queda si no se provoca una crisis sistémica.