Vaya, vaya, vaya... El Régimen de Alimentos de Canarias (REA) es siempre una caja de sorpresa, incluso, para algunos avispados operadores que tratan de hacer su agosto a cuenta de maniobras orquestales en la oscuridad de dudosa legalidad mercantil.
Lamento no dar más detalles porque el contencioso se ha judicializado, pero más o menos, la historia comienza así:
En octubre de 2009, un responsable de la Administración advierte de que uno de los productos con más ayudas en el balance, está a punto de agotarse, o sea, que no percibirá más ayudas de la UE hasta la siguiente campaña.
Cinco importadores se reúnen, entonces, para almorzar y acuerdan dirigirse a un país tercero para fletar un barco con millones de kilos del producto. La mercancía llega a las Islas y sólo hace falta esperar para que el mercado demande ese producto, eso sí, sin ayuda durante lo que resta de 2010, lo que permitirá elevar el precio al nivel que se antoje.
Pero surge la sorpresa. El Gobierno (las consejerías de Industria y de Economía) ve que ese producto responde al interés general y decide poner de su bolsillo una sabrosa cantidad para subvencionar su entrada en el mercado isleño a precios más asequibles.
Los cinco importadores se tiran de los pelos, la nuca y muchas otras partes del cuerpo más pudorosas."Esto es un atropello".
El barco fletado pasa de loto estival a pérdida inmediata. No pueden influir en los precios con una mercancía cautiva porque las compras en Europa vuelven a estar subsidiadas.
Vuelven a almorzar y mientras colocan el producto a precio de risa, acuden al juzgado y le meten una denuncia por la vía contenciosa a la Administración, exigiendo daños y perjuicios por el lucro cesante.
Vamos, los pájaros delante de la escopeta, el portero que se tira a sí mismo un penalti y lo deja entrar..., y tantos ejemplos absurdos servirían para ilustrar semejante treta y desfachatez contra las arcas públicas. Pues, para que lo sepan, el caso se está viendo estas semanas en los juzgados. Seguiremos contando...

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