La pájara es una actitud ante el tiempo. En el fútbol es muy habitual la desmotivación que los más entendidos achacan a la panza de burro. Es el atributo preferido de los aplatanados, pero en
En las cuestiones africanas se trata ahora de inocular esa pájara en cualquier esquina, sobre todo, porque el consejero de Economía y Hacienda, José Manuel Soria, no cree en la institución. Los que conocen al vicepresidente saben que su modelo de gasto público no va por la cooperación altruista por la sencilla razón de que no revierte en los contribuyentes. Ese dinero a fondo perdido tiene poco de edificante y mucho de derrochador y, si no, que se le digan al presidente de Senegal, el octogenario Abdoulaye Wade, que acaba de inaugurar, junto a Robert Mugabe, el dictador de Zimbaue, un monumento farónico para coronar sus 50 años de independencia.
Al parecer, Wade le pidió a Martínez que acudiese a los fastos senegaleses en una reciente entrevista en Dakar, pero tras alguna consulta telefónica, Exteriores recomendó que nos quitáramos de en medio ante la incomodidad que se avecinaba con Mugabe y unos cuantos más cuestionados democráticamente.
El monumento es un canto a la libertad propio de regímenes autoritarios, como el norcoreano, que fue el encargado de esculpir tan basta réplica de la censura comunista de Asia.
Sin Wade o con él, en Casa África han solicitado la mediación de
Con la reducción financiera, la institución se vería abocada al adelgazamiento de plantilla y como el volumen de enchufes es tan denso como una central eléctrica, la dirección va a sufrir de lo lindo. Sobre todo, cuando toque decidirse por los que menos cuña tienen. A ver quién es el primero (o la primera) en llamar a Rabat para hablar con papá.
Al fin y al cabo, qué importan los resultados si la crisis lo devora todo, como el Plan África II, del que nunca más se supo. La institución, para pena colectiva, se ha convertido en una oportunidad perdida, en un cajón de sastre donde cabe todo en esa mal llamada solidaridad española, temerosa hace cinco años del terrorismo islamista, de la inmigración ilegal y del tráfico de estupefacientes que recorre toda la cornisa occidental del continente.
El discurso inaugural de Paulino Rivero reclamando la dimensión geoestratégica de Canarias se ha difuminado en una institución instalada en el placebo político. Ni Martínez, con todo su dilatado currículo, se salva de la quema. Quizás, es hora de pedir un relevo, un cambio inminente a ver si los siguientes prueban mejor suerte. El Gobierno regional ya está en ello. ¿Se acuerdan de Juan Ferrer? Después del verano, seguro, cuando CC y PP tensen un poco más el pacto y se negocien cuestiones colaterales con Madrid. Ya se han dado varios toques en Exteriores. Al parecer, Canarias quiere la dirección general y ya hay un candidato que dará que hablar, que cree incluso en el Magreb. Eso o se baja el presupuesto. El objetivo: se acabaron las cesiones ante Madrid, al menos, en las relaciones exteriores con el continente vecino.

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