Casa África (4)
Sexta cesión. El minué de Martínez. No iba desencaminado Ortiz con la conspiración que se montaba a su espalda. Todo empezó en 2008 con un correo electrónico a favor de los saharauis remitido desde de la dirección por una asistente técnica a los organizadores de un foro a favor de la autonomía.
El correo fue publicado por este periódico y Alfonso Ortiz tuvo que darle explicaciones personalmente a Moratinos, y la diplomacia española sabe que el ministro admite casi todo menos un pronunciamiento (en cualquier dirección) sobre el controvertido asunto de El Sáhara Occidental.
En ese momento, en Madrid se tomó la decisión de relevar a Ortiz. Y como todos los cambios, sólo necesitaba tiempo.
Meses después hubo una reunión en Las Palmas del consejo directivo. Ortiz ya estaba destituido en las altas esferas. El encuentro fue de trámite porque hasta en la presidencia del Gobierno se conocía que el candidato era Ricardo Martínez. CANARIAS7 dio fe de esa maniobra en una crónica firmada por el autor de este blog, en la que se relataba el juego miradas de aquella tarde primaveral, con Moratinos, Rivero, Ruano, Casas, Martín Carbajal, Saavedra, Pérez y un largo etcétera. Nadie le dijo nada al director general...
Siete meses después, Ortiz se marchaba a una pequeña provincia de Francia y Martínez abandonaba la dirección de la Agencia Española de Cooperación. Los pasos de baile se habían engrasado a la perfección.
Su llegada a Canarias se acogió con satisfacción. África surfeaba en una ola singular. Un año antes, del G-7 condonaba 50.000 dólares a 18 países; España aprobaba el Plan África; la Cámara de Comercio Americana de Juan Verde aglutinaba en Canarias a lo mejorcito del empresariado y Al Gore hablaba en Tenerife sobre el cambio climático. El continente estaba más de moda que nunca.
El Consejo Asesor para el Comercio con África (un híbrido mitad Canarias, mitad Estado) resucitaba como por arte de magia y el Icex de Rafael Molina Petit apretaba a Madrid para que aflojara cuartos en las ayudas al empresariado que se aventuraba en el continente vecino. Las cámaras de comercio, por su parte, vitoreaban el acercamiento africano y Proexca se convertía en el último reducto de José Carlos Mauricio para no verse descolgado de su visión africanista de la economía exterior. De hecho, organizó unas jornadas en Agadir que, con el tiempo, demostrarían que son las únicas de las que se puede obtener financiación de Europa y de Madrid. Y si no que se lo digan ahora a Javier Mariscal con el Poctefex. Lo demás son cuentos chinos, con mucho ruido y pocas nueces.

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