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Casa África (1)

 

 

La crisis de imagen en la que ha derivado Casa África merece un recorrido histórico sobre la trayectoria de una institución que le ha salido demasiado cara a las arcas canarias, unos 12 millones de euros en cuatro años. 

Las expectativas que la sustentan (inserción de Canarias en las corrientes económicas, financieras y culturales del continente vecino) no se han cumplido ni por asomo. Su fracaso obliga a una seria reflexión para reorientar un rumbo que, ahora mismo, va proa al marisco.

Lo que mal empieza, mal acaba. Lo que se configuró como un éxito ante la Administración central propiciado por el peso nacionalista de CC, se ha convertido en una moqueta de salón repleta de conspiraciones, enchufes, confidencias y ambiciones de poder. 

Capítulo 1. El arranque

José Carlos Mauricio es una mente maravillosa cargada de genio y ocurrencia. Su visión de futuro es criticada por la globalidad mundana y por la élite que le teme, pero a veces acierta a rabiar. Con Casa África volvió a sellar un pleno al 15, pero su reino no es de este mundo cuando se trata de que Gran Canaria asuma el liderazgo. 

Casa África nació diezmada. Se cedió tanto para implantarla en el Archipiélago, que las dosis de su eficacia se esfumaron desde el principio.

De no ser por CC, que cedía votos en Madrid a cambio de mejor financiación y más autonomía, la Casa jamás se hubiera trasladado a las Islas. En Andalucía y Madrid no se lo creían. Y en Cataluña y Valencia andaban con una mosca de las que duelen. Pero Mauricio mantuvo el timón y el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que admitía la chispa del diputado isleño, le aceptó el reto si se cumplían una serie de condiciones casi imposibles. Esas exigencias se transformaron en cesiones permanentes hasta que al ministro no le quedó otro remedio que claudicar; luego vendría lo de la ubicación insular, los fichajes..., pero, por ahora, ésa es otra historia.

Primera cesión. El edificio. Exteriores dejó claro que no tenía dinero ni para alquilar y, mucho menos, comprar. "Así que dense prisa en buscar un alojamiento, porque otras comunidades compiten igual o más", espetaron en el Ministerio a un Mauricio que empezaba a creerse la idea.

El ex diputado y ex consejero de Economía caminó tanto como en la ruta de Santiago. Sorteó obstáculos en Patrimonio, habló con varias consejerías y, al final, encontró a una receptiva María del Mar Julios en Sanidad que le cedió el antiguo centro de vacunaciones del Obelisco, un edificio estratégico colocado junto a la Delegación del Gobierno, pero que precisaba de un lifting de urgencia.

Segunda cesión. Los arreglos. Como si prestar un inmueble fuese un acto de solidaridad cotidiana, Madrid volvió a desanimar a Canarias. "No hay dinero. La reforma corre de tu cargo, José Carlos". De nuevo Mauricio cabalgando solo y Julios mostrando un apoyo incondicional. Canarias lo pagó todo. Los despachos sobre los que sientan los ejecutivos, la pintura, el ascensor, la cartelería..., todo, todito, todo. Pero no era suficiente.

Tercera cesión. Ámbito de influencia. "Ni se te ocurra hablar de Marruecos. Ahí no te vamos a dejar entrar.." (continuará)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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