los blogs de Canarias7

Archivos Marzo 2010

Casa África (4)

 

Sexta cesión. El minué de Martínez. No iba desencaminado Ortiz con la conspiración que se montaba a su espalda. Todo empezó en 2008 con un correo electrónico a favor de los saharauis remitido desde de la dirección por una asistente técnica a los organizadores de un foro a favor de la autonomía.

 

El correo fue publicado por este periódico y Alfonso Ortiz tuvo que darle explicaciones personalmente a Moratinos, y la diplomacia española sabe que el ministro admite casi todo menos un pronunciamiento (en cualquier dirección) sobre el controvertido asunto de El Sáhara Occidental.

 

En ese momento, en Madrid se tomó la decisión de relevar a Ortiz. Y como todos los cambios, sólo necesitaba tiempo.

 

Meses después hubo una reunión en Las Palmas del consejo directivo. Ortiz ya  estaba destituido en las altas esferas. El encuentro fue de trámite porque hasta en la presidencia del Gobierno se conocía que el candidato era Ricardo Martínez. CANARIAS7 dio fe de esa maniobra en una crónica firmada por el autor de este blog, en la que se relataba el juego miradas de aquella tarde primaveral, con Moratinos, Rivero, Ruano, Casas, Martín Carbajal, Saavedra, Pérez y un largo etcétera. Nadie le dijo nada al director general... 

 

Siete meses después, Ortiz se marchaba a una pequeña provincia de Francia y Martínez abandonaba la dirección de la Agencia Española de Cooperación. Los pasos de baile se habían engrasado a la perfección.  

 

Su llegada a Canarias se acogió con satisfacción. África surfeaba en una ola singular. Un año antes, del G-7 condonaba 50.000 dólares a 18 países; España aprobaba el Plan África; la Cámara de Comercio Americana de Juan Verde aglutinaba en Canarias a lo mejorcito del empresariado y Al Gore hablaba en Tenerife sobre el cambio climático. El continente estaba más de moda que nunca.

 

El Consejo Asesor para el Comercio con África (un híbrido mitad Canarias, mitad Estado) resucitaba como por arte de magia y el Icex de Rafael Molina Petit apretaba a Madrid para que aflojara cuartos en las ayudas al empresariado que se aventuraba en el continente vecino. Las cámaras de comercio, por su parte, vitoreaban el acercamiento africano y Proexca se convertía en el último reducto de José Carlos Mauricio para no verse descolgado de su visión africanista de la economía exterior. De hecho, organizó unas jornadas en Agadir que, con el tiempo, demostrarían que son las únicas de las que se puede obtener financiación de Europa y de Madrid. Y si no que se lo digan ahora a Javier Mariscal con el Poctefex. Lo demás son cuentos chinos, con mucho ruido y pocas nueces.

 

Séptima y última cesión. La pájara isleña. En dos años, Martínez ha sucumbido a la pájara canaria y Casa África se ha contagiado de un clima de inacción que en nada o casi nada beneficia a Canarias (...continuará).

Quinta cesión. Los fichajes. La llegada de Alfonso Ortiz y la ascensión de Luis Padilla frente a la candidatura de Elsa Casas se convirtió en la comidilla del comercio exterior de una Canarias entregada a la hoguera de las vanidades de la bonanza económica. África era cabecera de titulares; el G7 anunciaba grandes medidas que se concretarían en 2007 con una histórica condonación de deuda; la Administración Bush prometía erradicar la lacra del terrorismo de Al Qaeda a cambio de inversiones y programas como el Africom; y España empezaba a configurar las bases de su primer plan en el continente. La guinda la ponía una soleada sede de dos plantas llamada Casa África.

Pero la elección de Ortiz fue aciaga. Llegó en 2006 con la vitola de diplomático entrañable, pero enseguida se cansó de unas islas alejadas y poco eruditas en política internacional.

Hay una imagen que lo dice todo de la indiferencia con la que Ortiz miró al Archipiélago: la entrega de llaves del edificio, uno de los capítulos más surrealistas que ha vivido esta institución y que desconoce la mayoría porque testigos oficiales sólo hubo dos (Ortiz y José Carlos Mauricio), arropados ambos por media docena de periodistas.

Era una mañana primaveral, con una tediosa panza de burro. La jefa de prensa de Mauricio, Marta Cantero, citó a los medios a las once, para retratar uno de los últimos momentos estelares del consejero, consciente de que su silenciosa labor en la Casa apenas tenía eco ni reconocimiento. Meses antes, Adán Martín lo había afrentado en la sede de Presidencia.

En una concurridísima audiencia en la capital grancanaria, Moratinos, Martín, Soria, Luzardo, Melchior..., y un largo etcétera de la corte isleña, firmaban el protocolo de Casa África en medio de una inusitada expectación. África era la reina de corazones como lo había sido la Zona Especial (ZEC) 10 años antes.

Pero los detalles dan tanta información como los papeles. En el lado izquierdo de la Sala, Moratinos colocó a sus fieles (ojo, ya despuntaba Ricardo Martínez como regidor dela Agencia de Cooperación) y en el derecho, Martín dispuso a su antojo: Miguel Becerra y Luis Padilla en primera fila y, detrás, sin acceso a las cámaras y a las miradas, Mauricio, castigado de forma ejemplar. Fue una venganza descarnada, un gesto de descortesía impropio de un presidente, pero así es Canarias..., tan infernal como pequeña.

En la mañana del encuentro entre Mauricio y Ortiz no hubo chispa. Hasta las fotos quedaron desangeladas. Mauricio se alejaba del Gobierno y pensaba en su candidatura municipal y Ortiz añoraba un retiro tranquilo, relajado, sin agobios... Aceptó casi todos los enchufes, recomendaciones y proyectos para 6 millones de euros al año. Había dinero para mucho y la sede era gratis para su cuenta de resultados. Qué más podía pedir.

Ortiz estaba tan despistado como un pulpo en un barreño. Se sentó, se levantó, se volvió a sentar. La mesa de reuniones, impoluta y sin carpetas ni portátiles, relucía con olor a Pronto. "¿Y qué tal, cómo estáis?" Él no había convocado a la prensa y temía a Mauricio por lo que le habían contado: "Cuidado, Alfonso, cuando menos te los esperes te convencerá de todo. Fue comunista y ya sabes cómo se portaron en Mozambique y Angola". "Esto se retrasa", refunfuñó Ortiz con ese bigotito tan similar a los editores del cómic Roberto Alcázar y Pedrín.

Mauricio llegó a las 11.15, con una chaqueta azul Surf. Su saludo sonó a despedida... Decía adiós a una casa que ni siquiera lo iba a recordar. Ni placas, ni retratos, ni fotos... El consejero despreció a Ortiz en la distancia más corta, esa que sesga el honor con una sola ráfaga. "Toma Alfonso aquí tienes la llave de Ya es tuya. Ahora eres el responsable".

Mauricio se la entregó de pie, sin llavero, desnuda, ante la risa de los periodistas y el sonrojo del diplomático, que no daba crédito. Así, de sopetón, fue la rendición de Bredas de esta Casa de los suspiros y del dispendio de recursos (24 millones de cuatro años). Moría una esperanza.

Ya sólo quedaba completar el cuadro directivo. Adán Martín colocó a Luis Padilla en la secretaría general ante una pujante Elsa Casas por la que apostaba Ricardo Melchior. Padilla y Ortiz jamás se entendieron cuando el veterano diplomático comprobó la amistad que le unía a Ricardo Martínez. Es más, cuando lo destituyeron, Ortiz no se despidió de Padilla. Siempre confesó a sus colabadores (sobre todo, a Eloy y a Juan Jaime) que fue víctima de una traición.

Para contrarrestar la influencia de Padilla, Ortiz fichó a un director financiero, Eloy Martín. La convivencia fue durante dos años insoportable. Ortiz se había traído de Chile a un responsable cultural y la plantilla empezó a inflarse que dio gusto. Hasta un alto cargo de la Embajada española en Rabat metió baza.

El organigrama estaba completo. Adán Martín remató la faena nombrando a cinco de los seis representantes de la comunidad, con cinco de ATI, claro: Elsa Casas, Alberto Delgado, Pablo Martín Carbajal, Javier González Ortiz y el propio Martín frente a un desolado Mauricio. Un año después, en 2007, con la nueva legislatura, se repitió el esquema: entran Paulino Rivero y José Miguel Ruano por Martín y Delgado y Soria suple a Mauricio. Otra vez, Tenerife, 5-Gran Canaria, 1.

Sexta cesión. El minué de Martínez. No iba desencaminado Ortiz con la conspiración que se montaba a su espalda. Todo empezó en 2008 con un correo electrónico a favor de los saharauis (continuará...).

José Carlos MauricioCuarta cesión. Los negociadores. José Carlos Mauricio caminó sólo con el respaldo de María del Mar Julios. Lo hicieron con suma discreción y sin la participación de la ex consejera de Sanidad, Casa África no existiría. El entonces presidente, Adán Martín, se dio cuenta demasiado tarde y trató de abducir a Julios, pero la vicepresidenta ya había sellado el acuerdo con Mauricio.

Martín se enojó por decisión propia y por el monumental enfado de Ricardo Melchior, presidente del Cabildo de Tenerife. "No lo vamos a permitir, Adán. Prefiero que esté en Madrid. Ese palo no lo tragamos". Al ex presidente no le gustó el rumbo que tomaban los acontecimientos y estableció contacto directo con el Ministerio de Exteriores. Empezaron las negociaciones paralelas.

Para entonces, Mauricio tenía maduro el proyecto y Moratinos estaba más que convencido de la designación final, pero había que encajar al presidente de la Comunidad como validante de Casa África. Se dio paso así al teatro político, donde España es la reina de la escena.

Moratinos accedió a oir las peticiones de Adán Martín. "Ministro, Casa África es un instrumento esencial para la tricontinentalidad y el eje transfronterizo, pero vertebraríamos mejor la idea con dos sedes..." "No, una sede". "Bueno, ¿y Suramérica?" "Eso es otra cosa. Trabajemos por que Tenerife acoja el Instituto de Estudios Iberoamericanos". "Una cosa más, ministro. Quiero liderar el proyecto de Casa África". "Eres el presidente".

Mauricio tuvo acceso al contenido de la información y dio un paso hacia atrás. No le importó. Aplicó una máxima jesuítica: "Acudirás a territorios inexplorados, los conquistarás y cuando los demás lleguen, tú te marcharás y empezarás de nuevo donde no crece la cosecha... Es nuestro sino".

Los colaboradores de Mauricio saben que los retos le motivan. De nuevo, el lobo estepario de la política canaria abandonaba la cima sin bandera, dejando para otros la gloria del éxito.

La mediación de Martín dilató en más de un año la puesta en marcha de Casa África. El consorcio quedó constituido en 2006. Martín elegía al secretario general y a los seis representantes de la Comunidad autónoma; Moratinos ponía al director general. Mauricio se quedaba sólo observador y héroe en el anonimato.

Quinta cesión. Los fichajes. La llegada del desconocido Alfonso Ortiz y la ascensión de Luis Padilla frente a la candidatura de Elsa Casas (continuará...)

 

 

La crisis de imagen en la que ha derivado Casa África merece un recorrido histórico sobre la trayectoria de una institución que le ha salido demasiado cara a las arcas canarias, unos 12 millones de euros en cuatro años. 

Las expectativas que la sustentan (inserción de Canarias en las corrientes económicas, financieras y culturales del continente vecino) no se han cumplido ni por asomo. Su fracaso obliga a una seria reflexión para reorientar un rumbo que, ahora mismo, va proa al marisco.

Lo que mal empieza, mal acaba. Lo que se configuró como un éxito ante la Administración central propiciado por el peso nacionalista de CC, se ha convertido en una moqueta de salón repleta de conspiraciones, enchufes, confidencias y ambiciones de poder. 

Capítulo 1. El arranque

José Carlos Mauricio es una mente maravillosa cargada de genio y ocurrencia. Su visión de futuro es criticada por la globalidad mundana y por la élite que le teme, pero a veces acierta a rabiar. Con Casa África volvió a sellar un pleno al 15, pero su reino no es de este mundo cuando se trata de que Gran Canaria asuma el liderazgo. 

Casa África nació diezmada. Se cedió tanto para implantarla en el Archipiélago, que las dosis de su eficacia se esfumaron desde el principio.

De no ser por CC, que cedía votos en Madrid a cambio de mejor financiación y más autonomía, la Casa jamás se hubiera trasladado a las Islas. En Andalucía y Madrid no se lo creían. Y en Cataluña y Valencia andaban con una mosca de las que duelen. Pero Mauricio mantuvo el timón y el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que admitía la chispa del diputado isleño, le aceptó el reto si se cumplían una serie de condiciones casi imposibles. Esas exigencias se transformaron en cesiones permanentes hasta que al ministro no le quedó otro remedio que claudicar; luego vendría lo de la ubicación insular, los fichajes..., pero, por ahora, ésa es otra historia.

Primera cesión. El edificio. Exteriores dejó claro que no tenía dinero ni para alquilar y, mucho menos, comprar. "Así que dense prisa en buscar un alojamiento, porque otras comunidades compiten igual o más", espetaron en el Ministerio a un Mauricio que empezaba a creerse la idea.

El ex diputado y ex consejero de Economía caminó tanto como en la ruta de Santiago. Sorteó obstáculos en Patrimonio, habló con varias consejerías y, al final, encontró a una receptiva María del Mar Julios en Sanidad que le cedió el antiguo centro de vacunaciones del Obelisco, un edificio estratégico colocado junto a la Delegación del Gobierno, pero que precisaba de un lifting de urgencia.

Segunda cesión. Los arreglos. Como si prestar un inmueble fuese un acto de solidaridad cotidiana, Madrid volvió a desanimar a Canarias. "No hay dinero. La reforma corre de tu cargo, José Carlos". De nuevo Mauricio cabalgando solo y Julios mostrando un apoyo incondicional. Canarias lo pagó todo. Los despachos sobre los que sientan los ejecutivos, la pintura, el ascensor, la cartelería..., todo, todito, todo. Pero no era suficiente.

Tercera cesión. Ámbito de influencia. "Ni se te ocurra hablar de Marruecos. Ahí no te vamos a dejar entrar.." (continuará)