Si usted quiere entender qué motiva una discrepancia, una diferencia o una "puñalada trapera" (que las hay), en el Puerto de Las Palmas, debe girar su mirada hacia Sestiba, la empresa semipública encargada de las cargas y descargas.
Es la empresa que debe 15 millones de euros; es la empresa que obligó a la Autoridad Portuaria a provisionar 7 millones de euros de su beneficio; es la compañía que produce dolores y quebraderos de cabeza a todo el equipo directivo del Puerto; es la empresa, en definitiva, que subordina casi todas las decisiones del Puerto, como que el actual presidente, Javier Sánchez Simón, perdiera una votación decisiva en el consejo de la pasada semana. Y es la empresa (y esto sí es clave) que pondera la subida y bajada de precios.
Durante el mandato de José Manuel Arnaiz, Sestiba pasó desapercibida y eso que fue el periodo donde se implantó la cuota máxima empresarial. Arnaiz estaba entretenido con La Gran Marina y estibadoras y portuarios aprovecharon esa oscuridad para caminar a sus anchas.
Hoy se pagan parte de esos acuerdos pactados en la zona del "reverso". Ya lo expone el informe de la Universidad de Las Palmas: cada euro descargado se transforma en dos cuando pasa la valla.
El viernes va a resultar un día clave en la historia de Sestiba. Las estibadoras no saben dónde sentarse porque está prevista la presencia en el consejo de administración del dirigente sindical Leocadio Mayor. Está incluso invitado Sebastián Grisaleña, el presidente de la patronal. ¡Menudo lío!
Por cierto, ¿sabe ya Sánchez Simón lo que se opinó de su gestión en las tarifas de Sestiba en el comité ejecutivo de la patronal? Si pregunta, que tome primero un sobresito de Almax Forte.

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