¿Dónde está la llave matarile, rile, rile? Así, camino del fondo del mar, van los exportadores hortofrutícolas de Canarias, que llevan un año esperando las subvenciones al transporte marítimo que, por derecho, les corresponde: 25 millones de euros.
Ocurre que, primero las prometió José Segura, y, después, Carolina Darias y, ahora, vete a saber quién afloja las perras de una bolsa en la que les va la vida a los tomateros.
Tuvieron mala suerte porque entre su petición para lograr un adelanto de las ayudas y la estrechez de miras de la Delegación del Gobierno para asistirlos, la Administración parió una nueva regulación que no termina de aclararse. Sigue en Bruselas el expediente y los tomateros están desesperados. Los bancos aprietan y aprietan...; Madrid promete y promete...; la delegada del Gobierno dilata y dilata..., pero la subvención no llega.
Pedro Galván, el prohombre de los tomateros en Tenerife, debería alzar la voz con la misma potencia que Roberto Goiriz se desgañita en la lucha de los agricultores y exportadores. Aquel error de cálculo sobre los compromisos inmediatos de la Delegación son una pesada carga, igual que esa rabia que los empresarios agrícolas contienen hacia los responsables de Fomento por su actitud mezquina en el tratamiento que recibe Canarias. Más de un operador ha insinuado (y quizás, razón no le falta) que ya le gustaría ver qué hacía Fomento si la ayuda fuera para Valencia o Barcelona. "¿A qué no se atreverían?". Disfruten del buchito, que viene amargo.

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