El Puerto de Las Palmas da para todos los gustos y colores. Acaba de irrumpir el nuevo Robespierre de las causas laborales. Abanderando una proclama por la igualdad, la libertad y la fraternidad, el capitán marítimo, Pedro Mederos, se despoja de sus galones y sale en defensa de dos ex altos cargos despedidos en fechas recientes.
Archivos Mayo 2008
Un millón de turistas menos en Gran Canaria que en Tenerife da que pensar, pero ni todos los blogs de canarias7.es darían para explicar, de forma minuciosa y pedagógica, qué esconde en realidad el gran municipio turístico del Archipiélago.
Todos tenemos presentes que San Bartolomé de Tirajana y Mogán dan de comer a toda Gran Canaria. Si el Puerto mueve lo que mueve, por ejemplo (casi el 2% del PIB regional), es porque alguien tiene que alimentar a los 3 millones de turistas que se pasean por la isla redonda.
Ahora bien, ¿han reparado en esa alianza de hierro que han forjado hace 48 horas la alcaldesa, María del Pino Torres, y su concejala de Urbanismo, Concepción Narváez?
Cosas de la política sureña. No hay otra explicación a tanta tribulación.
En formato telegráfico, cabría afirmar que López Aguilar y Román Rodríguez son dos talismanes para los reencuentros y las reconciliaciones. Mira que era difícil que las dos ediles pactaran algo; mira que el municipio está sumido en un caos administrativo; mira que la inversión está parada por la ausencia de un plan general en condiciones; mira que los servicios están defondados... Pues resulta que Aguilar y Rodríguez quisieron promover un cambio con Marco Aurelio Pérez y, zape, que todo lo contrario. Que las dos dirigentes no quieren y se han asegurado conservar el mandato hasta 2011.
De nuevo, los jefes por un lado y los indios por otro y la tribu más dispersa que los servicios de Cruz Roja en la playa de Las Canteras.
Dicen sus acólitos que Juan Fernando López Aguilar está decidido a incorporarse a las listas del Parlamento Europeo. Según sus más acérrimos y aduladores fans, el ex ministro ocuparía el segundo puesto en las listas por la demarcación española, detrás de José Borrel.
Para López Aguilar, un puesto en Estrasburgo premiaría su esfuerzo por colocar al PSOE como primera fuerza, una realidad por cierto que Ferraz no ha terminado de escenificar.
Pero queda tiempo para los comicios europeos, y el actual secretario general debe primero coger aire en su propia organización.
Tener los pies en el suelo en la política canaria garantiza, por lo menos, no sufrir una derrota como la que acusó Santiago Pérez ayer sábado. Menudo viaje le aflojó el PSOE de los cachorros (Juventudes Socialistas). Casi lo humillaron, lo vapulearon, le marcaron la línea, el guión y el soporte del gran congreso regional que debatirá la continuidad del propio López Aguilar.
Vamos, que si lo ocurrido ayer se extrapola al congreso, el ex ministro tiene los días contados en el PSOE isleño.
Ocurrió que Pérez, creyendo que el monte es orégano, sal y pimienta, lanzó a la senadora Patricia Hernández para el cargo de secretaria regional de JJSS, y ocurrió lo que cualquier modesto analista pronosticaría en un cafetín de la esquina. ¡Qué perdió! Que los mandos, votantes y simpatizantes del partido disfrutan de otras claves. Ganó una tal Estefanía Castro, mujer de confianza del lagunero Javier Abreu, y Santiago Pérez y Patricia Hernández, tan felices.
Es decir, la senadora es censurada en su propia casa. Si la dignidad tomara forma en la política de ultraperiferia, Patricia Hernández presentaba su dimisión. Si no la quieren en su casa, ¿qué hace en el partido? Menudo comienzo.
Buenas tardes y buena suerte, Patricia.
El Gobierno canario invirtió un millón de euros en las obras de acondicionamiento del Puerto de Tarfaya, a 98 kilómetros escasos de Fuerteventura. Por su parte, El Ejecutivo marroquí destinó de sus fondos otros tres millones. ¿Es lógico que ahora se plantee abandonar a esta población, depauperada e ilusionada, por la controversia entre el naviero y las administraciones?
El anuncio del PSOE majorero, proponiendo un traslado de la ruta de conexión a Marruecos hacia el Sur (en concreto, a El Aaiún), goza de una especial trascendencia. Se trata, posiblemente, de uno de los primeros pronunciamientos que los socialistas llevan a cabo para reconducir las relaciones con el país vecino en una materia especialmente delicada al concernir a Naciones Unidas la solución del conflicto territorial de El Sáhara.
Pero más allá de disputas institucionales sobre la ex colonia, el ojo del debate es si Tarfaya debe quedar en el olvido. España pasó, durante el régimen franquista, por aislarse (y ser olvidada) en las grandes inversiones que se oficiaron sobre Europa tras la Segunda Guerra Mundial. El cine español bordó ese panorama con los cánticos de bienvenida a Mr. Marshall. Luego, ¿hacemos lo mismo con los 7.000 habitantes de Tarfaya?
Las relaciones diplomáticas son complejas, pero la inversión sólo conoce el camino más recto. El Parlamento canario está tardando en ofrecer una versión digna y veraz sobre los tristes acontecimientos del barco Assalama de naviera Armas. Dentro de pocos días habrá alguna sorpresa.
La línea con Tarfaya está a punto de irse a la sepultura, salvo que el Gobierno canario fuerce a una de las navieras que operan en las Islas a mantener esta ruta considerada prioritaria para iniciar el negocio con el Sur de Marruecos.
