Quinta cesión. Los fichajes. La llegada de Alfonso Ortiz y la ascensión de Luis Padilla frente a la candidatura de Elsa Casas se convirtió en la comidilla del comercio exterior de una Canarias entregada a la hoguera de las vanidades de la bonanza económica. África era cabecera de titulares; el G7 anunciaba grandes medidas que se concretarían en 2007 con una histórica condonación de deuda; la Administración Bush prometía erradicar la lacra del terrorismo de Al Qaeda a cambio de inversiones y programas como el Africom; y España empezaba a configurar las bases de su primer plan en el continente. La guinda la ponía una soleada sede de dos plantas llamada Casa África.
Pero la elección de Ortiz fue aciaga. Llegó en 2006 con la vitola de diplomático entrañable, pero enseguida se cansó de unas islas alejadas y poco eruditas en política internacional.
Hay una imagen que lo dice todo de la indiferencia con la que Ortiz miró al Archipiélago: la entrega de llaves del edificio, uno de los capítulos más surrealistas que ha vivido esta institución y que desconoce la mayoría porque testigos oficiales sólo hubo dos (Ortiz y José Carlos Mauricio), arropados ambos por media docena de periodistas.
Era una mañana primaveral, con una tediosa panza de burro. La jefa de prensa de Mauricio, Marta Cantero, citó a los medios a las once, para retratar uno de los últimos momentos estelares del consejero, consciente de que su silenciosa labor en la Casa apenas tenía eco ni reconocimiento. Meses antes, Adán Martín lo había afrentado en la sede de Presidencia.
En una concurridísima audiencia en la capital grancanaria, Moratinos, Martín, Soria, Luzardo, Melchior..., y un largo etcétera de la corte isleña, firmaban el protocolo de Casa África en medio de una inusitada expectación. África era la reina de corazones como lo había sido la Zona Especial (ZEC) 10 años antes.
Pero los detalles dan tanta información como los papeles. En el lado izquierdo de la Sala, Moratinos colocó a sus fieles (ojo, ya despuntaba Ricardo Martínez como regidor dela Agencia de Cooperación) y en el derecho, Martín dispuso a su antojo: Miguel Becerra y Luis Padilla en primera fila y, detrás, sin acceso a las cámaras y a las miradas, Mauricio, castigado de forma ejemplar. Fue una venganza descarnada, un gesto de descortesía impropio de un presidente, pero así es Canarias..., tan infernal como pequeña.
En la mañana del encuentro entre Mauricio y Ortiz no hubo chispa. Hasta las fotos quedaron desangeladas. Mauricio se alejaba del Gobierno y pensaba en su candidatura municipal y Ortiz añoraba un retiro tranquilo, relajado, sin agobios... Aceptó casi todos los enchufes, recomendaciones y proyectos para 6 millones de euros al año. Había dinero para mucho y la sede era gratis para su cuenta de resultados. Qué más podía pedir.
Ortiz estaba tan despistado como un pulpo en un barreño. Se sentó, se levantó, se volvió a sentar. La mesa de reuniones, impoluta y sin carpetas ni portátiles, relucía con olor a Pronto. "¿Y qué tal, cómo estáis?" Él no había convocado a la prensa y temía a Mauricio por lo que le habían contado: "Cuidado, Alfonso, cuando menos te los esperes te convencerá de todo. Fue comunista y ya sabes cómo se portaron en Mozambique y Angola". "Esto se retrasa", refunfuñó Ortiz con ese bigotito tan similar a los editores del cómic Roberto Alcázar y Pedrín.
Mauricio llegó a las 11.15, con una chaqueta azul Surf. Su saludo sonó a despedida... Decía adiós a una casa que ni siquiera lo iba a recordar. Ni placas, ni retratos, ni fotos... El consejero despreció a Ortiz en la distancia más corta, esa que sesga el honor con una sola ráfaga. "Toma Alfonso aquí tienes la llave de Ya es tuya. Ahora eres el responsable".
Mauricio se la entregó de pie, sin llavero, desnuda, ante la risa de los periodistas y el sonrojo del diplomático, que no daba crédito. Así, de sopetón, fue la rendición de Bredas de esta Casa de los suspiros y del dispendio de recursos (24 millones de cuatro años). Moría una esperanza.
Ya sólo quedaba completar el cuadro directivo. Adán Martín colocó a Luis Padilla en la secretaría general ante una pujante Elsa Casas por la que apostaba Ricardo Melchior. Padilla y Ortiz jamás se entendieron cuando el veterano diplomático comprobó la amistad que le unía a Ricardo Martínez. Es más, cuando lo destituyeron, Ortiz no se despidió de Padilla. Siempre confesó a sus colabadores (sobre todo, a Eloy y a Juan Jaime) que fue víctima de una traición.
Para contrarrestar la influencia de Padilla, Ortiz fichó a un director financiero, Eloy Martín. La convivencia fue durante dos años insoportable. Ortiz se había traído de Chile a un responsable cultural y la plantilla empezó a inflarse que dio gusto. Hasta un alto cargo de la Embajada española en Rabat metió baza.
El organigrama estaba completo. Adán Martín remató la faena nombrando a cinco de los seis representantes de la comunidad, con cinco de ATI, claro: Elsa Casas, Alberto Delgado, Pablo Martín Carbajal, Javier González Ortiz y el propio Martín frente a un desolado Mauricio. Un año después, en 2007, con la nueva legislatura, se repitió el esquema: entran Paulino Rivero y José Miguel Ruano por Martín y Delgado y Soria suple a Mauricio. Otra vez, Tenerife, 5-Gran Canaria, 1.
Sexta cesión. El minué de Martínez. No iba desencaminado Ortiz con la conspiración que se montaba a su espalda. Todo empezó en 2008 con un correo electrónico a favor de los saharauis (continuará...).
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