Marruecos celebró este lunes, en Las Palmas, el 13º aniversario de la llegada al trono de Mohamed VI. El acto consistió en una cena con autoridades locales y simpatizantes de la colonia marroquí en las Islas, una de las más numerosas de las delegaciones extranjeras.
Este año, la celebración disfrutaba de dos motivaciones. Por un lado, la designación de Ahmed Moussa como nuevo cónsul en sustitución de Abderramán Leibek (dejó el cargo en junio de 2011 para asumir la embajada en México); y, por otro, la acción urgente del Ministerio de Asuntos Exteriores español para sacar en avión desde Argelia a los 12 cooperantes que participan en las labores asistenciales en los campos de refugiados saharauis en Tinduf.
Cuando Mousaa llegue en septiembre a su despacho en la calle Pelayo, en la capital grancanaria, el conflicto que amenaza a Tinduf habrá madurado hacia horizontes imprevisibles, derivados de hechos inéditos: riesgo de secuestros y atomización terrorista de la zona (Mali, Níger y la desembocadura del Sahel en Mauritania), algo que el Frente Polisario no había conocido desde que se adentró en el desierto en 1975, huyendo de la guerra de ocupación con Marruecos.
La decisión del ministro García Margallo cogió por sorpresa a todos. Para el Polisario representa una grave crisis de imagen que pone al descubierto los programas de cooperación y obliga a una revisión de la ayuda humanitaria, sobre todo, en la dotación de recursos humanos. Por otro, la coyuntura da brío a la relación bilateral entre España y Marruecos, ya que a la Administración de Rabat jamás le ha satisfecho la gran popularidad del movimiento soberano saharaui entre los españoles.
Estamos, pues, ante un movimiento táctico de envergadura, cuyas consecuencias son por ahora casi imposibles de evaluar. El nuevo cónsul, que estudió Derecho en La Laguna, nació en Dajla aunque su origen es norteño. Es un hispanohablante que ha cumplido con excelentes referencias su rol de cónsul adjunto en Sevilla; su hermano Ibrahim ya fue cónsul en Las Palmas, con lo que su carta de presentación para entender la posición geográfica y estratégica de las Islas, está fuera de toda duda.
Posiblemente, su primera tarea en Canarias sea intensificar la colaboración con el Gobierno canario, que ha subido enteros tras la visita de Paulino Rivero a Rabat, donde fue recibido por el monarca. Sin embargo, tendrá como adversidad ver cómo transcurre el episodio de Tinduf y los peligros subyacentes en El Sahel, convertido en un nuevo Afganistán con enormes repercusiones (en cuanto al riesgo) sobre el Archipiélago.
Los participantes en el cóctel y cena del consulado tendrán motivos sobrados para tratar de entender qué está pasando a menos 100 kilómetros de las costas canarias. Esto sí es un problema serio, mayor que el de la disputa de la mediana o las perforaciones de Repsol.
La declaración institucional que efectuó ayer, lunes, el rey alauita, tendiendo su mano a los "difíciles momentos" de la economía española, alientan el acercamiento de los dos vecinos en una coyuntura compleja, donde el Norte africano trata de recuperar la confianza y la estabilidad tras el estallido de la Primavera Árabe.
Muchos signos de confianza mutua entre España y Marruecos, que necesitan tiempo para madurar, para ganar en puntos de encuentro que alive la susceptibilidad diplomática por el conflicto saharauy, sobre todo, para que la crisis que azota a los españoles evolucione hacia una apertura de mercado más flexible y transparente.
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