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El Sahel más occidental se asoma al mayor drama humanitario sufrido en los últimos 100 años. Ni las guerras que planearon Francia y España para conquistar a las tribus nómadas del Sáhara es comparable al polvorín montado ahí al lado, muy próximo a las costas canarias.

La explosión de violencia desatada hoy, jueves, en la planta de gas argelina y el éxodo de medio millón de malienses hacia Mauritania, coloca a esta zona en el ojo del huracán internacional.

Francia ha comprobado que la guerra limitada y rápida que había previsto contra los yihadistas encuentra más resistencia de la habitual. Mali o Níger sufren la involución civil y los efectos de una pobreza extrema. La radicalización del conflicto amenaza la estabilidad de los socios comerciales europeos y coloca a España en una posición muy delicada.

Argelia es el principal suministrador de gas; Marruecos es el gran aliado contra el terrorismo y el crimen organizado y Mauritania ha sido, junto a Senegal, el tapón de la inmigración clandestina. Si todo eso se pone en riesgo... 

 

Paulino Rivero debe ser informado puntualmente por el ministro de Exteriores para conocer los detalles de los riesgos. No es descartable un atentado en el corazón de Europa.

(Más en Señas de Identidad, en la edición de papel de este viernes).

 

 

 

 

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Mariano Rajoy se felicita esta semana por la recuperación paulatina de la economía española, un hecho más real que ficticio pero que aún genera algunas dudas para que las campanas suenen con entusiasmo.

En una entrevista en Financial Times, el presidente del Estado controla su alegría. Trata de romper tópicos sobre ese sambenito que le cuelga a la hora de mojarse. Vale la pena detenerse en la persuasión que despliega cuando le exige a las locomotoras europeas más estímulos para el crecimiento. Justifica su negativa a solicitar el rescate íntegro de España y recuerda que el gran atasco del mercado laboral pivota en la actividad inmobiliaria, las finanzas y, sobre todo, sobre todo, en el sector público. Rajoy es contudente, y quizás lleva razón: "La crisis económica de España está, por fin, cambiando de rumbo".  

(Más en señas de identidad, en la edición de papel de este jueves).

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Gaspar Llamazares falló en sus ganas por sonrojar al Gobierno de Rajoy ante la crisis que sufre Mali, un país sistémico en el corazón del Sahel que amenaza la estabilidad de los socios españoles africanos, como Marruecos, Argelia y, sobre todo, Mauritania.

Quiso Llamazares que Rajoy se mojara tras la participación francesa con el envío de tropas a Mali para frenar el avance gigantesco de los yihadistas, un fenómeno geoestratégico que comenzó hace 10 años pero al que la comunidad internacional le negó la mayor.

Ahora llega tarde y, al parecer, el dirigente de IU no ha querido asumir el trasfondo de esta compleja historia. Puso como bandera el Arsenal y la Base Aérea de Gando para justificar la alianza de España con Estados Unidos. La pregunta, como le recordó el Gobierno, estaba mal planteada y la cesión es incompatible como cesión y autorización, conceptos distintos pero, al fin y al cabo, casi similares si se aplica la razón del principio de seguridad de la sociedad.

(Más, en señas de identidad, en Canarias7, en la edición de papel este miércoles).

 

 

 

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Marruecos celebró este lunes, en Las Palmas, el 13º aniversario de la llegada al trono de Mohamed VI. El acto consistió en una cena con autoridades locales y simpatizantes de la colonia marroquí en las Islas, una de las más numerosas de las delegaciones extranjeras.

Este año, la celebración disfrutaba de dos motivaciones. Por un lado, la designación de Ahmed Moussa como nuevo cónsul en sustitución de Abderramán Leibek (dejó el cargo en junio de 2011 para asumir la embajada en México); y, por otro, la acción urgente del Ministerio de Asuntos Exteriores español para sacar en avión desde Argelia a los 12 cooperantes que participan en las labores asistenciales en los campos de refugiados saharauis en  Tinduf.

Cuando Mousaa llegue en septiembre a su despacho en la calle Pelayo, en la capital grancanaria, el conflicto que amenaza a Tinduf habrá madurado hacia horizontes imprevisibles, derivados de hechos inéditos: riesgo de secuestros y atomización terrorista de la zona (Mali, Níger y la desembocadura del Sahel en Mauritania), algo que el Frente Polisario no había conocido desde que se adentró en el desierto en 1975, huyendo de la guerra de ocupación con Marruecos.

La decisión del ministro García Margallo cogió por sorpresa a todos. Para el Polisario representa una grave crisis de imagen que pone al descubierto los programas de cooperación y obliga a una revisión de la ayuda humanitaria, sobre todo, en la dotación de recursos humanos. Por otro, la coyuntura da brío a la relación bilateral entre España y Marruecos, ya que a la Administración de Rabat jamás le ha satisfecho la gran popularidad del movimiento soberano saharaui entre los españoles.

Estamos, pues, ante un movimiento táctico de envergadura, cuyas consecuencias son por ahora casi imposibles de evaluar. El nuevo cónsul, que estudió Derecho en La Laguna, nació en Dajla aunque su origen es norteño. Es un hispanohablante que ha cumplido con excelentes referencias su rol de cónsul adjunto en Sevilla; su hermano Ibrahim ya fue cónsul en Las Palmas, con lo que su carta de presentación para entender la posición geográfica y estratégica de las Islas, está fuera de toda duda.

Posiblemente, su primera tarea en Canarias sea intensificar la colaboración con el Gobierno canario, que ha subido enteros tras la visita de Paulino Rivero a Rabat, donde fue recibido por el monarca. Sin embargo, tendrá como adversidad ver cómo transcurre el episodio de Tinduf y los peligros subyacentes en El Sahel, convertido en un nuevo Afganistán con enormes repercusiones (en cuanto al riesgo) sobre el Archipiélago.

Los participantes en el cóctel y cena del consulado tendrán motivos sobrados para tratar de entender qué está pasando a menos 100 kilómetros de las costas canarias. Esto sí es un problema serio, mayor que el de la disputa de la mediana o las perforaciones de Repsol.

La declaración institucional que efectuó ayer, lunes, el rey alauita, tendiendo su mano a los "difíciles momentos" de la economía española, alientan el acercamiento de los dos vecinos en una coyuntura compleja, donde el Norte africano trata de recuperar la confianza y la estabilidad tras el estallido de la Primavera Árabe.

Muchos signos de confianza mutua entre España y Marruecos, que necesitan tiempo para madurar, para ganar en puntos de encuentro que alive la susceptibilidad diplomática por el conflicto saharauy, sobre todo, para que la crisis que azota a los españoles evolucione hacia una apertura de mercado más flexible y transparente. 

 

 

 

 

 

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El tiempo aportará más razones al acierto del viaje a Marruecos, si los ánimos contra Repsol bajan enteros.

Al Gobierno canario le han insinuado, además,  que tendrá un rol significativo en la riada de fondos europeos que llegará a Marruecos durante los próximos años desde la UE, con una cifra astronómica que ronda los mil millones de euros, de ahí que haya plantado una pica en Agadir dejando operativa la sede de Proexca y mediando en las ayudas que recibirá Binter para su vuelo inaugural de mayo.

Solo tiene que dejarse querer, colaborar en las maniobras de seguridad de la zona y ser enlace para las operaciones de control y seguimiento sobre Marruecos, Mauritania, Senegal, Cabo Verde, Bissau y Mali, países que son hoy puerta de entrada para Al Qaeda y el crimen organizado.

En resumidas cuentas: el viaje de Rivero está lejos de ser un cuento. Tampoco una mera foto con el rey para la galería de la vanidad política. La misión eleva a Canarias en el contexto de vecindad mucho más allá de lo imaginado. De hecho, la mejora en el puerto de Tarfaya se concluirá en 2013 aunque el barco de Armas siga encallado frente a la playa. Rabat ha prometido que concederá la licencia a una naviera española (¿Boluda?) con sede en Las Palmas, que cubriría la ruta hasta Fuerteventura, siempre y cuando los cordones policiales en el acceso al buque sean intensos. La autorización a Binter para volar a Casablanca y Agadir llevaban bloqueadas dos años y, ahora, por arte de magia, se aprueban con incentivos locales (exención de tasas y publicidad de turismo en Marruecos).

Una oportunidad histórica, en definitiva, para que el estatus quo de la zona tenga credibilidad y sea algo más que un mapa geográfico colocado a la espalda de Mohamed VI con las Islas Canarias en el lado izquierdo de la soberanía marroquí. Aunque, como anticipo de la recepción que se dispensaría a Rivero, cuando el monarca alauita recibió en enero a Rajoy, las Islas habían desaparecido (por vez primera) de las fotos oficiales de los dos mandatarios. Un aviso que va en serio. 

 

 

 

 

 

Las puertas de entrada, en definitiva, al Sahel.

 

 

 

Como expresa el diplomático Gustavo de Arístegui, "el conflicto irresuelto del Sáhara es fuente de inestabilidad y de incertidumbre para Marruecos y el resto de la región".

Rivero ha debido asumir como propio ese discurso y es posible, incluso, que en la redacción de la agenda institucional, el efecto del Sáhara sea tan real que se ha incluido a las Islas en ese "resto de región" al que alude De Arístegui, exportavoz de Exteriores del PP en el Congreso.

La visita a Marruecos dará mucho que hablar a medida que se conozcan los gestos del Gobierno regional. Por ejemplo, el delegado del Polisario en España pidió hace cuatro semanas una reunión con Rivero para la que no hay fecha. También la Comunidad autónoma ha obviado cualquier opinión sobre la pretensión del ministro de Exteriores español, José García-Margallo, para que Marruecos sea receptor de fondos de cohesión en 2014.

Casi todo ha sido difuso, lo que da pie a reflexionar sobre el volumen de información real que anida en el despacho Paulino Rivero. Es sabido que la lucha por los recursos potenciales en hidrocarburos tienen un papel clave para el futuro del territorio. Ya en mayo de 2006, un representante de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), anunció en Londres la apertura de un proceso de concesión de licencias en El Sáhara: seis bloques en tierra firme y 12 en aguas del Atlántico próximas a Canarias.

La decisión tenía un marcado carácter simbólico y una clara intencionalidad política. Aunque la pugna por estos recursos no constituye una garantía de futuro para el pueblo saharaui, sí juegan un papel de expresión clave para proclamar la independencia económica que les llevaría a consolidar (hoy solo es una hipótesis) un Estado soberano.

Sobre este mapa de geoestrategia financiera y energética, pivota en gran medida el conflicto de las perforaciones de Repsol. Madrid y Rabat han reabierto el mecano de la bilateralidad ahora que la Primavera Árabe arriesga el futuro de una Europa fatigada por la crisis a la que solo le faltaría un atentado de Al Qaeda a gran escala.  

Rivero es informado puntualmente de los muchos intereses que se juega en la zona como para tensionar la cuerda de Repsol sin tener en cuenta factores exógenos mucho más trascendentales que su fijación contra José Manuel Soria. (continuará...).

 

 

 

 

 

 

 

 

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Pero en la misma semana en que Rivero mostraba al rey marroquí su concordia, en Naciones Unidas se movía con la velocidad de un rayo el Grupo de Amigos del Sáhara Occidental, formado por Francia, Estados unidos, España, Reino Unido y Rusia.

El grupo empezó las conversaciones con el secretario general, Ban Ki Mon, de cara a la resolución que debe aprobar el Consejo de Seguridad de la ONU para renovar el mandato de la misión para el referéndum de la excolonia española (Minurso), que vence este próximo 30 de abril.

Esos contactos iniciales dieron lugar (dos días antes del viaje de Rivero) a un informe de Ki Mon que disgustó a París (el gran aliado de Marruecos) y a Rabat. El dossier se recibió a puerta cerrada de manos del enviado especial, Christopher Ross, quien por vez primera pide auxilio a la ONU para moverse con libertad por El Sáhara y mantener contactos con la población.

Ross, que viajará a Dajla en mayo, denunció ante Ban Ki Mon que existe indicios de que Marruecos espió al menos en una ocasión las comunicaciones de la Minurso, lo que se interpreta como una injerencia de las autoridades marroquíes. Rabat y París calificaron de incendiario el documento y gestionan a toda prisa que el informe quede excluido de la resolución final con el objetivo de que el consejo de seguridad desestime la acusación por infundada.

De estas tensiones no se pronunció Rivero ni una vez. Pasó de largo y solo ofreció un guiño cuando Antonio Castro, presidente del Parlamento canario y figura destacada de CC, se entrevistó en la Cámara 72 horas antes de que Rivero viajara a Agadir, con el representante del Polisario en Naciones Unidas, Ahmed Bujari. 

También esos días, y sin que trascendiera a la prensa en una estrategia de comunicación inédita, un grupo de abogados de Las Palmas viajó a El Aaiún para asistir a saharauis en los juicios civiles y penales instruidos por Marruecos por alteración del orden establecido que es el modo eufemístico de rechazar la ocupación del territorio desde 1975. (continuará...). 

 

 

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En realidad, en el viaje de Rivero se marcaron dos agendas. Una, experimental, de sondeo de la temperatura política, y otra más técnica a cargo de la empresa pública Proexca. Ambas, tan distantes como cercanas, perseguían recobrar el clima de confianza perdido en la anterior legislatura. Según fuentes conocedoras de la operación, Madrid y Rabat quedaron satisfechos con la lealtad de Rivero y su visión "comprometida" de la vecindad hispano-magrebí.

Rivero es un dirigente con paradojas de sí mismo. Se mueve con una habilidad casi imperceptible en los asuntos de Estado sin renunciar a su condición nacionalista. Se trata, como en la comisión del 11-M que presidió en el Congreso, de abrir cauces de diálogo en un camino espinoso, lleno de trampas y códigos indescifrables que arriesgarían el discurso de cualquier político.

Para el presidente, lo más fácil hubiese sido renunciar a la foto con Mohamed VI. Ya lo hizo hace tres años, cuando lo plantó al sur de Agadir en la inauguración de una red de corriente eléctrica para pescadores que pagó el Gobierno canario. Incluso ahora, con las asociaciones de amigos del Sáhara Occidental pisando los talones, o con la disputa sobre las perforaciones de Repsol, algunos consejeros sugirieron a Rivero si valía la pena cruzar el charco.

No cedió un milímetro. Se trataba de un viaje especial que le iba a dar credibilidad ante Moncloa.  Aunque Rajoy sigue sin concretar la fecha de un encuentro cada vez más cercano, a Rivero le iba parte de la legislatura (aunque acaba de empezar) en la operación de Rabat.

Quería demostrar que se puede confiar en él. Aunque ahora todo el Gobierno está ahogado en un mar de lágrimas por los recortes presupuestarios en la prestación de servicios y por la subida de los impuestos, al líder de CC le pudo más (y aunque le marcaran la agenda) proyectar una imagen de Canarias alejada de la vulgaridad que supone cada día levantarse con nuevos episodios de confrontacióncon Madrid por la financiación autonómica o las ayudas de Estado. En esta ocasión, Canarias dejó de lado su disfraz de plañidera sentida para mostrar un traje a medida sobrio pero digno. (continuará...).

 

 

 

 

 

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De esos efectos colaterales sufre mucho la economía canaria. A los largos y tortuosos procesos de desaceleración de la pesca (expulsión de facto de la flota con base en Las Palmas), se une ahora con suma virulencia el sector agrícola.

Los tomateros acaban de difundir un documento fechado en Estocolmo en el que se revela la trascendencia de los cultivos en Dajla (antigua Villacisneros), cuya capacidad de producción, con un millón de hectáreas, está fuera de toda duda. Se estima que el 40% de los futuros envíos a Europa provendrán de cultivos ubicados en El Sáhara Occidental, un territorio sometido a jurisdicción de Naciones Unidas.

De ese impacto sobre las empresas agrícolas, no habló Rivero a Mohamed VI. El contencioso agrícola fue excluido de la agenda de Exteriores y el presidente asumió el lapsus para garantizar, a toda costa, la foto más exclusiva de cuantas ha logrado Rivero en el ámbito internacional desde que accedió a la jefatura autonómica hace cinco años. Compárese la imagen reciente con el presidente de Uruguay, José Mujica, para acreditar que Marruecos juega en la liga de las estrellas frente al socio latinoamericano. Baste decir que en las Islas residen 40.000 marroquíes frente a 25.000 uruguayos y que, por cercanía y por la naturaleza conflictiva de la vecindad, a Canarias le va más en la suerte una relación de cordialidad supervisada, eso sí, por Madrid.

Tampoco se le ocurrió a Rivero insinuar nada sobre la travesía política del partido ganador en las elecciones de noviembre, el PJD, una formación islamista autoridazada por el régimen de Rabat, pero que, poco a poco, impone su modelo ferviente de musulmanismo social. De hecho, el canal 2 de la tele marroquí emite cada día las cinco oraciones y el rezo de los viernes (la jornada sagrada) se ofrece en su integridad. También da la casualidad de que hace dos meses, la mezquita de Las Palmas ha colocado una nueva cartelería denominando al centro religioso Mezquita del Rey Khaled, con el fin de apaciguar las voces críticas de los marroquíes, a quienes, siendo mayoría en las Islas, se les veta en el acceso al poder religioso copado por egipcios, libaneses y sirios.

A Rivero, pues, le marcaron una hoja de ruta con varios asuntos tabúes: la política religiosa que empieza a imperar en Marruecos a costa de lamer espacio al Majzen de Palacio; el contencioso agrícola,que no fluyó ni por asomo en detrimento de los exportadores isleños; y, sobre todo, sobre todo, el conflicto territorial del Sáhara, el tema más espinoso de cuantos afecta a la imagen exterior marroquí y que toca fibras sensibles de la seguridad y la cooperación militar.(continuará...)

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En descargo del presidente, conviene destacar que los servicios secretos españoles supervisaron en todo momento el viaje a Marruecos. Recordemos, además, que una de las primeras (y acertadas) decisiones del Gobierno de Mariano Rajoy, nada más pisar La Moncloa, fue transferir el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) desde el Ministerio de Defensa a la Vicepresidencia de Soraya Sáenz de Santamaría. Por lo tanto, sin una autorización tácita de previa conciliación con el espionaje marroquí, a Rivero jamás se le hubiera permitido que hablara de tú a tú con Mohamed VI.

La inteligencia española y la marroquí perfilaron durante dos meses los contenidos de la delegación canaria. El pretexto era simple a partir del fomento de los acuerdos de cooperación que financia la Unión Europea con 14 millones de euros. El resto de la agenda era pan comido para los ministerios de Asuntos Exteriores, volcados, ambos, en pulir una imagen de sosiego del país vecino en una semana, por otro lado, cargada de acontecimientos tanto para el conflicto saharaui (se esperaba el informe bianual del secretario general de Naciones Unidas) como para las perforaciones de Repsol en la mediana virtual que separa las aguas de ambas orillas.

A los asesors de Paulino Rivero tampoco les incomodaba que las prioridades de ambos Estados se focalizaran a través de una comunidad como la canaria, marginada casi siempre en los asuntos bilaterales que afectan a Marruecos a pesar de que sufre las consecuencias en otros contenciosos, como el pesquero, el agrícola o, ahora, el petrolero. (continuará...)

 

 

 

 

 

 

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