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Novedades en la categoría Letras


Cada Día del Libro hacemos coincidir esta celebración con las fechas de las muertes de Cervantes y Shakespeare, que si bien fallecieron el mismo año y en un 23 de abril, no fue exactamente el mismo día, puesto que entonces los británicos no se habían acomodado al nuevo calendario gregoriano que actualizó la Iglesia Romana en 1585. Y hablamos del Día del Libro, que es algo ambiguo, porque los más puristas quieren que se refiera a los volúmenes de creación literaria mientras que otros hablan del soporte libro con cualquier contenido. En todo caso, estamos viviendo una época de transformación y tampoco ha sido siempre el libro el soporte único del arte y el conocimiento. Es posible que el libro de papel sea en el futuro un soporte más, puesto que las comunicaciones y la digitalización abren nuevas vías que ya son una realidad. Tendríamos que hablar entonces del Día de la Escritura, o de la comunicación escrita, que ha ido evolucionando en alfabetos y medios técnicos, desde las tablillas sumerias sobre barro hasta las actuales tablets, con todo lo que hay en medio: papiro, papel, pluma de ganso, estilográfica, máquina de escribir, ordenador...

zzzzzescritura.JPGPor otra parte, la celebración de la escritura pone de manifiesto uno de los grandes logros de la Humanidad, pues a través de ella es como hemos tenido memoria de lo sucedido y de los conocimientos nuevos que se iban creando. Es gracias a la escritura que se ha recordado todo y que se ha guardado el conocimiento adquirido para añadir otros nuevos. Hoy sabemos que civilizaciones remotas consiguieron avances que luego se perdieron y que no se conservaron por escrito; uno de los ejemplos son las baterías de almacenamiento eléctrico encontradas en Irak (antigua Sumeria), y que los humanos volvieron a redescrubrir hace apenas un par de siglos. Por eso, si bien Cervantes y Shakespeare son dos hitos en la historia de la Humanidad, por encima de ellos está el almacenamiento de lo que vamos aprendiendo como especie. Gracias a la escritura, los seres humanos saben hoy mucho más sobre todo, mientras que un animal selvático sabe hoy lo mismo que hace cinco mil años. Celebremos entonces ese gran logro humano que es la comunicación escrita, que es capaz de atravesar el espacio y el tiempo.


zzzzzzgabo33.JPGNos dicen que Gabo ya no está. Su cuerpo mortal ha dejado de respirar, pero su alma hace tiempo que ascendió a la eternidad junto a Remedios la Bella. El destino ha sido cruel con un hombre que se volvió desmemoria, él que había sido el adalid de la memoria creativa, pero ha tenido compasión de quienes fuimos deslumbrados por luz tan cegadora. Quitarnos de golpe ese foco habría sido una hecatombe, y por eso el fogonazo se ha ido desvaneciendo para irse sin demasiado ruido. Y es que García Márquez no ha sido un escritor extraordinario, tampoco un gran novelista; fue un ángel Gabriel anunciador, un profeta que traspasaba las paredes y el tiempo.

Los escritores transforman con la belleza de su prosa el dolor, la esperanza, el odio y el amor; los novelistas escriben novelas, y los más grandes construyen extraordinarias novelas que quedan como mojones en el camino. Gabo no hizo nada de eso, fue la literatura misma, un golpe de clarividencia que llegó a todo tipo de lectores. Establecer categorías es muy difícil cuando hablamos del arte literario, pero García Márquez es otra cosa. Muchos dirán que ha sido el mejor novelista del siglo XX, con la chispa de Cervantes, la profundidad de Shakespeare y la fuerza de Homero, todo en una sola pieza. Otros, menos dogmáticos dirán que es uno de los grandes autores de su época, y otros más tibios solamente que fue un narrador distinto.

Nadie le puede negar esa capacidad de fascinación que tiene su literatura, libros que parecen escritos al dictado de las artes adivinatorias. Incluso habrá quién se atreva a decir que tampoco era para tanto (los ha habido durante su más de medio siglo de divinidad humana), y siempre son los que se ven impotentes para entender el fenómeno. Gabo es una rareza, entre el milagro y el portento, que usando los mismos sujetos, verbos y predicados que los demás, construía oraciones con apariencia de normalidad, pero que en la esquina imposible de una sílaba escondía magia.

zzzzzzgabo22.JPGPosiblemente ni él supiera qué sustancia sobrenatural contenía su prosa, pero lo cierto es que cualquier historia entre sus manos se volvía grandiosa, bíblica, inamovible. Los más grandes se han rendido a su obra, especialmente ante Cien años de Soledad; Mutis, Fuentes, Arciniegas o Vargas Llosa inclinan la cabeza ante tal monumento entre la admiración, el agradecimiento y la incomprensión. Sí, porque a menudo la obra de Gabo es humanamente incomprensible desde la razón, y solo hay que dejarse llevar hacia ese Macondo inasible, perturbador y atrayente como la voz de las sirenas de Ulises. Esa magia literaria se ve muy poco, incluso los más grandes autores que marcan épocas no llegan a alcanzarla.

Cuando hablamos de García Márquez entramos en el terreno de los verdaderamente escogidos por los dioses, que saben administrar esa magia brutal que no es cosa de humanos. Desde el mexicano barrio de San Ángel (los nombres no son casuales), el ángel Gabriel inicia su camino hacia el cielo de Macondo. Allí sale a recibirlo el comité de los elegidos, entre los que se adivinan las siluetas de bruma de Sófocles, Shakespeare, Cervantes y Borges. En el grupo, no muchos más. Macondo queda expectante esperando qué señales vendrán desde la cima del Monte Olivete de la ascensión definitiva de Gabo. Y el Caribe se pierde en la confusión porque ya el Coronel no tiene quien lo escriba.
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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 del día 18 de abril de 2014).


gabito1.JPGPara quienes creen que la palabra es la última frontera del ser humano, la materia que nos permite pensar y evolucionar, la que desarrolla la imaginación, hoy se nos ha apagado el último gran faro de nuestra lengua. Gabriel García Márquez no solo era un extraordinario escritor, era la palabra en su máxima potencia, el puerto al que todos queríamos llegar en busca de la comunicación poética. Cuando era niño, mi padre me llevó a curiosear a una factoría de pescado, y allí me llamó la atención una plancha vidriosa casi transparente que estaba colocada en una poceta. Toqué aquel material y sentí que me quemaba; "es hielo" me dijo mi padre, y así fue cómo empecé a entender lo cerca que está lo ardiente de lo gélido, que solo distinguimos a través de la palabra. Unos años después, siendo un adolescente, ya pensaba ser escritor y contar aquella experiencia infantil que me parecía muy literaria. Entonces cayó en mis manos una novela que empezaba así: "Años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquel remoto día en que su padre lo llevó a ver el hielo"; era la primera edición española de Cien años de soledad, y en lugar de sentirme frustrado porque alguien se me había adelantado a contar aquella y otras experiencias, tuve la certeza de que yo tenía razón, al distinguir lo literario entre el aluvión de palabras y conceptos que nos rodean diariamente. Ese fue el primer fogonazo de García Márquez que me iluminó, y a partir de entonces supe que en el campo minado de tanta superchería pseudoliteraria, había que pisar en sus pisadas. Ahora se ha muerto, y para algunos de nosotros empiezan realmente los años de soledad literaria. Seguiremos sus huellas para estar a salvo. Es lo que tienen los profetas.


Ayer fue presentado el poemario Diálogos al sol de Carlos Lázaro

Roldán. Además de sugerirles su lectura, les invito

a enlazar con el texto completo de la certera presentación que

hizo del poemario el poeta Javier Cabrera (el enlace está al final)

que da una visión muy completa, que comparto, de la que entresaco

dos párrafos. También participó en la presentación el profesor y cronista

José A. Luján, que es, además, el prologuista del libro.


Diálogos al sol Portada.JPGDice Javier Cabrera:

"... La temática que trata el autor en sus poemas es amplia, pendular, y va de la alegría del momento íntimo a la consciencia del dolor permanente, del instante de lucidez para saberse vivo fuera de todo sistema o apariencia, o acogotado por la aparente simple circunstancia de no saber adaptarse a la necesidad que la vida pregona. Los poemas, decía, quedan resueltos en modo y apariencia sencillos, es la suya, poesía que se delimita en la palabra directa, en el mensaje bañado de oralidad. Donde el afán de trascendencia radica, desde luego, no en lo que se emite desde el precepto del autor sino en lo que apercibirá el oído del que atiende; espero que el ojo del lector...

foto dle.JPG... El poeta hace un amplio recorrido por temas y asuntos que le son de sobra visitados por su condición de observador, que le son necesariamente íntimos por su estado de humanidad cercana, que le son soporte exacto donde establecer una denuncia, una gracia o, por qué no, un gramo de ironía justificada. Atado a la realidad, la que conforman la tierra y el agua, cómo no el aire e incluso el fuego necesario, establece los preceptos de sus principios donde se emparenta y se reconoce en el otro, sin distinción. Y como al inicio mantenía: bajo la coraza amable del poema se adivina la herida por la que abierta se transpira la necesaria consciencia..."

Enlace del texto completo de Javier Cabrera:

Bajo la coraza la herida abierta J Cabrera.pdf

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(*) El diseño del libro es de Javier Cabrera y foto de la ilustración es de Isabel Echevarría.


Parafraseando a la vez a Ortega y Gasset y a Juan José Millás, digo que la poesía no es lo que generalmente se entiende por poesía: bellas y lánguidas o sonoras palabras que tratan de dibujar la belleza (pregunten a Miguel Hernández, a Blas de Otero o a Octavio Paz). Eso es una cursilería, como lo es de alguna forma que la UNESCO haya determinado que la poesía se celebra con la entrada de la primavera. Y ya que hoy es Día Mundial de la Poesía, conviene aclarar que esta palabrita no significa poner versos uno debajo de otro, ni construir sonoras frases que halaguen el oído; etimológicamente proviene, como casi todo, del griego clásico y significa "creación". Así que cuando se habla de poetas debemos entender que se trata de alguien que usa un lenguaje para reflexionar, para conocer o para comunicar, o todo a la vez. zzzzDSCN4042.JPGLos franceses hablan del poeta Víctor Hugo, que hizo toda su obra literaria en prosa, y no es ningún disparate, porque hacía creación, poesía. Por lo tanto la poesía es una manera de trascender el lenguaje común y es aplicable a todas las minfestaciones de comunicación humana, pues cuando quien lo hace tiene el don de la creación (de la poesía por lo tanto) es poeta, aunque se exprese a través de la música, la arquitectura, la danza, el cine o las artes plásticas. Suelen diferenciar entre poetas y narradores para determinar quién es poeta y quien no. Un amigo ironizaba diciendo que el mejor libro narrativo latinoamericano es El Canto General de Neruda, y el más poético Cien años de soledad. Aparentemente es una boutade, pero no lo es tanto si lo miramos bien, y por supuesto en el lugar de ambos podríamos poner otros. Lionell Halifax, un crítico norteamericano que se mueve entre la realidad y la ficción, decía que detrás de toda buena novela siempre hay un poeta. Y no se refería a poetas reconocidos por sus versos que han escrito también magníficas novelas del tamaño de Doctor Zhivago, sino de Dickens, Dostoievski o Paul Auster. Si no hay mirada poética (creación), no hay buena literatura, y el lenguaje solo tiene valor instrumental como un acta notarial, un atestado de la policía o la lista de la compra, y eso también ocurre con los poemarios, que si son poesía no será porque estén escritos en verso, sino porque provienen de esa mirada creativa que ha hecho posible grandes creaciones en todas las artes. Por eso sí debemos celebrar hoy el Día de la Poesía.


A quienes vivimos en Las Palmas de Gran Canaria nos es familiar la imagen de Leopoldo María Panero transitando nuestras calles, durmiendo siestas en los bancos de la plazoleta que da entrada al paseo Tomás Morales, siempre con la mirada ida y un desaliño exagerado. Su rostro de ave cazadora estaba siempre buscando la manera de pillar una cocacola, bebida de la que consumía botellines uno tras otro. Se podría pensar que se trataba de un loco errabundo, y acertaríamos, entendiendo que la locura no es otra cosa que una lógica distinta a la convencional. Para lo que entendemos como normalidad, Panero estuvo enfermo siempre, entrando y saliendo de hospitales psiquiátricos desde los 19 años, algunos de los cuales, como el de Mondragón, forman parte de la historia del mito. También el de Tafira, posiblemente el único hilo con que se ataba a la realidad su mente de cometa.

zzzz987yhi.JPGCuando hablamos de locura, metemos en el mismo paquete muchas enfermedades mentales, que seguramente se consideran así porque contravienen la norma general de los comportamientos. Pero viene muy bien a los editores y a los exégetas la locura de poeta, sea del tipo que sea, y la locura básica de Leopoldo María Panero era que veía el mundo desde otra atalaya, tal vez distorsinado, quien sabe si con una claridad tan cegadora que se le hacía imposible asumirlo, de ahí su divorcio con la realidad de los demás.

Y habiendo usado varias veces la palabra "realidad", lo hacemos habitualmente de manera superficial. Pero la realidad es asunto muy complejo, como lo demuestran profundas reflexiones de Aristóteles, Avicena, Hume o Descartes. Y es en esa realidad metafísica en la que se mueve la poesía de Leopoldo María Panero, tal vez dotado por lo que nosotros llamamos enfermedad mental para llegar más lejos que con las armas del pensamiento racional. Y es curioso que haya habido grandes poetas y prosistas de una madera especial que han dado una vuelta de tuerca al pensamiento desde la poesía, y mucho de ellos y ellas figuran como enfermos mentales en los manuales literarios, algunos con referencias de "locos de atar", encerrados de mala manera y con finales terribles.

Posiblemente sea Hölderlin el más significativo de estos poetas sublimes y enajenados, recluido desde los 36 años en un manicomio. Pero hay otras figuras de la poesía que convivieron con enfermedades mentales: Antonin Artaud, Rimbaud, Silvia Plath, Virginia Wolf y dicen que Alfonsina Storni y el mismísimo Beaudelaire, y hasta podríamos englobar ahí a Juan ramón Jiménez, depresivo y usuario de clínicas psiquiátricas más de una vez.

¿Quiere esto decir que la poesía es connatural a la locura? No, lo que indica es que la poesía es un don que se produce en todas partes, nace en mentes cuerdas y con disfunciones, en chozas y en palacios, en cualquier persona que es capaz de ver más allá desde la cordura o desde la locura. La poesía sin duda fue la compañera más inseparable de Leopoldo María Panero, y así que pasen los años iremos sabiendo más de sus versos que de su enfermedad, como el Hölderlin con quien compartimos una contemporaneidad que fue hilo para que esa cometa volase. Ahora por fin la cometa volará libre.
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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 del día 7 de marzo).


Hablar de Antonio Machado es invocar la poesía en su estado más sencillo y por lo tanto más puro. Y hoy hablamos de él porque recordamos su muerte, el 22 de febrero de 1939 en Collioure, un pueblo francés cercano a la frontera española que lo recibió cuando era un fugitivo del odio sobre el que estuvo advirtiendo durante años. Es curioso que el poeta probablemente más cantado en la memoria popular (sus versos se han hecho canciones en la composición, en las voces o en ambas, de músicos tan aplaudidos como Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat, Alberto Cortez...) no haya sido objeto de una película, una serie de televisión o una novela en exclusiva más allá de reportajes o documentales, como lo han sido García Lorca o Miguel Hernández, los otros dos poetas devorados por una de las dos Españas machadianas.

z Machado 11.JPGEsto sucede tal vez porque, si bien la tragedia inexorable se les vino encima a Lorca y Hernández después de la esperanza o la lucha, Machado la vio venir desde muy lejos. Era mayor y sabio y conocía la vena cainita española repetida una y otra vez, y anunciada y temida desde sus Proverbios y cantares que forman parte de su volumen Campos de Castilla (1912). Y si las muertes terribles de Lorca y Hernández llaman a la rabia, la de Machado nos lleva a la más profunda tristeza.

Hay libros, reportajes, artículos y filmaciones sobre el éxodo de Machado, su madre y su hermano José acompañado de su esposa, sobre su muerte y su entierro, pero siempre desde la historia, el periodismo o el documental, como si sus autores no pudieran entrar en lo íntimo porque la tristeza los aplasta. Poco antes de morir, contaba Rafael Azcona que él y Juan Antonio Bardem pensaron hacer una película sobre los últimos días de Antonio Machado, se reunieron en un café y empezaron a tomar notas para un guión; al cabo de un rato se dieron cuenta de que ambos estaban llorando y lo dejaron para un "más adelante" que nunca llegó.

z Machado 22.JPGTambién he hablado con un par de novelistas de renombre que han acometido esa historia. Ninguno pudo alcanzar más allá de la media docena de folios por la misma razón, y en las muchas veces que estuve tentado de plasmar esos días, aunque solo fuera en un relato corto, abandoné antes de empezar. Este artículo se me pone cuesta arriba desde que pierdo la distancia historicista. Y es que la muerte lenta y anunciada de Antonio Machado es la materialización de la tristeza misma, porque es la terrible metáfora de cómo la saturnal España devora a sus hijos, y no puede evitarlo ni el abrazo cálido del solidario y luminoso pueblecito francés que quiso salvarlo.

En una de sus canciones más celebradas, el recientemente asesinado cantautor argentino Facundo Cabral asegura "que es un círculo el camino". No es una imagen nueva, y la ya legendaria Doña Bárbara de Rómulo Gallegos decía que "las cosas vuelven al lugar de donde salieron". El camino es uno de los símbolos poéticos usados por Machado ("Caminante, no hay camino, se hace camino al andar"), desde sus versos, que surcaron generaciones y tendencias siempre buscando la precisión desde la certera sencillez que huía del barroquismo inútil, sobre el que ironizaba en su Juan de Mairena. Y es el camino circular lo que parece que el destino marcó a nuestro recordado poeta.

Nació Antonio Machado en el palacio de Dueñas, en una de las viviendas que el Duque de Alba tenía habilitadas para alquilar como ingreso extra. Por eso su infancia son recuerdos de aquel hermoso patio sevillano, correteando alrededor de su fuente y la luz de los limoneros. Nunca alzaba la voz, pero su palabra llegaba muy lejos, llega hasta hoy y más allá. Tomó partido sin estridencias y se mantuvo firme hasta el inevitable final que casi preveía como en una tragedia griega.

z Machado.jpgMerece ser citado el escritor Corpus Barga (Madrid 1887-Lima 1975) que, fugitivo él mismo, cuidó en este último viaje del poeta enfermo y de su madre muy anciana, que moriría tres días después que el poeta. Barga fue a París y trató de conseguir ayuda y dinero de la entonces poderosa intelectualidad francesa para llevar al poeta a un lugar en el que pudieran tratar su neumonía, pero no le escucharon; y esa misma intelectualidad hipócrita quiso llevar su cuerpo a París, para enterrarlo con todos los honores y rodeado de pompa y fanfarria. Su hermano prefirió que reposara en Collioure, el pueblo que lo acogió con respeto y cariño, y cumplió su deseo de volver a la tierra "desnudo, como los hijos de la mar", llevando por sudario una sábana y una bandera tricolor. En el bolsillo de su raído gabán, encontraron, entre otras cosas, un papel sobado en el que el poeta había escrito "Estos días azules y este sol de la infancia", acaso su último verso, primero de un poema que nunca se escribiría. Tal vez nos toca a nosotros terminarlo. Se había cerrado el círculo de la luz que Machado descubrió en Sevilla en "un huerto claro donde madura un limonero".
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(Este trabajo se publicó en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 del 26 de febrero de 2014. La última fotografía del post es una recreación del autor, puesto que no se conocen testimonios gráficos sobre el hecho que se cuenta).


Celebramos a Agustín dicen que porque el Gobierno de Canarias le dedica este año el Día de las Letra Canarias. Otros dicen que hay que celebrarlo porque el próximo 6 de marzo se cumplen 25 años de su muerte. Los hay incluso que proponen celebrarlo porque su palabra recia suena hoy más certera que nunca, como si muchos de sus poemas hubieran sido escritos para despertarnos ante las mil convulsiones programadas que hoy asolan al planeta. Pues yo no lo celebro por ninguna de esos motivos, porque lo celebro siempre por una sola razón: era -es- un gran poeta, y a los grandes poetas hay que celebrarlos cada día porque son "la primera montaña de divisa la aurora".

Tengo, además, otro motivo para celebrar cada día a Agustín Millares Sall: era mi amigo, palabra grande donde las haya, aunque la amistad es asunto privado, pero cuando por nuestra vida pasa en paralelo un hombre de su transparencia moral, hay que gritarlo. Porque era un poeta grande. Y sí, poetas grandes por fortuna hemos tenido y tenemos muchos en esta tierra, pero con la proyección humana que tiene Agustín muy pocos, casi diría que sobran muchos dedos en una mano para contarlos. Y es que él, sin perder un ápice el rigor literario y la luz poética, logró meterse en la memoria de un pueblo, como José Martí en Cuba, como Pablo Neruda en Chile, como Miguel Hernández en España.

zzzcondor.JPGAgustín Millares Sall es como la música, sus versos van directos al corazón, a la mente y a los oídos de la gente. Escuchar sus poemas -sobre todo cuando él lo recitaba- es como pulsar el arranque del motor de un pueblo. Su voz no se apagó hace veinticinco años, sigue palpitante como en sus versos de Habla viva, y la suya es una Poesía unánime que reivindica al ser humano libre y a una sociedad justa. Sus versos nacían con la música incorporada, pero aún así nuestros músicos han trasladado al pentagrama sus palabras. Muchas canciones que forman parte de la memoria de Canarias son poemas de Agustín Millares Sall.

Y ahora celebran a Agustín con bombo, platillo y redoble de tambores porque creen que le hacen el honor de dedicarle una fecha del almanaque. ¿Qué le dedican este año el Día de las Letras Canarias? Pues vale, pero que sepan que Agustín es Letras Canarias a todas horas, no hace falta que gobiernos, parlamentos y otras instituciones que destacan por su insensibilidad y desconocimiento de nuestra cultura le pongan una peana a un santo que no la necesita, porque Agustín vuela solo con las alas de la memoria del pueblo. Siempre.

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(Este artículo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 el viernes 21 de febrero de 2014)


Isaac de Vega era el decano de la narrativa en Canarias, y nos ha dejado después de una larga vida reconocido, cosa que ha ocurrido con autores que, apenas pasada la cuarentena, se convierten por no se sabe qué mecanismo en clásicos vivos, en una edad en la que generalmente los escritores, especialmente los novelistas, están consolidando su camino.

vega.JPGNo voy a recorrer por conocida la trayectoria del autor fallecido, pero sí a desgranar algunas impresiones. En los primeros años setenta del siglo pasado, creo que fue Ediciones JB de Manuel Padorno quien publicó en una colección de narrativa con vocación de exhaustividad las novelas Mararía de Rafael Arozarena y Fetasa de Isaac de Vega, y a resultas de estas publicaciones se hablaba de los fetasianos. Por entonces, Víctor Ramírez y Rafael Franquelo andaban también metidos a editores, confeccionando antologías y tratando de dar a conocer lo que se escribía en Canarias, y en cierta ocasión Víctor volvía a Las Palmas desde Tenerife con algunos textos inéditos de autores tinerfeños. Con la expresión de quien ha hablado con Padre-Dios nos comunicó que había estado con "El Viejito". El tal Viejito era ni más ni menos que Isaac de Vega, que entonces apenas había sobrepasado el medio siglo, pero huérfano de datos yo me imaginé a un anciano venerable, cuando todavía el novelista estaba en plena madurez biológica y ni siquiera a la mitad del listado de sus publicaciones. Es evidente que entonces al "Viejito" le quedaba mucha vida y literatura en la mochila.

Isaac de Vega era un hombre peculiar, siempre reconcentrado en su laberinto y casi ajeno al mundo que le rodeaba. Vivía en los suyo, y una muestra de su curiosa manera de ser era su relación con gente con la que tenía poco trato. A mediados de los ochenta coincidimos en una mesa redonda de autores consagrados y novatos. Aquel día, como ningún otro en mi vida, tuve la sensación casi física de ser invisible e inaudible, porque no conseguí que armara diálogo conmigo en toda la sesión, y eso que habló mucho. Cuando nos despedimos los contertulios en la escalinata del edificio central de la Universidad de La Laguna, donde se había celebrado la mesa redonda, le extendí la mano, le dije que había sido un honor compartir aquel acto con él y me quedé con la mano en el aire mientras él perdía su mirada hacia el Este, quien sabe si hacia El Roque, Anaga o su adorado Igueste de San Andrés. Por supuesto que tampoco pareció haber escuchado mis palabras de despedida.

Dicen los panegiristas del llamado movimiento fetasiano que su influencia alcanza a las generaciones siguientes de narradores canarios. Puede ser, doctores tienen las universidades. Este movimiento, que toma el nombre de la novela Fetasa de Isaac de Vega, es casi indefinible en su conjunto porque sus principales componentes pocas características literarias tienen en común, aparte de la calidad de sus obras. En palabras de Rafael Arozarena, otro de los del grupo "Fetasa no es nada y sigue siendo Fetasa, no se puede definir", y más adelante afirma que "en Fetasa cabe todo; el que va a la contra y entra en el debate, ya es fetasiano". Por lo tanto, no hay pistas sobre el movimiento fetasiano, pero lo curioso es que desde hace unos años se habla de los neofetasianos. Le pregunté por esto a Arozarena y fue tajante: "Si no hay Fetasa menos puede haber neofetasianismo, Fetasa es Fetasa". Pues Isaac de Vega, el creador de Fetasa, autenticidad y honestidad literaria, se nos ha ido. Ojalá haya encontrado por fin lo que tanto buscó en Fetasa.

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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 del martes 4 de febrero).


Platero y yo es un libro singular, pero es apenas la cabeza del iceberg que significa la obra de Juan Jamón Jiménez en la literatura en español. Se trata de una narración elegiaca cuya primera versión fue publicada en 1914; tres años más tarde hizo una edición con más capítulos, pero el poeta no quedó conforme, pues siempre tuvo la intención de ampliarlo, y hasta escribió algunos capítulos de lo que sería una especie de segunda parte y que incluso llegó a titular como La otra vida de Platero. Nada de esto cristalizó y el libro que hoy conocemos como definitivo es la versión de 1917.

zzz Platero 1.JPGCuando mencionaba la importancia de JRJ en nuestra literatura no hablaba por hablar. Lo mismo que, después de un barroco tremendo en el que Cervantes y El Lazarillo alargaban su sombra hasta bien entrado el siglo XIX, llegó Galdós y metió en la modernidad a la narrativa de nuestra lengua, el poeta de Moguer, casi medio siglo después, lo hizo con la poesía; es decir; JRJ fundó el siglo XX de la poesía en español.


La sombra de Góngora, Quevedo, Santa Teresa, Lope, Calderón y San Juan de la Cruz alcanzaban incluso más allá del romanticismo. Bécquer, Espronceda y Rosalía (que también fue poeta en castellano) se adscribieron a las corrientes europeas del romanticismo que eran más ideológicas que lingüísticas. Cuando ese alargamiento romántico se tiñó del Azul (1888) modernista con Rubén Darío, esas nuevas maneras prendieron en la Hispanoamérica de José Martí, Amado Nervo y Leopoldo Lugones, y pronto saltaron a España haciendo de bisagra de dos siglos. El propio JRJ veló sus primeras armas poéticas abducido por la música del modernismo.

zzz Platero 2.JPGPero el modernismo, que en las mayoría de las bellas artes y la arquitectura marcó un antes y un después, en literatura fue flor de un día que sentó pocas bases para las siguientes generaciones. Mientras Villaespesa, Machado (Manuel), Rueda y nuestro Tomás Morales se entregaban al ruidoso festín de sonidos que se poblaba de faunos, princesas deslumbrantes, gigantes mitológicos, quioscos de malaquita, héroes invencibles o monstruos marinos que no casaban metafóricamente con el mundo real, JRJ quiso entrar en la poesía sin más equipaje que su propia esencia. Y entró.

Un renombrado y docto profesor isleño (omito el nombre porque él nunca se atrevió a escribirlo y solo lo comentaba de viva voz en privado) comparaba a los rimbombantes poetas modernistas con viajantes que llevaban un saco que sonaba mucho pero que solo contenía chatarra. Luego aparecieron viajantes silenciosos que traían el saco lleno de poesía, y ahí entraban JRJ en el ámbito del español y Alonso Quesada en Canarias. En la segunda década del siglo XX, cuando JRJ tenía apenas treinta años y ya en su haber poemarios tan importantes como Arias tristes o La Soledad Sonora, cada vez más simbolistas y menos modernistas (al final casi ni eso), surge el nuevo Juan Ramón, el que escribiría el epitafio del modernismo literario y abriría para la poesía española e hispanoamericana las puestas del siglo XX. Paradójicamente, como en un sutil juego de palabras, sepulta el modernismo y alumbra la modernidad.

Y el acta de nacimiento de esa nueva manera de abordar el mundo no es un poemario, sino un libro en prosa, una narración: Platero y yo. Con un lenguaje tan sencillo que muchos creyeron que escribía intencionadamente para niños (no era así), JRJ se enfrentó a lo efímero de la vida, representada por Platero, un asno. Era casi una provocación; veníamos de una poesía modernista en la que abundaban los caballos alados, las mariposas multicolores, los unicornios y los pavos reales, y JRJ nos presenta un humilde pollino. Pero no es un libro sobre un asno, es una memoria aparentemente infantil de las peripecias de ese Platero vivo por las callejas de Moguer hasta que el narrador lo supone "feliz en tu prado de rosas eternas".

zzz Platero 3.JPGA partir de ahí la obra de JRJ creció más y más, lejos ya de los corsé modernistas, y es ahora el poeta fundador del que son herederos todos los que desde hace cien años escriben poesía en nuestra lengua. Es la fuente, y la primera gota del manantial poético es precisamente un libro en prosa, Platero y yo. Incluso los poetas que nunca lo han leído (que los hay) escriben en su tiempo porque él desoyó la fanfarria modernista y desató el nudo gordiano que tan magistralmente ataron los grandes poetas del Siglo de Oro. Ese "Yo" que está en el título del libro es el que compromete al poeta con voz esencial de la conciencia propia y de la colectividad.

La vida y la personalidad de JRJ son azarosas y muy interesantes, pero no son el objeto de este trabajo. Mucho se ha dicho y escrito sobre su difícil carácter, y poco de su generosidad y su compromiso personal en la vida cívica. Se cuenta que, cuando le concedieron el Premio Nobel en 1956, año y medio antes de morir, un periodista de Puerto Rico, donde entonces vivía exiliado el poeta, le preguntó por qué había escrito un libro sobre un burro. Parece ser que reportero y cámara salieron a gorrazos de la vivienda que el poeta tenía en la zona universitaria de Río Piedras. Si esta anécdota no es verdad, debiera serlo, porque Platero y yo no es la historia de un burro. Es un faro que a veces olvidamos pero que sigue alumbrando.

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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 el miércoles 28 de enero).

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