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Novedades en la categoría Letras


Federico J. Silva acaba de publicar Las calmas aparentes, una novela que despacho apresuradamente con el calificativo de magnífica. Sigo en la urgencia para acabar, y digo que es literariamente muy sólida y de argumento muy atractivo, con lo que lo que no corro riesgo alguno con la recomendación de su lectura; no decepcionará a ningún tipo de lector porque cada palabra está escogida para que surta efectos distintos y siempre positivos. Y ya está, no tengo nada más que decir al respecto. Bueno, sí: no dejen de leerla.

He acelerado los dispendios usuales porque esta novela es como el vértice de la pirámide de un debate que viene desde muy lejos, desde el mismísimo origen de la novela moderna, ya saben, aquello que venía de los cantares de gesta y pasó por aventuras caballerescas castellanas, poemas épicos portugueses y "decamerones" italianos hasta subirse al Rocinante cervantino que sigue cabalgando siempre buscando rutas nuevas por esa Mancha sin fin que es la novela, cuya liquidación se viene anunciando en los últimos cuatro siglos y que no parece que, de momento, vaya a producirse.

imagen federico silva.JPGAunque yo mismo he dicho que detrás de una buena novela siempre debe haber un poeta aunque nunca haya escrito un verso con intención, lo cierto es que los propios escritores, la crítica y los lectores siempre han establecido una frontera entre novela y poesía, lo que sucede es que nunca ha habido acuerdo en el lugar donde trazar la línea. Se han ido acuñando sentencias que se aceptan por inercia, pero también se discuten sin tregua. Una de ellas es que los poetas son los mejores prosistas, con lo cual Ortega condenó a Gabriel Miró a ser un novelista de 2ª división, porque lo suyo era la prosa y la narrativa era asunto de Baroja. Otra es que en el siglo XX la gran novela es norteamericana, hecho que no es verdad; cierto es que hay figuras renombradas como Faulkner, Chandler, Kerouac, Capote, Harper Lee y una larga lista que llega a nuestro días con nombres rutilantes y que, en efecto, son grandes novelistas, pero también es cierto que el aparato publicitario es incomparable, y una manera de cimentar la hegemonía norteamericana. También hay en Europa, en Asia, en América del Sur y en África gigantes narrativos contemporáneos; los nombres y las obras están ahí, pero parece que no iluminan hasta que los bendice el New York Times.

¿Y qué pinta la novela de Federico J. Silva en todo esto? Conozco a Federico hace 25 años y nuestra relación ha sido un Guadiana, eso sí de aguas muy limpias, y desconozco sus planteamientos narrativos desde su posición de ser uno de nuestros más consolidados poetas, si fueron instintivos o deliberados. Pocas veces han tenido fortuna los novelistas reconocidos que han publicado poesía (Vázquez Montalbán, Julio Cortázar, Paul Auster...) Esos poemas se tienen como curiosidades, y muchos autores casi esconden un poemario de primera juventud como un pecado iniciático antes de la novela. Por el contrario, los poetas que se han adentrado en la novela han tenido mejor acogida, y a veces es una sola novela en medio de una larga obra poética (Pasternak es el paradigma, aunque la lista es larga).

imagen federico silva1.JPGCarlos Marzal en su artículo del volumen colectivo Los escritores y el lenguaje afirma que los poetas, cuando escriben novelas, acostumbran a actuar como si fueran Dios. Esa es otra sentencia falsa, todo novelista actúa como un dios, es la premisa imprescindible de todo creador. Lo que sí es cierto es que, mientras que algunos eligieron establecer lazos lingüísticos o estructurales entre su poesía y su narrativa, otros prefirieron evitar todo diálogo entre ambas prácticas. El Buscón no parece escrito por el poeta Quevedo, ni Doctor Zhivago por el poeta Pasternak, porque ellos enfocaron la narrativa con un estilo distinto al que usaban en poesía. Por el contrario, hay una continuidad entre el Cortázar poeta y el autor de Rayuela. No sé si fue una elección o un instinto. Yo me inclino por la primera opción, porque si bien toda buena novela ha de ser escrita desde la poesía (etimológicamente creación), no es lo mismo mirada que estilo poético. En mi opinión, cuando se pretende narrar con estilo poético casi siempre se transita la tierra de nadie y, salvo excepciones muy raras, acaba por no ser poesía ni narrativa.

Federico J. Silva se instala entre los que separan estilos, aunque gráficamente pudiera parecer lo contrario. Las calmas aparentes tiene apenas 90 páginas, está dividida en 59 capítulos, y alguno de ellos no llega a completar la página. Al hojearla, pensaríamos que es una serie de prosas poéticas. Pero no; se trata de una novela muy narrativa, casi diría que rabiosamente narrativa, que en cada expresión parece exigirnos que atendamos, que se están contando cosas importantes. Nada que ver con el bien marcado lenguaje poético de Federico J. Silva. Esta novela es en ocasiones brutal y salvaje, y esa concepción de puzzle proviene de la narrativa y solo de la narrativa. De modo que no acudamos a Las calmas aparentes como si fuese la curiosidad de una novela de poeta. Es una novela distinta dentro del abanico de géneros y perspectivas, pero distinta en su narratividad, muy alejada y opuesta a la concepción de un lenguaje poético. Ni siquiera hablo de experimentalismo, ya que opino como Eugenio D'Ors, "los experimentos con gaseosa", y esto es literatura bien hecha. Estamos por lo tanto en ese vértice del que hablaba: la conjunción de mucha literatura para contar una buena historia. Y es que una buena novela es eso, nada más (y nada menos).


La primavera que acabamos de dejar atrás fue prolífica en ediciones canarias, y se me han ido acumulando en el escritorio sin que haya podido dar cuenta de ellas porque no se puede opinar "de solapilla" sobre un libro que a quien lo escribió le ha costado mucho tiempo y esfuerzo. La poesía llega de la mano de tres mujeres de generaciones y temáticas distintas, y es un género que ocupa aparentemente poco tiempo en la lectura; eso es engañoso, porque, al menos yo, soy incapaz de leer un libro de poemas de corrido, uno detrás de otro, porque si la buena poesía es esencialidad, su instalación mental lleva un tiempo de reflexión, y uso el término adrede porque es un juego de espejos entre la palabra escrita y los registros que ya poseemos, que se enfrentan, multiplican y a veces hasta se anulan.


tres libros.JPGEl primer volumen es Himno a la vida, un poemario en el que Rosario Valcárcel bucea su propia memoria para ir estableciendo una especie de escalera vital, cuyos peldaños quedan suspendidos en el aire como una sugerencia para que el lector mire en ese espejo los momentos paralelos al poemario, en el que hay guiños a otros poetas, a la visión de la transcendencia y a la situación de la mujer en este convulso planeta en este tiempo. Es un viaje en zig-zag por la realidad y la ensoñación, por el recuerdo y los deseos, por todo aquello que nos hace humanos.

Evelyn de Lezcano entrega un nuevo poemario, Vertientes, en el que se desvincula de la escritura-homenaje a Panero que hizo en su anterior libro. Ahora es ella, sin ecos, con su voz primigenia, y con el punto central que en algún momento suelen tocar los poetas insulares. El mar que es cárcel y a la vez camino, la isla como refugio y metáfora de un mundo cerrado en sí mismo, y como espejo -otra vez- de la propia existencia, contradiciendo la idea de John Donne. Para Evelyn, es necesario "insularizar" cada persona para llegar a su esencia. No somos islas precisamente porque está el mar que nos une a todas las tierras del mundo. En esa contradicción, la poeta maneja sentimientos, que son como remos en ese mar, y a veces como tormentas que anuncian naufragios. Es muy importante el salto cualitativo que Evelyn de Lezcano experimenta en este libro.

La tercera mujer, la más joven, es Alba Sabina Pérez, que desde sus primeros libros nos ha hecho girar la mirada hacia su escritura. Esta vez es un poemario con un título muy curioso, Ya nadie lee a Penti Saaritsa, que parece un guiño al innovador poeta finlandés, pero que finalmente es un recurso literario para que la poeta dialogue -se mire en el espejo- con su propia poesía. Es este un libro muy arriesgado, tanto para la autora como para el editor, pero conociendo la sabiduría poética de Nicolás Melini, responsable de la edición, puedes lanzarte sin miedo. Acierta la poeta con su valentía de exploradora insomne y acierta el editor porque estamos ante un magnífico poemario, en el que se huele que estamos ante una escitora joven que ya es realidad y que anuncia entre líneas un gran recorrido futuro.

Ya he descargado un poco el escritorio, aunque hay más poesía y también narrativa, que acometo sin pausa aunque con calma, que hace mucho calor; seguramente volveré sobre los poemas de estos libros ya leídos, porque hay que seguir mirándose al espejo, como el que se peina cada día.


imagenprincipito.JPGTuve el gusto de presentar hace unos días El principito ha vuelto, un libro magníficamente editado y que es el compendio de una creación común de la escritora María Jesús Alvarado y la fotógrafa Teresa Correa. Aunque pudiera parecerlo, no es un libro del género fantástico. Estamos por lo tanto ante un libro en el que texto, fotografías y dibujos no tratan de hacernos imaginar elefantes dentro de boas, ni sustituyen el baobab del planeta B 612 por una acacia reseca en la llanura; El principito ha vuelto es un relato sobre los límites de la realidad, y sin contarlo ni hacer fotografías truculentas es lo que nos queda cuando llegamos al final. Cruzamos las líneas de la lógica, sus basamentos y sus referencias. No es que contradiga los cimientos del sistema, el orden social o las equivalencias entre lenguaje y pensamiento. Entramos directamente en otro sistema, en otro orden, en otras equivalencias, en un mundo en el que la icónica manzana de Newton no cae, en el que la velocidad no es igual al espacio partido por el tiempo. Hay una nueva dimensión, diferente perspectiva y un insólito comportamiento de las personas y las cosas, que no responden a leyes físicas supuestamente universales, un cosmos en el que se ha establecido una inexplicable forma de entender, distinta y tal vez estrafalaria pero que tiene su propia lógica interna. Es, por lo tanto un libro muy recomendable.
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Texto de la presentación leído en el Museo Canario el 30/06/15 Presentación Mª Jesús Alvarado-Teresa Correa.pdf


imagenlorca1.JPGEstamos en pleno mes de junio, y en este mes de finales de curso de 1916 -hace casi cien años-, un jovencísimo Federico García Lorca visitó con otros estudiantes granadinos la ciudad de Baeza. Allí los recibió Antonio Machado, profesor de francés del instituto de bachillerato y poeta consagrado. Hoy quiero que hablen ambos, en verso y en prosa, un siglo después del día que se conocieron. Sus palabras parecen haber sido dichas o escritas para este momento. Por eso están aquí:

"En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?"

(Federico García Lorca. Canción del jinete).


"Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón".

(Antonio Machado. Proverbios y Cantares).

imagenmachado12.JPG"El artista no puede permanecer insensible a la cuestión social. No es en absoluto algo que diga yo ahora porque sí. Observando sólo de la manera más superficial uno llega a comprender el alcance de todo el drama social de hoy, ante el cual nadie que sienta el menor sentimiento de solidaridad humana puede ser insensible. Me parece absurdo que el arte pueda desligarse de la vida social, cuando no es otra cosa que la interpretación de una fase de la vida por parte de un temperamento sensible".

(Palabras de Federico García Lorca en una entrevista de 1936).


"Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. Mi vida está hecha más de resignación que de rebeldía; pero de cuando en cuando siento impulsos batalladores que coinciden con optimismos momentáneos de los cuales me arrepiento y sonrojo a poco indefectiblemente".

(Antonio Machado. Autobiografía).


¿Que esos versos y esas palabras sean tan actuales significa que en el

siglo XXI vamos seguir con el lema "Sostenella, no enmendalla", con el

trabuco cargado y buscando la más mínima oportunidad para gritar

"¡Viva Cartagena!" o ¡Arriba España!"?


Si en el Renacimiento se distinguía entre la fama y la gloria, en la actualidad parece que ambas se confunden. Si no hay fama, no hay gloria; es decir, la gloria llega a quienes previamente tienen fama, y esta a menudo se sustenta en la moda. A esto hay que añadir la oportunidad. En los últimos años "se lleva" la novela negra, aunque esta etiqueta editorial no se ajusta muchas veces a lo que en su día definió el género, y entran en el lote las de trama policiaca, las novelas-enigma, las políticas o de espías, las de argumentos de mucha acción violenta y, por supuesto, las que responden a las normas que en su día selló Raymond Chandler en su ensayo El simple arte de matar. Nada tengo contra las novelas negras comme il faut ni contra las de trama detectivesca, porque como dijo hace años un exitoso editor, solo hay dos tipos de novelas, las buenas y las malas.

imagenPadura.JPGEs evidente que Leonardo Padura, flamante Premio Princesa de Asturias de las Letras, escribe buenas novelas, y es un escritor de trayectoria diversa y brillante, aunque su gran fama es tributaria de la serie de novelas policiacas (Pasado perfecto, Adiós Hemingway, La cola de la serpiente...) que protagoniza el detective Mario Conde, una versión latina del Bogart desordenado y aleatorio de El sueño eterno, que aprovecha el autor para ser crítico con la sociedad cubana y que ha conseguido arrastrar lectores al resto de su obra. El año pasado, el premio recayó en el escritor irlandés John Banville, que también publica novelas negras bajo el seudónimo de Benjamin Black. Es decir, ya en 2014 el jurado escuchó los cantos de sirena de lo dominante y a medias premió el género, aunque el peso y el prestigio de la obra de Banville viene de lejos y lo de Benjamin Black es una especie de juego.

En el caso de Leonardo Padura el peso de la obra está precisamente en el género negro, que ya ha sido ampliamente reconocido, no solo por el público, sino por los muchos galardones que ha ido cosechando en los foros más prestigiosos. Llama la atención que el Premio Princesa de Asturias le siga la corriente a los editores, que ya no se esconden para conceder los premios de novela más conocidos y acaudalados a novelas negras, como así viene ocurriendo con mucha frecuencia en los últimos años. Tampoco suena a casualidad que Padura, crítico con el régimen castrista y partidario del establecimiento de relaciones Cuba-Estados Unidos sea premiado precisamente ahora. La ecuación es perfecta: si a la fama le añadimos la moda y la oportunidad, la gloria está servida. Y aunque parezca que no, me da una inmensa alegría que lo hayan premiado, porque lo conozco desde 1998, cuando Tato Gonçalves y yo pasamos una deliciosa tarde con él bajo la coartada real de hacerle una entrevista para este periódico y resultó ser un gran tipo.

Toca por lo tanto tiempo de novela negra, detectivesca o como quieran llamarla. Tal vez sea verdad que si miras alrededor solo puedes escribir novelas negras (José Correa dixit), pero es desde luego muy interesante el fenómeno, pues si bien se están reivindicando con justicia otros géneros que siempre fueron tenidos por menos "literarios", como la ciencia-ficción, lo fantástico, el terror, lo humorístico o incluso la novela histórica, no tienen punto de comparación con el auge de la novela llamada negra. Y los lectores responden, lo cual es sin duda una gran noticia. Por lo tanto es el tiempo de que Leonardo Padura sea Premio Princesa de Asturias de las Letras. Enhorabuena.

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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 el 11 de junio).


No es una novedad que Santiago Gil tiene uno de las voces narrativas más firmes del presente literario en Canarias, seguramente porque cuando escribe prosa no puede desprenderse de su condición de poeta. No puede existir la una sin la otra, y en él conviven sin que ninguna deje de ser ella misma, como una pareja que respeta el tiempo y el espacio del otro pero sabe que hasta en esas soledades deseadas permanece la conexión. Si hace unos meses nos entregó el poemario Trasmallos, ahora publica en formato digital Villa Melpómene (ATTK Editores), una novela en la que los personajes palpitan y debaten sin dialogar, solo con sus actos, en un trabajo en el que el escritor hace un trabajo casi de funambulista, imagen santigil 1.JPGbalanceándose en la cuerda floja de la memoria ficcionada y la invención de un autor que hace una biografía de Camille Saint-Saëns para una editorial parisina, apoyada en unos supuestos diarios donde aparece como leiv motiv el hecho real de las siete estancias que vivió en Gran Canaria el gran músico francés.

La novela es un juego de muñecas rusas donde surge un biógrafo con vida propia, que encuentra unos diarios del músico de forma tan fortuita y rocambolesca que se hace verosímil, y luego tienen que aparecer las palabras del autor de Sansón y Dalila, incluso con un perro en Gran Canaria y una perra en París con los nombres de los personajes bíblicos de su ópera. De este modo se superponen creaciones que a su vez fueron creadas por otro, y esta por otro, de manera que se conforma una matrioska que Santiago Gil tiene que sostener adoptando diversas identidades porque hay varios narradores en primera persona, y él mismo asume la idea flaubertiana de que todos son él.

Hay en la obra otras piruetas que aparentemente no lo son, pero que el autor utiliza con maestría. Una de ellas, posiblemente la más importante, es el juego de espejos que compone al comparar los diarios y la estancia narrada en la isla en los albores del siglo XX con la actualidad de 2008, que es cuando se supone que el biógrafo narrador viaja a Gran Canaria para reconstruir los pasos de Saint-Saëns. La inevitable comparación de los cambios de la isla mediando un siglo entre ellos nos muestra dos islas distintas pero también iguales, porque la lejanía y la insularidad siguen influyendo a pesar de que ahora París está a cinco horas y en 1908 era un viaje de semanas.

imagen santigil 2.JPGVilla Melpómene se compone de varias visiones tangenciales que retratan un París que transita del romanticismo al modernismo, con el contacto de Camille con Gounod, Bizet, Berlioz y los grandes que estrenan en París: Wagner y Rossini... El genio de Saint-Saëns será la fuente de la que surtirán Ravel o Debussy. Y en medio, la explosión impresionista, el París mítico de Montmartre. La música es por lo tanto la pauta de la prosa de Santiago Gil, que en esta obra es más veloz que nunca. Y en el espejo de enfrente, la isla hace cien años, de la que el músico dice: "He encontrado de nuevo la dulzura del aire, las pequeñas casas rojas, azules, amarillas, que uno diría están hechas para ser alineadas por niños en una mesa". Y los colores, que entonces eran una orgía en Gran Canaria, que lanzaban al aire Néstor Martín Fernández de la Torre, Juan Rodríguez Botas y Ghirlanda o Tomás Gómez Bosch, que aprendían del pintor modernista catalán Eliseo Meifrén, afincado por un tiempo en una casita cerca de la playa de La Laja.

Esos son los muchos juegos de espejos que plantea Santiago Gil en Villa Melpómene (París-Gran Canaria, siglo XX-siglo XXI...) y otros que sobrevuelan la obra y la vida de Saint-Saëns, como Dieppe o Argel, donde finalmente fue a morir en 1921. Y siempre Guía y la costa noroeste de Gran Canaria, referencias literarias que ya tienen el sello del escritor, sin cuyo pulso no sería posible una novela tan compleja y a la vez tan sencilla, que circula en formato digital porque también por algo estamos en el siglo XXI.
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(Este trabajo fue publicado el domingo 7 de junio en el suplemento cultural Pleamar de la edición impresa del periódico Canaria7 de Las Palmas de Gran Canaria).


Nos ha dejado Carlos Pinto Grote, posiblemente el último de una generación biológica que se movió en diversos frentes literarios y que tuvo en común el cultivo del respeto y la amistad ente escritores e intelectuales. Una muestra es la fraternal relación que mantuvo con el también poeta Pedro Lezcano, y con el doctor Rafael O'Shanahan, con los que tenía trato de hermano y discípulo respectivamente, porque Carlos Pinto también fue psiquiatra y como hombre sabio aprendía de los maestros. Ha sido el último en irse, pero esta vez no se apaga la luz, porque él y sus contemporáneos la encendieron para siempre en tiempos muy difíciles. En julio de 1996 le hice la entrevista que enlazo al final de este post, y es esclarecedor y al mismo tiempo muy triste ver que lo que él denunciaba, criticaba y proclamaba hace casi veinte años sigue igual; o peor. Adjunto la entrevista porque en ella queda patente su condición de abarcador de saberes y por lo tanto heterodoxo. Su presencia rabínica era el habitáculo de un hombre generoso y cultísimo, con un humor destellante y una libertad de pensamiento que no callaba nunca. Decía lo que pensaba aunque no fuese lo que de él se esperaba oír, y desde luego se puede estar de acuerdo o no con sus palabras, pero siempre admiré su sencillez y su manifestación de la libertad. Hubo otros encuentros y siempre era el faro que alumbra sin cegar, que prestaba la misma atención a un erudito que a un joven estudiante que también compartía mesa. Estas fotos que adjunto fueron realizadas por Tato Gonçalves, cómplice en aquella hermosa aventura de plasmar cien voces.


Carlos Pinto 222.JPG

Este es mi homenaje agradecido a un gran poeta y un gran hombre.

Descanse en paz, ya comparte eterna tertulia con sus amados

y admirados Pedro Lezcano y Rafael O'Shanahan.


Carlos Pinto 111.JPGEnlace de la entrevista que se cita:
Carlos Pinto Grote 1996.pdf

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imagennoel33.JPGHistorias monumentales es la más reciente publicación de Noel Olivares, un exquisito libro de microrrelatos que merece todos los parabienes y encomios posibles por la textura de su prosa, la precisión de su discurso y la esencialidad de sus argumentos. Es un libro de narrativa que se cimenta en la construcción poética de mundos paralelos y una distante visión irónica de asuntos que tantos afanes ocasionan, y lo hace usando como instrumento demoledor el humor negro. Mezclar poesía y humor negro es una clásica y efectiva receta que nos remite a Poe, a Chéjov, a Cortázar (Cronopio mayor del reino), y a Dolores Campos-Herrero, de grata y dolorida memoria.

He aquí un botón de muestra del libro, un microrrelato de Noel Olivares que resume el aroma de todo el libro:

"Ensilló su caballo camino de las montañas. El jinete se convirtió en un punto decreciente en la lejanía. La lejanía se volvió espejo emborronado por el polvo del galope. Solo quedaron las montañas".

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Enlace del texto completo leído en la presentación que tuvo lugar ayer en la Casa-Museo Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria Presentación Noel Olivares.pdf.


Hay momentos en que los hechos se confabulan para enviarnos un mensaje. El poder establecido trata de controlarlo todo, y a menudo lo consigue; unas veces lo hace a lo bestia, otras más sutilmente, silenciando lo que resulta incómodo. Ayer, un jurado escapado al control supremo concedió el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades al filósofo Emilio Lledó. Despistes como este pueden ocurrir, los accidentes siempre son posibles, pero es que a una voz crítica discordante como la del filósofo premiado en los últimos meses le han otorgado varios galardones de mucho peso, uno de ellos el Premio Nacional de las Letras. Está claro que hay una pérdida de control, porque el último premio mencionado es concedido por el Ministerio de Cultura, donde por lo visto no anduvieron finos y nombraron un jurado honesto.

11111111rodin.JPGEn Canarias, el profesor Lledó tiene un especial recuerdo por sus años de fructífera docencia en la Universidad de La Laguna, y nos alegramos de estos reconocimientos porque, además de esta memoria cariñosa, está su obra y su voz siempre en vanguardia, y que en más de una ocasión han tratado de acallar. El mensaje que estas señales nos da es que hay que estar siempre alerta, porque el dominio, por muy monolítico que crea ser, siempre tiene fisuras que podremos convertir en brechas de libertad y progreso. Y ese poder, al que la justicia del galardón a Emilio LLedó le ha venido en el momento más inoportuno, sabe que eso significa una oportunidad para los que vigilan sus despistes. Esta evocación del sabio profesor y eminente filósofo y su pensamiento crítico debiera hacer que nos sentáramos a pensar sobre las elecciones del próximo domingo, y como consecuencia esta vez votemos bien, no como hace cuatro años.


Jonás Meneses es una nueva voz narrativa que se da a conocer con la novela Salacot, en la que juega nítidamente con el espacio y de manera más alambicada con el tiempo, usándolo hasta reducirlo a la nada en el instante que es el punto crucial de la novela. Luego lo fuerza para moverse en otros estadios difícilmente explicables en este trabajo, porque pertenecen a la lógica interna de la obra, y hacerlo es, además de complejo, destripar el argumento. La ciencia-ficción es un género en el que se puede jugar con la imaginación, y a veces de manera arbitraria se fuerzan leyes físicas que los ortodoxos no se atreverían a tocar. Jonás Meneses trata la conjuración del espacio con naturalidad, y aunque aparentemente es el espacio lo que a ojos vista se trangrede en la novela, es el tratamiento del tiempo lo que la hace realmente interesante, no el tiempo en la estructura literaria, sino como concepto moldeable a voluntad en la línea de la teoría de los agujeros de gusano.

imagensalacot5.JPGLas relaciones espacio-tiempo son fundamentales en la conciencia individual y colectiva, si bien han sido traspasadas desde siempre por dioses, héroes y sibilas que trafican con el pasado y, lo más fascinante, con el futuro. Kant retuerce la visión newtoniana de que el tiempo es una percepción; afirma que es al revés: no puede existir percepción si esta no se da en el tiempo. Es decir, nada existe sin el tiempo, y su relación con el espacio es primordial, pues determina velocidad, distancia y otros parámetros a partir siempre del tiempo y el espacio. Aunque ya la literatura jugaba con esas magnitudes a la buena de Dios desde finales del siglo XIX con Un yanqui en la corte del rey Arturo de Mark Twain o buena parte de Julio Verne, y, por supuesto, con La máquina del tiempo de H.G. Welles, llega Einstein y viene a decir con su muy nombrada y también muy desconocida Teoría de la relatividad que la literatura puede usar argumentos cercanos a la ciencia, y esa relación espacio-tiempo intrínseca a toda novela empieza a saltar por los aires desde los albores del siglo XX. Es palpable no solo en novelas que claramente apuestan por el género, de autores como Asimov, Sawyer o Leinster, sino también en la literatura en general, desde los juegos de flashback de Francis Scott Fitzgerald hasta la combinación de otras dimensiones que hacen autores como Juan Rulfo.

Jonás Meneses juega con todo eso, usando para ello su formación científica, y es probable que alguno de sus profesores de materias relativas a la física se habrán echado las manos a la cabeza al ver cómo él trata la ciencia, lógica por definición, precisamente para romper esa simetría clásica entre el espacio y el tiempo, y seguramente le pasará como a los científicos a los que alude Stephen Hawking, a los que no les agradó la idea de que el universo hubiese tenido un principio. Salacot es una lectura amena y desde luego inquietante, y si algún pero hay que oponerle yo diría que el autor estuvo más pendiente de no perder el pulso de su propuesta que de sus personajes, a los que tal vez debió dejarlo más sueltos, aunque también es cierto que cada uno de sus movimientos son tributarios de la idea central del relato; los conflictos latentes solo se esbozan, asunto que por otra parte agradecerán los lectores que se vean arrastrados por la intriga de lo que está sucediendo y no entienden porque rompe toda la lógica que consideramos normalidad.

Esta novela es muy recomendable. Plantea un argumento muy original y desarrollado con soltura, lo que significa que pone a su autor en la tesitura de un desafío, porque si Truman Capote decía que toda novela debe comenzar con un asesinato y de ahí para arriba, Salacot comienza con la aparición de un extraño objeto sobresaliendo de la tierra y sigue subiendo. ¿Qué asunto va a proponernos ahora Jonás Meneses? Puede incluso que su próxima novela no tenga nada que ver con las leyes físicas.

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