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Novedades en la categoría Letras


Hay momentos en que los hechos se confabulan para enviarnos un mensaje. El poder establecido trata de controlarlo todo, y a menudo lo consigue; unas veces lo hace a lo bestia, otras más sutilmente, silenciando lo que resulta incómodo. Ayer, un jurado escapado al control supremo concedió el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades al filósofo Emilio Lledó. Despistes como este pueden ocurrir, los accidentes siempre son posibles, pero es que a una voz crítica discordante como la del filósofo premiado en los últimos meses le han otorgado varios galardones de mucho peso, uno de ellos el Premio Nacional de las Letras. Está claro que hay una pérdida de control, porque el último premio mencionado es concedido por el Ministerio de Cultura, donde por lo visto no anduvieron finos y nombraron un jurado honesto.

11111111rodin.JPGEn Canarias, el profesor Lledó tiene un especial recuerdo por sus años de fructífera docencia en la Universidad de La Laguna, y nos alegramos de estos reconocimientos porque, además de esta memoria cariñosa, está su obra y su voz siempre en vanguardia, y que en más de una ocasión han tratado de acallar. El mensaje que estas señales nos da es que hay que estar siempre alerta, porque el dominio, por muy monolítico que crea ser, siempre tiene fisuras que podremos convertir en brechas de libertad y progreso. Y ese poder, al que la justicia del galardón a Emilio LLedó le ha venido en el momento más inoportuno, sabe que eso significa una oportunidad para los que vigilan sus despistes. Esta evocación del sabio profesor y eminente filósofo y su pensamiento crítico debiera hacer que nos sentáramos a pensar sobre las elecciones del próximo domingo, y como consecuencia esta vez votemos bien, no como hace cuatro años.


Jonás Meneses es una nueva voz narrativa que se da a conocer con la novela Salacot, en la que juega nítidamente con el espacio y de manera más alambicada con el tiempo, usándolo hasta reducirlo a la nada en el instante que es el punto crucial de la novela. Luego lo fuerza para moverse en otros estadios difícilmente explicables en este trabajo, porque pertenecen a la lógica interna de la obra, y hacerlo es, además de complejo, destripar el argumento. La ciencia-ficción es un género en el que se puede jugar con la imaginación, y a veces de manera arbitraria se fuerzan leyes físicas que los ortodoxos no se atreverían a tocar. Jonás Meneses trata la conjuración del espacio con naturalidad, y aunque aparentemente es el espacio lo que a ojos vista se trangrede en la novela, es el tratamiento del tiempo lo que la hace realmente interesante, no el tiempo en la estructura literaria, sino como concepto moldeable a voluntad en la línea de la teoría de los agujeros de gusano.

imagensalacot5.JPGLas relaciones espacio-tiempo son fundamentales en la conciencia individual y colectiva, si bien han sido traspasadas desde siempre por dioses, héroes y sibilas que trafican con el pasado y, lo más fascinante, con el futuro. Kant retuerce la visión newtoniana de que el tiempo es una percepción; afirma que es al revés: no puede existir percepción si esta no se da en el tiempo. Es decir, nada existe sin el tiempo, y su relación con el espacio es primordial, pues determina velocidad, distancia y otros parámetros a partir siempre del tiempo y el espacio. Aunque ya la literatura jugaba con esas magnitudes a la buena de Dios desde finales del siglo XIX con Un yanqui en la corte del rey Arturo de Mark Twain o buena parte de Julio Verne, y, por supuesto, con La máquina del tiempo de H.G. Welles, llega Einstein y viene a decir con su muy nombrada y también muy desconocida Teoría de la relatividad que la literatura puede usar argumentos cercanos a la ciencia, y esa relación espacio-tiempo intrínseca a toda novela empieza a saltar por los aires desde los albores del siglo XX. Es palpable no solo en novelas que claramente apuestan por el género, de autores como Asimov, Sawyer o Leinster, sino también en la literatura en general, desde los juegos de flashback de Francis Scott Fitzgerald hasta la combinación de otras dimensiones que hacen autores como Juan Rulfo.

Jonás Meneses juega con todo eso, usando para ello su formación científica, y es probable que alguno de sus profesores de materias relativas a la física se habrán echado las manos a la cabeza al ver cómo él trata la ciencia, lógica por definición, precisamente para romper esa simetría clásica entre el espacio y el tiempo, y seguramente le pasará como a los científicos a los que alude Stephen Hawking, a los que no les agradó la idea de que el universo hubiese tenido un principio. Salacot es una lectura amena y desde luego inquietante, y si algún pero hay que oponerle yo diría que el autor estuvo más pendiente de no perder el pulso de su propuesta que de sus personajes, a los que tal vez debió dejarlo más sueltos, aunque también es cierto que cada uno de sus movimientos son tributarios de la idea central del relato; los conflictos latentes solo se esbozan, asunto que por otra parte agradecerán los lectores que se vean arrastrados por la intriga de lo que está sucediendo y no entienden porque rompe toda la lógica que consideramos normalidad.

Esta novela es muy recomendable. Plantea un argumento muy original y desarrollado con soltura, lo que significa que pone a su autor en la tesitura de un desafío, porque si Truman Capote decía que toda novela debe comenzar con un asesinato y de ahí para arriba, Salacot comienza con la aparición de un extraño objeto sobresaliendo de la tierra y sigue subiendo. ¿Qué asunto va a proponernos ahora Jonás Meneses? Puede incluso que su próxima novela no tenga nada que ver con las leyes físicas.


En muchas ciudades españolas, entre ellas Las Palmas de Gran Canaria, se celebra en estos días la Feria del Libro. Y el nombre está bien puesto, porque en un libro cabe todo, y en realidad tendríamos que llamarla Feria del Formato Libro, donde abarcan desde la filosofía más rigurosa hasta libros de chistes, pasando por sesudos estudios de matemáticas, biología o química, libros de autoayuda, recopilaciones de chismorreo o biografías de futbolistas de 25 años. Y los libreros se frotan las manos, y está bien, porque son pequeñas y medianas empresas que tienen que sobrevivir y hay muchas personas a las que les interesan los títulos que hacen buenas cajas.

imagen feriali.JPGEl caso es que estamos ante un evento comercial más que cultural. Porque una cosas son los libros y otra la literatura, la filosofía o la historia. El problema es que en las ferias las llamadas artes intelectuales son las parientes pobres, porque no pueden competir con volúmenes de otras estirpes. También es cierto que resulta muy difícil establecer la frontera entre lo que es literatura y lo que no lo es, porque los títulos que se venden mucho son casi el merchandising de una película, una serie de televisión o el último invento de las redes sociales, y pueden ser a la vez buena literatura; no es lo frecuente, pero a veces ocurre, porque incluso libros de prestigiosos nombres de gran mercado son considerados bet-sellers por los libreros, que nos presentan torres altísimas y escaparates repletos con la misma portada.

No todo lo que se edita encuadernado es literatura en la misma medida que no todo lo que sube a un escenario es teatro (ni siquiera arte escénica) aunque se venda como tal. Ignoro qué tirón tendría una Feria de Literatura, entendiendo esta en sentido amplio de temas y géneros, pero lo que sí está claro es que las actuales ferias del libro son el reflejo del mercado editorial, en el que el criterio que manda es el número de ejemplares vendidos, y así vemos cómo nos inundan con títulos firmados por estrellas de la televisión, actores graciosos o cocineros mediáticos. Con estas premisas, poco mercado tiene una novela, un poemario o un ensayo firmado por alguien que no es presentador de un noticiario, actriz o modelo de éxito o un nombre literario bendecido por las grandes editoras multinacionales. De toda esta confusión solo se puede sacar en claro que los libros son una cosa y la literatura solo un parte de los libros.


El 26 de abril es una fecha con dos caras, una muy oscura que nos recuerda el bombardeo de Guernica en 1937, la primera bomba de hidrógeno en el atolón de Bikini o el accidente de Chérnobil (este día parece tener una fijación nuclear), y otra muy luminosa que nos recuerda que 1924 y 1931 fueron publicados El proceso de Kafka y Las olas de Virginia Wolf, aunque no fueran precisamente obras optimistas. Pero un libro siempre es una buena noticia, y ya que hablo de escritura y estamos en época de celebración del libro, me encuentro con que esta jornada tiene una referencia que es a la vez negativa y positiva, puesto que en una decena de países de América (en otros tantos la celebran en otras fechas) hoy es el Día de la Secretaria, una conmemoración muy curiosa y con claros tintes machistas, que tiene su origen en que fue un 26 de abril cuando, según la leyenda, la norteamericana Liliam Sholes utilizó por primera vez el prototipo de máquina de escribir que había desarrollado su padre, Christopher Sholes, inventor oficial del ingenio. Como la mayor parte de los inventos, siempre hay antecedentes, pasos y avances que van aportando detalles y resolviendo problemas hasta que finalmente se convierte en útil. Con la máquina de escribir ocurrió también, y hay distintas referencias de intentos desde al menos un siglo antes de ese 26 de abril de 1872 en que fue posible teclear directamente un documento en tipografía de imprenta.imagen-remington.JPG Su inventor vendió la patente a E. Remington, afamado fabricante de armas y máquinas de coser, que comercializó el artilugio y lo fue perfeccionando en sucesivas modificaciones, hasta que en 1878 consiguió el estándar que hoy conocemos y cuya disposición de teclado sigue siendo la que hoy tienen los modernos ordenadores.

Muy pronto el aparato llamó la atención de los escritores, que a menudo tenían muchos problemas con los editores porque estos no entendían bien su caligrafía e imprimían palabras distintas a las escritas con pluma. Al ser un invento norteamericano, los primeros en acercarse fueron los autores de allí, y parece ser que está generalmente aceptado que fue Mark Twain el primer escritor de prestigio que creó literatura en máquina de escribir, y el libro que se certifica como el pionero es La vida en el Mississippi, un volumen de memorias, puesto que ya sus más afamados relatos habían sido publicados mucho antes. Ocurrió lo mismo con León Tolstoi y Lewis Carroll, que se incorporaron a la mecanografía a finales de la década de 1880, y escribieron a partir de entonces sus obras mecanográficamente (Tolstoi dictaba a su hija), aunque, igual que Tom Sawyer, Alicia, Anna Karenina y Natasha Rostov habían nacido con letras escritas a mano antes de la comercialización del nuevo aparato. Mientras los escritores norteamericanos aceptaron casi de forma general la nueva manera de escribir, los europeos fueron más reacios. Pensemos que, por ejemplo, nuestro Galdós, podría haber mecanografiado la mayor parte de su obra, puesto que comenzó su actividad literaria por los mismos años en que se comercializó la máquina de escribir. El que se entusiamó con este avance hasta casi la obsesión fue el filósofo Friedrich Nietzsche, y en su caso sí que mecanografió dos de sus obras más cruciales: Así habló Zaratustra y Más allá del bien y del mal. Truman Capote decía de las malas novelas que eran solo mecanografía, aunque también lo son las buenas. Finalmente, el 26 de abril, con luces y sombras, tiene mucho que ver con la escritura literaria y filosófica aunque, todavía hoy, siga habiendo autores que, al menos en primer borrador, escriban a mano.


El 23 de abril es Día del Libro, pero algunos querrían que se celebrase el Día del Documento, del Pasaporte, del Título, del Contrato. Un solo papel, sin necesidad de encuadernación. No lo expresan, pero con sus actos vienen a decirnos que el libro es una antigualla inútil, también los que se leen en otros soportes, que las pantallitas se hicieron para juguetear o comunicar banalidades urbi et orbe. Incluso en la era de la informática, el mundo se va componiendo sobre papeles, está muy claro. No hacen falta libros para dejar que barcos llenos de inmigrantes se hundan sin ayuda; tampoco para dejar sin protección a los ancianos, sin medicinas a los enfermos y sin sanción a los usureros. No se necesitan libros para dejar sin techo a los deudores insolventes, sin trabajo a los desempleados y sin acogida a los que huyen de una muerte segura. zzzquijottt.JPGPor el contrario, un pasaporte, un permiso, una carta de pago o una receta tienen un poder inmenso, como si fuesen varitas mágicas. Un carnet puede establecer la diferencia entre poder o no poder disponer de tu propio dinero en un banco.

Para quienes tratan de combatirlos, los libros presentan dos problemas; el primero es que pueden transmitir reflexiones y enseñanzas, incluso desde el mundo de la ficción. la segunda dificultad es más grave: ejercita a la gente en pensar por cuenta propia, en comparar y por lo tanto en decidir por sí mismos. Y eso les supone un grave contratiempo. Se destierra de las aulas todo lo que sirva de adiestramiento intelectual; la filosofía, la historia, la literatura, las Humanidades en suma, son un inconveniente para establecer un pensamiento único. Se hace un test de selectividad con pruebas objetivas, que por lógica se referirá a datos concretos, pero no se evalúa la capacidad de reflexión y expresión del alumnado. No hace falta, en el mundo que se propone basta con hacer lo que se les diga.

En conclusión, con papeles tienes patente de corso para "dejar de hacer"; con el libro el mandato indirecto es el contrario: hacer. Esa es la causa por la que es tan fácil dejar de respetar los Derechos Humanos, dejar que haya esclavitud infantil, dejar que personas (especialmente mujeres) sean vendidas como ganado. De ahí viene ese odio secular de cualquier poder hacia el conocimiento, la imaginación y el debate. Nos engañan cada año declarando un Día del Libro, con El Quijote al fondo, al que ya tienen controlado y hasta domesticado; si faltaba algo, la Real Academia de la Lengua publica una edición mutilada (ellos dicen que resumida), por supuesto, con pasajes escogidos por el mediático Pérez-Reverte. Por todo esto, creo que sin libros volveremos a las cavernas. Feliz fiesta del Libro; pero no solo el 23 de abril, sino todos los días, porque los libros se me antojan como una de las pocas formas de rebelión, y la literatura la más eficaz.


imagencorol.JPGHace un año ya que te fuiste, querido Gabo. Andamos entretenidos en corrupciones varias y en celebrar el centenario de La metamorfosis, la novela de Kafka que tanto te marcó. Sin el insecto del checo es posible que Remedios La Bella nunca hubiera subido al cielo en cuerpo y alma, que en tus relatos haya quien se alquile para soñar, que nacieran niños con rabo o que los yanquis se llevasen el Mar Caribe y dejaran el hueco. Casi se nos pasa tu aniversario, pero entiende que en el año que faltas las cosas han empeorado. Y eso que ahora parece que los yanquis y Raúl se han dado la mano, o lo parece... De por aquí poco que contar, seguramente porque hay demasiado y los medios lo cuentan a su manera, estableciendo rangos falsos. Si ves por ahí a Jorge Luis Borges dile que su idea de que el siglo XX no podría ser contado por exceso de información, en el siglo XXI ya es realidad tangible. Cuando hay tecnología casi infinita, estamos sumidos en la desinformación. Es decir, desistimos de entrada de contar el siglo presente porque estamos inmersos en otros Cien años de soledad. Al final solo queda el ser humano, como en tus novelas, y eso es lo que contaremos, a ver si en el futuro se entiende este tiempo por la literatura, lo mismo que hoy entendemos el pasado gracias a la imaginación de quienes, como tú, inventaron un mundo paralelo para poder comprender el real. Pero esa es otra historia. Nos seguimos viendo. Feliz eternidad.


Pocos escritores son tan imprescindibles como Günter Grass para tratar de entender lo que ha sido el siglo XX en Europa. Su gran novela El tambor de hojalata es la metáfora y la exhaustiva explicación de lo que ha sido, es y puede ser Europa, y por lo tanto también de lo que se evidencia como imposible. Esta novela es uno de los libros que ningún europeo debiera dejar de leer como todo latinoamericano debiera conocer Cien años de soledad. El autor estaba obsesionado con que los demás compartieran lo que para él era nítido y las distintas políticas culturales, económicas o militares siguen sin entenderlo. Los actuales problemas europeos son el resultado de que sus dirigentes no han leído El tambor de hojalata o la han leído muy mal.

hojalata.JPGAlemania no es solo la metáfora de Europa, es la columna vertebral de Europa, y Günter Grass era alemán, pero de una Alemania muy especial. Pertenecía al pueblo casubo, que ocupaba un territorio más extenso alrededor del puerto de Danzing, con una idiosincrasia propia pero con la lengua alemana como elemento común a otros terriorios alemanes. Porque no es lo mismo Baviera que Prusia, Sajonia que Casubia, Silesia que Alsacia-Lorena. Los estados del norte son luteranos y los del sur católicos, aparte de otras confesiones cercanas a las iglesias rusas en la Prusia Oriental. Y todo eso es Alemania porque habla la misma lengua, que es el elemento unificador, y es por ello que usan el concepto Reich, es decir, una nación más allá de los territorios. Por eso es tan importante El tambor de hojalata. Se entiende el gran drama alemán que es el de toda Europa, y ese niño que no crece es la metáfora de una Europa que no arranca. El ajuste de cuentas que se prolonga en otros libros suyos, especialmente en El rodaballo y Pelando cebolla, es otra manera de explicar todo esto, porque la apisonadora del cine americano ha mostrado una Alemania única, que no se entiende porque no existe.

Leyendo a Günter Grass podremos entender que, detrás de ese poderío económico e industrial, está la búsqueda de identidad como casi en ninguna otra nación europea. En los Balcanes la lucha es centrífuga, hacia afuera, pues hay distintas lenguas; en Alemania es centrípeta, hacia adentro, porque es la lengua casi lo único que tienen en común. Ese dolor profundo como nación sólo es comparable al que sigue latiendo en España después de nuestra tremenda historia reciente. Tal vez debiéramos tomar ejemplo de los alemanes, pero también es cierto que ellos saldaron todas las cuentas en su momento. El tambor de hojalata nos dice que podemos perdonar y hasta olvidar después de la justicia.

Las polémicas alrededor del autor que ahora nos deja son ruido (a veces ruido interesado). Está su obra, que sin duda figura en el podio de las imprescindibles para entender Alemania, Europa, el siglo XX y todo esto a través de las grandezas y las miserias de la naturaleza humana. Cuando en el futuro quieran saber de este tiempo y este espacio europeo tendrán que leer a Günter Grass. Su legado es su insoslayable obra literaria, y por eso en el día de su partida merece el mayor homenaje.
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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 del martes 14 de abril de 2015).


Selena Millares es una intelectual en la acepción más clásica del término, puesto que jalonan su trayectoria la poesía, la narración, el ensayo y la docencia. Ahora publica una novela, que es una especie de conjunción de todas su capacidades, puesto que, aparte de ser una novela-novela, tiene elementos ensayísticos que son el resultado de la propia memoria y de una investigación tan larga como su vida, y no es ajena a la poesía en cualquiera de sus dimensiones. Hablo de la novela El faro y la noche, galardonada con el Premio Internacional de Literatura Antonio Machado 2014, que acaba de ver la luz, y que es sin duda un libro diferente, documentado y a la El faro y la noche 222.JPGvez imaginativo, realidad y ficción para hablarnos de lo grande y lo rastrero del arte -especialmente de la literatura- cuando el poder trata de acallar el pensamiento, que es casi siempre, con distintos métodos según la época. A veces el poder no es el político, puesto que hay otros poderes que a menudo esclavizan, y el amor no es el menor de ellos. De eso trata esta magnífica novela, que es tan profunda como ágil, pues presenta con aparente sencillez una complicada estructura que, gracias al dominio de los tiempos, resulta de una fácil lectura en la que, si no te detienes a valorar, piensas que es una novela lineal al uso.

Cuando mencionamos a la autora, por su apellido concluimos rápidamente que pertenece a la ya mítica y sin embargo viva saga de los Millares. Es así, y por ello la pregunta inmediata es si hablamos de la hija de uno de los poetas, de la pintora, del pintor, del músico, del dibujante... Y es que algunos Millares pueden ser varias cosas a la vez. Pero en esta novela vemos claramente que es nieta del profesor y poeta Juan Millares Carlo, que es a su vez rama del árbol Millares que no tiene fin. Los Millares son una familia con presencia permanente y destacada en la vida cultural canaria desde mediados del siglo XIX, y quizás antes a otros niveles, pero pudiera ser que Juan Millares Carlo fuese una especie de piedra angular que irradiara hacia el pasado, hacia su presente y hacia el futuro todas las características de una familia que ha vivido intensamente los miedos y los avatares de muchas oscuras o luminosas décadas de nuestra historia común. El faro y la noche 111.JPGLa novela tiene varios caminos, y se expande en distintas historias que coinciden en el miedo, la resistencia o la esperanza, no en el tiempo (Camile Claudel, Goya, El Corredera, la propia memoria de Antonio Machado...) El abuelo poeta, uno de los ejes de este libro, es uno de los grandes olvidados, pues recibe y emite luz pero nunca se le acaba de situar, y acaso por eso la novela de la que hablamos se titula El faro y la noche.

Esta novela no es y sí es una mirada a la historia de los Millares, no es y sí es un alegato contra las miserias y las virtudes que hay alrededor del arte y su incardinación social, no es y sí es una reflexión sobre el arte mismo, su pulso con la violencia, unas veces para combatirla y otras para alentarla. Estamos por lo tanto ante un texto importante, escrito por una Millares que habla de los Millares y con eso nos retrata a todos los que gozamos y sufrimos esta sociedad cainita y olvidadiza ("pueblo chico, infierno grande" dice el refrán). Es una mirada interior y a la vez una perspectiva exterior, porque la autora ha tenido tiempo y espacio para mirarnos desde muy cerca y desde muy lejos. Un libro, en fin, casi inexcusable, sobre todo para quienes quieran entender este laberinto que es Canarias. No van a encontrar respuestas, pero sí surgirán interrogantes, y es saludable poner las cosas en cuestión, porque casi siempre las preguntas son una forma de rebeldía.


Acaba de publicarse el segundo tomo de Mujeres en la historia, dedicado esta vez a mujeres que realizaron grandes aportaciones en diversos campos depués de 1940. Como dicen los editores en el prólogo, el hecho de que durante la II Guerra Mundial las mujeres tuvieran que hacerse cargo del funcionamiento de las sociedades occidentales porque los hombres estaban en los frentes de batalla supuso un punto de inflexión en la presencia de la mujer en lo público. Hubo, por supuesto, otros factores que incidieron en la gran revolución femenina de la segunda mitad del siglo XX, como la maduración de las luchas y reivindicaciones que venían de mucho tiempo atrás, la aparición de la píldora anticonceptiva o la publicación del libro de Simone de Beauvoir El segundo sexo. Vemos por lo tanto que la presencia de la mujer tiene mucho que ver con la visibilización de su trabajo, y en eso las artistas, científicas, escritoras, activistas políticas y sindicales y mujeres trabajadoras en distintos campos (la Educación ha sido un valioso ariete) ha sido determinante. La divulgación ha jugado un papel importantísimo, y en ese campo la literatura es una avanzadilla de primer orden. Por ello, en esta edición, 26 escritoras escriben sobre otras mujeres (a veces no sobre una en concreto) cuya contribución ha sido un escalón más en el camino, como lo es la participación de las autoras en la proyección de estas grandes mujeres. 26 mujeres escritoras nos ofrecen un volumen que, además de su importancia histórica y divulgativa, es un libro literario, escrito con el mimo y la sensibilidad que aporta siempre la literatura.

aaaaaaaaaaaaaamujeresenlahistoria.JPG Sin duda, el nombre más sonoro de esta lista de escritoras es el de la recientemente desaparecida Josefina Aldecoa, que fue ella misma un faro en esta ruta, desde sus vertientes de maestra, pedagoga y escritora. Hay también textos inspirados en mujeres que rompieron moldes o que sucumbieron en la lucha, a veces contra sí mismas. Hay dos participaciones importantes de escritoras canarias, mujeres de "las nuestras", que curiosamente miran el mundo desde la isla y desde fuera de la isla. Una de ellas es Teresa Iturriaga, que también participó en el primer volumen, y que esta vez escribe sobre la pintora y escritora Leonora Carrington, una inglesa que se hizo mexicana y acabó siendo uno de los grandes nombres femeninos de ese país. El otro texto "canario" de este libro es el aportado por Teca Barreiro, en torno a la poeta argentina Alejandra Pizarnik, a quien una fuerte depresión la arrastró al suicidio a los 36 años. Ambas mujeres, Leonora y Alejandra, dejaron una sólida obra artística y poética y un grano de arena más en el contrapeso que tiene que ser la mujer en las relaciones humanas. Eso es lo que reivindican en sus magníficos textos Teresa Iturriaga y Teca Barreiro. Creo que libros como este son los que influyen en los avances de esa lucha por la igualdad, que es cosa de todos, no solo de las mujeres, y por ello lo considero, además de un bello conjunto de piezas literarias, un libro necesario con el que coronar este mes de marzo-mujer de 2015.


No sé qué cara poner al ver la rueda de prensa en la que se viene a decir que en la fosa común de la cripta del convento de las Trinitarias están los resto de Miguel de Cervantes, cosa que se ha sabido desde siempre, aunque sin determinar cuál de los 17 cuerpos allí enterrados es el suyo. Ahora tampoco lo saben con seguridad, y adelantan expresiones como "es muy problable", "nada hay que indique lo contrario", "parece concordar con los documentos"; es decir, que después de todo el follón que han montado, saben lo mismo que sabían. Dicen que por la boca muere el pez y uno de los argumentos que se enarbolan es que se quiere dar una sepultura digna a Cervantes. ¿Es que la cripta de la Trinitarias no lo es? ¿Es que no merecen la misma dignidad las otras 16 personas allí enterradas? Mucho ruido que se me antoja un intento de justificar los logros de una legislatura, después de haber hecho lo posible y lo imposible por desmantelar la cultura.

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imagencervantes.JPGY ya que estamos con Cervantes, tal vez se atisbe alguna respuesta en los paralelismos o las contradicciones con esta realidad que salen de la boca de don Alonso Quijano, esto es, de la pluma de don Miguel de Cervantes:

* "Me moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre, cada individuo es una variedad de su especie".

* "No puede haber gracia donde no hay discreción".

* "Siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos".

* "La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde".

Con cuatro citas basta. Tranquilo, mi señor don Miguel, son solo unos que creen que Vuesa Merced permanece en una oscura cripta y no en sus luminosos libros.

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