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Novedades en la categoría Letras


imagenprincipito.JPGTuve el gusto de presentar hace unos días El principito ha vuelto, un libro magníficamente editado y que es el compendio de una creación común de la escritora María Jesús Alvarado y la fotógrafa Teresa Correa. Aunque pudiera parecerlo, no es un libro del género fantástico. Estamos por lo tanto ante un libro en el que texto, fotografías y dibujos no tratan de hacernos imaginar elefantes dentro de boas, ni sustituyen el baobab del planeta B 612 por una acacia reseca en la llanura; El principito ha vuelto es un relato sobre los límites de la realidad, y sin contarlo ni hacer fotografías truculentas es lo que nos queda cuando llegamos al final. Cruzamos las líneas de la lógica, sus basamentos y sus referencias. No es que contradiga los cimientos del sistema, el orden social o las equivalencias entre lenguaje y pensamiento. Entramos directamente en otro sistema, en otro orden, en otras equivalencias, en un mundo en el que la icónica manzana de Newton no cae, en el que la velocidad no es igual al espacio partido por el tiempo. Hay una nueva dimensión, diferente perspectiva y un insólito comportamiento de las personas y las cosas, que no responden a leyes físicas supuestamente universales, un cosmos en el que se ha establecido una inexplicable forma de entender, distinta y tal vez estrafalaria pero que tiene su propia lógica interna. Es, por lo tanto un libro muy recomendable.
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Texto de la presentación leído en el Museo Canario el 30/06/15 Presentación Mª Jesús Alvarado-Teresa Correa.pdf


imagenlorca1.JPGEstamos en pleno mes de junio, y en este mes de finales de curso de 1916 -hace casi cien años-, un jovencísimo Federico García Lorca visitó con otros estudiantes granadinos la ciudad de Baeza. Allí los recibió Antonio Machado, profesor de francés del instituto de bachillerato y poeta consagrado. Hoy quiero que hablen ambos, en verso y en prosa, un siglo después del día que se conocieron. Sus palabras parecen haber sido dichas o escritas para este momento. Por eso están aquí:

"En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?"

(Federico García Lorca. Canción del jinete).


"Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón".

(Antonio Machado. Proverbios y Cantares).

imagenmachado12.JPG"El artista no puede permanecer insensible a la cuestión social. No es en absoluto algo que diga yo ahora porque sí. Observando sólo de la manera más superficial uno llega a comprender el alcance de todo el drama social de hoy, ante el cual nadie que sienta el menor sentimiento de solidaridad humana puede ser insensible. Me parece absurdo que el arte pueda desligarse de la vida social, cuando no es otra cosa que la interpretación de una fase de la vida por parte de un temperamento sensible".

(Palabras de Federico García Lorca en una entrevista de 1936).


"Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. Mi vida está hecha más de resignación que de rebeldía; pero de cuando en cuando siento impulsos batalladores que coinciden con optimismos momentáneos de los cuales me arrepiento y sonrojo a poco indefectiblemente".

(Antonio Machado. Autobiografía).


¿Que esos versos y esas palabras sean tan actuales significa que en el

siglo XXI vamos seguir con el lema "Sostenella, no enmendalla", con el

trabuco cargado y buscando la más mínima oportunidad para gritar

"¡Viva Cartagena!" o ¡Arriba España!"?


Si en el Renacimiento se distinguía entre la fama y la gloria, en la actualidad parece que ambas se confunden. Si no hay fama, no hay gloria; es decir, la gloria llega a quienes previamente tienen fama, y esta a menudo se sustenta en la moda. A esto hay que añadir la oportunidad. En los últimos años "se lleva" la novela negra, aunque esta etiqueta editorial no se ajusta muchas veces a lo que en su día definió el género, y entran en el lote las de trama policiaca, las novelas-enigma, las políticas o de espías, las de argumentos de mucha acción violenta y, por supuesto, las que responden a las normas que en su día selló Raymond Chandler en su ensayo El simple arte de matar. Nada tengo contra las novelas negras comme il faut ni contra las de trama detectivesca, porque como dijo hace años un exitoso editor, solo hay dos tipos de novelas, las buenas y las malas.

imagenPadura.JPGEs evidente que Leonardo Padura, flamante Premio Princesa de Asturias de las Letras, escribe buenas novelas, y es un escritor de trayectoria diversa y brillante, aunque su gran fama es tributaria de la serie de novelas policiacas (Pasado perfecto, Adiós Hemingway, La cola de la serpiente...) que protagoniza el detective Mario Conde, una versión latina del Bogart desordenado y aleatorio de El sueño eterno, que aprovecha el autor para ser crítico con la sociedad cubana y que ha conseguido arrastrar lectores al resto de su obra. El año pasado, el premio recayó en el escritor irlandés John Banville, que también publica novelas negras bajo el seudónimo de Benjamin Black. Es decir, ya en 2014 el jurado escuchó los cantos de sirena de lo dominante y a medias premió el género, aunque el peso y el prestigio de la obra de Banville viene de lejos y lo de Benjamin Black es una especie de juego.

En el caso de Leonardo Padura el peso de la obra está precisamente en el género negro, que ya ha sido ampliamente reconocido, no solo por el público, sino por los muchos galardones que ha ido cosechando en los foros más prestigiosos. Llama la atención que el Premio Princesa de Asturias le siga la corriente a los editores, que ya no se esconden para conceder los premios de novela más conocidos y acaudalados a novelas negras, como así viene ocurriendo con mucha frecuencia en los últimos años. Tampoco suena a casualidad que Padura, crítico con el régimen castrista y partidario del establecimiento de relaciones Cuba-Estados Unidos sea premiado precisamente ahora. La ecuación es perfecta: si a la fama le añadimos la moda y la oportunidad, la gloria está servida. Y aunque parezca que no, me da una inmensa alegría que lo hayan premiado, porque lo conozco desde 1998, cuando Tato Gonçalves y yo pasamos una deliciosa tarde con él bajo la coartada real de hacerle una entrevista para este periódico y resultó ser un gran tipo.

Toca por lo tanto tiempo de novela negra, detectivesca o como quieran llamarla. Tal vez sea verdad que si miras alrededor solo puedes escribir novelas negras (José Correa dixit), pero es desde luego muy interesante el fenómeno, pues si bien se están reivindicando con justicia otros géneros que siempre fueron tenidos por menos "literarios", como la ciencia-ficción, lo fantástico, el terror, lo humorístico o incluso la novela histórica, no tienen punto de comparación con el auge de la novela llamada negra. Y los lectores responden, lo cual es sin duda una gran noticia. Por lo tanto es el tiempo de que Leonardo Padura sea Premio Princesa de Asturias de las Letras. Enhorabuena.

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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 el 11 de junio).


No es una novedad que Santiago Gil tiene uno de las voces narrativas más firmes del presente literario en Canarias, seguramente porque cuando escribe prosa no puede desprenderse de su condición de poeta. No puede existir la una sin la otra, y en él conviven sin que ninguna deje de ser ella misma, como una pareja que respeta el tiempo y el espacio del otro pero sabe que hasta en esas soledades deseadas permanece la conexión. Si hace unos meses nos entregó el poemario Trasmallos, ahora publica en formato digital Villa Melpómene (ATTK Editores), una novela en la que los personajes palpitan y debaten sin dialogar, solo con sus actos, en un trabajo en el que el escritor hace un trabajo casi de funambulista, imagen santigil 1.JPGbalanceándose en la cuerda floja de la memoria ficcionada y la invención de un autor que hace una biografía de Camille Saint-Saëns para una editorial parisina, apoyada en unos supuestos diarios donde aparece como leiv motiv el hecho real de las siete estancias que vivió en Gran Canaria el gran músico francés.

La novela es un juego de muñecas rusas donde surge un biógrafo con vida propia, que encuentra unos diarios del músico de forma tan fortuita y rocambolesca que se hace verosímil, y luego tienen que aparecer las palabras del autor de Sansón y Dalila, incluso con un perro en Gran Canaria y una perra en París con los nombres de los personajes bíblicos de su ópera. De este modo se superponen creaciones que a su vez fueron creadas por otro, y esta por otro, de manera que se conforma una matrioska que Santiago Gil tiene que sostener adoptando diversas identidades porque hay varios narradores en primera persona, y él mismo asume la idea flaubertiana de que todos son él.

Hay en la obra otras piruetas que aparentemente no lo son, pero que el autor utiliza con maestría. Una de ellas, posiblemente la más importante, es el juego de espejos que compone al comparar los diarios y la estancia narrada en la isla en los albores del siglo XX con la actualidad de 2008, que es cuando se supone que el biógrafo narrador viaja a Gran Canaria para reconstruir los pasos de Saint-Saëns. La inevitable comparación de los cambios de la isla mediando un siglo entre ellos nos muestra dos islas distintas pero también iguales, porque la lejanía y la insularidad siguen influyendo a pesar de que ahora París está a cinco horas y en 1908 era un viaje de semanas.

imagen santigil 2.JPGVilla Melpómene se compone de varias visiones tangenciales que retratan un París que transita del romanticismo al modernismo, con el contacto de Camille con Gounod, Bizet, Berlioz y los grandes que estrenan en París: Wagner y Rossini... El genio de Saint-Saëns será la fuente de la que surtirán Ravel o Debussy. Y en medio, la explosión impresionista, el París mítico de Montmartre. La música es por lo tanto la pauta de la prosa de Santiago Gil, que en esta obra es más veloz que nunca. Y en el espejo de enfrente, la isla hace cien años, de la que el músico dice: "He encontrado de nuevo la dulzura del aire, las pequeñas casas rojas, azules, amarillas, que uno diría están hechas para ser alineadas por niños en una mesa". Y los colores, que entonces eran una orgía en Gran Canaria, que lanzaban al aire Néstor Martín Fernández de la Torre, Juan Rodríguez Botas y Ghirlanda o Tomás Gómez Bosch, que aprendían del pintor modernista catalán Eliseo Meifrén, afincado por un tiempo en una casita cerca de la playa de La Laja.

Esos son los muchos juegos de espejos que plantea Santiago Gil en Villa Melpómene (París-Gran Canaria, siglo XX-siglo XXI...) y otros que sobrevuelan la obra y la vida de Saint-Saëns, como Dieppe o Argel, donde finalmente fue a morir en 1921. Y siempre Guía y la costa noroeste de Gran Canaria, referencias literarias que ya tienen el sello del escritor, sin cuyo pulso no sería posible una novela tan compleja y a la vez tan sencilla, que circula en formato digital porque también por algo estamos en el siglo XXI.
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(Este trabajo fue publicado el domingo 7 de junio en el suplemento cultural Pleamar de la edición impresa del periódico Canaria7 de Las Palmas de Gran Canaria).


Nos ha dejado Carlos Pinto Grote, posiblemente el último de una generación biológica que se movió en diversos frentes literarios y que tuvo en común el cultivo del respeto y la amistad ente escritores e intelectuales. Una muestra es la fraternal relación que mantuvo con el también poeta Pedro Lezcano, y con el doctor Rafael O'Shanahan, con los que tenía trato de hermano y discípulo respectivamente, porque Carlos Pinto también fue psiquiatra y como hombre sabio aprendía de los maestros. Ha sido el último en irse, pero esta vez no se apaga la luz, porque él y sus contemporáneos la encendieron para siempre en tiempos muy difíciles. En julio de 1996 le hice la entrevista que enlazo al final de este post, y es esclarecedor y al mismo tiempo muy triste ver que lo que él denunciaba, criticaba y proclamaba hace casi veinte años sigue igual; o peor. Adjunto la entrevista porque en ella queda patente su condición de abarcador de saberes y por lo tanto heterodoxo. Su presencia rabínica era el habitáculo de un hombre generoso y cultísimo, con un humor destellante y una libertad de pensamiento que no callaba nunca. Decía lo que pensaba aunque no fuese lo que de él se esperaba oír, y desde luego se puede estar de acuerdo o no con sus palabras, pero siempre admiré su sencillez y su manifestación de la libertad. Hubo otros encuentros y siempre era el faro que alumbra sin cegar, que prestaba la misma atención a un erudito que a un joven estudiante que también compartía mesa. Estas fotos que adjunto fueron realizadas por Tato Gonçalves, cómplice en aquella hermosa aventura de plasmar cien voces.


Carlos Pinto 222.JPG

Este es mi homenaje agradecido a un gran poeta y un gran hombre.

Descanse en paz, ya comparte eterna tertulia con sus amados

y admirados Pedro Lezcano y Rafael O'Shanahan.


Carlos Pinto 111.JPGEnlace de la entrevista que se cita:
Carlos Pinto Grote 1996.pdf

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imagennoel33.JPGHistorias monumentales es la más reciente publicación de Noel Olivares, un exquisito libro de microrrelatos que merece todos los parabienes y encomios posibles por la textura de su prosa, la precisión de su discurso y la esencialidad de sus argumentos. Es un libro de narrativa que se cimenta en la construcción poética de mundos paralelos y una distante visión irónica de asuntos que tantos afanes ocasionan, y lo hace usando como instrumento demoledor el humor negro. Mezclar poesía y humor negro es una clásica y efectiva receta que nos remite a Poe, a Chéjov, a Cortázar (Cronopio mayor del reino), y a Dolores Campos-Herrero, de grata y dolorida memoria.

He aquí un botón de muestra del libro, un microrrelato de Noel Olivares que resume el aroma de todo el libro:

"Ensilló su caballo camino de las montañas. El jinete se convirtió en un punto decreciente en la lejanía. La lejanía se volvió espejo emborronado por el polvo del galope. Solo quedaron las montañas".

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Enlace del texto completo leído en la presentación que tuvo lugar ayer en la Casa-Museo Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria Presentación Noel Olivares.pdf.


Hay momentos en que los hechos se confabulan para enviarnos un mensaje. El poder establecido trata de controlarlo todo, y a menudo lo consigue; unas veces lo hace a lo bestia, otras más sutilmente, silenciando lo que resulta incómodo. Ayer, un jurado escapado al control supremo concedió el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades al filósofo Emilio Lledó. Despistes como este pueden ocurrir, los accidentes siempre son posibles, pero es que a una voz crítica discordante como la del filósofo premiado en los últimos meses le han otorgado varios galardones de mucho peso, uno de ellos el Premio Nacional de las Letras. Está claro que hay una pérdida de control, porque el último premio mencionado es concedido por el Ministerio de Cultura, donde por lo visto no anduvieron finos y nombraron un jurado honesto.

11111111rodin.JPGEn Canarias, el profesor Lledó tiene un especial recuerdo por sus años de fructífera docencia en la Universidad de La Laguna, y nos alegramos de estos reconocimientos porque, además de esta memoria cariñosa, está su obra y su voz siempre en vanguardia, y que en más de una ocasión han tratado de acallar. El mensaje que estas señales nos da es que hay que estar siempre alerta, porque el dominio, por muy monolítico que crea ser, siempre tiene fisuras que podremos convertir en brechas de libertad y progreso. Y ese poder, al que la justicia del galardón a Emilio LLedó le ha venido en el momento más inoportuno, sabe que eso significa una oportunidad para los que vigilan sus despistes. Esta evocación del sabio profesor y eminente filósofo y su pensamiento crítico debiera hacer que nos sentáramos a pensar sobre las elecciones del próximo domingo, y como consecuencia esta vez votemos bien, no como hace cuatro años.


Jonás Meneses es una nueva voz narrativa que se da a conocer con la novela Salacot, en la que juega nítidamente con el espacio y de manera más alambicada con el tiempo, usándolo hasta reducirlo a la nada en el instante que es el punto crucial de la novela. Luego lo fuerza para moverse en otros estadios difícilmente explicables en este trabajo, porque pertenecen a la lógica interna de la obra, y hacerlo es, además de complejo, destripar el argumento. La ciencia-ficción es un género en el que se puede jugar con la imaginación, y a veces de manera arbitraria se fuerzan leyes físicas que los ortodoxos no se atreverían a tocar. Jonás Meneses trata la conjuración del espacio con naturalidad, y aunque aparentemente es el espacio lo que a ojos vista se trangrede en la novela, es el tratamiento del tiempo lo que la hace realmente interesante, no el tiempo en la estructura literaria, sino como concepto moldeable a voluntad en la línea de la teoría de los agujeros de gusano.

imagensalacot5.JPGLas relaciones espacio-tiempo son fundamentales en la conciencia individual y colectiva, si bien han sido traspasadas desde siempre por dioses, héroes y sibilas que trafican con el pasado y, lo más fascinante, con el futuro. Kant retuerce la visión newtoniana de que el tiempo es una percepción; afirma que es al revés: no puede existir percepción si esta no se da en el tiempo. Es decir, nada existe sin el tiempo, y su relación con el espacio es primordial, pues determina velocidad, distancia y otros parámetros a partir siempre del tiempo y el espacio. Aunque ya la literatura jugaba con esas magnitudes a la buena de Dios desde finales del siglo XIX con Un yanqui en la corte del rey Arturo de Mark Twain o buena parte de Julio Verne, y, por supuesto, con La máquina del tiempo de H.G. Welles, llega Einstein y viene a decir con su muy nombrada y también muy desconocida Teoría de la relatividad que la literatura puede usar argumentos cercanos a la ciencia, y esa relación espacio-tiempo intrínseca a toda novela empieza a saltar por los aires desde los albores del siglo XX. Es palpable no solo en novelas que claramente apuestan por el género, de autores como Asimov, Sawyer o Leinster, sino también en la literatura en general, desde los juegos de flashback de Francis Scott Fitzgerald hasta la combinación de otras dimensiones que hacen autores como Juan Rulfo.

Jonás Meneses juega con todo eso, usando para ello su formación científica, y es probable que alguno de sus profesores de materias relativas a la física se habrán echado las manos a la cabeza al ver cómo él trata la ciencia, lógica por definición, precisamente para romper esa simetría clásica entre el espacio y el tiempo, y seguramente le pasará como a los científicos a los que alude Stephen Hawking, a los que no les agradó la idea de que el universo hubiese tenido un principio. Salacot es una lectura amena y desde luego inquietante, y si algún pero hay que oponerle yo diría que el autor estuvo más pendiente de no perder el pulso de su propuesta que de sus personajes, a los que tal vez debió dejarlo más sueltos, aunque también es cierto que cada uno de sus movimientos son tributarios de la idea central del relato; los conflictos latentes solo se esbozan, asunto que por otra parte agradecerán los lectores que se vean arrastrados por la intriga de lo que está sucediendo y no entienden porque rompe toda la lógica que consideramos normalidad.

Esta novela es muy recomendable. Plantea un argumento muy original y desarrollado con soltura, lo que significa que pone a su autor en la tesitura de un desafío, porque si Truman Capote decía que toda novela debe comenzar con un asesinato y de ahí para arriba, Salacot comienza con la aparición de un extraño objeto sobresaliendo de la tierra y sigue subiendo. ¿Qué asunto va a proponernos ahora Jonás Meneses? Puede incluso que su próxima novela no tenga nada que ver con las leyes físicas.


En muchas ciudades españolas, entre ellas Las Palmas de Gran Canaria, se celebra en estos días la Feria del Libro. Y el nombre está bien puesto, porque en un libro cabe todo, y en realidad tendríamos que llamarla Feria del Formato Libro, donde abarcan desde la filosofía más rigurosa hasta libros de chistes, pasando por sesudos estudios de matemáticas, biología o química, libros de autoayuda, recopilaciones de chismorreo o biografías de futbolistas de 25 años. Y los libreros se frotan las manos, y está bien, porque son pequeñas y medianas empresas que tienen que sobrevivir y hay muchas personas a las que les interesan los títulos que hacen buenas cajas.

imagen feriali.JPGEl caso es que estamos ante un evento comercial más que cultural. Porque una cosas son los libros y otra la literatura, la filosofía o la historia. El problema es que en las ferias las llamadas artes intelectuales son las parientes pobres, porque no pueden competir con volúmenes de otras estirpes. También es cierto que resulta muy difícil establecer la frontera entre lo que es literatura y lo que no lo es, porque los títulos que se venden mucho son casi el merchandising de una película, una serie de televisión o el último invento de las redes sociales, y pueden ser a la vez buena literatura; no es lo frecuente, pero a veces ocurre, porque incluso libros de prestigiosos nombres de gran mercado son considerados bet-sellers por los libreros, que nos presentan torres altísimas y escaparates repletos con la misma portada.

No todo lo que se edita encuadernado es literatura en la misma medida que no todo lo que sube a un escenario es teatro (ni siquiera arte escénica) aunque se venda como tal. Ignoro qué tirón tendría una Feria de Literatura, entendiendo esta en sentido amplio de temas y géneros, pero lo que sí está claro es que las actuales ferias del libro son el reflejo del mercado editorial, en el que el criterio que manda es el número de ejemplares vendidos, y así vemos cómo nos inundan con títulos firmados por estrellas de la televisión, actores graciosos o cocineros mediáticos. Con estas premisas, poco mercado tiene una novela, un poemario o un ensayo firmado por alguien que no es presentador de un noticiario, actriz o modelo de éxito o un nombre literario bendecido por las grandes editoras multinacionales. De toda esta confusión solo se puede sacar en claro que los libros son una cosa y la literatura solo un parte de los libros.


El 26 de abril es una fecha con dos caras, una muy oscura que nos recuerda el bombardeo de Guernica en 1937, la primera bomba de hidrógeno en el atolón de Bikini o el accidente de Chérnobil (este día parece tener una fijación nuclear), y otra muy luminosa que nos recuerda que 1924 y 1931 fueron publicados El proceso de Kafka y Las olas de Virginia Wolf, aunque no fueran precisamente obras optimistas. Pero un libro siempre es una buena noticia, y ya que hablo de escritura y estamos en época de celebración del libro, me encuentro con que esta jornada tiene una referencia que es a la vez negativa y positiva, puesto que en una decena de países de América (en otros tantos la celebran en otras fechas) hoy es el Día de la Secretaria, una conmemoración muy curiosa y con claros tintes machistas, que tiene su origen en que fue un 26 de abril cuando, según la leyenda, la norteamericana Liliam Sholes utilizó por primera vez el prototipo de máquina de escribir que había desarrollado su padre, Christopher Sholes, inventor oficial del ingenio. Como la mayor parte de los inventos, siempre hay antecedentes, pasos y avances que van aportando detalles y resolviendo problemas hasta que finalmente se convierte en útil. Con la máquina de escribir ocurrió también, y hay distintas referencias de intentos desde al menos un siglo antes de ese 26 de abril de 1872 en que fue posible teclear directamente un documento en tipografía de imprenta.imagen-remington.JPG Su inventor vendió la patente a E. Remington, afamado fabricante de armas y máquinas de coser, que comercializó el artilugio y lo fue perfeccionando en sucesivas modificaciones, hasta que en 1878 consiguió el estándar que hoy conocemos y cuya disposición de teclado sigue siendo la que hoy tienen los modernos ordenadores.

Muy pronto el aparato llamó la atención de los escritores, que a menudo tenían muchos problemas con los editores porque estos no entendían bien su caligrafía e imprimían palabras distintas a las escritas con pluma. Al ser un invento norteamericano, los primeros en acercarse fueron los autores de allí, y parece ser que está generalmente aceptado que fue Mark Twain el primer escritor de prestigio que creó literatura en máquina de escribir, y el libro que se certifica como el pionero es La vida en el Mississippi, un volumen de memorias, puesto que ya sus más afamados relatos habían sido publicados mucho antes. Ocurrió lo mismo con León Tolstoi y Lewis Carroll, que se incorporaron a la mecanografía a finales de la década de 1880, y escribieron a partir de entonces sus obras mecanográficamente (Tolstoi dictaba a su hija), aunque, igual que Tom Sawyer, Alicia, Anna Karenina y Natasha Rostov habían nacido con letras escritas a mano antes de la comercialización del nuevo aparato. Mientras los escritores norteamericanos aceptaron casi de forma general la nueva manera de escribir, los europeos fueron más reacios. Pensemos que, por ejemplo, nuestro Galdós, podría haber mecanografiado la mayor parte de su obra, puesto que comenzó su actividad literaria por los mismos años en que se comercializó la máquina de escribir. El que se entusiamó con este avance hasta casi la obsesión fue el filósofo Friedrich Nietzsche, y en su caso sí que mecanografió dos de sus obras más cruciales: Así habló Zaratustra y Más allá del bien y del mal. Truman Capote decía de las malas novelas que eran solo mecanografía, aunque también lo son las buenas. Finalmente, el 26 de abril, con luces y sombras, tiene mucho que ver con la escritura literaria y filosófica aunque, todavía hoy, siga habiendo autores que, al menos en primer borrador, escriban a mano.

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