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Novedades en la categoría Letras


El 23 de abril es Día del Libro, pero algunos querrían que se celebrase el Día del Documento, del Pasaporte, del Título, del Contrato. Un solo papel, sin necesidad de encuadernación. No lo expresan, pero con sus actos vienen a decirnos que el libro es una antigualla inútil, también los que se leen en otros soportes, que las pantallitas se hicieron para juguetear o comunicar banalidades urbi et orbe. Incluso en la era de la informática, el mundo se va componiendo sobre papeles, está muy claro. No hacen falta libros para dejar que barcos llenos de inmigrantes se hundan sin ayuda; tampoco para dejar sin protección a los ancianos, sin medicinas a los enfermos y sin sanción a los usureros. No se necesitan libros para dejar sin techo a los deudores insolventes, sin trabajo a los desempleados y sin acogida a los que huyen de una muerte segura. zzzquijottt.JPGPor el contrario, un pasaporte, un permiso, una carta de pago o una receta tienen un poder inmenso, como si fuesen varitas mágicas. Un carnet puede establecer la diferencia entre poder o no poder disponer de tu propio dinero en un banco.

Para quienes tratan de combatirlos, los libros presentan dos problemas; el primero es que pueden transmitir reflexiones y enseñanzas, incluso desde el mundo de la ficción. la segunda dificultad es más grave: ejercita a la gente en pensar por cuenta propia, en comparar y por lo tanto en decidir por sí mismos. Y eso les supone un grave contratiempo. Se destierra de las aulas todo lo que sirva de adiestramiento intelectual; la filosofía, la historia, la literatura, las Humanidades en suma, son un inconveniente para establecer un pensamiento único. Se hace un test de selectividad con pruebas objetivas, que por lógica se referirá a datos concretos, pero no se evalúa la capacidad de reflexión y expresión del alumnado. No hace falta, en el mundo que se propone basta con hacer lo que se les diga.

En conclusión, con papeles tienes patente de corso para "dejar de hacer"; con el libro el mandato indirecto es el contrario: hacer. Esa es la causa por la que es tan fácil dejar de respetar los Derechos Humanos, dejar que haya esclavitud infantil, dejar que personas (especialmente mujeres) sean vendidas como ganado. De ahí viene ese odio secular de cualquier poder hacia el conocimiento, la imaginación y el debate. Nos engañan cada año declarando un Día del Libro, con El Quijote al fondo, al que ya tienen controlado y hasta domesticado; si faltaba algo, la Real Academia de la Lengua publica una edición mutilada (ellos dicen que resumida), por supuesto, con pasajes escogidos por el mediático Pérez-Reverte. Por todo esto, creo que sin libros volveremos a las cavernas. Feliz fiesta del Libro; pero no solo el 23 de abril, sino todos los días, porque los libros se me antojan como una de las pocas formas de rebelión, y la literatura la más eficaz.


imagencorol.JPGHace un año ya que te fuiste, querido Gabo. Andamos entretenidos en corrupciones varias y en celebrar el centenario de La metamorfosis, la novela de Kafka que tanto te marcó. Sin el insecto del checo es posible que Remedios La Bella nunca hubiera subido al cielo en cuerpo y alma, que en tus relatos haya quien se alquile para soñar, que nacieran niños con rabo o que los yanquis se llevasen el Mar Caribe y dejaran el hueco. Casi se nos pasa tu aniversario, pero entiende que en el año que faltas las cosas han empeorado. Y eso que ahora parece que los yanquis y Raúl se han dado la mano, o lo parece... De por aquí poco que contar, seguramente porque hay demasiado y los medios lo cuentan a su manera, estableciendo rangos falsos. Si ves por ahí a Jorge Luis Borges dile que su idea de que el siglo XX no podría ser contado por exceso de información, en el siglo XXI ya es realidad tangible. Cuando hay tecnología casi infinita, estamos sumidos en la desinformación. Es decir, desistimos de entrada de contar el siglo presente porque estamos inmersos en otros Cien años de soledad. Al final solo queda el ser humano, como en tus novelas, y eso es lo que contaremos, a ver si en el futuro se entiende este tiempo por la literatura, lo mismo que hoy entendemos el pasado gracias a la imaginación de quienes, como tú, inventaron un mundo paralelo para poder comprender el real. Pero esa es otra historia. Nos seguimos viendo. Feliz eternidad.


Pocos escritores son tan imprescindibles como Günter Grass para tratar de entender lo que ha sido el siglo XX en Europa. Su gran novela El tambor de hojalata es la metáfora y la exhaustiva explicación de lo que ha sido, es y puede ser Europa, y por lo tanto también de lo que se evidencia como imposible. Esta novela es uno de los libros que ningún europeo debiera dejar de leer como todo latinoamericano debiera conocer Cien años de soledad. El autor estaba obsesionado con que los demás compartieran lo que para él era nítido y las distintas políticas culturales, económicas o militares siguen sin entenderlo. Los actuales problemas europeos son el resultado de que sus dirigentes no han leído El tambor de hojalata o la han leído muy mal.

hojalata.JPGAlemania no es solo la metáfora de Europa, es la columna vertebral de Europa, y Günter Grass era alemán, pero de una Alemania muy especial. Pertenecía al pueblo casubo, que ocupaba un territorio más extenso alrededor del puerto de Danzing, con una idiosincrasia propia pero con la lengua alemana como elemento común a otros terriorios alemanes. Porque no es lo mismo Baviera que Prusia, Sajonia que Casubia, Silesia que Alsacia-Lorena. Los estados del norte son luteranos y los del sur católicos, aparte de otras confesiones cercanas a las iglesias rusas en la Prusia Oriental. Y todo eso es Alemania porque habla la misma lengua, que es el elemento unificador, y es por ello que usan el concepto Reich, es decir, una nación más allá de los territorios. Por eso es tan importante El tambor de hojalata. Se entiende el gran drama alemán que es el de toda Europa, y ese niño que no crece es la metáfora de una Europa que no arranca. El ajuste de cuentas que se prolonga en otros libros suyos, especialmente en El rodaballo y Pelando cebolla, es otra manera de explicar todo esto, porque la apisonadora del cine americano ha mostrado una Alemania única, que no se entiende porque no existe.

Leyendo a Günter Grass podremos entender que, detrás de ese poderío económico e industrial, está la búsqueda de identidad como casi en ninguna otra nación europea. En los Balcanes la lucha es centrífuga, hacia afuera, pues hay distintas lenguas; en Alemania es centrípeta, hacia adentro, porque es la lengua casi lo único que tienen en común. Ese dolor profundo como nación sólo es comparable al que sigue latiendo en España después de nuestra tremenda historia reciente. Tal vez debiéramos tomar ejemplo de los alemanes, pero también es cierto que ellos saldaron todas las cuentas en su momento. El tambor de hojalata nos dice que podemos perdonar y hasta olvidar después de la justicia.

Las polémicas alrededor del autor que ahora nos deja son ruido (a veces ruido interesado). Está su obra, que sin duda figura en el podio de las imprescindibles para entender Alemania, Europa, el siglo XX y todo esto a través de las grandezas y las miserias de la naturaleza humana. Cuando en el futuro quieran saber de este tiempo y este espacio europeo tendrán que leer a Günter Grass. Su legado es su insoslayable obra literaria, y por eso en el día de su partida merece el mayor homenaje.
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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 del martes 14 de abril de 2015).


Selena Millares es una intelectual en la acepción más clásica del término, puesto que jalonan su trayectoria la poesía, la narración, el ensayo y la docencia. Ahora publica una novela, que es una especie de conjunción de todas su capacidades, puesto que, aparte de ser una novela-novela, tiene elementos ensayísticos que son el resultado de la propia memoria y de una investigación tan larga como su vida, y no es ajena a la poesía en cualquiera de sus dimensiones. Hablo de la novela El faro y la noche, galardonada con el Premio Internacional de Literatura Antonio Machado 2014, que acaba de ver la luz, y que es sin duda un libro diferente, documentado y a la El faro y la noche 222.JPGvez imaginativo, realidad y ficción para hablarnos de lo grande y lo rastrero del arte -especialmente de la literatura- cuando el poder trata de acallar el pensamiento, que es casi siempre, con distintos métodos según la época. A veces el poder no es el político, puesto que hay otros poderes que a menudo esclavizan, y el amor no es el menor de ellos. De eso trata esta magnífica novela, que es tan profunda como ágil, pues presenta con aparente sencillez una complicada estructura que, gracias al dominio de los tiempos, resulta de una fácil lectura en la que, si no te detienes a valorar, piensas que es una novela lineal al uso.

Cuando mencionamos a la autora, por su apellido concluimos rápidamente que pertenece a la ya mítica y sin embargo viva saga de los Millares. Es así, y por ello la pregunta inmediata es si hablamos de la hija de uno de los poetas, de la pintora, del pintor, del músico, del dibujante... Y es que algunos Millares pueden ser varias cosas a la vez. Pero en esta novela vemos claramente que es nieta del profesor y poeta Juan Millares Carlo, que es a su vez rama del árbol Millares que no tiene fin. Los Millares son una familia con presencia permanente y destacada en la vida cultural canaria desde mediados del siglo XIX, y quizás antes a otros niveles, pero pudiera ser que Juan Millares Carlo fuese una especie de piedra angular que irradiara hacia el pasado, hacia su presente y hacia el futuro todas las características de una familia que ha vivido intensamente los miedos y los avatares de muchas oscuras o luminosas décadas de nuestra historia común. El faro y la noche 111.JPGLa novela tiene varios caminos, y se expande en distintas historias que coinciden en el miedo, la resistencia o la esperanza, no en el tiempo (Camile Claudel, Goya, El Corredera, la propia memoria de Antonio Machado...) El abuelo poeta, uno de los ejes de este libro, es uno de los grandes olvidados, pues recibe y emite luz pero nunca se le acaba de situar, y acaso por eso la novela de la que hablamos se titula El faro y la noche.

Esta novela no es y sí es una mirada a la historia de los Millares, no es y sí es un alegato contra las miserias y las virtudes que hay alrededor del arte y su incardinación social, no es y sí es una reflexión sobre el arte mismo, su pulso con la violencia, unas veces para combatirla y otras para alentarla. Estamos por lo tanto ante un texto importante, escrito por una Millares que habla de los Millares y con eso nos retrata a todos los que gozamos y sufrimos esta sociedad cainita y olvidadiza ("pueblo chico, infierno grande" dice el refrán). Es una mirada interior y a la vez una perspectiva exterior, porque la autora ha tenido tiempo y espacio para mirarnos desde muy cerca y desde muy lejos. Un libro, en fin, casi inexcusable, sobre todo para quienes quieran entender este laberinto que es Canarias. No van a encontrar respuestas, pero sí surgirán interrogantes, y es saludable poner las cosas en cuestión, porque casi siempre las preguntas son una forma de rebeldía.


Acaba de publicarse el segundo tomo de Mujeres en la historia, dedicado esta vez a mujeres que realizaron grandes aportaciones en diversos campos depués de 1940. Como dicen los editores en el prólogo, el hecho de que durante la II Guerra Mundial las mujeres tuvieran que hacerse cargo del funcionamiento de las sociedades occidentales porque los hombres estaban en los frentes de batalla supuso un punto de inflexión en la presencia de la mujer en lo público. Hubo, por supuesto, otros factores que incidieron en la gran revolución femenina de la segunda mitad del siglo XX, como la maduración de las luchas y reivindicaciones que venían de mucho tiempo atrás, la aparición de la píldora anticonceptiva o la publicación del libro de Simone de Beauvoir El segundo sexo. Vemos por lo tanto que la presencia de la mujer tiene mucho que ver con la visibilización de su trabajo, y en eso las artistas, científicas, escritoras, activistas políticas y sindicales y mujeres trabajadoras en distintos campos (la Educación ha sido un valioso ariete) ha sido determinante. La divulgación ha jugado un papel importantísimo, y en ese campo la literatura es una avanzadilla de primer orden. Por ello, en esta edición, 26 escritoras escriben sobre otras mujeres (a veces no sobre una en concreto) cuya contribución ha sido un escalón más en el camino, como lo es la participación de las autoras en la proyección de estas grandes mujeres. 26 mujeres escritoras nos ofrecen un volumen que, además de su importancia histórica y divulgativa, es un libro literario, escrito con el mimo y la sensibilidad que aporta siempre la literatura.

aaaaaaaaaaaaaamujeresenlahistoria.JPG Sin duda, el nombre más sonoro de esta lista de escritoras es el de la recientemente desaparecida Josefina Aldecoa, que fue ella misma un faro en esta ruta, desde sus vertientes de maestra, pedagoga y escritora. Hay también textos inspirados en mujeres que rompieron moldes o que sucumbieron en la lucha, a veces contra sí mismas. Hay dos participaciones importantes de escritoras canarias, mujeres de "las nuestras", que curiosamente miran el mundo desde la isla y desde fuera de la isla. Una de ellas es Teresa Iturriaga, que también participó en el primer volumen, y que esta vez escribe sobre la pintora y escritora Leonora Carrington, una inglesa que se hizo mexicana y acabó siendo uno de los grandes nombres femeninos de ese país. El otro texto "canario" de este libro es el aportado por Teca Barreiro, en torno a la poeta argentina Alejandra Pizarnik, a quien una fuerte depresión la arrastró al suicidio a los 36 años. Ambas mujeres, Leonora y Alejandra, dejaron una sólida obra artística y poética y un grano de arena más en el contrapeso que tiene que ser la mujer en las relaciones humanas. Eso es lo que reivindican en sus magníficos textos Teresa Iturriaga y Teca Barreiro. Creo que libros como este son los que influyen en los avances de esa lucha por la igualdad, que es cosa de todos, no solo de las mujeres, y por ello lo considero, además de un bello conjunto de piezas literarias, un libro necesario con el que coronar este mes de marzo-mujer de 2015.


No sé qué cara poner al ver la rueda de prensa en la que se viene a decir que en la fosa común de la cripta del convento de las Trinitarias están los resto de Miguel de Cervantes, cosa que se ha sabido desde siempre, aunque sin determinar cuál de los 17 cuerpos allí enterrados es el suyo. Ahora tampoco lo saben con seguridad, y adelantan expresiones como "es muy problable", "nada hay que indique lo contrario", "parece concordar con los documentos"; es decir, que después de todo el follón que han montado, saben lo mismo que sabían. Dicen que por la boca muere el pez y uno de los argumentos que se enarbolan es que se quiere dar una sepultura digna a Cervantes. ¿Es que la cripta de la Trinitarias no lo es? ¿Es que no merecen la misma dignidad las otras 16 personas allí enterradas? Mucho ruido que se me antoja un intento de justificar los logros de una legislatura, después de haber hecho lo posible y lo imposible por desmantelar la cultura.

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imagencervantes.JPGY ya que estamos con Cervantes, tal vez se atisbe alguna respuesta en los paralelismos o las contradicciones con esta realidad que salen de la boca de don Alonso Quijano, esto es, de la pluma de don Miguel de Cervantes:

* "Me moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre, cada individuo es una variedad de su especie".

* "No puede haber gracia donde no hay discreción".

* "Siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos".

* "La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde".

Con cuatro citas basta. Tranquilo, mi señor don Miguel, son solo unos que creen que Vuesa Merced permanece en una oscura cripta y no en sus luminosos libros.


Vine al Pleamar de Canarias7 porque me dijeron que acá se hablaba hoy de JJ Armas Marcelo, un tal Juancho, al que el martes 17 de marzo le entregan el Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2014 por la novela Réquiem habanero por Fidel. Este premio consagratorio en realidad no es una gran novedad, se veía venir, podía haber sido hace tres libros o dentro de tres; eso da igual, porque el autor es desde hace mucho tiempo el más mestizo de todos los escritores en español. Me han pedido que diga algo que solo yo sepa de Juancho; trataré de hacerlo, aunque sé que es una empresa destinada al fracaso porque Juancho es Juancho, aquí, en Comala y en Macondo.

aaaimagenjuancho1.JPGCuando conocí a JJ Armas Marcelo, él ya era Juancho. Yo creo que nació Juancho aunque no lo hubieran bautizado como al Bautista. No es que respondiera, como es usual, a un alias emanado de su propio nombre (Juan Jesús, por cierto, no Juan José como suelen errar), era Juancho, persona y a la vez personaje, que ya era tal cual es hoy aunque fuera entonces un joven soñador. Las personas suelen ir tallando su imagen poco a poco, a empujones del carácter, la personalidad y la vida. En realidad esa imagen depende muchas veces más del exterior que de la voluntad propia. Con Juancho no sucedió así, salió del molde totalmente completado, y el esmeril, la pintura y el salitre no han conseguido hacer variar esa simbiosis de persona, personaje y destino.

Aquel osado y visionario veinteañero ya denotaba con su sola presencia que, como en la mitología clásica, su camino estaba trazado por el fatum, esa fuerza misteriosa que determina el destino de las cosas a través de los hombres; solo con verlo se sabía que su rumbo estaría jalonado por el sufrimiento, la lucha, la derrota y la gloria, como un Odiseo que regresa siempre a la misma Ítaca, la literatura. No éramos capaces de verbalizarlo entonces, pero algunos sabíamos que daba igual las veces que Penélope tejiera de día y destejiera de noche; aquel JJ Armas Marcelo tendría que cumplir el inexorable destino de ser Juancho. Ya entonces había empezado el viaje a Ítaca. Y ese viaje pasaba por toda la cuenca del Atlántico y del Pacífico. Aunque entonces físicamente nunca había pisado el oeste del viejo meridiano cero de Orchilla (La raya de Nicolás Melini), ya estaba en la sabiduría de Alfonso Reyes, en la religión literaria de Vargas Llosa, en el resplandor de Cortázar, en la entonces novedad apabullante de Gabo. Hablaba de literatura y editaba libros de otros, pero no decía que estuviera escribiendo él mismo aunque seguramente lo hacía desde siempre. Se peleaba por lo civil con el provincianismo inamovible y por lo militar con un consejo de guerra de opereta. Así eran entonces las cosas.

aaaimagenjuancho3.JPGCuando vi su primera novela en las librerías no me sorprendió, la implacable maldición del Olimpo tenía que cumplirse. Y se fue cumpliendo mientras Juancho iba quemando naves, perdiendo batallas y ganado vida, enganchado al único banderín patrio que conoce, el de la literatura en español. La travesía es muy larga, agotadora, y hay singladuras extenuantes, otras festivas. En el tránsito baja al infierno a hablar con el profeta Tiresias, que le confirma que Penélope sigue tejiendo y destejiendo porque sabe que él llegará. Cosecha victorias cuyo eco no se repite en Ítaca, pero los naufragios retumban en los oídos de la tejedora, que sabe que estos también forman parte del camino. Honores, medallas, galardones y respetos van guiando la proa hacia la Estrella Polar. Ninguno me sorprende, porque, mientras caminaba hace décadas junto a él, podía leerlo en la sombra que proyectaba aquel joven sobre la acera de la calle León y Castillo de Las Palmas de Gran Canaria, mucho antes de que tocara su primera playa. La travesía pasa por el puerto limeño del Callao, la terraza del café Gijón, la neoyorkina calle 49, el Tigre porteño o la playa de Las Canteras. En cada puerto saben de Juancho, saben por Juancho, entienden que Juancho no es el apodo familiar en que lo cotidiano convirtió el nombre de JJ Armas Marcelo; Juancho es la literatura en movimiento, un Odiseo condenado por los dioses a contar y a leer, y volver a contar sin tregua.

Años después, frente al pelotón del Premio Francisco Umbral al Libro del Año, a Juancho le otorgan el galardón más deseado, el que certifica de una vez por todas que su literatura es un camino sin retorno. Aun con el estruendo, algunos tratan de compensarlo con el silencio. Es inútil, ya había demasiado ruido antes de este premio, la novela Réquiem habanero por Fidel (Alfaguara. 2014) se escuchaba en todo el ámbito de la lengua. No importa que Circe grite o que las sirenas enmudezcan. Odiseo ha llegado, con laureles y cicatrices como corresponde a un guerrero, y ya Penélope no tendrá que destejer nunca lo tejido.

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Este trabajo fue publicado el domingo 15 de marzo en el suplemento Pleamar de la edición impresa del periódico Canarias7 de Las Palmas de Gran Canaria.


PARTE DEL SERVICIO DE URGENCIA

Alexis Ravelo acaba de publicar su nueva novela, Las flores no sangran. No es una novedad afirmar que estamos ante un texto sólido, que responde a todas las exigencias del género narrativo en sentido amplio y que es un reflejo de la sociedad que trata de representar. Hasta aquí, todo "normal", como cada vez que Alexis publica un nuevo título. La secuencia es por fortuna recurrente: buena acogida, excelentes críticas y un escalón más en la carrera literaria de un magnífico novelista. Una vez más, lo ha vuelto a hacer, escribir una novela que tiene como aval buenas novelas anteriores, lo cual es también una dificultad añadida porque los lectores no perdonan un paso atrás. Ravelo aguanta el pulso consigo mismo y sigue avanzando, y ya con una decena de libros está claro que llegó un día para quedarse y sigue aquí.


INFORME DEL NEGOCIADO DE FICCIONES

flores san 1.JPGAun a riesgo de repetirse, este negociado tiene que insistir en que la llamada Novela Negra es un género muy definido en el que los editores se empeñan últimamente en meter casi todo lo que tenga que ver actos delictivos contra las personas, contraviniendo las bases del género que tan estrictamente delimitó Raymond Chandler en su ensayo El simple arte de matar (1950). Desde que aparece un detective privado, un policía o una víctima etiquetan al texto de novela negra, y de ese modo funciona razonablemente bien el mercado editorial más allá de los bet-sellers que muchas veces ni siquiera son novelas, mucho menos literatura.

Este afán de englobar la narrativa en la que aparezca la más pequeña mancha de sangre en un género común perjudica a los autores de novela negra de raza incontestable. Este es el caso de Alexis Ravelo, que cumple las dos condiciones fundamentales exigidas a un buen autor del género: que escriba literatura y que sus narraciones sobre la parte oscura del ser humano sean espejo de una sociedad, un ambiente y una época. En este sentido, las novelas de Ravelo muestran una sociedad construida sobre la mentira de una bonanza económica tramposa, que se mueve a dos niveles de delincuencia, la de los poderosos y peligrosos popes del crimen (ahí entran también los de corbata y modales sofisticados) y la de los bajos fondos que trata, casi siempre inútilmente, de recoger las migajas del pastel, que empiezan desertando de la ilusión, suben a la montaña rusa de la supervivencia a cualquier coste y acaban llenado las cárceles o, peor aún, las cunetas y los vertederos. Algunos pueden gozar de una aproximación fugaz al yate, al Ferrari y al poder que ambicionan, pero ya metidos en el torbellino, entran en una espiral hacia afuera que acaba por expulsarlos al vacío.

Alexis Ravelo trabaja literariamente con los segundos, los perdedores, los que jamás lograrán ni siquiera el primero de su larga lista de sueños. En Las flores no sangran, que aparentemente es la historia del secuestro-exprés de la hija de uno de los Coerleone que, por supuesto, también tiene condecoraciones oficiales como gran patricio local, se dan todas las característica que hacen de una historia truculenta una magnífica novela, esta vez negra en el más preciso canon del género. Hay dos polos muy claros, que son los que antes reseñaba. Por una parte están los fracasados que también son víctimas de la desidia y la manipulación de décadas de abandono vendido como libertad. Aun así, tampoco son inocentes. Este mosaico de ilusiones rotas se compone de personajes tan "quemados" como Paco El Salvaje, El Zurdo, Felo el Flipao y siempre una mujer, que no es una femme fatale sino que también ha sido arrastrada por el maremoto de la creencia de que puede amanecer un día en el que todo ha cambiado de color. flores san 4.JPGEn esta novela hay dos mujeres con dos registros diferentes, una es Lola, la otra es Ruth, envueltas ambas por pasiones, buena fe, malos deseos y la pared de cristal contra la que siempre se estrellan. Hay una tercera mujer, Diana, la víctima del secuestro, que empieza siendo inocente y se acomoda hipócritamente al papel de cómplice supuestamente involuntario de su forma de vivir, que procede de ese dios oscuro que se vende como reluciente.

Es una tragedia griega porque todo ocurrirá como está previsto, no hay forma de alterar el resultado, perderán siempre los mismos, y para construirla Alexis utiliza otros elementos que también son reverberaciones de esta sociedad que viven en un presente turbio y continuo desde hace décadas y no tiene visos de cambio. Periodistas incalificables como Toñi Vidanes, policías difusos como el comisario Benavides, políticos que para nombrarlos hay que llamarlos como "el-que-te-dije", delincuentes internacionales sin rostro como El Ruso, y compinches de fechorías económicas como Perera, sirven de cohorte al gran sacerdote del dinero, un tipo que aparenta campechanía y canariedad pero que es tan duro como para que lo apoden El Yunque. Y ya está construido el retablo, el mosaico que es un destello fiel de una sociedad corrupta desde su base hasta su cima, mientras muchos se creen inmaculados pero que de alguna forma también están pringados por su silencio o, peor aún, por su miedo no confesado. Eso es exactamente lo que requiere una novela negra, y esta lo es con todas sus consecuencias. Lo más curioso y a la vez desalentador es que todos los personajes y posiblemente la mayor parte de los lectores se creen libres de esa espiral centrífuga.

Por otra parte, en la definición tradicional la literatura se caracteriza por primar la literalidad sobre la lengua común, esa frontera es cada vez más difusa, con antecedentes dentro y fuera de nuestra lengua en tipos de la calaña de Sánchez Ferlosio o James Joyce. El realismo sucio certificó definitivamente que a menudo esa frontera entre lo literario y lo coloquial se diluye, e incluso se borra. Pero queda la función poética que es la que diferencia la literatura de lo que no lo es, y entonces tendríamos que encomendarnos a tipos tan sospechosos como un tal Roland Barthes y otros de su ralea, y ya para hoy ha habido bastantes infractores. Y en esta frontera, Alexis tiene salvoconducto.

CONCLUSIÓN Y ADVERTENCIA

Si de verdad quieren leer una novela negra con denominación de origen, Las flores no sangran, de Alexis Ravelo, es una recomendación perfecta. Y desde este negociado podemos asegurar que las novelas negras strictu sensu no abundan, a pesar de lo que diga la publicidad editorial.

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(El autor de la fotografía es Ricardo Montesdeoca y fue publicada en Canarias7).


Acaba de incorporarse una nueva voz narrativa, la de Jonás Meneses, que nos entrega su novela Salacot como carta de presentación, y les aseguro que es una buena carta. Siempre se ha dicho que, literariamente, Canarias es tierra de poetas y es una evidencia histórica; pero no solo de poetas, porque la narrativa está presente desde los albores de nuestra literatura, incluso incrustada en renombrados poemas épicos. El caso es que se suele dar como fecha de nacimiento de nuestra narrativa los años setenta del siglo XX, y aunque es cierto que desde entonces la narrativa (especialmente la novela) ha tenido una continuidad que antes no tuvo, ya hubo narrativa anteriormente, fueran fetasianos, regionalistas y de otras especies, pues narrativa escribieron Millares Torres en el siglo XIX y hasta el mismísimo Viera y Clavijo en el XVIII, sin olvidar a los cronistas y otros contadores de realidades o ficciones.

DSCNrt64080.JPGEn los setenta hubo una nómina razonable que necesitaba los dedos de las dos manos para contarla, en los ochenta bastaba un manco para contar las nuevas voces narrativas. A filo de esta década y la siguiente empezó a nutrirse el espacio literario de la narrativa y continuó en el nuevo siglo hasta el punto de que ahora mismo es una catarata. Los que siempre buscan cinco pies al gato dicen que hay demasiadas novelas, y yo digo que esa lluvia es un momento como nunca lo hubo en Canarias, que ha hecho decir a Juancho Armas Marcelo que "algo está sucediendo en las islas del sur". Jonás Meneses, como otras voces, acaba de llegar para quedarse con su Salacot (ya hablaré concretamente de esta novela), y cubre otra vertiente, porque si por algo se caracteriza esta época es por su rica variedad en géneros y registros. El talento, el trabajo y el tiempo irán conformando jerarquías, y también la suerte, que funciona para bien o para mal en todos los órdenes de la vida. En todo caso estamos bajo una persistente y copiosa lluvia literaria que sin duda se convertirá un mucho pan, y dice el refranero que por mucho pan no es mal año.


Nos ha dejado el catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Osvaldo Rodríguez Pérez, humanista chileno y canario, gran valedor de la literatura en nuestra lengua (su pasión era Pablo Neruda) y de la narrativa canaria, pues hizo acompañamiento crítico al nacimiento de muchas de las mejores novelas publicadas en Canarias en las últimas décadas. Su incansable labor como estudioso y como impulsor y organizador de muchos eventos lo convierten en una referencia. Además de su incontestable valía profesional, Osvaldo era un ser entrañable, abierto y generoso, y quienes contamos con su amistad y aprendimos de su sabiduría, en un día tan triste podemos considerarnos privilegiados por haberlo conocido.

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Descansa en paz, amigo.

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