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Novedades en la categoría Cultura


-Por fin los del Gobierno han hecho esa reforma laboral que tanto predicaban, don Virgilio. ¿Qué le parece a usted, que es tan entendido en esas cosas?

-Que buena no es para los pobres, doña Asunción.

-¿Ya ha leído todo lo que acordaron?

zFoto0155.JPG-No, todavía no.

-Pero, hombre, si no sabe las cosas de primera mano no puede opinar.

-Oí por la radio algo que dijo uno de la patronal, y deduzco que con esto pasa lo mismo que con lo de las uvas en la novela El Lazarillo de Tormes.

-¿Y qué tiene que ver esa novela con la reforma laboral?

-Pues que, en un pasaje del libro, un ciego y un muchacho, que es su lazarillo, comen uvas de un mismo racimo, y al terminar el ciego le dice al chico que éste ha estado cogiendo las uvas de tres en tres. Extrañado, el lazarillo le preguntó cómo, siendo ciego, se había percatado de su trampa. Y el ciego dijo: "porque yo las cogía de dos en dos y tú nada decías".

-Sigo sin entender, don Virgilio.

-Pues verá, doña Asunción: si a los empresarios les ha parecido bien la reforma laboral, yo, como el ciego, no necesito ver más para saber que debe ser mala para los trabajadores.

-¿Y eso lo adivina usted solo porque leyó esa novela?

-Es que, Señora Mía, leer libros enseña a pensar.

-Oiga, don Virgilio; y para saber si mi marido me engaña con alguna pelandusca, ¿qué libro tengo que leer?


zzatenea.JPGCorre por la redes sociales una frase muy bien enmarcada que se atribuye a muchos padres, pero en realidad fue pronunciada por el ex rector de Harvard Derek Curtis Bok, eminente profesor e investigador en el campo educativo, al que en un debate, un republicano muy cercano al Tea Party le dijo que la educación pública era muy cara, y que por lo tanto habría que hacer recortes. El profesor, sin perder la sonrisa le contestó: "Si ustedes creen que la educación es cara, prueben con la ignorancia". Se puede decir más alto, pero no más claro.

Ahora parece que el nuevo ministerio de Educación de España va aplicar unos cambios que reducen la secundaria obligatoria; se acompaña la medida con teorías educativas y del mercado de trabajo, pero me temo que lo que se pretende es gastar menos. Mientras no se apueste por desburocratizar la enseñanza y devolver la autoridad moral al profesorado con un masivo apoyo social (para eso se hacen campañas, cuenta dinero, claro) no vamos a salir del vagón de cola. Hay países que son líderes en cifras macroeconómicas, la mayores economías del planeta, y suelen aplicar un porcentaje alto de su PIB a Educación. Existe por lo tanto relación entre educación y desarrollo económico, salvo algunos casos en los que la relaciones de trabajos son abusivas. Pero es que conocemos otros estados que por su tamaño nunca estarán entre las primeras economías mundiales, que invierten más aun en la formación de sus ciudadanos. Son los países en los que hay mayor renta per cápita y sus niveles de éxito educativo se transforma luego en una sociedad puntera en todos los aspectos. Hablo de países como Noruega, Finlandia, Holanda, Nueva Zelanda, Dinamarca o Suecia. No hay lugar en el mundo en el que se gaste más en educación, y como consecuencia tampoco se vive mejor en ninguna otra parte. Siembran mucho y recogen más. Por eso hay que repetir lo que dijo el profesor Bok: "Si creen que la educación es cara, prueben con la ignorancia".

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(La foto es de la estatua de Athenea, diosa de la sabiduría, atribuida al escultor Fidias)


Hace unos días murió la poeta polaca Wislawa Szymborska y ayer Antoni Tàpies, el artista catalán que sublimó la abstracción. Todos hemos hecho chistes malos sobre la interpretación de la obra de Tàpies, pero en realidad detrás de cada chiste está la impotencia por no poder atisbar lo que un artista como él veía claramente. Estoy seguro de que una encuesta nos diría que es un porcentaje muy bajo de la población el que sabe quién fue Tàpies, y de esos menos aún los que conocían su obra, y de los que la conocían muchos menos aun los que serían capaces de comentarla.

zz28.-tapies-pirámides[1].JPGParece entonces que no se va a notar su ausencia y que su paso por la vida careció de importancia. La mayor parte de las figuras que durante siglos han ido modelando nuestra civilización y ahondando en el pensamiento y la sensibilidad del ser humano fueron conocidas en su tiempo por un sector pequeño de la población, e incluso después. Pero no importa, son las migas de pan por las que la Humanidad se ha guiado para no perderse, aun sin saberlo. A primera vista parece que si no hubieran existido Emily Dickinson, Rembrandt o Debussy el mundo sería igual. Pero no es así, porque esa luz que ellos vieron ha influido en la evolución de todos los seres humanos. Y la vida de cada uno es como es y no de otra manera porque estas personas hicieron algo que cambió la manera de pensar y sentir de la gente. La vida de un hombre y una mujer actuales es el resultado de lo que unos pocos han influido durante toda la historia, aunque nunca hayan leído a Dante, escuchado a Glinka o visto una película de Pilar Miró. Tàpies es una de esas personas imprescindibles en el devenir de la Humanidad, y quienes habiten este planeta dentro de doscientos años le deberán algo aunque ni siquiera tengan noción de su existencia. Si somos conscientes de lo que significa un artista, un científico, un poeta o un pensador veremos lo que significa para todos la muerte de Antoni Tápies y Wislawa Szymborska.


Vuelvo otra vez sobre los derechos de autor, porque con la nueva polémica desatada tras la detención de los responsables de una web a la que acudía millones de usuarios, se realimenta la idea de que no hay por qué pagar derechos de autor por nada.

zzvbFoto0171.JPGCompras un ordenador, que pagas, contratas una línea ADSL, que también te pasa una factura, pagas el recibo de la electricidad con que funciona tu equipo, y no rechistas; pero si te piden un céntimo por una película, una canción o un libro empieza la demagogia de que Alejandro Sanz es millonario y cosas así. Pero la autoría es mucho más que Alejandro Sanz; hay muchos creadores que viven de su trabajo creativo no mucho mejor que un ciudadano medio, y si le quitas esos derechos que suponen su sustento es como si al panadero no le pagases el pan. Otra cosa es el gran negocio de Internet que facturan unos pocos, y los autores son víctimas también de estos tiburones. Cuando se destapó el escándalo de la SGAE, se habló mucho de vampiros que cobran en bodas y bautizos, pero nadie dijo que los autores de esas canciones cuya cuota era tan sañudamente perseguida por la SGAE eran también estafados porque todo ese tejemaneje se hacía con el dinero de los autores y que ellos no veían. Y lo mismo pasó con el cánon digital, que se ha cobrado y que yo sepa no se ha repartido entre los autores. ¿A dónde ha ido ese dinero? Así que una cosa es la libertad de expresión en Internet y otra muy distinta los derechos de autor. Y no me creo que a los gobiernos les importe mucho que roben a un artista, se han puesto las pilas cuando las que están en peligro son las grandes corporaciones del cine, la música o el libro. Tengámoslo claro: en todo este barullo, los primeros perjudicados son los autores.


El anuncio de que una empresa histórica, afamada y prestigiosa como es Kodak vaya a la quiebra es terrible, porque en este cambio de tecnologías hay muchos que se quedan en el camino. Se pensó que con el nacimiento del cine se vaciarían los teatros y cuando llegó la televisión también el cine quedaría liquidado. zrevelar[1].jpgNo sucedió así, sobrevivieron todos los soportes, pero con la revolución tecnológica de los últimos años peligran todos. Kodak existe desde que nació la fotografía comercial, y fue durante décadas (más de un siglo) sinónimo de calidad. Tengo en mi casa miles de diapositivas hechas con carretes de esa marca y treinta años después siguen perfectas. Eso es calidad y perdurabilidad. Pero la era digital ya no entiende de carretes, cubetas, reveladores, baños de paro, fijadores y ampliadoras, ni se fija en si la foto ha de ser mate o tener brillo según el papel utilizado, ya todo eso viene en la foto. La posible desaparición de Kodak es el fin de una era, la de la fotografía artesanal, aquella en la que había que cuidar los tiempos para dar más o menos contraste, y en la que dos fotos nacidas del mismo cliché podían ser distintas por el tratamiento posterior en el laboratorio. El proceso fotográfico era como hacer vino, no bastaba un buen producto inicial, el trayecto hasta el resultado final era muy importante, y a veces lo que diferenciaba una buena foto de otra que no lo era tanto. Hay que estar con el progreso, y con estas cosas palpamos los profundos cambios que está experimentado nuestra manera de vivir, pero no dejo de sentir nostalgia por una manera de reflejar el mundo que ha cambiado el nitrato de plata por los granos de sílice de un disco duro.


En estos días se han presentado en Las Palmas dos libros de dos amigos que vienen a engrosar el ya gozosamente nutrido listado de la buena narrativa que se hace por aquí. Son dos generaciones, dos maneras de ver el mundo, dos trayectorias diferentes, pero que tienen en común el gusto por la palabra precisa y el camino hacia adentro. Cuando estudiábamos los manuales de literatura nos decían que la épica trataba de asuntos exteriores al escritor, la lírica de su interior y quedaba la dramática, que no nos decía de qué trataba, pero que era evidentemente la escritura teatral. Omar y Gil son autores que entran en géneros diversos, y aunque entre sus trabajos hay mucha narrativa, podríamos decir que lo que tienen en común es su tendencia a la lírica, lo interior, la reflexión.

Alberto Omar es un clásico de nuestra literatura, no en vano lo avalan tres docenas de títulos en distintos géneros, en los que el teatro no es el de menor cuantía. También es poeta y sin duda novelista, un extraño especímen de los que yo llamo anfibios, porque respiran dentro y fuera del agua. Y es curioso cómo su obra trata siempre de indagar en las conductas, y en algunos textos se interna en esa pasión casi masoquista que tenemos los humanos por lo angustioso. Pero en la vida real Alberto Omar es justo lo contrario, un tipo divertido, casi un showman de la vida, con una conversación y una expresividad que hacen que cualquier discurso verbal suyo sea un espectáculo en sí mismo, puesto que también es un excelente actor. Ahora, en su novela Inmenso olvido vuelve sobre uno de sus temas recurrentes, el de la mujer considerada como segundo sexo, que en un momento determinado de su vida tiene que decidirse por el ajuste de cuentas o el olvido. Se decide por lo segundo, y tal vez ese olvido de que habla Alberto sea aquel del que Neruda decía que era muy largo. El olvido es una terapia, porque si no el dolor nos arrasaría. Así que esta novela de Alberto Omar nos lleva de la mano hacia una reflexión que seguramente cada uno de nosotros también tiene que hacer.

zzomargil.JPGSantiago Gil, por su parte, pertenece a las últimas hornadas de buenos narradores que están produciendo un corpus magnífico en Canarias. También es poeta y agudo columnista, siempre tumbado hacia los detalles, como un heredero insular de Antonio Tabucci, y curiosamente es uno de los que no se ha dejado tentar por el género negro que tan buenos textos está dejando de otros autores contemporáneos. Debe ser eso de la lírica. Pero sí que tiene esa potencia que empuja al escritor a novelarlo todo, con una obra ya muy importante en cantidad y calidad, y esa curiosidad diaria que le viene de su vena periodística. Santiago hace buena aquella frase de que el periodismo es una buena escuela literaria siempre y cuando se abandone a tiempo. El tiene muy claros los límites, y del periodismo sólo usa la curiosidad, el deseo de comunicar, porque luego arma ficciones imposibles que solo son verosímiles cuando, como es su caso, se sostienen en un recio armazón literario. Y ahora tenemos entre manos su entrega de Queridos Reyes Magos, que aunque parezca algo puntual por las fechas recíen vividas es un texto que puede leerse en agosto.

Así que, dos amigos, dos novelas y buena literatura, que sumada a la de otros amigos también comentados aquí (o por comentar) suponen un interesante comienzo de un año que, a pesar de tantos agoreros, puede ser un gran año literario.



zaurelio-ayala1.JPGHoy toca hablar de un hombre... de dos... de la isla de El Hierro. Aurelio Ayala Fontes es un gran tipo, pero un tipo peculiar. Aunque es el único hijo de sus padres que nació fuera de la isla herreña, pasó allí sus primeros años y ya dijo el clásico que la patria de todo hombre es la niñez (yo añadiría que también la primera juventud). Luego ha saltado a otras islas, pero siempre enarbolando la bandera de la Isla del Meridiano. Es un hombre que contiene mil historias, adornadas por su inseparable bufanda roja, que camina cansino pero que siempre va a gran velocidad, que te recibe con un gesto hosco y te desarma cuando esboza una sonrisa, que es casi siempre. Tiene una voz fuerte, ahora valdría decir que volcánica, pero lo del volcán es algo tan doloroso para los herreños que no es momento de usarlo como metáfora. Lleva la historia de su isla en la cabeza, pero no una historia cualquiera, sino la de los hombres y las mujeres que día a día, década a década, construyen la convivencia en un lugar maravilloso pero muy duro.

zaurelio-ayala.JPGEl Hierro ha sido una isla bendecida y maldecida por la Naturaleza; un día le da el Garoé para apagar su sed y otro le envía un huracán y se lo arrebata; durante una época la colma de bonanzas submarinas y de pronto las arrasa con lava ardiente. Y eso lo palpa Aurelio Ayala en cada uno de los habitantes de la isla y en su memoria. El año pasado nos contaba El Hierro a través de la figura ya legendaria de Domingo Machina; ahora nos lo cuenta en un médico, Juan Ramón Padrón Pérez, con lo que eso ha significado en la vida de una isla a veces alejada de los grandes circuitos. Ese libro se llama Un hombre, un médico, una isla. No son tres conceptos distintos, es un sentimiento insular que define a la vieja isla bimpache, que está hecha de hombres especiales como Machina o Padrón Pérez, y de mujeres como Valentina. Si durante mucho tiempos supimos del devenir herreño en la voz y la pluma de José Padrón Machín, que levantó acta del primer avión de pasajeros que aterrizó en el aeropuerto, de la ampliación del puerto de La Estaca, de las fiestas de la Bajada, de una carretera que llegaba al Tamaduste o a Guarasoca, es ahora Aurelio Ayala quien pasa lista en la memoria de la isla y completa el retrato con los perfiles de la gente imprescindible. Es una forma de cerrar el círculo, que sigue abierto porque estoy convencido de que quedan muchas personas que conforman la isla herreña en la memoria de Aurelio Ayala.
***

(El libro Un hombre, un médico, una isla se presenta este viernes 18 de noviembre en la Casa Cultural y Recreativa del Hierro en Las Palmas de Gran Canaria, calle Pío XII nº 30)


Treinta años de trabajo
son el blasón de su escuela,
y aunque a más de uno duela,
quiero dejar esta cita:
ha dejado pequeñita
La Flor de la Marañuela

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0_24251_5[1].jpgHace nueve años, Maximiano Trapero me concedió el privilegio de acompañarle en la presentación del libro Romancero general de Cuba, que hizo en colaboración con Marta Esquenazi. Si hablábamos de poesía popular, pensé que lo más adecuado era hacer mi parte de la presentación en versos de ese estilo, bien en décimas espinelas, en romance o en pretenciosas sextinas del Martín Fierro, como la que encabeza este post. En estos nueve años mucho es el trabajo de Trapero que ha visto la luz, y el último de ellos es la magna obra -más propia de un equipo multidisciplinar que de un solo hombre- Religiosidad popular en verso. Últimas manifestaciones o manifestaciones perdidas en España e Hispanoamérica. Como su figura intelectual se agiganta en cada trabajo, poco puedo decir de Trapero que ya no haya dicho, y simplemente como curiosidad acompaño algunos pasajes salteados de aquella presentación verseada de 2002, que sigue sirviendo para mostrar en perspectiva a uno de nuestros grandes intelectuales:


...Pero entre todos los vivos,
desde el Paraná hasta el Duero,
desde la isla de Cuba
hasta la isla de El Hierro,
me permito mencionar
a Maximiano Trapero
como vara de medir
la voz popular del verso,
el cantar improvisado,
el peso del romancero...

...Es porque si hablo de romances,
tengo que hablar de Trapero.
Maximiano es un canario
que más que nadie es herreño,
aunque viera luz primera
en la Ribera del Duero,
denominación de origen
de un catador muy experto
de vino, amistad y cepas,
de palabras y consejos.
Trapero lo es por su padre,
y por su madre Trapero,
no es una casualidad
que rime con romancero.
Trapero tiene figura
de jefe de un regimiento,
firme, cabal y elegante,
un escuchador honesto
que cuando habla define
porque acumula argumentos.
No lo nombro general
porque no tiene el aspecto:
los generales son calvos
y tienen brillo grasiento
y en los bailes de salón
no se mueven de su asiento;
el general literario,
el que imagino en mis cuentos,
conspira con las marquesas
gordas, con poco resuello
por las perlas del collar
con tres vueltas en el cuello.
En cambio los coroneles
son bailarines apuestos,
que no conspiran con nadie,
y cuando tienen resuelto
el protocolo del vals
vuelven a su regimiento.
Maximiano es coronel
y yo le niego el ascenso
a general gordo y calvo,
político y marrullero...


...Cuando hablo de Trapero
No me encadila el afecto.
Es verdad que soy su amigo,
somos cómplices añejos,
aliados en la palabra
que no se ocultan defectos,
porque es gran deslealtad
engañar al compañero...

...Si lo proclamo, repito,
es eso lo que yo pienso,
aunque a nadie ha de extrañar
si ya conoce a Trapero,
su trabajo y su rigor,
su eterno vagabundeo
por legajos y caminos,
rastreando vericuetos,
romances y romancillos,
décimas o cualquier verso
que naciera en culta pluma
y ya pertenezca el pueblo...
***

Y Remacho con cuatro versos de ahora, que son la constatación de lo que él mismo dijo en la presentación del libro el pasado día 20 de octubre en el salón de actos de la Casa de Colón:

Y aunque Maxi nació lejos,
es isleño y de los buenos;
no es canario por la cuna,
lo es por conocimiento.


Entre la reconciliación y la venganza tiene que mediar la justicia. No hay otro camino serio. En España vivimos una Transición en la que se pasó página demasiado rápido, y de alguna forma buena parte del régimen anterior se prolongó en el poder y nadie se sentó en el banquillo de los acusados de la historia. Dicen que el momento no permitía otra cosa, y que Estados Unidos orquestó la puesta en escena, zzvenganz.JPGcon el inefable Henry Kissinger al timón de la Secretaría de Estado. Luego, cuando en 1977 ocupó la Casa Blanca Jimmy Carter, tenido por blando y conciliador, el camino estaba trazado y ya se sabe que el imperio es una maquinaria que funciona en una sola dirección: su propia conveniencia. Ahora se habla de memoria histórica, y eso es lo justo, pero cuando las cosas se hacen mal y tarde (hacerlas tarde ya es en sí un defecto) originan reacciones no deseadas. Lo hemos visto en estos días con la resaca de la Conferencia Internacional de Paz de Ayete y con algunas declaraciones sobre el anuncio de ETA, y continuamente con las referencias a una justicia que no se aplicó en su momento a los crímenes del franquismo. La más reciente es la hace unos días protagonizó el cantante Nacho Vegas en Gijón, durante el homenaje a Leonard Cohen. Desde el escenario, Vegas le recordó a Cohen -gran admirador de la poesía de García Lorca- que, en estos días de festejos con motivo de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, tal vez tenga que estrechar la mano de alguno que asesinó al poeta granadino (en sentido figurado, supongo). Es como si viviéramos un tiempo en el que la cicatriz endeble de una reconciliación forzada se rompiera por su parte más débil, el humano deseo de venganza. Y eso sucede porque en su momento no se aplicó la medicina que siempre pone las cosas en su sitio: la justicia. Tomemos nota para no cometer ahora el mismo error.


Desde el arte rupestre, la imagen ha sido y es una parte fundamental de la comunicación humana, que se ha multiplicado en las últimas décadas por el impacto que tienen los medios de comunicación audiovisuales y los novísimos de la sociedad de la información. Desde que John Kennedy ganó el debate electoral televisado a Nixon y con ello el pasaporte a la Casa Blanca, los políticos son esclavos de la imagen que dan en los medios; zzshakiraaa.jpghoy sería muy difícil que hubiese un primer ministro con aspecto de bodeguero como Churchill o un presidente en silla de ruedas como Roesevelt. La imagen vende y llena urnas, y es lógico que cuando se busca el apoyo de mucha gente se trabaje con la imagen. Otra cosa es que tener buena imagen confiera la ciencia infusa a una persona, puesto que se puede ser muy bueno en una disciplina o haber hecho algo notable o heroico, y eso serviría como estímulo para los demás, pero no convierte a la persona en especialista en una materia que no es la suya. Hemos visto casos claros con el profesor Neyra y con Juan José Cortés, que en determinado momento se comportaron de modo ejemplar y eso los llevó a que les concedieran cargos y asesorías en materias complejas que no eran su campo. Ahora pasa con Shakira, a quien el presidente Obama ha nombrado asesora educativa con juramento de cargo y todo. Shakira es una gran artista, eso está claro, y tiene tirón mediático, pero estamos hablando de una materia específica muy compleja, y aunque la cantante creó la fundación Pies Descalzos para luchar contra la pobreza y el analfabetismo en América Latina (lo cual es un gran mérito y la aplaudo por ello), no es especialista en Pedagogía, Sociología o cualquier otra materia en el campo de la educación. Da imagen de buena gente y seguramente le vendrá muy bien a Obama para ganar el voto hispano, pero ¿puede aportar algo técnico? Y es que hoy vende más una buena fotografía que años de preparación. ¿Pero vale eso realmente?