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Novedades en la categoría Cultura


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Ha fallecido a los 103 años la maestra valenciana Alejandra Soler, que es la

historia de España y de Europa durante todo un siglo. Maestra de la II

República, fue de las que cogió el testigo de la instrucción pública y la cultura

para el pueblo, enarbolado por Giner de los Ríos, Galdós, María Zambrano,

Costa, Lorca, Casona y los miles maestros y maestras asesinados y

represaliados. Luchó siempre, se exilió y fue en Leningrado maestra de los niños

españoles llevados a Rusia, volvió, siguió en la brecha y con 98 años salió a la

calle para oponerse a la Ley Wert porque trataba de destruir lo ya conseguido.

Alejandra Soler, doña Alejandra, trató hasta su último suspiro de que nos

alejásemos del oscuro y triste pasado al que la incombustible reacción española

trata de hacernos regresar. Hoy es un día triste pero también esperanzado

porque su ejemplo tiene que hacernos seguir usando la educación y la cultura

como instrumentos imprescindibles para la justicia y la tolerancia y contra la

intransigencia y los fanatismos. Descanse en paz, señora maestra y gracias.

Este texto lo publiqué hace 8 años, y como todo lo permanente, sigue valiendo hoy:


Fotos prueba tr5.JPG"En mi casa hay una guitarra que no es mía, aunque la considero mi guitarra. Fue un regalo que hice un 14 de febrero, y mira por donde, al final he sido yo quien más ha disfrutado de su compañía. Y es que siempre he visto en esa guitarra una metáfora del amor, algo que regalas y que finalmente te vuelve en razón del ciento por uno.

Sobre el amor han escrito mucho y han cantado más, pero yo creo que no hay poema de amor más hermoso que el simple sonido que sale de una guitarra que amas y que pulsas con todo lo mucho o lo poco que sabes. Esas notas sublimes o torpes son una respuesta a tus caricias. Eso lo sabían Alfredo Zitarrosa, Jimmy Hendrix, Atahualpa Yupanqui o Paco de Lucía. Y es que las guitarras son un misterio, y no porque tengan forma de mujer, sino porque son bellas, y la belleza siempre es misteriosa.

Creo que hoy tocaré un poquito, para terror de mis vecinos, pero luego dejaré descansar a Valentina, porque esa especial caja de madera es como un permanente camino de ida y vuelta, un abrazo en un perpetuo día de San Valentín. Por cierto, ahora me doy cuenta de que es el cumpleaños de la guitarra. Cumple, mmmmmm... Cumple, ella siempre cumple".


El uso de las citas es tan viejo como la historia de la cultura, pues unos autores se apoyan en otros con autoridad reconocida para dar mayor fuerza a un argumento. El abuso de ellas suena como si lo que queremos decir fuese más creíble si lo calzamos con palabras de Virgilio, Churchill o incluso el refranero. Un texto, una conferencia o una respuesta en cualquier ámbito suelen adquirir mayor fuerza, aunque en el fondo solo se repite el argumento con otras palabras. Por ello, las citas son un peligro si no se administran bien, y lo que en principio haría que brillara la idea que apuntala puede convertirlo en una exhibición de pedantería inútil. Y eso, contando con que la cita sea la adecuada, pues esta debe ajustarse como un guante a lo que se pretende decir.

rr56tg5tt.JPGSi siempre fue así, últimamente hay una invasión de citas, incluso en contextos en los que antes escaseaban: publicidad, programas de radio y televisión, redes sociales... Hay que pensar que las citas no poseen un valor inequívoco; sugieren la forma de pensar de alguien sobre un asunto, pero solo la suya, que a veces ni lo es porque aunque haya salido de su pluma pertenece a un personaje de ficción. Lo que dicen don Quijote, Madame Bovary o Poirot no tiene por qué coincidir exactamente con el pensamiento de Cervantes, Flaubert o Agatha Christie. Y a menudo ocurre que se atribuyen palabras a quienes ni siquiera las pensaron; es el valor de la marca, pues se le suele dar mayor audiencia a unas palabras supuestamente dichas por alguien célebre; en citas apócrifas, Oscar Wilde, Einstein y Virginia Wolf se llevan la palma.

Ahora las citas circulan por las redes sociales, a veces sin venir a cuento. Hay miles de memes con autoría (a saber si verdadera o falsa) o sin ella, que se supone atribuible a quienes los hicieron, que pueden estar aquí, en Valparaíso o en Sebastopol, y que corren como la pólvora. Por su parte, el refranero es muy poco fiable, porque la muy alabada sabiduría popular es muy acomodaticia, suele decir una cosa y su contraria ("La cara es el espejo del alma" / "Las apariencias engañan", o bien, "Un duque mal vestido, en poco será tenido" / "El hábito no hace al monje").

No se pone en entredicho el talento y la grandeza de grandes hombres y mujeres que han dejado huella, pero hay que tomar sus palabras como pistas aplicables a cada uno de nosotros, no son verdades cósmicas e inmutables. Fueron y son enormes, algunos gigantescos, pero finalmente humanos, con sus miedos, sus dudas y sus certezas personales. Las citas, como los poemas o las películas, tienen por lo tanto la lectura que cada cual le da según su propia historia, no hay que tomarlas al pie de la letra, y menos si no tenemos constancia cierta de quién las dijo y en qué contexto.


Cuando yo era un muchacho, casi todos los pilares de cualquier clase que se tenían como referencia obligada ya eran historia cerrada de una manera y sería así para siempre. Einstein, Gardel, Gary Cooper, Isadora Duncan, Capa, Juan Ramón Jiménez, Virginia Wolf, Orwell, Albert Camus... Quienes habían inventado el siglo XX llevaban décadas muertos o les había entrado urgencia en morirse antes de que uno fuese consciente de su grandeza. Tengo remota memoria del revuelo que hubo cuando murieron Marylin Monroe, John Kennedy o Luther King, y creo que guardé un Foto0330.JPGrecorte de periódico del entierro de Azorín, porque lo estudiaba en el bachillerato y decía con letras grandes que era el último superviviente de la Generación del 98. En la década de los 70 desaparecieron Picasso, Neruda y Stravinski, y de aquellas generaciones que cimentaron una nueva manera de ver el mundo aguantaron un poco más Borges, Greta Garbo y Alberti. Pero también les dio por morirse, como a las estrellas del rock que a finales de los 60 y primeros 70 parece que firmaron el pacto de morir a los 27 años: Jim Morrison, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, y como John Lennon no quiso morirse un pirado le pegó un tiro. Pero surgieron movimientos, voces, ideas y talento para las nuevas generaciones, y siguieron brotando durante años: David Bowie, Michael Jackson, Prince, Georges Michel, Amy Winehouse... También se han ido muriendo como en cadena, cada vez con un intervalo más corto, y se han llevado con ellos o echado por delante a Yuri Gagarin, Harper Lee, Christopher Reeves (Supermán), John Glenn, Ray Bradbury, Boby Fisher y Leonard Cohen y un listado de iconos insustituibles. Todos los referentes liquidados. Es como una broma infinita ideada por el novelista David Foster Wallace, que también cerró su carpeta en 2008. Suele decirse con frecuencia y sin muchos argumentos que está clausurándose una época, pero esta vez es verdad, el siglo XX está echando el cierre pues nos dejaron hasta los que conspiraron para inventar otro siglo XXI (Reagan, Thatcher y Wojtyla). ¡Es que se han muerto Paul Newman y Lauren Bacall, algo inimaginable! Hombre, por Dios, si hasta Alfredo Di Stéfano ya no está aquí. Solo nos queda encomendarnos a Bob Dylan, Madonna y Serrat, porque de los que fundaron el siglo ya solo quedan Kirk Douglas y Olivia de Haviland, Espartaco y Melania nos asistan.


La cosecha literaria de este año ha sido excelente, y los libros se agolpan en mi escritorio. Se supone que en estos días tendría que hacer un post navideño, a favor o en contra, pero este año quiero llegar al día 24 de diciembre con dos libros que ya llevan unos meses pidiendo mi atención, y que son completamente distintos, pero tienen en común que están escritos por dos mujeres, también muy diferentes, que a su vez comparten esa generosidad que las hace mirar siempre al otro. Me refiero a Elizabeth López Caballero y a Elsa López.

20161223_134322.jpgElizabeth es joven, inquieta y subida continuamente al tobogán de la preocupación por los demás, especialmente los niños. Su libro se llama La niña de la Luna, y es una historia pensada para los más pequeños, aunque también resulta delicioso para los mayores, un relato que denuncia un asunto que últimamente nos preocupa, aunque lamentablemente siempre ha existido: el acoso escolar. Una niña se evade de la dura realidad que vive cada día en su clase subiéndose al tren de la fantasía, imaginando viajes espaciales y haciéndose amiga de astronautas de ensueño. Es un hermoso relato que tiene sus momentos de dureza, pero que siempre se levanta porque la imaginación de la protagonista -y de la autora- busca soluciones más allá del mundo real. Finalmente (y no hago spoiler), la imaginación puede con la crueldad. Este es un libro que debiera ser leído y comentado en la aulas, porque la empatía también ha de ser formada, y nadie tiene que ser víctima de los complejos de los demás.

El otro libro es Viaje a la nada, de Elsa López. No voy a entrar en la calidad literaria de Elsa; para mí, más que una escritora consagrada es una poeta sagrada. Cada una de sus palabras destilan humanidad, sabiduría y belleza. Habla de la vida cuando parece que comenta un viaje a los confines helados del planeta. Y llega a la verdadera esencia de todo lo que existe, la nada. El universo es un camino hacia su propia destrucción, y nosotros somos parte de él. "La nada es solo aire muerto", escribe Elsa López, en una especie de oxímoron físico, aire sin oxígeno, nada. Es una lectura que pone al ser humano en su sitio, que no es otro que el del viajero hacia un lugar casi imaginado y al que nunca llega. Pero no es un libro pesimista, porque en esa ruta encontramos la vida, con lo que, aunque no se diga de una forma explícita, invita a afrontar cada recodo del camino. La alegría y también el dolor, que es lo que nos hace humanos.

Habrá muchas, buenas y hermosas maneras de llegar a un 24 de diciembre, y creo una de ellas es acercarse a dos escritoras que se enfrentan a lo más duro de la vida y abren puertas a la ilusión. No son mala compañía la fantasía y la poesía en estado puro.


Lazarrro 2.JPGLas dos obras anteriores de Carlos Lázaro Roldán denotaban que al poeta nada le es ajeno. En este su tercer libro, País de Lux, le hiere todo lo que pueda llevar el adjetivo "humano". Tal vez podría decirse lo mismo sin mentir de todo poeta, pero en este caso la escritura es como un GPS que detecta todo lo bueno y lo malo que hay a su alrededor. Es asombrosa la capacidad para despertar su poesía que tienen los detalles aparentemente más nimios, que se incrustan en los grandes asuntos que siempre son la muerte y el amor, pero el amor expandido más allá del exclusivamente erótico.

Viendo la disparidad de objetos, asuntos, sensaciones y sentimientos que lo atrapan, uno llega a la conclusión inevitable de que es la vida en toda su dimensión la que sorprende cada instante al poeta. Podría deducirse que ese interés por la vida procede inexcusablemente de su dilatado ejercicio de la Medicina, pero eso sería quedarse cortos, porque la vida está fuera del alcance de un fonendoscopio. Vibran quienes buscan una rendija para huir de algo o alguien, a veces de sí mismos, quienes sienten la terrible indefensión de la intemperie, quienes durmiendo bajo techo sienten que incluso en el cobijo puede estar la soledad. Corren por sus versos los fugitivos de la alegría y los que la inventan para sobrevivir. Es un radar que detecta fisuras cuando todo parece compacto y donde aparecen fortalezas cuando se supone que ya está encima la derrota. Es ese matiz difuso que nos alerta cuando estamos tranquilos, y por el contrario esa voz que nos reprocha lamentos gratuitos cuando en realidad no hay razones importantes para la queja. Lazarrro 1.JPGEl ser humano es inconformista y quejumbroso y al mismo tiempo es prepotente y ufano, casi siempre cuando no debe. País de Lux es como una máquina de la verdad, que trata de desmontar las carencias de nuestra sociedad y a la vez propone realidades objetivas para tratar de buscar el equilibrio en lo pequeño.

Cuando se termina de leer este libro se siente como que nos han descubierto cuando hacemos continuas trampas en el solitario. Porque vivimos en una contradicción difícil de explicar y más difícil todavía de asumir: estamos solos, somos seres individuales y hay fronteras que nadie puede traspasar, y esto sucede en una sociedad en la que la relación entre todos es imprescindible. No podemos sobrevivir aislados, y tampoco podemos avanzar sin mirar hacia adentro. El dolor, la esperanza, la ilusión, la frustración, la entrega... Es la vida que se abre camino entre lo individual y lo social, es el ser humano que se muestra poderoso y se sabe insignificante, o al revés. Ese es el escáner que hace del mundo Carlos Lázaro Roldán un informe doloroso pero esperanzado de lo que cada día roza, molesta, ilusiona o abriga al poeta. Es el País de Lux que buscamos y del que huimos, porque puede que exista.

***

NOTA: País de Lux contiene, además, doce dibujos en tinta realizados por Carlos Lázaro Roldán, autor del poemario.


La enésima reforma educativa que ahora está sobre la mesa tiene, otra vez, una gran dosis de lampedusismo; se trata por lo visto de cambiar algo para que todo siga igual. Mueve a la risa el mensaje de Mariano Rajoy, en el que pide que no haya elementos ideológicos; y lo dice cuando la Iglesia Católica está pidiendo silla en esa mesa y la presencia de una religión -la suya- en el currículum escolar. Y es que, además, que un sistema educativo esté desprovisto de ideologías viene a ser como el pan sin harina o la sopa sin agua.

20141017_115853.JPGCuando se diseña un sistema educativo se proponen unos objetivos y unos resultados, que siempre tienen que ver con la concepción de la sociedad que se pretende instruir, educar y construir. Si eso no es ideología... Y es que esa palabra tiene muy mala prensa desde disparaderos conservadores. Dan por sentado que una ley que tienda a perpetuar un sistema eterno con leves variantes es un documento técnico, pero si contiene asuntos contrarios a lo de siempre, aunque sean solo matices, entonces hay ideología, y la gente del orden de toda la vida pone el grito en el cielo y lanza su ¡vade retro! Parece una parodia que asociaciones conservadoras y hasta purpurados acusen al mismísimo Congreso de los Diputados de sectarismo y, cómo no, de que está muy ideologizado, porque entienden que su forma de pensar no contiene ideología alguna porque procede de conceptos tan arraigados como insondables. Ojalá me equivoque, pero si no hay cambios de actitud no creo que se llegue a un verdadero pacto educativo que persiga materializar los concepto de interés general que llevan casi cuarenta años escritos en La Constitución. Seguramente nos lo venderán como un gran logro, y gran parte de la población lo creerá porque hay altavoces muy convincentes, pero mientras se trabaje con cortinas de humo que lo que pretenden es eternizar las desigualdades, no avanzaremos. En un verdadero pacto, habrá que armonizar todas las pretensiones, pero, desde que tengo memoria, la ideología conservadora jamás ha cedido un milímetro. Una vez más, todo tiene un claro fondo económico. Lo de siempre.


(25 de noviembre, Día Contra la Violencia Machista)

La violencia contra las mujeres es la ruptura del binomio libertad-igualdad. Desde que los humanos se hicieron sedentarios, surgió el concepto de propiedad y quién debía heredarla. Había por lo tanto que asegurarse de quien eran los herederos. Así surgió el patriarcado, que ha sido la norma durante milenios, con escasísimas excepciones. La mujer ha estado sometida, aunque es verdad que muchas veces hubo momentos en los que pareció romperse la dinámica, como las leyes propugnadas por la emperatriz Teodora, una de las feministas que siempre hubo, y cuyas obras volvían a ser reabsorbidas por la inercia machista de la historia. En los siglos recientes ha habido muchas Teodoras, y en los últimos años el patriarcado parece que quiere de nuevo revertir los avances, y se vale para ello de impulsar la desvalorización de la mujer como ser humano al tratar de convertirla en un objeto, unas veces decorativo, otras sexual, cuando no bestia de carga.


251116.JPGNo permitamos que eso ocurra, y los hombres debemos ser los primeros en asumir ese papel igualitario y repudiar el uso de la violencia como instrumento de dominio. El número de mujeres asesinadas es una vergüenza para una sociedad que pretende ser justa. Por ese pulso que ha mantenido la mujer con la historia, tenemos que acabar con ese dañino vicio que nos empobrece.

Nombrar a esas pioneras sería imposible, y para reconocer a millones de mujeres que cada día y durante siglos no han perdido la esperanza de la justicia, recuerdo hoy a dos, grandes en su tiempo y en todos los tiempos. Violeta Parra, la mujer insobornable en sus convicciones, entona en 1957 unas décimas de despedida en su último viaje a otra mujer luminosa, Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, que firmaba sus libros con el seudónimo de Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura en 1945. Violeta Parra, esa mujer de nombre vegetal, recuerda la entrega de Gabriela Mistral a la causa de la igualdad y la justicia:

Hoy en día llora Chile

por una causa penosa.

Dios ha llamado a la diosa

a su mansión tan sublime.

De sur a norte se gime

se encienden todas las velas

para alumbrarle a Gabriela

la sombra que hoy es su mundo,

con sentimiento profundo

yo le rezo a mi vihuela.

***

Presidenta y bienhechora

de la lengua castellana,

la mujer americana,

se inclina la vista y llora,

por la celestial señora

que ha partido de este suelo,

yo le ofrezco sin recelo,

en mi canto a lo divino,

que un ave de dulce trino,

la acompañe al alto cielo.



En 1873, Amadeo de Saboya devolvió la corona que había ceñido dos años. En España se dan situaciones muy pintorescas, ya que a este rey fueron a buscarlo y lo coronaron unas cortes republicanas emanadas de la revolución de 1868 que derrocó a Isabel II e instauró la I República. Al irse, Amadeo envió una carta a Las Cortes en la que venía a decir que los males de España son las inacabables rencillas entre españoles. En 1912, Antonio Machado publicó en su libro Campos de Castilla un poema que acaba con estos versos romanceados: "Españolito que vienes / al mundo te guarde Dios./ Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón". Se quedó corto el poeta, porque te hielan el corazón las dos, que a su vez se multiplican enfrentadas como las cabezas de la hidra mitológica. gIMG_3583-1.JPGY así es España, una y otra vez, porque, cuando se estableció la mencionada I República, no hubo forma de ponerse de acuerdo en si federalista o unionista, y encima había disparidad de criterios en la distribución territorial, en las atribuciones de cada estamento... En casi todo, y el colmo es que el color malva de la bandera pretendía ser el rojo carmesí de Castilla, como unificadora, pero un mal tinte o una imprenta defectuosa lo convirtió en malva, y así lo dejaron para más adelante. Muy español.

Por si hubiera poco pifostio, en octubre de 2016 España vuelve a sus esencias, buscando camorra porque así lo manda su ADN. Ahora es el Tribunal Constitucional el que abre otra escotilla declarando inconstitucional la ley catalana de 2010 que prohíbe las corridas de toros. Claro, uno se pregunta enseguida por qué se anula la ley catalana y no la canaria de 1991 que tiene las mismas consecuencias. La respuesta es técnica, y por lo que se ve, por una vez los canarios hemos sido más avispados, porque la lidia de toros está reconocida legalmente como patrimonio cultural de España y es por lo tanto competencia del estado central. Ninguna comunidad autónoma puede prohibirla, y lo que hizo Canarias fue proscribir "la utilización de animales en peleas, fiestas, espectáculos y otras actividades que conlleven el maltrato, la crueldad o el suplicio de estos". Es decir, la consecuencia es que no es posible realizar corridas de toros, pero no se veta expresamente, porque hacerlo anularía la ley por inconstitucionalidad. Ya dice el refrán que el que hizo la ley hizo la trampa.

El caso es que, de una manera o de otra, siempre hay alguien, con mucha, poca o ninguna razón, que está levantando liebres, abriendo debates interminables e inútiles y crispando por cualquier motivo real o inventado como las mangas de la camiseta de Piqué. Da igual que el tema sea financiero, deportivo, artístico, gastronómico o de cualquiera otra índole; siempre acaba convirtiéndose en un asunto político. Al final, por desgracia, el rey Amadeo y Antonio Machado siguen teniendo razón. Y, la verdad, es agotador.


Pedro Lezcano es un nombre de nuestra literatura mil veces repetido, con todo merecimiento porque es un referente literario del siglo XX en Canarias, pero no reconocido en todas sus dimensiones. Tiene una etiqueta, la de poeta -que lo es- y creo que toca ensanchar el campo visual sobre su obra literaria. Pero Lezcano es, en efecto, un gran poeta, pero su creatividad tiene muchas caras, dentro y fuera de la literatura. Una de ellas es el teatro, en el que fue actor, director y motor de un grupo de entusiastas aficionados que se lanzaron en los años cincuenta a hacer teatro con vocación profesional, para llenar el vacío que había en los escenarios isleños.

Ruleta.JPGTambién fue autor. No se prodigó mucho en esta faceta, pero sí que escribió trabajos muy interesantes. Las generaciones más jóvenes pudieron verlo en todo su esplendor cuando interpretaba (que no recitaba) La maleta, pieza que él concibió como un monólogo. En ese momento, Pedro Lezcano era autor, intérprete y director de sí mismo, y quienes lo vieron aunque solo fuese una vez recitar este monólogo no necesitan mirar un vídeo para volver a verlo y escucharlo con ese dominio tan certero que tenía de su voz en un escenario. Ya lo tenemos grabado a fuego.

Por ello es motivo de alegría que el Cabildo de Gran Canaria se haya puesto manos a la obra para mostrarnos ese Pedro Lezcano menos conocido pero no menos importante. En unos meses saldrán sus textos en prosa -gran narrador, por cierto-, y ahora mismo se ha publicado La ruleta del sur, el texto de la obra teatral, acompañado de un trabajo magnífico del profesor Felipe García Landín, gran conocedor de la persona y la obra de Lezcano. Esta edición no podía haber caído en mejores manos, porque García Landín rescata cada matiz, cada momento, y señala una ruta de lectura magistral. La ruleta del sur tiene un planteamiento muy original del amor y el dolor, es teatro arriesgado en todas las acepciones de la palabra, como argumento dramático y por el peligro que suponía en la dictadura escribir sobre temas sociales.


Ruleta1.JPGParece una juego de muñecas rusas criticar la labor del crítico, por eso evito entrar en detalles, pero aconsejo este libro, tanto por la vuelta a las librerías de esta obra escénica de Pedro Lezcano como por el delicado trabajo realizado por el profesor García Landín, que también prepara la próxima edición de la obra narrativa de Lezcano. Y es que debe conocerse de forma general que hay otro gran Pedro Lezcano fuera de sus versos, que no de su poesía, porque él nunca podía separarse de ella ni cuando escribía manuales para aprender a jugar a ajedrez (otra de sus vertientes).

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