Como en los carteles de los dibujos animados de Bugs Bunny, hay temporada de conejos y temporada de patos. No sé con cuál de las dos asimilar estos dos meses vertiginosos en los que se raparten premios cinematográficos a mansalva: Globos de Oro, Goya, Oscar, Bafta, César, David... En realidad tampoco es que haya tantos premiados, porque casi siempre los galardones se concentran en unas pocas películas, actrices, directores... Unas veces por calidad incontestable y otras por inercia, moda o lo que sea. El caso es que la rueda ha empezado ya con los Globos de Oro, y resulta curioso ver cómo se discute sobre candidaturas y la mayoría de las veces entre personas que no han visto las películas o las actuaciones de las que hablan. Funcionan las simpatías y antipatías, porque escuché decir hace unos días que Meryl Streep no debería ganar premios por su papel de Margaret Teatcher porque el personaje real no era del gusto de quien hablaba. No me extraña que por eso actores y actrices especializados en papeles de personajes antipáticos fuesen poco premiados (Peter Lorre, Ethel Barrymore, Lino Ventura, Klaus Kinski...), y curiosamente también pasaba con los que caían muy simpáticos (Paul Newman, Cary Grant, Marylin Monroe...) Con esos criterios me imagino que también votan muchos de los componentes de las academias que finalmente otorgan los trofeos. De manera, que esto de los galardones del cine no es más que una plataforma publicitaria, que a menudo poco tiene que ver con la calidad artística y prima casi siempre la fuerza de la industria. Pero eso también es cine.
Novedades en la categoría Cine
He visto en Youtube una entrada que pone simultáneamente una secuencia de las películas Insidious, del director James Wan, malayo-australiano aclimatado y posicionado en Hollywood, y otra de NO-DO, del canario Elio Quiroga. Parecen rodadas con el mismo guión, pues la situación y el desarrollo se puede superponer al segundo. Además, el argumento es muy similar, pues va sobre casas encantadas y todo ese mundo terrorífico en el que también las protagonistas son mujeres de reciente maternidad y obsesionadas por su pasado reciente. La cosa es que la película de nuestro paisano es de 2009 y la de James Wan es posterior. ¿Hay plagio? Si lo hay, está claro de quién es pues no es posible plagiar el futuro, aunque con tanta ciencia ficción uno ya no sabe qué creer. El caso es que una película excelente como la de Elio Quiroga no cuenta con la maquinaria publicitaria de Hollywood, donde por lo visto andan escasos de creatividad y tienen que visionar películas que no sean de grandes estudios para luego fusilarlas. Sé que en música es plagio a partir de un número determinado de compases, pero no sé en cine cuáles son las normas. El caso es que las películas se parecen mucho y algunas secuencias son calcadas. Juzguen ustedes.
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Como a veces da la lata el enlace y no entra desde el blog, les dejo la dirección de Internet: http://www.youtube.com/watch?v=gNT4P8TrYuw.
España envía a competir por el Óscar a la película Pa negre, que arrasó en los Goya y propició el Premio Nacional de Cinematografía a su director, Agustí Villaronga. Entrar al trapo de que está hablada en catalán es algo que no voy a hacer, puesto que la Constitución española dice muy claro que en España hay cuatro lenguas, una de ellas el catalán, y si así no fuera, o la película estuviese hablada en bable, seguiría siendo española y no hay que olvidar que opta al premio de película de habla no inglesa (que incluso puede ser norteamericana, como Cartas desde Iwo Jima, que estaba hablada en japonés). Desde ese punto de vista, no estoy desde luego con quienes están haciendo del asunto una bandera contra el uso de las lenguas de estado Español.
En esto del Óscar los académicos de Hollywood son muy especiales y tienen costumbres que repiten, como otorgar premios a quienes interpretan a lisiados, disminuidos o deformes, o a caracterizaciones de personajes reales en films biográficos. En Estados Unidos y en Europa, la guerra civil española es casi una leyenda, similar a la Revolución Mexicana y por encima de la II Guerra Mundial en cuanto a la mitología del conflicto. Gustan mucho películas sobre la guerra, y hay una filmografía no española muy importante, realizada por mucha gente, desde el escritor y cineasta francés André Malraux (Espoir. Sierra de Teruel) y el más reciente británico Ken Loach (Tierra y libertad), hasta cintas norteamericanas ya legendarias como ¿Por quién doblan las campanas?, con Gary Cooper e Ingrid Bergman que sí se llévó el Óscar a la mejor actriz, Agente confidencial, con Charles Boyer y Lauren Bacall, y muchísimas más en las que intervienen actores y actrices del renombre de Dirk Bogarde, Ava Gardner, Henry Fonda, Claudette Colbert, Ray Milland... Billy Wilder escribió un guión para otra cinta, y la lista es interminable hasta nuestros días, que hemos podido ver Juegos de Mujer con Charlize Theron y Penélope Cruz. La guerra civil española es aludida muchas veces aunque no aparezca en pantalla en películas como Casablanca o Las nieves del Kilimanjaro. Es decir, a los norteamericanos, incluso a los de ahora, les gustan las películas sobre aquella guerra horrible que el cine y la literatura están convirtiendo en romántica (qué cosas).
Pero, ¡ay!, La posguerra gris, triste, miserable y torturada no les atrae. Y mira que se han hecho buenísimas películas reflejando ese mucho opresivo, cenizo y tremendo. Algunas, como ahora Pa negre, intentaron el Óscar, pero ninguna lo alcanzó. No les gustan. Eso sí, les encantan el regreso de los exiliados y los días de la II República, y tal vez por eso se trajeron la estatuilla Volver a empezar y Belle époque. Ojalá Pa negre también se la traiga, y más de una si es posible, pero sería la primera vez que el reflejo de la posguerra española es premiado en Hollywood. Nunca es tarde. Suerte.
Acaba de estrenarse en el Festival de Venecia la película con ese título, que está producida, escrita, dirigida e interpretada por Georges Cloony. Decía hace 25 años John Huston en sus memorias" "Solo ha habido tres grandes actores que sean a la vez grandes directores: Charles Chaplin, Orson Welles y Paul Newman. Solo ha habido tres grandes directores que sean a la vez grandes actores: Charles Chaplin, Orson Welles y Paul Newman".
Creo que a Huston se le quedó atrás Charles Laughton, magnífico actor que dirigió una sola película, La noche del cazador, y que es una obra maestra. Es verdad que ha habido y hay grandes actores y actrices que han cruzado la línea pero nunca alcanzaron en la dirección la excelencia de sus actuaciones: Jodie Foster, Robert de Niro y un largo etcétera, pues los actores siempre tienen la tentación de dirigir, y en España lo ha hecho hasta Ana Belén. Muchos querrían meter en la lista de Huston a un maestro posterior de la dirección, Clint Eastwod, pero en mi opinión es grande dirigiendo pero no entra en la nómina de grandes actores. Otros, como John Wayne, Kevin Kostner o Mel Gibson no entran en ninguna de las dos listas, también en mi opinión. Capítulo aparte merecerían autores-actores como Woody Allen y hasta Vittorio de Sica, buen actor de comedias italianas y autor de algunas excelente películas como director, pero ninguno de los dos es Chaplin-Welles-Newman como actor. Al revés que Marlon Brando, que es un actor inconmensurable pero que patinó cuando estuvo detrás de las cámaras. Muchos directores han actuado de manera discreta, como Polanski, Truffaut, Sidney Pollak o el propio Huston. Y, la verdad, no sé dónde meter a Laurence Olivier o Kenneth Branagh. En esas lista, yo pondría al español Fernando Fernán Gómez, y al parecer va a haber que apuntar a Georges Cloony, cuyas dotes como actor están más que demostradas y que ya nos dio un excelente aperitivo con la dirección de Buenas noches, buena suerte. Dicen los críticos que esta nueva película, Los idus de marzo, va a marcar el año de cine. Ojalá, porque el chico me cae bien, y no digamos a mis amigas.
En el mundo de los actores, lo que prima es la belleza y la juventud, y así vemos actores de edad más que madura haciendo de galanes como si la juventud se les prolongara hasta hacerla creíble al espectador. Bogart, Gable y sobre todos el inefable Cary Grant lograron prolongar su juventud en el cine hasta casi el final, como le ocurre ahora a Michael Douglas y a algunos más. Esta sería una categoría, la de los galanes eternos. Luego están los que han ido haciendo haciendo papeles acorde con su edad, que son la mayoría (Newman, Mastroianni, Nicholson, Estwood, Peter O'Toole, Pacino, Brando, Omar Sharif...)
Ese contrase es muy curioso en dos actores como James Stewart y Cary Grant, porque en los años treinta participaron juntos en Historias de Filadelfia haciendo de jóvenes (ambos lo eran), y en los cincuenta y sesenta Stewart iba con su edad en Vértigo o El hombre que mató a Liberty Valance, mientras que Cary Grant seguía siendo el impenitente seductor de jovencitas en Atrapa un ladrón o Charada, y eso que Grant era cuatro años mayor que Stewart. Luego están los casos más curiosos, y son los actores que siempre fueron viejos en la pantalla, y la pregunta que siempre me hago es si Walter Brennan o los castizos José Isbert y Paco Martínez Soria nunca fueron jóvenes. Eso podría explicarse porque empezaron mayores en el cine (o no, no lo sé), como sucede también con Morgan Freeman al que hace treinta años que vemos haciendo de hombre muy mayor.
Pero sin duda el caso más curioso es el del actor sueco Max Von Sydow, al que siempre hemos visto haciendo de viejo, pues ya lo parecía hace más de cincuenta años en toda la ristra de películas que hizo con Bergman, y cuando hizo El séptimo sello no había cumplido treinta años. Y siempre fue el viejo y venerable cura de El exorcista o un malvado más de la serie James Bond. Es justo el caso contrario a Cary Grant y a tantos galanes que se niegan a envejecer en la pantalla. Y si lo miras bien, Max Von Sydow no tiene cara de viejo, ni es un feo oficial como Anthony Quinn (en Lawrence de Arabia o Zorba, el griego era sólo un cuarentón y aparecía mucho mayor); al contrario, Von Sydow es un sueco alto, rubio y elegante, por eso su caso es tan raro. Tampoco es el caso de Orson Wells, que en muchas de sus películas asumía papeles de viejo y se maquillaba para ello. Albert Einstein dijo que la razón de que exista el tiempo es para que todo no suceda a la vez, pero en el caso de Von Sydow se le paró con cincuenta años de adelanto.
Con la muerte de Sidney Lumet (1924-2011) desaparece un director de la vieja escuela, un artesano que a menudo fue más allá y trabajó algunos guiones de sus películas, aunque casi siempre a cuatro manos, porque solía basar sus títulos en novelas
y obras de teatro y tenía la costumbre de hacerse acompañar por otras plumas, a ser posible los autores de las obras originales, como ocurrió con la inolvidable Doce hombres sin piedad, del dramaturgo Reginald Rose. Si esta película se recuerda por la interpretación de Henry Fonda, otras son recordadas lo mismo: Serpico por Al Pacino, Veredicto final por Paul Newman, Equus por Richard Burton y así una larga lista de películas inolvidables en las que el talento de Lumet se escondía para dar protagonismo a los actores y a la historia. Pero estas obras son lo que son por Lumet. Si miramos el listado de sus obras, nos encontraremos con títulos que ya son clásicos, por lo que tuvieron que darle el Oscar Honorífico después de habérselo negado varias veces cuando estuvo nominado. Cuando vayan al mueble de clásicos del videoclub, pueden coger cualquier película que lleve la firma de Lumet; será buena: El prestamista, Panorama desde el puente, Llamada para el muerto, Tarde de perros, Network, A la mañana siguiente...
Se ha dicho que la trayectoria de Liz Taylor como actriz, estrella y referente del cine abarca seis décadas, récord sólo igualado Katharine Hepburn. Yo creo que no, que si bien Liz empezó siendo muy niña, su presencia en las pantallas de estreno se apagó al filo de 1980, aunque luego hizo algo de televisión, lo que viene a ser irrelevante y nada quita a su condición de icono del cine.
A James Dean le bastaron cinco películas y cuatro años para instalarse en la iconografía del séptimo arte. Liz Taylor fue una gran actriz que, además, estuvo en grandes películas, bien por casualidad o porque supo escoger. Vemos grandes actrices y actores que no alcanzan la notoriedad que merecen porque se meten en proyectos equivocados, pero ella casi siempre acertó, sobre todo en los años 50 y 60, sus décadas gloriosas. Hacer un listado de las grandes películas en las que participó en ese tiempo casi equivale a enumerar sus apariciones en pantalla. Tuvo también la bendición de que, siendo tan bella, siempre la consideraron una actriz, en la misma época en la que la belleza se anteponía al talento en actrices legendarias como Marilyn Monroe, Ava Gardner o Kim Novak, y la fortuna de coincidir con actores magníficos que le aguantaban el nivel: Montgomery Clitf, Paul Newman, Marlon Brando, Spencer Tracy, Richard Burton, Mickey Rooney, James Dean, Robert Taylor, Peter O'Toole... El dramaturgo Tennesse Willimas le debe mucho por sus interpretaciones en el cine y nos imaginamos a Cleopatra tan bella (no lo era) porque al evocarla vemos el rostro de Liz Taylor. En realidad, fue una gran actriz que vino al mundo para ser uno de los iconos imprescindibles del cine. Descanse en paz.
La nueva película del director canario Mateo Gil, Blackthorn, cuenta los años en Sudamérica de Butch Cassidy, famoso bandido del Far West que capitaneó una banda que asaltaba trenes y bancos junto a su amigo Sundance Kid (*). Los norteamericanos son muy dados a mitificar personajes de su historia reciente (no tienen otra) y los bandidos y pistoleros forman parte de esa lista de mitos, aunque en realidad eran unos criminales o cuando menos forajidos de trato muy violento. Han montando una especie de mitología del revólver enloquecido, que empieza con los pioneros y la fiebre del oro y llega a los años de pólvora de la Ley Seca: de Jesse James, Billy el Niño y Calamitate Jeanne, hasta Al Capone, Bonny y Clyde; y en el lado de la ley, Wyatt Earp, Bat Masterson y Elliot Ness. Y a dos bandas, "Doc" Hollyday. Sin haber visto la película (abrirá el Festival de Cine de Las Palmas) entiendo que la propuesta de Gil es muy inteligente, porque se interna en un camino por el que el público norteamericano sigue fascinado (la muestra es la fuerza que tiene la National Rifle Association). Y me parece bien, porque si baila al son que se mueve el cine español solo se salvaría con comedias zafias. Mateo Gil ha demostrado su talento y ha tenido la ingeniosa idea (también muy arriesgada, porque el listón está muy alto) de continuar la historia allí donde la dejó George Roy Hill en Dos hombres y un destino, que nos deleitó en 1973 con el trío protagonista formado por Paul Newman (Cassidy), Robert Redford y Katherine Ross.
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(*) El Festival de cine Sundance se celebra desde 1980 en Salt Lake City (Utah), y está impulsado por Robert Redford, que dio al festival el nombre de su personaje en Dos hombres y un destino.
Impactado aún por la muerte de la actriz francesa Annie Girardot, que nos dio momentos cinematográficos inolvidables (Rocco y sus hermanos, Morir de amor...), me llega la noticia de que un grupo de intelectuales argentinos, encabezados por el Director de la Biblioteca Nacional Horacio González, quiere vetar la presencia y la palabra de Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro de Buenos Aires que se celebrará en abril. Es paradójico que quien ostenta el cargo que en su día ocupó Jorge Luis Borges encabece un movimiento que lo único que pretende es que no se oigan voces arrítmicas con el peronismo reinante. Con ese mismo baremo, Borges hoy no podría hablar en Argentina. No es de recibo que se niegue la palabra a nadie, y menos desde un sector que debiera defender a marchamartillo la libertad de expresión, pero es que, encima, no se la niegan a cualquiera, sino al único Premio Nobel vivo de nuestra lengua, que, además, es Premio Cervantes. Vargas Llosa es esencialmente un demócrata, y se puede discrepar de sus ideas, pero vetarlo tan descaradamente es una jugada política evidente, pues en Argentina están en vísperas de elecciones y los peronistas en el poder no quieren que nadie, y menos alguien con el predicamento de Vargas Llosa, vaya a colocar en la mesa un discurso diferente. Y es que cuando la literatura le hace el juego al poder mal vamos.
Para María Schneider, El último tango en París fue también su único tango, porque aquella película la marcó para bien y para mal. Para bien, porque sin un gran talento entró para siempre en la gran historia del cine; para mal, porque su papel fue tan controvertido que cuando volvió a aparecer en pantalla siempre se evocaba a aquella chica que fue manipulada hasta el disparate por un Brando colosal y que se redimió pegándole dos tiros en el corazón a su bestia negra.
Está claro que se confunde actriz con personaje, como le ha ocurrido a otras figuras, que hicieron una película y quedaron marcadas para siempre, como Sue Lyon que fue la Lolita de Stanley Kubrick y nada más. Es curioso cómo esto sucede casi siempre con mujeres que interpretan un papel con una carga erótica más allá de lo permitido; es como si la sociedad las castigase a vagar siempre por la historia del cine con su personaje-pecado a cuestas. El último tango en París fue una película que cayó como un tartazo en la cara de una sociedad que no era tan libre como se decía. María Schneider le puso rostro a una bofetada intelectual de Bertolluci y lo pagó caro. Ahora se ha muerto de un cáncer dicen que terrible, pero siempre quedará como el símbolo de la iconoclastia burguesa. En cierto modo, como artista fue afortunada.
