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Novedades en la categoría Cine


Como es bien notorio, detesto a esa gente que está todo el día con frases de cine; por eso espero que este sea el comienzo de una gran amistad. A Dios pongo por testigo que nunca más volveré a pasar hambre, porque el cartero siempre llama dos veces, pero a mí no podrán juzgarme dos veces por el mismo delito. A veces veo muertos, porque ya están aquiiiií... Donde yo estoy subido a la cima del Mundo mientras suena una campanilla porque dicen que Clarence ya tiene alas. Me uno a los que gritan !Rosebud! y como alcalde que soy le debo una explicación, aunque yo en tu lugar no lo haría, forastero, soy la ley al oeste del Pecos, y nadie puede echar el aliento sobre la Señorita Lili. Ser o no ser, Príncipe de Salinas, hacer que algo cambie para que todo siga igual, aunque vengan siete magníficos samuráis.

cinnne 1.JPGPor favor, Hal, abre la puerta. ¿Que si tengo fuego? No sabes cuánto, Flaca, estoy como agua para chocolate. Vienes a pedirme un favor el día de la boda de mi hija y te haré una oferta que no podrás rechazar. Creo, Huston, que tenemos un problema, soy un hombre, nadie es perfecto, y ahora sé que siempre nos quedará París. Ahí está el detalle. Es que me encanta el olor del napalm por la mañana, y mañana será otro día. Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros. Finalmente, soy considerado, y deseo que la fuerza te acompañe, aunque no aguanto a los agentes secretos. Por cierto, me llamo Milio, E. Milio.


julietttta.JPGLa Academia de Cine ha decidido enviar a luchar por el Oscar a la película Julieta de Pedro Almodóvar. Probablemente sea una buena decisión pues es bien conocida la simpatía que el director manchego atrae en el extranjero, especialmente en Francia y, cómo no, en Estados Unidos. También hay que reconocer que, gracias a esa capacidad de conquistar mercados exteriores, Almodóvar ha sido la vía por la que Antonio Banderas y Penélope Cruz consiguieron ser visibles en Estados Unidos.

Seguramente el cine de Almodóvar tiene muchas virtudes. En mi opinión, tiene un gran talento como director e incluyo en este apartado la dirección minuciosa que hace de sus actores y actrices. Sus películas respiran gracias a ese talento, a pesar de sus guiones y argumentos rebuscados a más no poder. Se dice que tiene un olfato artístico especial para retratar el mundo de la mujer; ahí discrepo, porque inventa una mujeres imposibles, rarísimas y muchas veces insoportables; y las castiga desde el principio al final de la película. Luego ves a la gente maravillada con la sensibilidad de Almodóvar, hasta el punto de que casi me tiran piedras cuando dije que el violento argumento de Átame me parecía una barbaridad que no deja de ser el típico síndrome de Estocolmo que acercan a la víctima y a su secuestrador, un tarado de libro, por muy bien que estuvieran Victoria Abril y Antonio Banderas. Pero les parecía una historia maravillosa, la misma que cuentan los maltratadores cuando controlan la vida de una mujer. Pues vale. También dicen que Almodóvar retrata a mujeres libres, fuertes y sanas. Vuelvo a aceptar pulpo como animal doméstico, aunque mi diccionario se rebela porque no le cuadran los significados de esos conceptos.

En resumidas cuentas, como tengo espíritu de tribu, ojalá Almodóvar gane el Oscar, pero creo que ha quedado claro que no me entusiasma su cine. Y me parece bien que le guste a otras personas, a muchas; lo que no entiendo son los razonamientos que suelen dar para que les guste. Las mujeres almodovarianas no son reivindicación de nada, y si les digo la verdad, llegaron a gustarme algunas de sus películas cuando se ceñía a la comedia. Ya en sus dramas me pierdo, y es que hasta Woody Allen a veces no es Woody Allen.


Precisamente hoy, en el que el 15-M es un mojón en el camino de la democracia, hemos sabido de la muerte de dos personalidades muy distintas, pero que pusieron su gota de agua en el océano de La Libertad, con mayúsculas. El primero, el gran pintor Pedro González, la defendió con su creatividad insumisa y un enorme talento artístico. Es una figura imprescindible en las artes plásticas del siglo XX en Canarias, que impartió magisterio plástico y humano, y cuando tuvo que bajar a la política real, lo hizo para regentar la ciudad de La Laguna, a la que ya tiene unido su nombre para siempre. Se ha ido silenciosamente, pero la noticia de su muerte ha sonado como un campanazo en toda Canarias, especialmente entre las personas que aman la libertad y admiran el talento y arte. Los medios destacan más su paso por la alcaldía lagunera que su inmensa presencia en el arte, aunque en las dos cosas no fue uno más, pues no hablamos de "un alcalde", sino de "El Alcalde" de una ciudad esencial en la Historia de Canarias.

pedrrrrolglezz.JPGEsta mañana también se ha sabido que el 1 de mayo falleció en su casa de Estepona la actriz francesa Madeleine LeBeau, que seguramente es conocida solo por gente muy cinéfila. Se da la circunstancia de que era la última persona del equipo artístico de Casablanca que aún vivía. Sobra decir el peso que tiene esta película en la historia del cine y en la memoria colectiva, es un fogonazo recurrente de la lucha por la libertad. Madeleine LeBeau es la chica que, con 19 años en 1942, guitarra en mano, encabeza el canto de La Marsellesa en una de las escenas más deslumbrantes de Casablanca. La película, sin quererlo, era su propia historia, porque ese tortuoso camino de la supervivencia vía Lisboa fue transitado por una Madeleine LeBeau casi adolescente huyendo de la Francia ocupada por los nazis. Su aparición en al papel de Ivonne es fugaz, pero le sirvió en una discreta pero solvente carrera cinematográfica, y además de la novia despechada de Bogart, sería más tarde una de las muchas mujeres que amó el personaje de Mastroianni en la película Ocho y medio de Fellini. Por lo tanto, desde hoy y para siempre serán dos iconos de la lucha por LA LIBERTAD.


Veinte años después, les cuento una experiencia... una experiencia:

morocco.JPG"En el panel de Barajas, junto al vuelo a Gran Canaria, pone Delayed y Demorado. Le digo a Tato Gonçalves que se demora el vuelo a Delayed, una ciudad de Morocco o así. Dos horas después, ya en el avión, Gonçalves vela, yo sueño con Delayed. Viene la azafata: ¿qué toma? Nada. Cierro los ojos... ¿Cena? No. Sueño otra vez, estoy en un cabaret de Delayed, viene hacia mí Marlenne Dietricht, más cerca, más... ¿toma café? Que no, que no tomo café, ni ceno, ni nada, ¿vale? Tranquilízate, me dice Tato. Nos manipulan, Gonçalves, anuncian la demora del vuelo a Delayed, y pasan de nosotros, ni nos avisan del retraso del vuelo a Gran Canaria. Lo anunciarían en hassaní, se burla Tato. Que no, Gonçalves, ellas lo habrían oído. ¿Ellas? se mosquea Tato; Déniz, ¿te tomaste la medicación para dejar de oír las voces? No, Gonçalves, porque las voces me conducirán hasta Delayed, donde me espera Marlenne. Ya, a Delayed, dice Tato, ¿y si en su lugar encuentras a Gary Cooper? Gonçalves, Gonçalves, Gonçalves..."
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(Las imágenes son de la película Morocco, del año 1930)


La muerte de la actriz italiana Silvana Pampanini el pasado Día de Reyes a los 90 años de edad ha vuelto a regurgitar la memoria de la película Tirma, rodada en Gran Canaria en el año 1954. La película, por decirlo suavemente, no forma parte de la gran historia del cine, a pesar de que hay nombres luminosos como los del italiano Mastroianni o el español Rodero, ambos principiantes, o el ya entonces consagrado actor mexicano Gustavo Rojo, hijo de la escritora canaria exiliada Mercedes Pinto. Forma parte de la memoria insular más por los avatares del rodaje y de las historias que se contaban, fueran ciertas o no, que por el nivel de la cinta, basada en una obra teatral de Juan del Río Ayala y que narra un episodio alrededor de la conquista de Gran Canaria. Silvana Pampanini encarnó a la princesa Guayarmina.

0-PICT017c0.JPGAquel rodaje y sus leyendas circundantes convirtió en mito la película, por lo que significó en la sociedad canaria de los años cincuenta, en la que se remontaba una posguerra terrible y seguía bajo una dictadura férrea y unas costumbres religiosas muy cerradas. Y para entenderlo, también tenemos que sumar la propensión de aquella década a mitificarlo todo, hasta tal punto que llegan hasta hoy los ecos de hechos y personajes que, aunque algunos tuvieron leve o gran relevancia, en otros se exageraba o se reinventaba añadiendo imaginación en unos casos y fanfarronería en otros. Pero son historias que siguen contándose con una aureola que nos cautiva, aunque no fueran más importantes que otros que sucedieron antes o después de esos diez años tremendos y a la vez mágicos.

Desde que se generalizó la narrativa en Canarias hace 40 años, no dejan de aparecer relatos en los que se remiten a los años 50 como elemento principal o como telón de fondo. Surgen una y otra vez, y si para toda persona la niñez es su patria, para quienes escriben y pasaron su infancia en aquella década esa memoria difusa se convierte en motor de muchos de sus textos. Es una curiosidad que seguramente tiene que ver con la necesitad escapista de aquella sociedad maniatada, y que engrandecía, deformaba o directamente inventaba historias con elementos imaginados. Tal vez por eso están tan fijados, porque tienen un componente de ficción a pesar de que fueron reales al menos en parte.

1-PICT017c0.JPGEnumerar y desarrollar cada uno de aquellos mitos equivaldría a crear una biblioteca no pequeña de narraciones que partieron de lo real pero que se han hecho casi inasibles y por lo tanto sugerentes. Pensemos en las historias legendarias sobre la emigración a Venezuela, la figura agigantada de Juan García El Corredera, el asesinato de Chanrai, las correrías de la Iglesia Cubana (una disparata logia parrandera tan curiosa como simpática), los sermones del Obispo Pildáin corregidos y aumentados, el rodaje de Moby Dick, las visitas de Evita o el Mariscal Montgomery o el episodio de la controvertida perra Chona, un invento de Juan Rodríguez Doreste, entonces periodista, con ilustraciones del pintor Juan Ismael, que fue una serpiente de verano para llenar periódicos y que actualmente hasta se documenta con descendientes de los dueños de una perra que nunca existió y de la que se contaba que desenterraba huesos de posibles asesinados en el baño de sangre durante y después de la guerra civil. A estos mitos locales habría que añadir la visión insular de asuntos que venían de fuera, del calibre de la apocalíptica carta de Fátima que se abriría en 1960 (se decía que anunciaba el fin del mundo), la aparición de los famosos manuscritos del Mar Muerto, el lanzamiento por parte de los rusos de la perra Laika al espacio sideral en la nave Sputnik (la llamaban Láctea en las tertulias) o la curiosa convergencia de la coronación de la reina Isabel II (Inglaterra siempre fue un mito en Canarias) coincidiendo en el tiempo por tres día con la conquista del Everest por Tenzing Norgay, un sherpa nepalí, y Edmund Hillary, inglés, cómo no.

2-PICT0c033.JPGPor lo tanto, Silvana Pampanini forma parte de aquella mitología que le adjudicaba docenas de aventuras amorosas (hubo dos caballeros del noroeste de la isla, con nombres y apellidos, que en su locura la siguieron hasta Madrid). Se ha dicho por aquí que fue una actriz de éxito efímero, pero no es cierto. Forma parte de aquella pléyade de actrices que fueron misses o damas de honor en Italia (ella fue Miss Italia en 1946), y que en Italia llamaron las "Maggioratas" (donna molto prosperosa e provocante): Sophia Loren, Silvana Mangano, Gina Lollobrigida, Lucía Bosé, Alida Vali... y, por supuesto, Silvana Pampanini. Fue conocida fuera de Italia y trabajó junto a nombres como Buster Keaton, de Sica, Mastroianni, Totó, Jean Gabin o Vittorio Gassman, y con los directores más importantes, de la talla de Zampa, Risi o Comencini. Así que, en Italia fue una estrella hasta los años setenta, y continuó trabajando en el teatro, el cine y en sus últimos años en la televisión. Seamos pues, justos y digamos que fue una actriz de éxito, que no conoció la notoriedad internacional de sus compañeras de generación porque no tuvo como aquellas la suerte de conseguir un papel idóneo en las muchas películas norteamericanas que en aquellos años se rodaban en Italia.

Ha muerto una actriz italiana que gozó del éxito y el respeto en su país, y que en Gran Canaria fue como la bajada a la tierra de una diosa lejana. Silvana Pampanini estuvo aquí, Rita Hayworth y Lana Turner no; vieron que era una mujer real, tal vez por eso es aún más mítica.
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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa del periódico Canarias7 del día 7 de febrero de 2016).


Silvana Pampanini pasó por la historia de la isla de Gran Canaria de manera fugaz en 1954, cuando se rodó la película Tirma. Esa breve estancia y la memoria de aquel rodaje (la película en sí no caló en memoria alguna), ha convertido en leyenda ese rodaje y a su protagonista femenina. Hoy, Silvana Pampanini se ha ido para siempre a los 90 años, pero forma parte de nuestra memoria colectiva, e incluso se ha convertido en personaje literario (con otros nombre pero siempre reconocible) en obras como El árbol del bien y del mal de JJ Armas Marcelo y en algunos pasajes de mi novela Hotel Madrid. Como homenaje a ese trozo de memoria que se nos va y a esa leyenda que hoy empieza a crecer, les dejo un párrafo de Hotel Madrid donde aparece un personaje que es espejo de la actriz italiana:

Pampaninii.JPG"...Según Latines (Juan Rodríguez Doreste) explicaba a (John) Huston en la tertulia, para mujeres atractivas, Claudia Stromboli (Silvana Pampanini), que era a principios de los años cincuenta una actriz de segunda fila y un sex-symbol de primera en el mundo latino. La Stromboli fue elegida por la productora italiana para hacer el papel protagonista de la película El capitán y la salvaje (Tirma). Claudia era una mujer espectacular: morena, torneada como una sirena, con una mirada turbadora y un enorme desparpajo. Treinta años después, el hijo del regente del hotel Madrid contaría en un libro, entre ficción y realidad, que por Claudia Stromboli -el escritor le impone un nombre supuesto- bebía los vientos el dictador venezolano Marcos Pérez Giménez, que la perseguía en una motocicleta por los arenales de la caribeña isla de Orchila, y que ella se escapaba de la residencia presidencial corriendo desnuda hacia las dunas. El general, fuera de sí, la seguía, haciendo rugir su máquina, y lograba atraparla en la playa, cuando se acababan las dunas y el terreno llano dejaba a la actriz sin defensa. Así aumentaba el deseo del general, encendía aún más su pasión por ella y crecía el valor de los regalos..."


Cuando en una de sus últimas entrevistas preguntaron a Peter O'Toole si le gustaría llegar a cumplir cien años, él vino a decir que no se lo planteaba porque sabía de antemano que era imposible, que en su profesión solo los pelirrojos tenían posibilidades de alcanzar el siglo, y él era un rubio de manual. Cuando el periodista insistió en lo de la longevidad de los pelirrojos dijo que no era una norma sino una evidencia, y mencionó a Kirk Douglas, Maureen O'Hara imagenrojjo.JPGy a las actrices Olivia de Havilland y Joan Fontaine, por cierto hermanas enemistadas hasta la muerte. Los dos primeros han sido pelirrojos muy evidentes, pero no sabía que las otras dos lo fueran, pero si Peter O'Toole lo decía sería porque lo sabía. No hay que fiarse de todo lo que vemos en el cine; Rita Hayworth fue publicitada en Gilda como la pelirroja más llamativa, y es que le tiñeron de rojo su pelo castaño y así quedó para siempre, asunto que no entiendo muy bien puesto que la película era en blanco y negro. Por eso, que Joan Fontaine fuese siempre rubia en el cine y Olivia de Havilland castaña puede ser un efecto de peluquería, pues para pelirrojas ya estaban Maureen O'Hara y Virginia Mayo. El caso es que el año pasado falleció Joan Fontaine y ahora acaba de irse Maureen O'Hara, ambas sin haber alcanzado la centuria, aunque poco les faltó. De los cuatro de Peter O'Toole quedan el viejo Kirk y la inagotable Olivia, última superviviente del reparto de Lo que el viento se llevó, que en julio próximo cumplirá cien años, y unos meses después lo hará el protagonista de Espartaco. De Maureen O'Hara basta decir el nombre, es única, fuerte y sensual, delicada y a la vez agreste, una mujer muy especial y una actriz extraordinaria. John Wayne, con el que rodó El hombre tranquilo y otra media docena de cintas, dijo que solía preferir la compañía masculina, salvo la de ella. "Es que Maureen es un gran tipo" afirmó el Duke.


imagen alua antonelli1.JPGHa muerto Laura Antonelli, que ha quedado en la historia como el sueño húmedo italiano de su generación, a causa de los papeles con carga erótica que interpretó, especialmente Malizia (1973), aunque yo prefiero recordarla en su corta pero deslumbrante aparición en Satyricon de Fellini y especialmente en su intervención en L'Innocente de Luchino Visconti. En los años 60 y 70 surgieron en el cine europeo algunas actrices que tenían el don del talento (una más que otras) y la maldición de la belleza. No sé si fueron ellas mismas, las circunstancias, los productores, el público, el machismo o todo a la vez, pero el caso es que fueron etiquetadas por su intervención en una película (a veces de mucha calidad) de tono subido y escándalo hipócrita inevitable, o bien porque aparecían en mucho títulos haciendo el mismo papel (tal vez no les daban otros y había que comer). Por desgracia, el futuro de la mayor parte de ellas fue casi como una condena inquisitorial, un castigo bíblico, asediadas por los malos amores, el alcohol, imagen alua antonelli.JPGlas drogas y algunas veces por la pobreza rigurosa, las enfermedades mentales (o ambas) y el abandono de una industria que llenó sus bolsillos a su costa. Fue la suerte que corrieron María Schneider (El último tango en París), Sylvia Kristel (Emmanuelle), en España la inefable Nadiuska y la propia Laura Antonelli. No tuvieron la suerte de ser respetadas como Marylin Monroe, Ava Gardner y las bellísimas italianas de las generaciones anteriores, que fueron a la vez adoradas como mitos eróticos y aplaudidas como actrices (Silvana Mangano, Sophia Loren, Claudia Cardinale). Laura Antonelli estuvo a punto de dar ese salto cuando actuó en L'Innocente (1976), basada en una novela de D'Annunzio, pero Visconti murió antes del estreno y con él desapareció su oportunidad de ser una de las grandes. Su biografía encaja de nuevo con el mito de la bella infeliz, que hoy se cierra con una nota de agencia sobre su muerte en la que se vuelve a insistir en la misma etiqueta que la destrozó. Laura ya forma parte del panteón de las bellas que perdieron el norte y la razón cuando estaban en la cima: Gene Tierney, Veronika Lake, Rita Hayworth... Ojalá ahora encuentre, por fin, la paz.


Rafael Sánchez Ferlosio siempre ha polemizado contra la idea de que la envidia es el pecado nacional de España. Fue muy sonado hace años su debate público por escrito con el político, médico, escritor, crítico y casi antropólogo Domingo García-Sabell, porque este afirmaba con argumentos de peso que el tópico es cierto, mientras que Ferlosio decía que el españolito es tan chulo y pagado de sí mismo que siempre se considera mejor que el otro, y por lo tanto no lo envidia porque se siente superior. La verdad es que no sé qué será peor. No tomo partido por ninguno de los dos, pero cuando el río suena...

imagen envidia.JPGLa envidia ha sido el motor de mucha de nuestra literatura, pues ya Tirso de Molina le dedicó su obra La lealtad contra la envidia y Cervantes hace exclamar a Don Quijote: "¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!" Ya los clásicos la comentaron, como Cicerón cuando dice que "nadie que confía en sí mismo envidia al otro", idea que podría enganchar con la argumentación de Sánchez Ferlosio sobre la prepotencia del español que se sobrevalora. Otros autores emparentan la envidia con los celos y siempre desemboca en un odio silencioso y destructivo que ha sido tratado en diversas disciplinas, pues hasta el multidifundido Daniel Goleman habla de ello en su encadenado discurso sobre la inteligencia emocional. Y sigo sin saber qué pensar pero a veces los hechos hablan más que los libros.

Hace unos días se celebró la Gala de los Goya, y en los reportajes en diversos medios sobre las celebridades asistentes escasea la foto o el instante televisivo de Penélope Cruz, hasta el punto que alguna revista, en un especial sobre la alfombra que esta vez no era roja, la hace desaparecer, no está. Independientemente de gustos cinematográficos y personales, Penélope Cruz es la actriz española con mayor proyección internacional; una forma de medir que ellos mismos han puesto son los galardones conseguidos, pues si es por eso hablamos de Oscar, Globo de Oro, Bafta, David Donatello, Goya (tres veces), Mejor Actriz Europea, Mejor Actriz en Cannes y docenas de nominaciones a esos premios, que ninguno de los presentes en esa gala ha visto ni de lejos. Ah, y la soñada estrella en el Paseo de la Fama. Para minusvalorarla le sacan siempre a Sara Montiel, y por mucho que repaso los palmarés cinematográficos no encuentro el nombre de Saritísima ni en letras pequeñitas. Solo Victoria Abril ha conseguido alguno de esos reconocimientos, y para ella también el silencio, y Antonio Banderas ha llegado a rozarlos. Para él sí que todo son aplausos y hasta un Goya de honor.

Es extraño, y enseguida pensamos en el machismo; también puede que sea porque en su vitrina Antonio Banderas (que me parece un tipo fantástico) no tiene ni uno solo de los muchísimos galardones que ha conseguido Penélope. Si los tuviera, ¿le aplaudirían tanto? Porque se da el caso de que Javier Bardem sí que ha sido profusamente premiado y reconocido internacionalmente, y es como si no existiera. A Penélope, como no pueden pasar por encima de su trayectoria artística y profesional en el cine y en el mundo de la publicidad, la castigan con el silencio, la borran, o hacen comentarios con doble fondo. No sé qué dirá Sánchez Ferlosio, pero la envidia a menudo se practica con la maledicencia o el silencio, y por aquí de eso hay por arrobas.

Y eso no solo pasa en el cine, no hay que


ir muy lejos para comprobarlo.

***

(La imagen corresponde a La Envidia, pintada por Giotto di Bondone en la capilla de los Scrovegni en Padua)


La identificación de los espectadores con los y las "artistas de cine" tiene varios niveles, esencialmente dos, aunque siempre hay matices y gradaciones. Por un lado están los actores y las actrices que reciben la admiración y el seguimiento por su capacidad de dar vida a personajes distintos; por otro están las estrellas, de las que se exige que siempre aparezcan en el papel que les ha llevado al éxito, y da igual si tienen más o menos talento para la interpretación porque son una marca. Valoramos el arte interpretativo de actores y actrices capaces de encarnarse en personajes tiernos, cómicos, drámáticos o déspotas, según convenga, y siempre están bien, porque mucha diferencia hay entre los personajes que interpreta Jack Lemmon en Días de vino y rosas, El apartamento y Missing, o entre los que hace Meryl Streep en Memorias de África, El diablo viste de Prada y Mamma Mía. Sabemos quiénes son pero nos identificamos con sus personajes a pesar de sus distintos registros, por lo que hablamos de actores y actrices que tienen vidas distintas a sus personajes.


imagen8887ygfd44.JPGLuego están las estrellas, que puede ser cualquiera que caiga en gracia, pues en su día lo fue hasta Arnold Schwarzenegger, aunque si somos justos la mayoría son actores y actrices con mucho talento. Las estrellas lo son porque llegan al público representando un arquetipo, y es el que siempre demanda ese público entregado, y a Cary Grant y a Clark Gable se les exige que sean cínicos, seductores y sonrientes (uno elegante y el otro atrevido), a Marilyn que parezca "tonta inteligente" y a Harrison Ford un héroe con expresión de niño. Como siempre hacen lo mismo (el público lo demanda), la gente acaba por identificar a la persona que actúa con el personaje que interpreta, y algunos hasta se lo creen, pues Gary Cooper ponía en sus contratos una cláusula en la que e estipulaba que nunca moriría en la pantalla. Yo he escuchado a lugareños judadores de dominó que Grace Kelly las mata callando (siempre hablan en presente), a Ava Gardner la ven muy lanzada, a Ingrid Bergman una gran dama y a Bette Davis como una "mala vecina" (así la rebautizaron). Uno decía que le gustan los tipos "muy machos", como Rock Hudson, Burt Lancaster, Errol Flynn y James Dean (¡vaya ojo!) Clint Eastwood es un tipo fuerte, duro y recto, y a Kirk Douglas, tan rubito, lo encuentran algo cobarde en sus andanzas por el lejano Oeste. Y ya ven, Kirk ha sido una de las personas más valientes en la industria del cine, pues desafió al McCarthysmo y precipitó el final de las listas negras cuando decidió hacer Espartaco como y con quien la hizo. Pero es una estrella, y en la mente del público la vida personal de las estrellas es la misma que la de los modelos que interpreta en sus películas.

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