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Archivos Abril 2017


Desde el nacimiento de la imprenta en el siglo XV, el papel impreso ha sido el principal soporte de difusión y conservación de la cultura escrita, sea ciencia, pensamiento, historia o legislación, y por supuesto, la literatura como elemento de ficción que sin embargo está siempre apegado a la realidad del ser humano, sus ilusiones, sus sentimientos y su memoria. Cuando Gutenberg imprimió El Misal de Constanza (1449) y la versión eclesiástica de La Biblia al año siguiente, el libro (papeles encuadernados con un orden) como soporte llevaba siglos funcionando, pues los copistas medievales europeos lo hicieron depositario de la memoria de todo lo que pudiera conservarse por medio de signos casi desde que los árabes trajeron en el siglo VIII el invento del papel, que ya existía en China desde los primeros siglos de nuestra era.

IMG_5293.jpgAsí que, ni en nuestro ámbito cultural occidental, ni, mucho menos, en la historia de la cultura, el libro es un dios supremo, puesto que, no solo es un soporte más, sino que, aun siendo el de mayor uso, no es sinónimo de lo exquisito o de la quintaesencia de la cultura. Siempre hubo volúmenes de todo tipo incluso en tiempos de manuscritos, por lo tanto también libros basura, si bien actualmente estos se hacen presentes con mayor prodigalidad. Por lo tanto, siempre me pareció que usar los aniversarios necrológicos de Cervantes y Shakespeare como símbolo para celebrar el Día del Libro es cuando menos una inexactitud, habida cuenta de que el libro no es solo creación literaria, filosofía o ensayo, es un totum revolutum que responde más al comercio y la industria que a la cultura. Para mayor contradicción, resulta que Shakespeare no publicó ningún libro porque pensaba que eso restaría público a la representación de sus obras, que fueron rescatadas y publicadas por su compañía de teatro después de su muerte. Algunas se perdieron.

Diadellibro.JPGYo celebraría el Día de la creación literaria, de la ficción o del pensamiento, pero celebrar el libro, por ese comercio que nos arrasa, acaba convirtiéndose en escaparate de memorias de un futbolista de 25 años, libros de cocina firmados por un famoso que no sabe cocinar y el último gran premio de novela que, curiosamente, ha ganado alguien que sale mucho en la televisión. La creación y el pensamiento que se convierte en espejo de nosotros mismos utiliza también el libro como soporte, pero no olvidemos que, antes del libro, grandes manifestaciones literarias y filosóficas fueron escritas en piedra, metal, arcilla, cerámica, terracota, vidrio, madera, corteza de árboles, hueso, papiro... El papel encuadernado se usa en los últimos mil años de los cinco mil de historia de la escritura y algunos milenios más de la existencia de la transmisión por la palabra. Por eso el debate sobre el libro digital es secundario, paralelo e inútil, porque finalmente es otro soporte como el pergamino o las tablillas de cera. Hoy, como cada día, celebro la creación y el pensamiento, pues Gilgamesh, Sansón, Helena de Troya, el mito de La Atlántida y Edipo ya eran memoria y espejo de lo humano mucho antes de que existieran el papel y el libro.

(Este trabajo se publicó en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 del día 23 de abril de 2017)


lazarillo.JPGUno se compadece de la mala suerte de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy. Han sido traicionados en su confianza por personas de sus equipos de trabajo que resultaron ser corruptas. Qué mala suerte, y ellos sin enterarse. Por listo que seas, alguna cosa se escapa siempre, pero, salvo que seas tonto de remate, algún sonido escucharás en medio de un festival de corrupción. Claro lo tenía El Ciego de El Lazarillo de Tormes:

"Agora quiero yo usar contigo de una libertad, y es que ambos comamos este racimo de uvas y que hayas de él tanta parte como yo. Partirlo hemos de esta manera; tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta suerte no habrá engaño.

Acabando el racimo, El Ciego estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando la cabeza, dijo:

-Lázaro: engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas de tres en tres.

-No comí; mas, ¿por qué sospecháis eso?

-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y tú callabas".

***

Digo yo que, si no lo sabe, por ceguera, sordera o torpeza, es inepto.

Hasta el Ciego de El Lazarillo de Tormes se daba cuenta. Si lo sabe...


Cosmos es todo lo que es, lo que ha sido o lo que será.
(Carl Sagan).

Ya hay nuevo número en la pista central para un inmediato futuro: se ha descubierto en zonas submarinas de Canarias el mayor yacimiento de teluro conocido. Ya empiezan a buscarle cinco pies al gato (buscarle tres es fácil), relacionando ese yacimiento con esas fuerzas del interior del planeta que generan terremotos y volcanes. Algunos poetas modernistas adjetivaban en razón de la música, no de la letra, y de ahí heredamos esa fanfarria wagneriana, porque cualquier planeta no gaseoso como el nuestro es telúrico, y otra cosa es que a uno de sus componentes alguien lo llamó teluro (o telurio) hace tres siglos. Es decir, cualquier cosa terrestre es telúrica por definición. Y como se huele mucho dinero (el teluro es muy escaso en la corteza terrestre), he tomado butaca de primera fila para asistir al gran espectáculo de idas y venidas a ver quién explota esa mina, y qué beneficios traerá para unos cuántos.

cossmoss.JPGHace años que estoy hastiado de vendemantas que cuando quieren colarnos un gol por la escuadra usan adjetivos sonoros y esdrújulos. Uno de ellos es 'ciclópeo', cuando podrían decir gigantesco, porque el cíclope del origen no es más que un gigante mitológico que, además de su gran tamaño, tiene un solo ojo en el centro de la frente; para ser políticamente correctos, podríamos decir que es un tuerto simétrico (Homero ironiza y lo llama Polifemo). Pero ningún término más irritante que 'cósmico', del que echan mano para predicar conexiones universales. Dalí, extraordinario artista sin duda, choteó bastante la palabra con sus boutades recurrentes sobre el huevo cósmico, y tal vez por eso nos colocan la palabreja cuando se refieren a un hueco en una montaña majorera, a un teleférico en las cumbres o a un mirador sobre unas dunas sureñas. Es verdad que si hablamos de cosmología entra todo eso del espacio-tiempo y docenas de conceptos de la física y otras disciplinas, pero también hablamos de lo cotidiano, que igualmente forma parte del cosmos. Si son tan imaginativos, busquen otra palabra, otro concepto, porque, como dice Carl Sagan, cósmico es todo lo que hay en el universo, y tan cósmico es un insondable agujero negro como un humilde plato de lentejas; es más, yo diría que más las lentejas, porque son fruto vivo que acumula minerales y energía que vaya usted a saber de dónde viene (creo que cuando Moisés en El Génesis relata el episodio del plato de lentejas entre Esaú y Jacob, debió tomar en cuenta la "cosmicidad" de esta legumbre).

Lo más curioso es que de un tiempo a esta parte en Canarias empiezan a aparecer cosas que escasean en el resto del planeta, desde la traquita en Tindaya al teluro en nuestro límite marítimo sur. También abundan los papanatas que se hacen eco de la voz de su amo. Mejor lo dejo porque está empezando a entrarme un berrinche polifémico, que no sé si es ciclópeo o telúrico. Si es cósmico no hay problema, se me pasa con un plato de lentejas.


No suelo llevar esa libreta que el mito asigna a los escritores, ni acabo de creer que cruzando un paso de peatones me asalte una idea genial, la salida a una historia a medias o simplemente una frase ingeniosa. Los artículos y la novelas suelen llegarme cuando les parece y con los contornos bien definidos, nunca juntando frases de un block itinerante. Así que, no tiro de libreta ni de notas digitales en el móvil. Pero sí que hago anotaciones, y tal vez confíe demasiado en mi memoria; voy a menudo por la calle con un despiste descomunal, y cuando estoy en "modo caraja" es que tomo notas mentales; unas se convertirán en novelas, reflexiones o artículos y la mayoría se perderán en el limbo del desinterés. Esta semana han ido entrando algunas, todas ellas con vocación de artículo trabajado y tomando partido, pero es que los apuntes son sobre temas tan claros que me da pereza darle más vueltas a la noria de lo obvio. Al mismo tiempo, me parece que afectan a cuestiones fundamentales y no puedo dejar que pasen sin que al menos exprese mi oposición, por aquello de que quien calla otorga. Por ello desisto de formular textos secuenciados y razonados, porque quienes se toman la molestia de leerme habitualmente ya deducen incluso el orden aproximado en que iba a colocar las 300/500 palabras que suelo utilizar. Veamos algunas:

xxojo1.JPG1. Gran indignación por el uso de armas químicas en Siria. Yo también estoy indignado, igual que cuando bombardean un hospital con armas convencionales, que por lo visto son buenas y no condenables.

2. El Ministerio de Defensa ordena que las banderas estén a media asta hasta el Domingo de Resurrección. Para que el viento no las rompa, supongo.

3. Estados Unidos lanza en Afganistán "la madre de todas las bombas". Decía el comunicado que destruyó un complejo de "túneles subterráneos" (por lo visto los túneles aéreos no sufrieron daños). Trump en estado puro.

4. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria obliga a distintos locales a cerrar las terrazas porque pasan las procesiones por la calle que está a muchos metros. Es que las terrazas, ya se sabe...

5. Robert Kennedy Jr. ha publicado un artículo denunciando que la causa de la guerra de Siria es la oposición de Al Assad a que pase por territorio sirio un gasoducto norteamericano desde Qatar al Mediterráneo. Qué listo es el Kennedy este, un lince.

6. En el Sur de Gran Canaria, una mujer y su bebé caen a un pozo y son salvado por dos policías. Es lo que tiene pasear por parques públicos.

7. El presidente de Corea del Norte va a lanzar una bomba nuclear de prueba la semana que viene para celebrar el que sería el cumpleaños de su abuelo. ¿No era suficiente media docena de voladores?

8. Un preso portugués se ha escapado de la cárcel y lleva un mes burlando a la policía, poniendo vídeos en Twitter y emulando a Leonardo Di Caprio en la película Atrápame si puedes.

***

Supongo que no hace falta que entre en más detalles sobre lo evidente.


Hay nuevos datos sobre los dos cuerpos entrelazados en la Pompeya arrasada por el Vesubio el año 79 de nuestra era. Cuando fueron descubiertos petrificados bajo toneladas de cenizas en el año 1922, en la Italia siempre tan dada al amor carnal se dio por hecho que en el momento en que los sorprendió el volcán estaban en pleno acto sexual, y por inercia del pensamiento único de la gente de orden, se decidió que era una pareja heterosexual. Para empezar, imaginar que era un encuentro sexual es una hipótesis aventurada, porque la posición del hallazgo no asegura sino que hay un cuerpo con la cabeza recostada en el lado derecho del torso del otro. Pero se trataba de la Italia roja y negra de Mussollini, la de la pasión, la Italia del mito de Romeo y Julieta, y más tarde de las canciones de Celentano y de los seductores papeles de Gassman y Mastroianni (Visconti y Pasolini molestan en el cuadro que quieren pintar); quedó establecido que era un acto sexual "de toda la vida" porque ya diría Rafaella Carrá que para hacer bien el amor hay que venir al sur. Se llegó a especular más tarde que podrían ser una madre y una hija, o un padre y un hijo, aunque siempre se imponía el orgullo prepotente de la sensualidad latina: definitivamente, eran amantes.

pompeya.JPGPero la ciencia acaba poniendo tarde o temprano las cosas en su sitio, y las nuevas técnicas forenses, con los medios más avanzados a su alcance, han determinado que se trata de dos varones, ambos entre 18 y 20 años, por lo que todas las hipótesis anteriores quedan anuladas. No son, pues, un Romeo y una Julieta, y por la edad y el sexo no puede haber esa posible relación filial. De manera que ya no es una posibilidad, es una certeza, son dos jóvenes varones, y curiosamente cuando esto se ha sabido empieza a perder fuerza la defensa de que estaban en pleno acto sexual. Ahora a la Italia de Gigi L'amoroso no parece gustarle la homosexualidad como cartel amatorio de ese sur caliente de Mussollini. Se empieza a especular sobre si podrían ser hermanos que dormían en la misma cama, o incluso dos desconocidos que no estaban juntos pero que acabaron así por la fuerza del Vesubio. Todo esto me lleva a pensar en cómo la ideología o las presiones de la costumbre empujan a personas inteligentes a deducir conclusiones apresuradas y convenientes. Pues mira por dónde, ahora me parece más posible que fuesen dos amantes varones. Es más, celebraría que así fuera, porque el amor entre seres humanos sigue siendo un valor supremo, sea en el ardiente sur hetero y convencional de Rafaella Carrá, Dalida y Eros Ramazzotti o en la eternidad de dos jóvenes homosexuales, fundidos en piedra por el fuego del volcán... o del amor.


Hay nuevos datos sobre los dos cuerpos entrelazados en la Pompeya arrasada por el Vesubio el año 79 de nuestra era. Cuando fueron descubiertos petrificados bajo toneladas de cenizas en el año 1922, en la Italia siempre tan dada al amor carnal se dio por hecho que en el momento en que los sorprendió el volcán estaban en pleno acto sexual, y por inercia del pensamiento único de la gente de orden, se decidió que era una pareja heterosexual. Para empezar, imaginar que era un encuentro sexual es una hipótesis aventurada, porque la posición del hallazgo no asegura sino que hay un cuerpo con la cabeza recostada en el lado derecho del torso del otro. Pero se trataba de la Italia roja y negra de Mussollini, la de la pasión, la Italia del mito de Romeo y Julieta, y más tarde de las canciones de Celentano y de los seductores papeles de Gassman y Mastroianni (Visconti y Pasolini molestan en el cuadro que quieren pintar); quedó establecido que era un acto sexual "de toda la vida" porque ya diría Rafaella Carrá que para hacer bien el amor hay que venir al sur. Se llegó a especular más tarde que podrían ser una madre y una hija, o un padre y un hijo, aunque siempre se imponía el orgullo prepotente de la sensualidad latina: definitivamente, eran amantes.

pompeya.JPGPero la ciencia acaba poniendo tarde o temprano las cosas en su sitio, y las nuevas técnicas forenses, con los medios más avanzados a su alcance, han determinado que se trata de dos varones, ambos entre 18 y 20 años, por lo que todas las hipótesis anteriores quedan anuladas. No son, pues, un Romeo y una Julieta, y por la edad y el sexo no puede haber esa posible relación filial. De manera que ya no es una posibilidad, es una certeza, son dos jóvenes varones, y curiosamente cuando esto se ha sabido empieza a perder fuerza la defensa de que estaban en pleno acto sexual. Ahora a la Italia de Gigi L'amoroso no parece gustarle la homosexualidad como cartel amatorio de ese sur caliente de Mussollini. Se empieza a especular sobre si podrían ser hermanos que dormían en la misma cama, o incluso dos desconocidos que no estaban juntos pero que acabaron así por la fuerza del Vesubio. Todo esto me lleva a pensar en cómo la ideología o las presiones de la costumbre empujan a personas inteligentes a deducir conclusiones apresuradas y convenientes. Pues mira por dónde, ahora me parece más posible que fuesen dos amantes varones. Es más, celebraría que así fuera, porque el amor entre seres humanos sigue siendo un valor supremo, sea en el ardiente sur hetero y convencional de Rafaella Carrá, Dalida y Eros Ramazzotti o en la eternidad de dos jóvenes homosexuales, fundidos en piedra por el fuego del volcán... o del amor.


Ignorantes somos todos, lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas.
Albert Einstein.

***

Se está extendiendo la idea de que cualquier asunto, sea el que sea, tiene solución y explicación. Se piensa que cualquier especialidad de la ciencia de la que hablemos ha llegado a conclusiones definitivas sobre lo que sea. Curiosamente, vivimos una época en la que se está produciendo el empoderamiento de la ignorancia; muchos "enciclopedistas" de documentales, Youtube o Wikipedia creen estar en la sabiduría máxima de casi todo, y nadie controla la veracidad de lo que se publica ni de lo que se dice en los medios o las redes. En esta orgía de conocimiento subrogado, hacen su agosto los libros de autoayuda, las llamadas pseudociencias y las teorías más peregrinas, que son seguidas por muchas personas porque, en el desentrenamiento general por el rigor en lo que se hace, creen cualquier cosa que aparezca en un medio o en la pantallita de su móvil. A esto se une la paranoia colectiva, que funciona sin aspavientos pero que propicia un sobresalto permanente que no se nota, porque cada día nos llegan por muchas vías advertencias sobre peligros informáticos, alimenticios, medicamentosos o medioambientales. Y esa paranoia es el río revuelto en el que se forran -o al menos sobreviven- los charlatanes de feria, que a veces hasta tienen títulos universitarios pero venden humo. Lo último es la moda del lenguaje no verbal; si ya todo el mundo cree que hay por ahí espías que nos leen los labios, ahora también saben si mentimos, estamos deprimidos con cara de risa o contentos con aspecto triste, si estamos decididos o dubitativos, si somos proclives o contrarios a lo que sea. Y lo deducen porque pestañeamos mucho o poco, apretamos el labio superior, bajamos los hombros, cruzamos o descruzamos las piernas o tenemos las manos extendidas o cerradas. Y se quedan tan anchos. Viene a ser casi como echar las cartas, nuestro cuerpo es un libro abierto.

IMG_5160.JPGPues siento decirles que no es así. El lenguaje no verbal efectivamente expresa de manera inconsciente sentimientos o actitudes. No es solo lo que se dice, sino el tono, la manera de alargar o truncar los sonidos, los gestos de nuestro rostro, las posiciones de nuestro cuerpo. Esto es objeto de profundas investigaciones, y llegar a tener un cierto dominio de la materia lleva mucho tiempo y esfuerzo en formación. Y aun así, las garantías de que esos profesionales muy especializados acierten como si fueran mensajeros de otra dimensión son a su vez motivo de debate. Es cierto que se están conformando disciplinas que sirven de apoyo en diversos campos. Pero son una herramienta más. Si a menudo un médico experto ve cómo su paciente no responde a un tratamiento que ha usado con éxito otras veces, entrar en este territorio en el que se mezclan muchos componentes inasibles resulta todavía más azaroso. Pero aparece alguien en televisión, que no se sabe muy bien qué formación acredita, y asevera toda una serie de cosas mirando un vídeo de 15 segundos de una persona; y sin arrugarse sentencia que miente porque se ha tocado cierto lugar del rostro, ha mirado hacia un lado concreto o ha movido el torso de una determinada manera. Y lo peor es que luego, en la vida real, esa paranoia colectiva hace que alguien que ha visto ese programa crea que le mienten cada vez que ve las miradas, los gestos o los movimientos de los que hablaban en televisión. Como si fuera una ciencia exacta y las personas se comportasen como mecanos.

IMG_516011.JPGNadie pone coto a esta serie de disparates, y ya empieza a estar uno hasta el gorro de tanto experto cotidiano en alimentación sana, en inteligencia emocional o en lo milagroso que es tomar infusiones de tomillo. El colmo es lo de la autoestima; llega alguien, te lanza dos gritos o te insulta sin más y la explicación es que es muy auténtico. Como decimos por aquí, efectivamente, es un auténtico malcriado (lo siento Rojas Marcos, se me subió la autoestima).


He dejado pasar la primera oleada alrededor de la nueva novela de Alexis Ravelo, Los milagros prohibidos, para tratar de mirar con algo más de sosiego la narrativa de este autor. A propósito de su anterior novela dije que Alexis quiere saber de dónde son los cantantes, aludiendo a la popular canción del Trío Matamoros, porque aquel relato, La otra vida de Ned Blackbird, es en realidad una indagación del camino que siguen las historias hasta convertirse en literatura. Si ya sabemos que le importa el qué, en esta nueva novela queda absolutamente certificado que también le interesa el para qué, si es que no estaba claro antes, en títulos como Los días de mercurio.

Queda el cómo, y no hablamos de que le interese a Alexis Ravelo, es que se trata justamente del sonido de una voz, que no se ha ido construyendo poco a poco, porque en su primera novela ya estaba. Ahora se maneja con más sabiduría, pero eso que llaman oficio solo modula los sonidos, las pausas y los ritmos, y a quienes van muy justitos les ayuda a entonar. A las voces propias, las que provienen del don de tocar la balalaika como la madre del Doctor Zhivago, se les puede aplicar sordinas, cejillas, vibratos y hasta contrapuntos, pero apenas quites el tapón, sale cortando el aire esa potencia que estaba en el frasco; a propósito de la anterior novela, ya empleé un latinajo (capra tendit in silva), y de lo que se trata es de que ese monte hacia el que siempre tira la cabra es el auténtico Ravelo, la fuente de una narrativa que ahora concita merecidos aplausos, que no me sorprenden porque ya desde sus primeros libros de relatos breves un lector atento podía percibir esa potencia.

milagros Alexis.jpgTambién es cierto que a veces no hay mayor ciego que el que no quiere ver, y reconocer talentos indiscutibles equivale para algunos a dejar a los de la impostura desarmados (otra vez en latín: nudum asinum). Nunca he creído en las carreras literarias que van in crescendo, que engordan y se conforman paulatinamente. Eso nada tiene que ver con el talento, y si repasamos la obra de las plumas importantes veremos que esa voz que las distingue estaba del todo desde el primer libro. Lo otro puede llamarse costumbre, aprendizaje y, como dije antes, oficio, pero el talento no se aprende. Con esto quiero decir que está aquí otra vez Alexis Ravelo, lo cual significa que no solo es altamente recomendable esta última novela, sino que hay que volver a todo ese corpus que ya marca un territorio inscrito en el registro de la propiedad.

Como se supone que hablamos de Los milagros prohibidos, toca ir acotando. Por lo tanto, adjetivemos: novedoso el descubrimiento para la gente de fuera de Canarias (y para muchos canarios) del episodio tremendo de la llamada Semana Roja de La Palma, justo la primera de la guerra que empezó en 1936 y que se me antoja interminable; interesante la capacidad para tratar de entender esa tendencia de mezclar asuntos personales con hechos políticos y posiciones ideológicas; abrumadora la pericia para cautivar con el manejo de un lenguaje supuestamente coloquial y localizado que finalmente es un ejercicio de estilo que en momentos roza el virtuosismo por la eficacia; impactante la dureza con que es tratada la conveniencia, y la naturalidad con que nos cuenta lo lúgubre; sorprendente la facilidad con que el autor es capaz de usar el humor aun en las situaciones más terribles: extraño que el autor, estando ideológicamente cercano a uno de los bandos, permita que los adversarios (en una guerra son enemigos) expongan sus razones, porque eso ayuda a entender -que no justificar- tanta barbarie...

Emilio-Alexis.JPG

(Alexis Ravelo frecuenta compañías sospechosas. Aquí, con el autor de esta nota en una manifestación).

Y así podríamos seguir usando todos los adjetivos que encontremos en el diccionario, pero lo importante de esta novela es que información, ideologías, posicionamientos, flaquezas y heroísmos confluyen en fundar un espacio literario que escapa a los hechos reales en los que se basa. Exactamente eso es novelar, crear mundos, Cortázar nos asista. Fluye el Ravelo más genuino, el que, como en otra de sus novelas, La última tumba, hace que nos preguntemos si la venganza es una forma de justicia, o si, por el contrario, la justicia entendida como generalidad es un ajuste de cuentas de la sociedad. Y eso es lo que extraemos de Los milagros prohibidos, noticias sobre hechos, datos y ambientes, pero ninguna respuesta que nos dé la solución definitiva; es más, las buenas novelas no son las que dan respuestas ni las que se hacen preguntas, sino las que generan preguntas y respuestas a quien las lee, que serán planteadas o resueltas de una forma u otra según cada historia personal.

De modo que he leído con gusto Los milagros prohibidos; esperaba a Ravelo y ha comparecido. No voy a sorprenderme a estas alturas de quien sé hace mucho que es un gran novelista, y sigo teniendo de su obra la misma percepción que cuando no era aplaudido (ahora lo aplauden hasta en francés, acaban de traducirle a esa lengua Las flores no sangran). Y me alegra de que mucha gente y a mucha distancia pueda escucharlo tocar la balalaika. Advierto: prepárese a hacerse preguntas.

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