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Venus o el último vuelo de John Glenn


Confieso que me atrae lo esotérico e inexplicable con los conocimientos que manejamos a día de hoy; es un mundo muy literario, en el que la fantasía y la imaginación se mueven a sus anchas. Por otra parte, me tengo por una persona profundamente racional y a estas alturas me quedo con el significado de la palabra inexplicable, que en realidad tendría que ser inexplicado. Pero a veces ocurren hechos que resultan sorprendentes. Durante el atardecer del día 8 de diciembre, observé una luminaria a poniente, más grande y resplandeciente que ninguna estrella que yo haya visto. Tan grande era, que más bien parecía una luna pequeña. Hice unas fotos de una calidad muy mejorable, las puse en las redes sociales y vi que hubo otras personas que también observaron el fenómeno. Quienes parecían más documentados, afirmaban que era el planeta Venus, el llamado Lucero de la Mañana por el Este y también de La Tarde por el Oeste. Otras personas dijeron que podría ser la Estación Espacial Internacional, que refleja la luz del Sol cuando ya este no es visible desde donde estamos. He de decir también que no advertí que quienes lo vieron observaran nada extraordinario similar a lo que yo percibí, ni noté un entusiasmo similar al mío. Se argumentó que, en caso de ser Venus tendría que verse, con minutos de diferencia, al día siguiente; durante el atardecer y la prima noche del día 9 escruté el mismo lugar del cielo y no se repitió la visión. Nada hay de esotérico en eso porque seguramente tiene una explicación que yo desconozco.

34ddcff512108.JPGLo curioso de todo esto es que, tanto en las redes sociales como durante la mañana siguiente, se habló mucho de ello en mi círculo, y saltaba la memoria de los primeros viajes espaciales, de la perra Laika que lanzaron los rusos y, por supuesto, de los astronautas Yury Gagarin y John Glenn, que fueron héroes de la niñez, la adolescencia o la juventud de mucha gente, más incluso que Neil Amstrong. De niños nos decían que alguna luz que veíamos moviéndose en el cielo nocturno era la nave de Glenn; era falso porque él orbitó solo una vez y estos episodios bromistas ocurrían meses más tarde. Pero quedó grabado en muchas mentes infantiles. Y la sorpresa fue que, a media tarde del día 9 supimos que el legendario John Glenn ha fallecido a los 95 años. Otra vez resurge la mente racional, y entiendo que ha sido fruto de la casualidad, pero es tentadora la fantasía de que el viejo astronauta ha dado una última vuelta a La Tierra para despedirse de quienes lo tenemos como un icono de nuestros primeros años, antes de partir definitivamente hacia el hiperespacio de la eternidad. Quién sabe si por eso aquella luminaria del atardecer del día 8, aunque finalmente se tratara del planeta Venus, fue especial solo para mí con la complicidad de la desfasada cámara fotográfica de mi móvil. En todo caso, buen vuelo, Coronel Glenn.

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1 comentarios

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Si al final solo son casualidades, no entiendo por qué esa desdeñosa sonrisa de éxito de los escépticos, todos hemos perdido, porque sería mucho más hermoso que no fuera una casualidad y que esa luz fuera, en efecto, el último paseo de John Glen antes de retirarse a un lugar donde no solo ya no hay mundo entorno al que girar, sino el mismo hecho de tener que moverse para observarlo en conjunto ya no tiene sentido, y hasta observar es una lastimosa simplificación de lo que ocurre.

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