los blogs de Canarias7

Archivos Diciembre 2016


Como es final de año, les dejo una cuarteta popular
(cuatro décimas), corriendo a gorrazos 2016.
Esto supone un mayor motivo para que les desee
lo mejor para 2017, que ya está aquí.

¡FELIZ AÑO NUEVO!

I

Dos mil dieciséis fue un año

cruel, inhumano, infame,

no hay palabra que lo llame

porque de sangre fue un baño.

Nada malo nos fue extraño,

aa11119.jpgdel conformismo a la histeria,

el dinero fue una feria,

los ricos dilapidando

y los de abajo sudando

por un sueldo de miseria.

.
.

II

Se han muerto los referentes

que escarban un hondo hueco,

pues nos dejó Umberto Eco

y Harper Lee ya está ausente.

Se liquida el siglo veinte,

y la música se enturbia,

El Lebrijano diluvia,

José Menese cerró,

Debby Reinolds se esfumó

cantando bajo la lluvia.

.
.

III

John Glenn, tocando la flauta,

a Casius Clay arrastró,

¿Quién teme a Virginia Wolf?

dijo Albee el argonauta.

Siguiendo la misma pauta,

bb222IMG_4101.jpg La Parca a Bowie le aúlla,

haciendo que Prince concluya,

que Carry Fisher se escarche

y Leonard Cohen se marche,

Suzzanne, Marianne, Hallelujah.

.
.

IV

Doce meses de fragor,

con líderes incapaces,

mentirosos muy audaces

no ven ajeno dolor.

Casi un padre abandonó

este mundo tan bellaco,

solo una luz en lo opaco,

un libro, El tren delantero.

Año triste y marrullero,

¡¡¡LÁRGATE A TOMAR POR SACO!!!


La contaminación del aire está de moda en estos días por las medidas tomadas por el ayuntamiento de Madrid de dejar en días alternos circular solo a la mitad vehículos (matrículas pares o impares) y en Canarias por la calima intensa. Cada día es más evidente que los gobiernos no velan por el interés general, y eso ocurre por una de estas dos causas: o están sujetos por los poderes económicos y actúan a su dictado, o en el caso de que sean independientes están compuestos en sus distintos niveles por personas incompetentes o preocupadas solamente de perpetuarse en sus cargos y a ser posible pillar otro más alto. Si sabemos desde que existen los motores que los diesel expulsan más partículas nocivas y más dañinas que los de gasolina, ¿cómo es posible que los gobiernos hayan permitido que en los últimos años se promocionen los coches diesel, desde los utilitarios hasta los de gama alta?

cantaminacion 3.JPGAntes, se usaban motores diesel en vehículo pesados, seguramente porque su fuerza era mayor, y los coches ligeros iban a gasolina, salvo algunos de servicio público porque la diferencia de precios era abismal entre los dos combustibles. De repente, el gasoil se ha convertido en una maravilla y ya solo falta que haya motocicletas diesel, precisamente en una época en la que se debería impulsar la tracción eléctrica o la de los llamados híbridos. Y caemos en el escenario de siempre: intereses económicos. Con la proliferación de los motores diesel, el precio del gasoil de ha puesto a niveles muy cercanos a los de la gasolina, con lo que no hay tanta diferencia a la hora de repostar. Ganan las petroleras, que se ahorran parte del proceso, y ganan los estados porque buena parte de ese nuevo alto precio son impuestos. Con los avances tecnológicos, los diesel han reducido el ruido y la vibración hasta equipararlos a los de gasolina. Pero, claro, siguen siendo doblemente dañinos por la cantidad y la calidad de las partículas que expulsan. Mucho diseño, nuevos materiales y robótica incorporada, pero contaminan muchísimo, tanto, que algunos fabricantes han hecho trampas, no solo la marca que se vio envuelta en un escándalo recientemente. ¿Y los gobiernos qué han hecho? Mirar para otro lado y a veces poner trabas al desarrollo de motores alimentados por energías renovables. Blanco y en tetrabrik...

cantaminacion 2.JPGEn otros ámbitos, la sensación de impunidad es la misma. Escucho en un noticiario que las empresas de perfumes pierden mil millones al año debido a la introducción de productos falsos que incluso pueden ir contra la salud. Y lo único que se les ocurre es advertir a la ciudadanía para que se ponga atención y no nos den gato por liebre. Sucede con muchos productos, sean de vestir, de alimentación o de cualquier otra clase. El usuario no es un experto y, además, confía en que lo que le venden, sea autóctono o de importación, está supervisado por el organismo correspondiente. Entiende que los gobiernos poseen mecanismo de control e inspección en diversas áreas, desde la industria al comercio y la sanidad. Pero, claro, para que todo eso funcione hace falta que haya más inspecciones, y eso cuesta dinero. Bastaría con que esas grandes empresas pagasen impuestos al mismo nivel que las pymes, asunto, por supuesto, disparatado e impensable. Por no llorar, me entra la risa cada vez que escucho a los (i)responsables políticos hablar de algún tema concreto, haciendo gala de su desconocimiento o de su cinismo, porque o es un incompetente o una marioneta (no sé qué es peor). Y para hacernos una idea de lo insalubre que es la contaminación por calima, diré que el aire de Canarias, por ese polvo que viene desde África todo el año (hasta los días en que no se percibe), ya tiene niveles de contaminación que aconsejaría que en Canarias no se quemase ni una gota de combustibles fósiles para no enrarecer más un aire que ya tiene bastantes impurezas con las que le da la naturaleza. Posibilidades para producir energías renovables hay como en ninguna otra parte del mundo, pero siguen empeñados en el petróleo y el gas. La conclusión vuelve a ser la misma: intereses económicos de unos pocos. Y nada de esto se aborda porque quienes tienen que hacerlo están muy ocupados inventando realidades paralelas para contarlas en los telediarios o maquinando crisis cainitas de parvulario y otras machangadas.


Cuando yo era un muchacho, casi todos los pilares de cualquier clase que se tenían como referencia obligada ya eran historia cerrada de una manera y sería así para siempre. Einstein, Gardel, Gary Cooper, Isadora Duncan, Capa, Juan Ramón Jiménez, Virginia Wolf, Orwell, Albert Camus... Quienes habían inventado el siglo XX llevaban décadas muertos o les había entrado urgencia en morirse antes de que uno fuese consciente de su grandeza. Tengo remota memoria del revuelo que hubo cuando murieron Marylin Monroe, John Kennedy o Luther King, y creo que guardé un Foto0330.JPGrecorte de periódico del entierro de Azorín, porque lo estudiaba en el bachillerato y decía con letras grandes que era el último superviviente de la Generación del 98. En la década de los 70 desaparecieron Picasso, Neruda y Stravinski, y de aquellas generaciones que cimentaron una nueva manera de ver el mundo aguantaron un poco más Borges, Greta Garbo y Alberti. Pero también les dio por morirse, como a las estrellas del rock que a finales de los 60 y primeros 70 parece que firmaron el pacto de morir a los 27 años: Jim Morrison, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, y como John Lennon no quiso morirse un pirado le pegó un tiro. Pero surgieron movimientos, voces, ideas y talento para las nuevas generaciones, y siguieron brotando durante años: David Bowie, Michael Jackson, Prince, Georges Michel, Amy Winehouse... También se han ido muriendo como en cadena, cada vez con un intervalo más corto, y se han llevado con ellos o echado por delante a Yuri Gagarin, Harper Lee, Christopher Reeves (Supermán), John Glenn, Ray Bradbury, Boby Fisher y Leonard Cohen y un listado de iconos insustituibles. Todos los referentes liquidados. Es como una broma infinita ideada por el novelista David Foster Wallace, que también cerró su carpeta en 2008. Suele decirse con frecuencia y sin muchos argumentos que está clausurándose una época, pero esta vez es verdad, el siglo XX está echando el cierre pues nos dejaron hasta los que conspiraron para inventar otro siglo XXI (Reagan, Thatcher y Wojtyla). ¡Es que se han muerto Paul Newman y Lauren Bacall, algo inimaginable! Hombre, por Dios, si hasta Alfredo Di Stéfano ya no está aquí. Solo nos queda encomendarnos a Bob Dylan, Madonna y Serrat, porque de los que fundaron el siglo ya solo quedan Kirk Douglas y Olivia de Haviland, Espartaco y Melania nos asistan.


La cosecha literaria de este año ha sido excelente, y los libros se agolpan en mi escritorio. Se supone que en estos días tendría que hacer un post navideño, a favor o en contra, pero este año quiero llegar al día 24 de diciembre con dos libros que ya llevan unos meses pidiendo mi atención, y que son completamente distintos, pero tienen en común que están escritos por dos mujeres, también muy diferentes, que a su vez comparten esa generosidad que las hace mirar siempre al otro. Me refiero a Elizabeth López Caballero y a Elsa López.

20161223_134322.jpgElizabeth es joven, inquieta y subida continuamente al tobogán de la preocupación por los demás, especialmente los niños. Su libro se llama La niña de la Luna, y es una historia pensada para los más pequeños, aunque también resulta delicioso para los mayores, un relato que denuncia un asunto que últimamente nos preocupa, aunque lamentablemente siempre ha existido: el acoso escolar. Una niña se evade de la dura realidad que vive cada día en su clase subiéndose al tren de la fantasía, imaginando viajes espaciales y haciéndose amiga de astronautas de ensueño. Es un hermoso relato que tiene sus momentos de dureza, pero que siempre se levanta porque la imaginación de la protagonista -y de la autora- busca soluciones más allá del mundo real. Finalmente (y no hago spoiler), la imaginación puede con la crueldad. Este es un libro que debiera ser leído y comentado en la aulas, porque la empatía también ha de ser formada, y nadie tiene que ser víctima de los complejos de los demás.

El otro libro es Viaje a la nada, de Elsa López. No voy a entrar en la calidad literaria de Elsa; para mí, más que una escritora consagrada es una poeta sagrada. Cada una de sus palabras destilan humanidad, sabiduría y belleza. Habla de la vida cuando parece que comenta un viaje a los confines helados del planeta. Y llega a la verdadera esencia de todo lo que existe, la nada. El universo es un camino hacia su propia destrucción, y nosotros somos parte de él. "La nada es solo aire muerto", escribe Elsa López, en una especie de oxímoron físico, aire sin oxígeno, nada. Es una lectura que pone al ser humano en su sitio, que no es otro que el del viajero hacia un lugar casi imaginado y al que nunca llega. Pero no es un libro pesimista, porque en esa ruta encontramos la vida, con lo que, aunque no se diga de una forma explícita, invita a afrontar cada recodo del camino. La alegría y también el dolor, que es lo que nos hace humanos.

Habrá muchas, buenas y hermosas maneras de llegar a un 24 de diciembre, y creo una de ellas es acercarse a dos escritoras que se enfrentan a lo más duro de la vida y abren puertas a la ilusión. No son mala compañía la fantasía y la poesía en estado puro.


Para el alumnado de cualquier edad y quienes se dedican a la docencia, el año comienza en septiembre. Como en casi todas las familias hay siempre alguien que está en edad escolar o estudia algo, este calendario paralelo funciona para casi todo el mundo, porque se une al final de las vacaciones, que son mayoritariamente en verano. Luego hay un interregno que, en nuestro ámbito occidental de raíces culturales cristianas, se rompe con la llegada del Adviento, en el pórtico del mes de diciembre. De repente nos dicen que no, que el tiempo empieza a contar el 1 de enero, y se iluminan las calles, esperando la llegada de un niño, un barbudo subido a un trineo o tres viajeros en camello, asuntos todos de recorrido milenario, que en la era de las aplicaciones informáticas quieren cambiar como si hubieran implantado una nueva versión en nuestro móvil. DSCN4624.JPGPero las ciudades se llenan de belenes, disfraces de viejo barbiblanco o enviados de los camelleros. También suele visitarnos el viento y la llovizna, y el mar se pone bravo. Nos cuentan historias de paz y amor de cualquier parte del mundo, pero evocando siempre un territorio del que solo se ocupa la cartografía militar, y acabamos de Charles Dickens, Mujercitas y ¡Qué bello es vivir! hasta el gorro. Luego viene la Nochevieja, en la que ya empieza a entrar en la tradición adivinar qué presentadora llevará el vestido más transparente. Es decir, unos miden en solsticios, otros en cursos, otros en fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes y otros no sé qué medidas novedosas han descubierto. Nos llaman a la alegría aunque a veces nos inunde la tristeza. Es un ajuste de cuentas con el tiempo, esa máquina inexorable que no necesita reloj. Cada año nos sorprende la Navidad sin habernos preparado para que nos deseen felicidades por sistema, ni para soportar prédicas edulcoradas, donde se nos viene a decir que somos culpables de las penurias ajenas, y en un supremo acto de generosidad acuden a la televisión muchos famosos a hacerse publicidad. Algunos exhiben una desfachatez monumental, pues suelen tener su residencia fiscal en Andorra, Mónaco, Panamá o Miami, y luego hay que darles las gracias porque rifan una camiseta o una foto firmada. Lo que deberían hacer es pagar impuestos en España, eso sí que sería solidaridad. Y seguimos midiendo el tiempo, viendo cosas que nos van poniendo de mala leche. Aunque no es la Navidad lo que molesta; lo que de verdad irrita es lo que ahora llaman postureo (la hipocresía de las apariencias de toda la vida).


Como es bien notorio, detesto a esa gente que está todo el día con frases de cine; por eso espero que este sea el comienzo de una gran amistad. A Dios pongo por testigo que nunca más volveré a pasar hambre, porque el cartero siempre llama dos veces, pero a mí no podrán juzgarme dos veces por el mismo delito. A veces veo muertos, porque ya están aquiiiií... Donde yo estoy subido a la cima del Mundo mientras suena una campanilla porque dicen que Clarence ya tiene alas. Me uno a los que gritan !Rosebud! y como alcalde que soy le debo una explicación, aunque yo en tu lugar no lo haría, forastero, soy la ley al oeste del Pecos, y nadie puede echar el aliento sobre la Señorita Lili. Ser o no ser, Príncipe de Salinas, hacer que algo cambie para que todo siga igual, aunque vengan siete magníficos samuráis.

cinnne 1.JPGPor favor, Hal, abre la puerta. ¿Que si tengo fuego? No sabes cuánto, Flaca, estoy como agua para chocolate. Vienes a pedirme un favor el día de la boda de mi hija y te haré una oferta que no podrás rechazar. Creo, Huston, que tenemos un problema, soy un hombre, nadie es perfecto, y ahora sé que siempre nos quedará París. Ahí está el detalle. Es que me encanta el olor del napalm por la mañana, y mañana será otro día. Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros. Finalmente, soy considerado, y deseo que la fuerza te acompañe, aunque no aguanto a los agentes secretos. Por cierto, me llamo Milio, E. Milio.


Lazarrro 2.JPGLas dos obras anteriores de Carlos Lázaro Roldán denotaban que al poeta nada le es ajeno. En este su tercer libro, País de Lux, le hiere todo lo que pueda llevar el adjetivo "humano". Tal vez podría decirse lo mismo sin mentir de todo poeta, pero en este caso la escritura es como un GPS que detecta todo lo bueno y lo malo que hay a su alrededor. Es asombrosa la capacidad para despertar su poesía que tienen los detalles aparentemente más nimios, que se incrustan en los grandes asuntos que siempre son la muerte y el amor, pero el amor expandido más allá del exclusivamente erótico.

Viendo la disparidad de objetos, asuntos, sensaciones y sentimientos que lo atrapan, uno llega a la conclusión inevitable de que es la vida en toda su dimensión la que sorprende cada instante al poeta. Podría deducirse que ese interés por la vida procede inexcusablemente de su dilatado ejercicio de la Medicina, pero eso sería quedarse cortos, porque la vida está fuera del alcance de un fonendoscopio. Vibran quienes buscan una rendija para huir de algo o alguien, a veces de sí mismos, quienes sienten la terrible indefensión de la intemperie, quienes durmiendo bajo techo sienten que incluso en el cobijo puede estar la soledad. Corren por sus versos los fugitivos de la alegría y los que la inventan para sobrevivir. Es un radar que detecta fisuras cuando todo parece compacto y donde aparecen fortalezas cuando se supone que ya está encima la derrota. Es ese matiz difuso que nos alerta cuando estamos tranquilos, y por el contrario esa voz que nos reprocha lamentos gratuitos cuando en realidad no hay razones importantes para la queja. Lazarrro 1.JPGEl ser humano es inconformista y quejumbroso y al mismo tiempo es prepotente y ufano, casi siempre cuando no debe. País de Lux es como una máquina de la verdad, que trata de desmontar las carencias de nuestra sociedad y a la vez propone realidades objetivas para tratar de buscar el equilibrio en lo pequeño.

Cuando se termina de leer este libro se siente como que nos han descubierto cuando hacemos continuas trampas en el solitario. Porque vivimos en una contradicción difícil de explicar y más difícil todavía de asumir: estamos solos, somos seres individuales y hay fronteras que nadie puede traspasar, y esto sucede en una sociedad en la que la relación entre todos es imprescindible. No podemos sobrevivir aislados, y tampoco podemos avanzar sin mirar hacia adentro. El dolor, la esperanza, la ilusión, la frustración, la entrega... Es la vida que se abre camino entre lo individual y lo social, es el ser humano que se muestra poderoso y se sabe insignificante, o al revés. Ese es el escáner que hace del mundo Carlos Lázaro Roldán un informe doloroso pero esperanzado de lo que cada día roza, molesta, ilusiona o abriga al poeta. Es el País de Lux que buscamos y del que huimos, porque puede que exista.

***

NOTA: País de Lux contiene, además, doce dibujos en tinta realizados por Carlos Lázaro Roldán, autor del poemario.


Lo mismo que Saulo de Tarso, Pablo Iglesias destaca por su liderazgo, su capacidad de comunicación y su formación en las más esmeradas escuelas dentro de lo establecido; pero un día, lo mismo que Saulo pasó a ser San Pablo cuando un resplandor lo derribó del caballo en el camino de Damasco, a Pablo Iglesias un conductor con la luz larga lo deslumbró en el trayecto entre sus clases en Somosaguas y su domicilio de Vallecas y se cayó de la moto. A partir de entonces se convirtió, como San Pablo, en "la luz revelada a los gentiles". Ante la posibilidad de que su compañero de viaje y discípulo aventajado Iñigo Errejón ponga en peligro su verbo inequívoco, le ha dirigido una carta abierta muy larga y explicativa, como las que el de Tarso dirigió a Tito, a Timoteo y a Filemón, pero que puede resumirse en el siguiente párrafo:

pablotarso.JPG"Los deseos de equidad que se manifiestan en el estado contingente de la profundización antropológica, influyen consuetudinariamente en la erección de una fuerza que guía hacia el punto angular que verifica la concentración de la disparidad y el encomio de los valores escatológicos en la metempsicosis de las estridencias asincopadas. ". Verbum Dei, que quiere significa "lo que yo te diga".

Traducido al sánscrito del primer período quiere decir: "No me muevas la silla, que te lo tengo dicho. Estate quieto, que hay que aprovechar la parranda que hay en el PSOE y que Rajoy nos lo pone a huevo. Así que, machangadas (*) las justas".

***

(*) El término "machango" puede ser trasunto de soplagaitas, cantamañanas, primavera y pollaboba, según William Jones, filólogo inglés del siglo XVIII, redescubridor de las lengua indoeuropeas.


RAG 1.JPGSimone Signoret, la gran actriz francesa, publicó sus memorias en 1978 bajo el título La nostalgia ya no es lo que era. Esta mujer fue testigo y participante no solo de la gauche divine sino también del recorrido de lo que significó la socialdemocracia para la Europa del Estado de Bienestar, que fue implantando un sistema humanizado y más justo en el occidente de Europa, amparado por los Estados Unidos y el cohete de empuje inicial que supuso el Plan Marshall, como dique contra la URSS, tratando de demostrar que podía haber una sociedad más igualitaria sin tener que implantar el sistema soviético. Y es paradigmática la fecha de publicación del libro de la más que actriz francesa -1978- porque es el año en el que empieza a gestarse el principio del fin de un sistema que es hijo de la socialdemocracia hasta el punto de que conceptualmente fueron casi sinónimos.

De esto y de otras cosas -Simone Signoret no sale en el libro, advierto- trata el ensayo de Rafael Álvarez Gil La socialdemocracia en transición. Yo habría sido menos piadoso y habría cambiado transición por liquidación, porque el propio libro que nos ocupa así lo pone sobre la mesa. Creo que es una reflexión histórica y expositiva muy ilustrativa para entender de dónde viene y hacia dónde va Europa, con análisis muy novedosos, y para que sirva de frontispicio a una lectura detenida comentaré algunos aspectos que comparto al cien por cien, otros a medias y una deducción que se reafirma en el libro aunque no se enuncia expresamente.

Empezaré por lo último, porque es una evidencia que España no solo llega tarde a Europa, al Estado de Bienestar y a la democracia, sino que literalmente no llega, porque, si tenemos que anclar en una fecha nuestra Transición, la Constitución de 1978 es clave. Ese el año del libro de Simone Signoret y el de la llegada al pontificado de Juan Pablo II; al año siguiente Margaret Thatcher tomaría las riendas del gobierno británico y en 1980 Reagan sería elegido presidente de Estados Unidos. Ya estaban repartidas las cartas del nuevo juego y sus jugadores con muchas bazas en la bocamanga. Que saltara la banca del status quo era solo cuestión de tiempo. La idea era que había que dejarse de monsergas, acabar con la URSS y como consecuencia ya no sería necesario el Estado de Bienestar como coartada. La socialdemocracia que creó un sistema en Europa que no tiene parangón en la Historia, ya empezaba a no existir cuando España puso el primer pie en el estribo de un tren que sus pilotos trataban de descarrilar. Los avances económicos, sociales y políticos que se produjeron en países del centro y norte de Europa quedaría ya en el ADN de las siguientes generaciones y por eso hoy la crisis les ha golpeado menos. Italia es la excepción, que estuvo en ese tren desde el principio, pero lo fue perdiendo por la corrupción endémica y la perpetuación de otros genes políticos decimonónicos. Así que, cuando España llegó, aunque seguía la juerga, la orquesta ya había dejado de tocar.

RAG 2.JPGOtro punto fundamental del libro de Álvarez Gil es que Keynes no sirve para todo. Y es cierto, no existe la panacea económica infalible, pero -y es una opinión discutible como todas- menos servirá si hay un empeño muy poderoso en que no funcione. Con el New deal de Roosevelt, en plena Gran Depresión, el gobierno norteamericano remaba a favor del intervencionismo, ahora los gobiernos ultraliberales apenas si reman, se dejan llevar por la corriente de las multinacionales. Y así ni keynesianismo ni su contrario. Creo que, aunque es crucial el papel de Margaret Thatcher en el desmantelamiento de un sistema que casi definió a Europa, estimo que tal vez los análisis de Álvarez Gil miran demasiado a Gran Bretaña, que es la clave en la liquidación, no en la construcción del Estado de Bienestar, que fue un logro de la Europa continental a la que los británicos se sumaron porque entonces les convenía. Si la socialdemocracia tiene alguna esperanza de al menos reflotar los restos del naufragio, esta reside en el continente, por muy antipática que nos caiga la Alemania actual o nos chirríe que Francia siempre mire a los demás por encima del hombro. De ahí que la actual deriva del PSOE en España sea mucho más que la crisis de un partido político.

Como puede apreciarse, La socialdemocracia en transición es un libro que toca todas las teclas de esta corriente, mirando la economía con el cristal de la política -y no al revés- y sugiriendo propuestas lógicas. Otra cosa es que cualquier intento sea fagocitado por la inercia imperante, que se me antoja tan ciega que puede estar cebando monstruos que ni siquiera los más ultraliberales desean. Los socialdemócratas menos.


Confieso que me atrae lo esotérico e inexplicable con los conocimientos que manejamos a día de hoy; es un mundo muy literario, en el que la fantasía y la imaginación se mueven a sus anchas. Por otra parte, me tengo por una persona profundamente racional y a estas alturas me quedo con el significado de la palabra inexplicable, que en realidad tendría que ser inexplicado. Pero a veces ocurren hechos que resultan sorprendentes. Durante el atardecer del día 8 de diciembre, observé una luminaria a poniente, más grande y resplandeciente que ninguna estrella que yo haya visto. Tan grande era, que más bien parecía una luna pequeña. Hice unas fotos de una calidad muy mejorable, las puse en las redes sociales y vi que hubo otras personas que también observaron el fenómeno. Quienes parecían más documentados, afirmaban que era el planeta Venus, el llamado Lucero de la Mañana por el Este y también de La Tarde por el Oeste. Otras personas dijeron que podría ser la Estación Espacial Internacional, que refleja la luz del Sol cuando ya este no es visible desde donde estamos. He de decir también que no advertí que quienes lo vieron observaran nada extraordinario similar a lo que yo percibí, ni noté un entusiasmo similar al mío. Se argumentó que, en caso de ser Venus tendría que verse, con minutos de diferencia, al día siguiente; durante el atardecer y la prima noche del día 9 escruté el mismo lugar del cielo y no se repitió la visión. Nada hay de esotérico en eso porque seguramente tiene una explicación que yo desconozco.

34ddcff512108.JPGLo curioso de todo esto es que, tanto en las redes sociales como durante la mañana siguiente, se habló mucho de ello en mi círculo, y saltaba la memoria de los primeros viajes espaciales, de la perra Laika que lanzaron los rusos y, por supuesto, de los astronautas Yury Gagarin y John Glenn, que fueron héroes de la niñez, la adolescencia o la juventud de mucha gente, más incluso que Neil Amstrong. De niños nos decían que alguna luz que veíamos moviéndose en el cielo nocturno era la nave de Glenn; era falso porque él orbitó solo una vez y estos episodios bromistas ocurrían meses más tarde. Pero quedó grabado en muchas mentes infantiles. Y la sorpresa fue que, a media tarde del día 9 supimos que el legendario John Glenn ha fallecido a los 95 años. Otra vez resurge la mente racional, y entiendo que ha sido fruto de la casualidad, pero es tentadora la fantasía de que el viejo astronauta ha dado una última vuelta a La Tierra para despedirse de quienes lo tenemos como un icono de nuestros primeros años, antes de partir definitivamente hacia el hiperespacio de la eternidad. Quién sabe si por eso aquella luminaria del atardecer del día 8, aunque finalmente se tratara del planeta Venus, fue especial solo para mí con la complicidad de la desfasada cámara fotográfica de mi móvil. En todo caso, buen vuelo, Coronel Glenn.



Foto fija pannn.JPGDesde hace unos meses, no dejo de escuchar continuamente que tal político tiene que construir un relato para explicar su postura, que se compone una narrativa de tal proceso, que se hace una historia de las causas de un resultado electoral. Todo esto nos lleva a una conclusión evidente que ellos mismos han determinado: parece ser que todo es una gran dramaturgia, encaminada a ocultar y resaltar en clave de ópera bufa la tragedia en que vive la gente de a pie y que la película no se parece al guión que nos muestran. Puro teatro y no sabemos qué se cuece entre bambalinas. El drama real está en la calle. ¿Relato? ¿Narrativa? ¿Historia? Los romanos decían que a la plebe hay que darle pan y circo, y cada día hay más circo en las instituciones y en los medios y menos pan en las alacenas de la gente. Por favor, dejen la ficción para novelistas, poetas y cómicos, salgan de su País de Las Maravillas y entren en el mundo real, porque, además, sus recitados son poco verosímiles y ya estamos hartos de tanto cuento.


Durante buena parte de mi vida, Franco fue siempre un punto de referencia inexcusable. Su retrato, junto al de José Antonio Primo de Rivera y el crucifijo utilizado como un emblema más del Imperio, estaba en el frontispicio de cada aula, en los edificios oficiales y hasta en las oraciones de la misa. Nos lo mostraban como ejemplo de virtudes que hoy me parecen tristes, hasta que, viciado por los libros, supe que existían la democracia, los partidos políticos, la libertad de expresión, las críticas al gobierno, la pluralidad. Entonces me di cuenta de que Franco me consideraba su enemigo; para él, yo era peligroso, todos éramos peligrosos para la patria, y por eso nos vigilaban. Si en nombre de la patria se puede matar a miles de personas, perseguir la cultura, destruir ciudades y arrasar campos, la patria no es la gente, ni la tierra, ni la cultura; entonces, ¿qué es la patria? Para mí era una abstracción militar con uniforme de cruzado. La patria entonces no era la suma de mujeres, hombres, ideas, costumbres y territorio, sino su resta. Y era triste.

bn999.JPGDespués he entendido lo sombrío de aquel mundo donde la alegría era delito. Era tan lúgubre, que durante años he dudado de si Franco existió realmente o fue una ficción. Y no era una ficción, porque no se trataba del hombre bajito que se erigió en dictador, sino de una idea de España en la que los españoles no cuentan. Franco era el logotipo, y ahora aquella patria se ha convertido en cifras, dinero y estadísticas, y sigue sin tener en cuenta a los españoles. En vísperas del aniversario de la Constitución, vemos que lo que significaba el franquismo no solo no fue una ficción, sino que se prolonga y hoy sigue vivo, condenando a la cárcel de la miseria a millones de españoles, jugando con la vida y con la muerte de la gente indefensa, expulsando a los jóvenes como antaño. Yo me siento miembro de una España solidaria, justa y abierta, pero cuando me hablan de patria empiezo a temblar, porque detrás de esa palabra no está la España en la que creo. Dicen que la Constitución necesita reformas; si no hay un sentimiento colectivo, va a dar igual. Bastaría con que se cumplieran la lista de derechos y la doctrina de justicia solidaria que ya están escritas en esa Constitución de 1978 que dicen que es vieja. Posiblemente lo sea, pero lo peor es que siempre ha sido papel mojado porque nunca se ha cumplido para el conjunto de la población. Y siento que cuando hablo así se me tiene por enemigo, porque quieren volver a esa España en blanco y negro en la que la alegría vuelve a ser sospechosa.

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