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Archivos Marzo 2016


En el siglo XIX, antes incluso de que se hablara de regeneracionismo, Galdós retrató una España que se debatía entre cerrarse sobre sí misma o abrirse a Europa. La memoria de la presencia española en el continente, sostenida la mayor parte de las veces con la pica, el arcabuz y la vizcaína de los tercios, no hizo amigos, y esto se agrandó con ese deporte francés que, lo mismo que hoy descalifica a Rafa Nadal, esparció la idea de que África empezaba en Los Pirineos, dicen que de boca del mismísimo Alejandro Dumas, aunque esta insultante autoría nunca se ha podido probar documentalmente. Durante el siglo XX, el sueño fue siempre ser europeos, sobre todo después de la II Guerra Mundial, formar parte de la Europa del bienestar y la libertad, que admirábamos y envidiábamos en la película Dos en la carretera, cuando Audrey Hepburn y Albert Finney atravesaban en coche la campiña francesa mientras discutían sus problemas conyugales, zzzzllciddd.JPGcosa que en España era casi pecado porque el matrimonio era sagrado y eterno. El sonsonete mentiroso del franquismo era que entraríamos en el Mercado Común y recuperaríamos Gibraltar. Un sueño imposible por razones políticas.

Y el sueño se hizo realidad el 1 de enero de 1986. Ya éramos Europa, seríamos tan ricos como Alemania, presumiríamos de grandeza como los franceses, tendríamos los avances sociales de Dinamarca y nos convertiríamos en un paraíso de la eficiencia como Bélgica y Holanda. Pero ¡ay! resulta que, 30 años después, España no es como la Europa que soñábamos entonces, y lo que es peor, Europa se comporta cada día más como aquella España que parece que no queremos dejar atrás porque no encontramos (o no queremos encontrar) las siete llaves que pedía Joaquín Costa para cerrar de una vez por todas el sepulcro del Cid. Hemos exportado el ¡Viva Cartagena! del siglo XIX, reforzado por el orgullo unamuniano, y ahora Europa es una gran decepción. Alemania no es tan rica, Dinamarca no es tan solidaria, Francia no es tan poderosa y Bélgica es tan cainita, negligente y descuidada como decían que éramos nosotros. Y al fondo, las religiones, como banderas de guerra en lugar de faros de concordia. En resumen: Europa no ha conseguido europeizar España, pero España parece que sí ha logrado españolizar Europa. Y olé.

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Lleva siglos ocurriendo, pero no aprendemos. Es una norma que podríamos llamar matemática que cuando un organismo se siente atacado, aunque a veces el miedo o la confusión lo paraliza, acaba devolviendo el ataque, y no siempre en la misma proporción que el recibido. Esa es otra constante que se repite, la desproporción de la respuesta. Ocurre en todos los seres vivos y también en el ser humano, tanto en sus relaciones individuales como cuando forma parte de un grupo que lo diferencia como tribu, nación o por motivos religiosos, raciales o de otra índole. El territorio o la forma de vida en cualquier aspecto, o ambas cosas, son el aire que levanta la ola. Y esto suele suceder por la falta de sensibilidad y preparación de la dirigencia, sea política, económica o social. Un pequeño error con el otro origina una respuesta, 33DSCN4288.JPGque al ser desproporcionada incita a devolverla para equilibrar, y así va creciendo la bola de la violencia y el desconocimiento y llega un momento en el que ya nadie sabe qué fue primero, por lo que la tendencia es echar la culpa al otro. Si los dirigentes conocieran la Historia, sabrían que esta escalada de errores está en el origen de casi todas las guerras y las subsiguientes calamidades. Digo casi, porque los motivos se completan cuando al frente de una comunidad hay alguien con muchas ansias de poder y ataca al otro sin más, aunque hasta en esos casos ese liderazgo irracional tiene seguidores porque hubo errores que crearon el caldo de cultivo.

No es la primera vez que digo que romper ciertos equilibrios genera consecuencias imprevisibles. Y ahora, por desconocerla, estamos en un punto de la Historia que esparce sufrimiento, miseria, dolor y muerte en todas direcciones. Eso es lo que está pasando en este remolino que empezó a girar hace un cuarto de siglo. Ahora tenemos a miles de refugiados en las fronteras y el panorama indica que van a ser millones; muerte y miedo impulsan la ira, y con esos componentes cabalga el jinete de la guerra. Vemos titulares mientras tomamos café, unos dicen que en Europa ha entrado un caballo de Troya, otros que crece la xenofobia, que la presencia de grupos radicales neonazis es cada vez más evidente, lo mismo que las llamadas maras latinas que se adueñan de barrios enteros. Hay distintos niveles de enfrentamiento en esta sinrazón, y nada es independiente de lo demás porque todo proviene de la misma fuente: la ignorancia, la desidia y la prepotencia de quienes se supone que deben velar por todos pero a los que parece ser que solo les interesa el poder inmediato. El caos político, judicial y policial que hemos visto esta semana en Bélgica es una representación muy ajustada del actual estado de cosas. Pero nada, seguimos con un gobierno en funciones (por lo tanto, con capacidad de actuación reducida) y el Parlamento se toma 21 días de vacaciones. Como decía Delibes, la sombra del ciprés es alargada; que luego nadie se rasgue las vestiduras, se recoge lo que se siembra.


Ya que estamos en una semana históricamente enclavada en asuntos religiosos, hablemos de religión. La clave de las creencias religiosas es la fe, pero ese es un sentimiento personal. Strictu sensu, hay varias definiciones del concepto "religión". Una de ellas re refiere al culto a la divinidad, los ritos y la veneración; otra dice taxativamente que es una obligación de conciencia. Una es la que exhibe signos externos, la otra guía las conductas. No son excluyentes, pero generalmente se da mucha importancia a la primera y poco se valora la segunda. Para no meternos en latinajos, etimológicamente significa "acción y efecto de atarse fuertemente con Dios". Si nos ceñimos a nuestro espacio, son judeocristianos hasta los ateos de nuestro ámbito histórico y cultural. Hubo un tiempo -casi toda la Historia- en que las religiones eran la única ley, y el poder se convertía en teocracia directa o indirectamente, y como el poder lo acomoda todo a su conveniencia, las interpretaciones religiosas a veces tienen poco que ver con el origen. Por ello, vayamos a las fuentes, en este caso los Evangelios, que contienen las palabras de quien es el Dios hecho hombre de todo el cristianismo. Y nada más, porque ya el resto de las fuentes son interpretaciones de los hombres, empezando por San Pablo. Y si la religión es atarse a Dios (Jesucristo), este nos dice:

"Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". (Marcos 12:17, referido al poder).

"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. (Mateo 23:27, referido al boato y la hipocresía).

"Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos". (Mateo 7:12, referido a la solidaridad)

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(El obispo Casaldáliga, Berta Cáceres y el Papa Francisco)

Bastaría con eso, y vernos en el espejo de personas como Berta Cáceres, asesinada en Honduras el 3 de marzo por defender la supervivencia de casi medio millón de indígenas que dependen del río Gualcarpe, como lo hizo su madre; su hija Laura ha tomado el testigo, y la muerte sigue amenazando desde las gran grandes corporaciones que buscan el beneficio inmediato hipotecando el futuro. Bastaría con leer esos cuatro Evangelios canónicos (muchos que asumen ser creyentes jamás los han leído), es un libro pequeño y ameno. Bastaría con seguir el rastro de cristianos como Monseñor Arnulfo Romero o el jesuita Ignacio Ellacuría en Centroamérica (ambos abandonados por el Vaticano y asesinados), o el obispo de San Cristóbal de las Casas en el mexicano estado de Guerrero, o el costarricense mediomabientalista Jairo Mora, atado a un coche y arrastrado 300 metros hasta morir. Bastaría con aprender de Pedro Casaldáliga, obispo catalán en el Mato Grosso brasileño durante casi medio siglo, defendiendo a los indígenas contra los madereros que se quedan con sus tierras y ahogan el pulmón amazónico del planeta. Bastaría con seguir la primera encíclica del Papa Francisco, Laudato Si, que defiende La Tierra porque eso significa defender al ser humano, y que fue asesorado por el obispo Casaldáliga, denostado y perseguido por pontífices anteriores. Bastaría dejar de adorar al becerro de oro, esa es la parte importante de la religión, la que es una obligación de conciencia.

Tendría sentido el gran boato de procesiones y cofradías si el Evangelio fuese el faro, y hubiese una mano tendida al otro. Pero cerramos fronteras, levantamos muros y miramos hacia otro lado cuando vemos a un indigente durmiendo en un soportal mientras nos dirigimos a visitar los siete sagrarios del Jueves Santo o a seguir devotamente el Viacrucis el Viernes Santo. Ya dije que el culto y la conciencia solidaria no son excluyentes, pero creo que hay entreguismo al César del poder y el dinero y demasiados sepulcros blanqueados. Por eso no debemos callar, está en Marcos 4:23: "El que tenga oído para oír, que oiga".


Acabo de leer el libro El papel de la prensa, de Rafael Álvarez Gil, y al comentarlo con alguien, me tiró a cara El cuarto poder (*), magnífico film escrito y dirigido por Richard Brooks en 1952, con Bogart como estandarte. Desde luego, el cine nos da una visión de cómo han ido evolucionando los medios de comunicación, como de casi todo, porque es también un medio muy poderoso, para lo bueno y para lo malo, pero precisamente esa película está en las antípodas de cómo es la prensa actual, aunque no queda muy lejos de las ideas del autor del libro.

Rafael Álvarez Gil ha escrito un ensayo que no trata de contarnos la historia del periodismo y sus relaciones con el poder, asunto por otra parte que necesitaría bastantes más páginas que el centenar que nos ofrece el ensayista. Lo que nos explica es cómo, en el último medio siglo se ha fraguado la situación actual, y sobre todo hace propuestas para afrontar los desafíos que ahora mismo y en el futuro inmediato nos plantea la utilización de la prensa, y por extensión todos los soportes por los que la información llega al ciudadano. En muchos casos, esa información es interesada y por ello desinformación, y cada vez hay un mayor control de lo que se publica y por eso precisamente el trabajo de Ávarez Gil desmonta la idea de "cuarto poder". Esto tal vez fue posible cuando, aparte de los tres poderes de Montesquieu, la opinión publicada era independiente y las empresas periodísticas o de otros medios se dedicaban solo a la información, pero hace décadas que eso no es así.


ralgil.JPGNi siquiera el poder político está fuera de la presión de los poderes económicos, que en el caso de los medios de comunicación vienen a ser lo mismo, porque hoy la mayor parte de los medios están bajo el yugo de unos consejos de administración que a menudo usan las empresas informativas de las que son propietarios para reconducir la opinión a su conveniencia. Los apagones informativos son una muestra, sabemos lo que quieren que sepamos y de la manera que mejor les viene. Cuando sucede un hecho importante, tenemos noticias durante las dos primeras horas, pero luego todo se para, y durante días nos dicen lo mismo una y otra vez; esas dos horas son el tiempo que han tardado en hacerse con los mandos de lo que se quiere que se sepa o que no se sepa. Ocurrió el 11-S, el 11-M, cuando el Tsunami del Índico, en accidentes como los de Fikushima y, en fin, en todas los conflictos que asolan medio planeta. Por desgracia, podremos tener una nueva muestra de lo que digo hoy mismo, cuando en el momento en que escribo dan noticias de explosiones terroristas en Bruselas. Habrá muchas novedades en cadena durante el tiempo que tarden en controlar todos los canales de información, y cada vez tardan menos. Luego, repeticiones una y otra vez de lo que ya se ha publicado. Siempre se ha dicho que periodismo es contar algo que alguien no quiere que se cuente. Eso es hoy es prácticamente imposible.

Había una esperanza de libertad informativa que eran las redes sociales de Internet. Eso, con ser bueno, plantea problemas como que nunca sabemos si lo que se nos cuenta está confrontado y encima cada vez es mayor el control de esas redes por parte de los poderes político y económico. De ese desafío es del que habla Rafael Álvarez Gil en su ensayo, y desde luego por sus venas corre pura sangre de periodista, porque es más optimista que yo. Dice que hay demanda de buen periodismo; yo también lo creo, lo que yo no sé y él sí espera es que se pueda volver a una información veraz y contrastada, lo más cercano posible a las dos banderas del periodismo; la libertad de expresión y la veracidad de la información. En todo caso, este libro es una reflexión muy lúcida venida de alguien que conoce muy bien el terreno que pisa.

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(*) NOTA QUE NO TIENE QUE VER PERO QUE SÍ:

Ya que en el artículo se ha mencionado la película El cuarto poder, quiero precisar que sobre esta cinta hasta he llegado a leer que de ahí procede el sobrenombre que suele darse a los medios de comunicación; es falso porque, para empezar, la película no se llamaba así en inglés original, y por otra parte se usa la expresión "cuarto poder" desde el siglo XVIII, debido al peso que tuvo la prensa de la época en la Revolución Francesa. De modo que poco tiene que ver aquella película de 1952 con los medios de comunicación de 2016. Eso sí, propongo a quien corresponda un ciclo cinematográfico para entender la evolución del papel de los medios en los últimos 80 años, con títulos como Luna nueva, Ciudadano Kane, Network, Todos los hombres del Presidente, Al filo de la noticia, El Show de Truman, Buenas noches y buena suerte, Good bye Lenin...


Los artistas e intelectuales son conocidos porque se expresan a través una vía, aunque suelen aproximarse a otras. Sabemos que Alberti pintaba, que Miguel Ángel escribía o que Lewis Carroll fue un pionero de la fotografía artística y de la fotografía a secas. Otras figuras, aunque encumbradas por una actividad, también cultivaban otras, a veces con gran maestría, pero no se les suele reconocer el mismo mérito que a la primera. He conocido y conozco a personas que destacan en varias disciplinas, pero solo conozco a una que no cesa de asombrarme: Elio Quiroga.

losquesueñan.JPGLa primera vez que leí su nombre fue asociado a un excelente libro de poemas, entonces inédito. Antes había hecho música, fotografía y cortometrajes. Luego ya vino lo del cine, donde, menos de actor, ha tocado con excelencia todos los palos: director, guionista, productor, músico (no olvido su recorrido largamente reconocido por el cine de animación)... y cuando ya lo tenía asumido, me sorprende con un prestigioso premio de ensayo, o con sus internadas en las aplicaciones informáticas y los videojuegos. Cosas de Elio, me digo, en él nada puede sorprenderme, y lo veo como a un niño travieso cuando a veces compartimos charla y cerveza frente al mar.

Pero Elio no tiene límites. Hace un par de años vuelve a sorprender publicando tres novelas en un año, todas de géneros diferentes. A estas alturas, la sorpresa no es que sea también un buen novelista, solo que no me lo esperaba. Y el remache en esta nueva vía de expresión es haber obtenido el Premio Minotauro 2015 con Los que sueñan, un texto, una vez más, asombroso. Al ser una novela fantástica, se espera un mundo imaginario y probablemente imposible en la realidad. Pero no, precisamente trata de explicar lo que entendemos por realidad. No voy a destripar la novela, pero sí digo que es más que una mera narración, viene a ser como una especie de predicción, una apuesta, una teorización sobre hacia dónde vamos como especie. ¿Puede ser una novela sobre la evolución? Sí, lo de Darwin y todo eso, pero diría que entronca con el mismísimo Anaxágoras, un filósofo presocrático que es probablemente el profesor de más éxito de la historia, pues entre sus alumnos están Pericles, Arquelao, Tucídides, Demócrito, Eurípides y el propio Sócrates. Bien es verdad que muy pronto sus teorías fueron criticadas y rebatidas. Ya en el siglo XX, la mecánica cuántica parece darle la razón... y quitársela. Pero no hay miedo, no es una novela disuasoria para el lector; al contrario, es apasionante, y en su alucinante desarrollo nos encontramos con muchas preguntas, otras tantas hipótesis, una historia que nos atrapa y una capacidad imaginativa que, esta sí, no parece de este mundo. Y al fondo del todo está la gran filosofía que sigue preguntándose sobre el orden de aparición del huevo y la gallina. Hay humor; es más, diría que Los que sueñan está escrita desde la distancia que marca el humor, donde se habla con toda naturalidad de hechos que en la realidad cotidiana que manejamos resultarían inverosímiles. Para escribir un texto así, hay que cumplir una sola condición: ser Elio Quiroga... Aunque, según la propia novela, antes habría que establecer qué Elio Quiroga. No se la pierdan.


"Mamá yo quiero saber
de dónde son los cantantes..."

(Letra de una canción cubana de Miguel Matamoros).

A quienes hemos conocido toda la trayectoria literaria de Alexis Ravelo, no nos supone una sorpresa inaudita la publicación de La otra vida de Ned Blackbird. El parpadeo áureo de su nombre procede de su producción en lo que hoy se llama género negro, que engloba distintos matices que no viene al caso comentar. Ahora publica lo que los cursis exquisitos llamarían una novela literaria, como si las otras no lo fueran. No obstante, esta nueva novela de Ravelo tiene elementos inquietantes, porque, como diría ese mismo erudito pretencioso, capra tendit in silva (la cabra tira al monte, para entendernos). Es lógico que ese aire de intriga envuelva todo el texto; aunque Alexis ha refrenado su velocidad instintiva y ha dejado en el banquillo el vocabulario canalla de sus más que sospechosos habituales, siempre se respira el Ravelo; si a Edgar Allan se le despertaba el Poe hasta cuando escribía cartas a su prima-esposa Virginia, es palmario que cuando un escritor consigue su estilo este busca salida en cualquier circunstancia.


ravelo 11.JPGTengo la impresión de que Alexis Ravelo no solo quiso escribir una novela. El sistema de matrioskas visibles y camufladas delata que hay algo más: que la novela es un andamio para soportar un debate que el novelista mantiene consigo mismo y que pone sobre la mesa para que el lector oponga sus contraargumentos aquí, consienta allá y dude casi siempre. Aparentemente es una historia que gira alrededor de un profesor universitario que llega a una pequeña ciudad después de ciertas vicisitudes personales (que irán descubriéndose poco a poco), y alquila un piso que antes ha sido ocupado por una maestra ya jubilada que ha fallecido recientemente. Y ese escenario, también aparentemente poco interesante, le basta y le sobra al novelista para ir entrelazando episodios cotidianos con otros muy turbadores y que a menudo desafían la lógica habitual. Es una gota de agua a la que más tarde se le suma otra y luego otra, hasta que entre todas conforman un martilleo atronador. El Alexis Ravelo de siempre con sordina, pero que con hilo de seda va envolviendo al lector hasta que lo pone donde él quiere.

Vale, pues sería una novela, incluso una buena novela. Pero es que cunde el desasosiego a partir de todas las intrigas del relato, de la preguntas agazapadas y nunca formuladas, aparte de algunas evidencia que no se cuentan pero que lo son porque las cosas suceden de una manera determinada y solo de esa manera. Aparte de escarbar en lo metafísico (al final los arañazos se convierten en brutal sorriba), organiza una mezcla de escrituras, desde las más cultas y casi arcanas, a las más populares, donde se homenajea a los autores de las novelitas de quiosco, que unos eran americanos y otros lo parecían, desde los herederos de Zane Grey en el far-west a los que llenaron muchas horas de latón a la España del franquismo. En aquellos años tan largos y oscuros, autores como Kent Davis o Dick Norton se codeaban con Silver Kane o la industria familiar de Marcial Lafuente Estefanía que "fabricó" más de cinco mil novelas de dos pesetas y a cincuenta céntimos el cambio. Hubo otros géneros; uno de ellos la novela rosa, nacido en Italia (como hace cuatro siglos las novelas cortas que hicieron escribir a Cervantes las Novelas Ejemplares), viajó a Argentina y a Estados Unidos y tuvo posteriormente en España representantes de mucho éxito (Corín Tellado vendió a lo largo de su vida 400 millones de ejemplares de sus casi 600 novelitas).


ravelo 122.JPGHablo de todo esto porque es parte de ese argumento no explicitado en la novela pero que la vertebra, y que nos conduce a dudar de si la escritura es más que la creación de una ficción y los autores son demiurgos que fundan civilizaciones; o lo contrario, que hasta los propios novelistas son creaciones de otros, como creyó siempre aquel mal escritor francés del siglo XIX, que hacía folletines por entregas y estaba convencido de que él mismo era un personaje que otro escribió. Una locura que se mueve en espiral pero que sobrevuela La otra vida de Ned Blackbird. Lo que nos lleva a preguntarnos de qué materia está hecha la realidad, y si el propio Nabokov es fruto de un pésimo folletín amoroso que acaba haciendo indirectamente responsable a Corín Tellado de la escritura en diferido de Lolita. ¿Es que acaso no son hoy La Celestina, Jane Eyre y Sam Spade más reales que Fernando de Rojas, Charlotte Brontë y Dashiell Hammett? De todo esto colegimos que Alexis no solo canta; también escucha otras canciones, y como el Trío Matamoros, quiere saber de dónde son los cantantes.


Andamos en España ensimismados en nuestro propio ombligo. En Canarias seguimos empeñados en arrasar nuestro leve espacio, sin otro proyecto que no sea el endeble monocultivo del turismo; hay que ver con qué celeridad se ponen de acuerdo las fuerzas políticas, sean del gobierno o de la oposición, para proteger el quiosco con leyes como la canaria del Suelo o la reforma del artículo 135 de la Constitución, y qué lentos para afrontar los problemas de la gente con menos recursos. Nos metieron en la UE como la gran panacea, y ahora no podemos quedarnos al margen. IMG_2474.jpgViendo la respuesta europea a la crisis de los refugiados, el renacimiento de la escalofriante idea de la supremacía blanca, cómo los neonazis crecen como champiñones, cómo se humilla a una mujeres rumanas en Madrid por parte de unos gañanes descerebrados que se supone eran solo viajeros del fútbol, cómo surgen bandas para atacar al diferente, siento escalofríos. No hay liderazgo, no hay inteligencia, no hay política, no hay humanidad.

Europa vuelve a ser el reflejo de los boers supremacistas holandeses que en Sudáfrica dieron lugar a los afrikáners (padres del Apharteid), los neonazis derrotan a un partido tan conservador como el de Angela Merkel, y solo hay paños calientes, diciendo que son hechos puntuales, que esto es una gran democracia indestructible. Está claro que los dirigentes, además de carecer de talento político, parecen desconocer nuestra historia. No les pido mucho esfuerzo, simplemente que le echen una hora a un diccionario enciclopédico (vale incluso la Wikipedia) y lean las entradas (*) dedicadas al nacimiento del partido nazi alemán en una oscura cafetería de Munich, las fechorías del rey Alejandro de Serbia, la Marcha sobre Roma de un tal Musollini... Eran pequeños "hechos puntuales", y de paso miren también al inglés Chamberlain y su inmovilismo y el desastre del final de la III República francesa. Tiemblo cada vez que miro a mi alrededor y echo un vistazo al siglo XX europeo, donde el dolor y el sufrimiento nacieron de la ceguera y la desidia. O me muestran alguna señal o tendré que mantenerme en que nuestro representantes políticos son profanos, suicidas e irresponsables. Ahora somos parte de esa Europa descoyuntada, pero aquí seguimos discutiendo canonjías y jugando a las investiduras.

(*) Si algún político no sabe lo que es una "entrada" en un diccionario, que no se moleste en preguntar; debe irse a su casa directamente. Una ONG (Democracia sin Fronteras) se encargará del papeleo, porque supongo que tampoco sabrá lo que es dimitir.


Javier Marías llama caballeros negros (también hay damas negras) a aquellas personas que culpabilizan a los demás de todo lo que sucede, incluso de sus propios errores. Tiene visos de que todo esto procede de una cultura fuertemente impregnada de religión por los siglos de los siglos, y quien tiene aunque solo sea un milímetro más de poder, notoriedad o ascendencia se siente libre de culpa y con la capacidad de acusar continuamente. Suelen abundar más en el ámbito conservador, aunque tampoco faltan en todos los puntos cardinales de la sociedad. Si algo me sucede es culpa mía, y si le ocurre a uno de estos seres también será culpa mía. Lo vemos cada día en la política, desde donde se intenta crear la idea de que lo verdaderamente grave es que haya fiscales, jueces y guardias civiles que pierdan el tiempo en investigar corrupciones. Hasta ahí podríamos llegar. Pero no solo existen estas entidades en lo público, también en la vida cotidiana siempre hay alguien que culpabiliza a los demás incluso cuando el que falla es él.

celajes 2222.JPGTambién he detectado a los seres traslúcidos, hombres y mujeres que son más progresistas, más honrados, más revolucionarios, más solidarios y más de todo que nadie, y en lugar de culpabilizar usan el sarcasmo para desvalorizar cualquier cosa que se haga y que no sean ellos (o ellas) los hacedores. Esto se da más en la zona roja, para entendernos. Cuando haces algo, a estos teóricos de la verdad, les parece que te quedas corto, que en el fondo estás haciendo el juego al capitalismo. Si ellos hacen algo que contradice sus prédicas, es que se trata de una estrategia, y que en ese momento no se dan las condiciones objetivas para actuar según su doctrina. Es decir, ellos siempre son los gurús de la manada y nunca se equivocan.

Y claro, estoy hasta las cejas de unos y de otros, porque se vuelve todo una gran tergiversación, en la que para los primeros tú tienes la culpa de cualquier cosa que ocurra y para los segundos es que no has sabido mantenerte firme en tus convicciones, que un día tendrán que informarme ellos de cuáles son, porque por lo visto me paso el día traicionando convicciones que estos iluminados deben haberme atribuido sin que yo lo sepa. Es decir, culpable, cómplice, contemplativo o traidor. Por mi parte, todos estos seres superiores se pueden ir yendo al mismo sitio a donde solía enviar a los cantamañanas Fernando Fernán Gómez .


No es una novedad la teoría de que los alienígenas anduvieron por aquí en tiempos remotos, o que incluso continúan infiltrados entre nosotros quitando y poniendo reyes y llevando a la Humanidad a donde ellos quieren. Libros, películas y documentales de canales supuestamente serios se nutren de renombrados investigadores que aseguran lindezas como que las pirámides eran generadores eléctricos o que los mayas o los sumerios hablaron directamente con astronautas de otros mundos, que confundieron con dioses por sus extraordinarios poderes. Nombres como Zecharia Sirchin, Erich von Däniken o J.J. Benítez sostienen teorías delirantes que venden millones de ejemplares. No solo refutan toda la ciencia histórica y los trabajos arqueológicos, sino que directamente los desprecian y los tienen como parte de una gran conspiración de silencio en el que han estado y están todos los gobiernos del mundo. Es más, los hay que aseguran que hombres singulares como Leonardo Da Vinci o Nicola Tesla tenían contactos estelares (incluso hay quien afirma que estas figuras eran extraterrestres o híbridos).


eeeeeee115920.JPGPuede resultar entretenido especular sobre el origen del cosmos, del ser humano y de nuestra civilización, tirando de Einstein, Heisenberg, Anaxágoras, Madame Curie y otros nombres que suenan muy bien pasada la medianoche y el segundo chupito (todos ponemos cara de saber de qué se habla por snobismo, para no quedar por tontos). Cuando esto se profesionaliza, es tan peligroso como las sectas nocivas, los adivinadores con bola de cristal o los echadores de cartas, porque se valen de incautos y de gente desesperada o al menos desesperanzada. Al final siempre está el dinero; si no es a través de donaciones fraudulentas, consiguen sus objetivos vendiendo libros, conferencias y documentales que son puro humo, sin aportar una sola prueba convincente. No logran convencer ni a un tipo que, como yo, escribe novelas, y por ello tiene tendencia a entrar en mundos imaginarios. Es posible -cualquiera sabe- que pudiera haber otros mundos en la inmensidad del Universo; lo que sí niego es toda esa charlatanería apoyada en meras suposiciones. De momento, me quedo con lo que dicen desde Herodoto, y los Encuentros en la III fase se los dejo a Spielber. Esto puede ocasionar mucho dolor a personas sorprendentemente dispuestas a creer doctrinas tan disparatadas como la de los raelianos. Cierto es que en la vida, tanto personal como colectiva, aparecen hechos inexplicables, y cada vendedor de mantas ofrece su nítida explicación, basándose en no sé qué suceso acaecido en Bulgaria o en Malasia (si es que ocurrió) hace siglos o milenios, o en lo que le comunicó a alguien escogido un ser de otra dimensión. Tenemos preguntas que seguramente nunca obtendrán respuestas. Muchas podrán ser resueltas con los avances del conocimiento, lo mismo que hoy sabemos que los volcanes no son un castigo de los dioses, pero otras seguirán ahí. De eso se aprovechan; lo que no se entiende es que haya quien crea semejantes mitologías, y que sus promotores sigan teniendo patente de corso para engañar a la gente.


Veinte años después, les cuento una experiencia... una experiencia:

morocco.JPG"En el panel de Barajas, junto al vuelo a Gran Canaria, pone Delayed y Demorado. Le digo a Tato Gonçalves que se demora el vuelo a Delayed, una ciudad de Morocco o así. Dos horas después, ya en el avión, Gonçalves vela, yo sueño con Delayed. Viene la azafata: ¿qué toma? Nada. Cierro los ojos... ¿Cena? No. Sueño otra vez, estoy en un cabaret de Delayed, viene hacia mí Marlenne Dietricht, más cerca, más... ¿toma café? Que no, que no tomo café, ni ceno, ni nada, ¿vale? Tranquilízate, me dice Tato. Nos manipulan, Gonçalves, anuncian la demora del vuelo a Delayed, y pasan de nosotros, ni nos avisan del retraso del vuelo a Gran Canaria. Lo anunciarían en hassaní, se burla Tato. Que no, Gonçalves, ellas lo habrían oído. ¿Ellas? se mosquea Tato; Déniz, ¿te tomaste la medicación para dejar de oír las voces? No, Gonçalves, porque las voces me conducirán hasta Delayed, donde me espera Marlenne. Ya, a Delayed, dice Tato, ¿y si en su lugar encuentras a Gary Cooper? Gonçalves, Gonçalves, Gonçalves..."
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(Las imágenes son de la película Morocco, del año 1930)


En estos días se han publicitado determinadas ideas pensadas para visibilizar las políticas de igualdad, que curiosamente ponen en evidencia los ancestros carpetovetónicos. Alguien decía esta mañana en las redes sociales que el 8 de marzo es un día perfecto para reivindicar, pero también para detectar los genes neandertales, australophitecus y otros homínidos paleolíticos, que aparecen apenas les des pábulo. Aunque es cierto que a veces -las menos- se plantean iniciativas muy peregrinas, creo que todas nacen de la buena fe, y en todo caso me parece de escaso gusto y peor humanidad hacer chistes alrededor de un problema que, por enquistado, sigue costando vidas y produciendo mucho sufrimiento.


2223IMG_2379.JPGAunque la RAE a menudo patina por anticuada, al final hay que acudir a ella. Y la palabra violencia, sus derivadas y afines tienen muchos significados, no solo el de la bofetada -que es, por supuesto, inaceptable-, porque violentar es hacer uso abusivo de la fuerza, sea física, económica o moral. Por ello, es violencia de género que las mujeres cobren por el mismo trabajo un 17% menos que los hombres, que su presencia en puestos directivos sea mínima, que la mayor carga del cuidado de niños, enfermos, discapacitados y ancianos recaiga sobre ellas, que la posibilidad de quedar embarazadas sea un obstáculo para el empleo, que el paro femenino sea mucho mayor que el de los hombres, que todos los hombres de su entorno se crean y ejerzan mecanismos de control inadmisibles, que... todo eso es violencia de género, y nada de eso se mitiga con un regalo por Navidad o un ramo de flores por San Valentín, si es que alguna vez esto sucede. Pues sí, hay mucha más violencia de género de lo que cuentan los informes, porque muchas de estas desigualdades no caben en las casillas de las estadísticas.

Así que, tratar de visibilizar estas desigualdades no solo me parece adecuado,


me parece poco.


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En 1975, la ONU declaró el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer y en 1977 Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. En esta lucha por la igualdad ha habido momentos importantes protagonizados por mujeres como Olympe de Gouges, que en plena Revolución Francesa redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana y que ha inspirado recientemente una magnífica novela a nuestra paisana Isabel Medina. Luego ha habido valentía, lucha y sufrimiento, y en esta cadena los nombres de mujer que se entregaron a la causa son innumerables: Flora Tristán, las Sufragistas, Clara Zetkin, Virginia Wolf, Rosa Luxemburgo, Simone de Beauvoir (autora de un libro imprescindible, El segundo sexo) y tanta y tantas que han sido despreciadas, humilladas y asesinadas. Es un camino muy largo que merece admiración y solidaridad, y por lo que vemos a nuestro alrededor queda mucho para alcanzar la meta de la igualdad. Solo existirá la verdadera posibilidad de justicia y felicidad de hombres y mujeres, sea cual sea su condición sexual, cuando hayamos llegado a esa meta que hoy se nos antoja utópica. Pero las realidades antes fueron utopías. Esta lucha viene de mucho más lejos, pues ya en la antigüedad encontramos a personajes de ficción como Lisístrata, que organiza una huelga sexual de las mujeres para obligar a los hombres a parar la guerra, y a personas reales como Hipatia de Alejandría, que reivindicó el acceso de la mujer al conocimiento científico (lo que le costó la vida), o la emperatriz Teodora, que venía del pueblo y consiguió para las mujeres derechos impensables en el siglo VI. Y las mujeres que hoy luchan por esa igualdad han recogido el testigo de tantos siglos.

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(De izquierda a derecha, Lola Massieu, Pino Ojeda, Josefina de la Torre y Mercedes Pinto)

Por eso, y como homenaje a las mujeres canarias que están en el día a día de esta inacabable lucha, tengo que recordar a cuatro de ellas (hay más) que son referencias importantísimas en el siglo XX, y de las que tenemos mucho que aprender y admirar: Mercedes Pinto, Josefina de la Torre, Pino Ojeda y Lola Massieu. Ellas fueron siempre por delante, y pagaron por ello la factura que una sociedad anquilosada les pasó, pero su ejemplo y su memoria siguen ahí. No las olvidemos; hacerlo sería tanto como bajar la guardia.


teleurna.JPGHace unos años, las audiencias televisivas se medían con audímetros instalados en televisores (unos 3.000), repartidos por toda España y escogidos de manera que fueran representativos del total de los televidentes españoles. En la actualidad, seguramente se hace de forma parecida, aunque digitalizada. Supongo que esas muestras debieran ser tomadas con conocimiento de los afectados, aunque con tanta tecnología ya no podemos estar seguros. Nunca me he fiado de los estudios estadísticos que toman una parte del todo en función del todo. La demostración de que fallan las tenemos cada vez que hay elecciones. Me argumentan que solo fluctúan en uno o dos puntos porcentuales; así, cualquiera puede hacer predicciones, que las elecciones se ganan y se pierden por ese punto. Y viene a resultar que vivimos bajo la dictadura televisiva de 3.000 familias que quitan y ponen programas con su aceptación o rechazo, y aunque me acusen de tener mentalidad del siglo XX, a mí me lo pican menudito, porque esas grandes cifras que proceden de pequeñas muestras, aunque sean honestas, son manipulables desde el momento en que nos dicen que los números estadísticos pasan por lo que llaman "cocina". Y sigo pensando que, para conocer la opinión mayoritaria de un millón de personas, hay que preguntar a todas, que para eso se inventaron las urnas.


"España camisa blanca de mi esperanza

Reseca historia que nos abrasa..."


Blas de Otero.

"España es la nación más fuerte de La Tierra. Los españoles llevan siglos intentando destruirla y no lo han conseguido. El día que dejen de intentarlo volverá a ser la vanguardia del mundo"; esta frase, atribuida al canciller prusiano Otto Von a Bismark, es, de momento, el único certificado de garantía de supervivencia que tenemos. Existe, además, la evidencia de que España es el país más rico del mundo, porque lleva sumida en la corrupción política desde la época del Gran Capitán (picos, palas y azadones, cien millones) y sigue quedando de dónde sisar. Pues esta maravilla de la ingeniería económica y política que es España sigue empeñada en intentar su propia destrucción, y lo hace con ahínco, vive Dios (otra vez el Gran Capitán). Me explico:

camissa.JPGRita Barberá no acude a una cita del Parlamento valenciano que la elevó a senadora; Soraya Sáez de Santamaría desvaloriza un acto tan solemne como el de la investidura llamándolo impostura; Pablo Iglesias se despacha con un tuit calificando a Otegui de preso político; las instituciones jurídicas y policiales se las arreglan no sé cómo para echar más leña al fuego sacando nuevos escándalos o realizando excarcelaciones que arman barullo coincidiendo con momentos concretos; los independentistas aprovechan el río revuelto para emprender un camino que ni ellos mismo saben a dónde conducirá; los barones (y baronesas) del PSOE se pasan el día tirando de la chaqueta de su Secretario General; Pedro Sánchez, por su parte, juega a la ruleta, que tampoco sabemos si es francesa, americana o rusa, porque pudiera reventarle su futuro... Aquí no se calla nadie, Esperanza Aguirre aprovecha la liberación de Otegui para acusar de etarra hasta a la lámpara del faro de Orchilla, Alfonso Guerra vuelve a hacer sus chistes envenenados, Aznar habla ex-cátedra, Julio Anguita pontifica dejando en paños menores a Alberto Garzón y Felipe González canta La Traviatta. Habla ya hasta Cristiano Ronaldo. Este, ese, aquel y sus femeninos y plurales -elegidos por el pueblo para poner un poco de cordura en el zapateado- exhiben conductas, dimes y diretes de parvulario; es decir, se está trabajando concienzudamente en un solidario esfuerzo destructivo. Vamos de mal en peor: paro estremecedor, dejados de la mano de Dios ancianos y dependientes, sanidad, educación y hasta la farola del mar, peeeero...

Nos lavan la cara con no sé qué estudio interesado que dice que, junto con los daneses, los españoles son los más felices del mundo. Si con todo manga por hombro, resultara ser cierto que somos los más felices, propongo que la frase de Birmark sea la letra del iletrado Himno Nacional y que su pensamiento sea elevado a categoría filosófica o incluso evangélica. Blas de Otero tendrá que esperar; aunque la camisa blanca ahora se lleva mucho, por lo visto la esperanza no está de moda.

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