los blogs de Canarias7

Archivos Mayo 2015


Nos felicitaremos en el Día de Canarias...

* Cuando el aumento de la actividad económica genere puestos de trabajo en la misma proporción.

* Cuando el trabajo sea remunerado dignamente y no haya salarios de miseria.

* Cuando no tengamos ese vergonzoso y vergonzante 28 % de personas bajo el umbral de la pobreza.

* Cuando nuestro jóvenes universitarios no tengan que emigrar.

* Cuando el desempleo no sea ese ignominioso 33%, con cifras terribles entre los jóvenes.

* Cuando la sanidad vuelva a ser bandera de nuestros servicios públicos.

* Cuando se devuelva a la educación el valor y el respeto social que merece.

* Cuando las personas con dependencias tengan la ayuda que necesitan.

* Cuando las mujeres y todas las personas diferentes sean tratadas con justicia e igualdad.

* Cuando la cultura sea un orgullo y no haya una maquinación hacia la ignorancia programada.

* Cuando las personas que acceden a las instituciones actúen TODAS en bien del interés general y no en el de su partido o para proteger los intereses privados de unos pocos.

* Cuando nos dejemos de medallitas y se genere el respeto y la valoración reales que merecen personas y colectivos que han dado mucho a los demás.

* Cuando entendamos que no pueden engatusarnos con unas quesadillas y un sancocho y que Canarias es mucho más que un timple y una manta esperancera...

*

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz4441.JPG

Entonces...


Celebraremos de verdad el Día de Canarias.

*

Ojalá este sea un día que marque un antes y un después

en una sociedad que debe construirse entre todos

sobre la justicia y no sobre la mentira.

Por ese futuro posible debemos pensar en un

Feliz Día de Canarias.


imagennoel33.JPGHistorias monumentales es la más reciente publicación de Noel Olivares, un exquisito libro de microrrelatos que merece todos los parabienes y encomios posibles por la textura de su prosa, la precisión de su discurso y la esencialidad de sus argumentos. Es un libro de narrativa que se cimenta en la construcción poética de mundos paralelos y una distante visión irónica de asuntos que tantos afanes ocasionan, y lo hace usando como instrumento demoledor el humor negro. Mezclar poesía y humor negro es una clásica y efectiva receta que nos remite a Poe, a Chéjov, a Cortázar (Cronopio mayor del reino), y a Dolores Campos-Herrero, de grata y dolorida memoria.

He aquí un botón de muestra del libro, un microrrelato de Noel Olivares que resume el aroma de todo el libro:

"Ensilló su caballo camino de las montañas. El jinete se convirtió en un punto decreciente en la lejanía. La lejanía se volvió espejo emborronado por el polvo del galope. Solo quedaron las montañas".

***
Enlace del texto completo leído en la presentación que tuvo lugar ayer en la Casa-Museo Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria Presentación Noel Olivares.pdf.


En su novela Ensayo sobre la lucidez (2004), José Saramago cuenta cómo en una elecciones el 83% de los electores vota en blanco como rechazo a un sistema profundamente injusto. Después de los comicios del 24 de mayo, los canarios tendríamos que plantarnos de una vez por todas ante el sistema impuesto desde hace décadas para elegir a nuestros representantes.

Hay cuatro manipulaciones que inciden en todas las instituciones, que son las listas cerradas, mediante las cuales no se eligen personas sino siglas, y en el listado van nombre a los que sí le votaríamos y otros a los que no, pero en un orden establecido por las formaciones. Luego las actas son personales, con lo que el representante se arroga la propiedad del cargo y puede llevárselo en caso de transfuguismo. Más que una paradoja es un fraude. La otra deformación es la aplicación de la Ley D'Hont en la asignación de escaños, que favorece a las mayorías. Estas dos circunstancias falsean claramente en España cualquier elección.

111111111magencanarias 1.JPGEn Canarias hay, además, dos agravantes más en lo que se refiere al Parlamento, y que adultera cada cuatro años nuestra representatividad y por consiguiente el Gobierno de Canarias. El primero es el de los topes electorales, que incluso se dobló en la reforma de los años 90, y hay que tener el 30% de los votos de una isla o el 6% de toda la Comunidad para tener acceso al reparto de representación. Esto, combinado con la Ley D'Hont, es un agujero negro que se traga miles de votos canarios, que nunca ven reflejada institucionalmente su presencia real en la sociedad.

Pero lo que ya es una burla vestida de domingo es la representatividad por isla y el distinto valor del voto según en qué isla se deposite. Esto hace posible que, pase lo que pase, una formación determinada esté siempre en el poder e incluso en la cabeza del poder, que se combina, además, con un hábil juego de muñecas rusas mediante el cual la presidencia recae casi siempre en una formación que suele tener en torno al 10% de las actas parlamentarias, que engrosa con los resultados de las islas no capitalinas de formaciones adheridas. Y puede incluso perder las elecciones, en cualquier caso gobierna. Díganme si no es una obra maestra del caciquismo.

La falacia antidemocrática de la triple paridad, construida con la coartada de asegurar la representación de las islas no capitalinas, es una joya de la manipulación democrática (o antidemocrática). El argumento es que haya la misma representación de las dos islas capitalinas (15/15), la misma por provincia (30/30) y la misma de cada isla capitalina con las del resto de su provincia (15/15) es un juego de trileros que roza la perfección; el problema es que un voto de las islas llamadas menores puede valer hasta 17 veces el de uno de Tenerife o Gran Canaria (a veces más, fluctúa según población). Es decir, en el Parlamento de Canarias 30 diputados representan a dos millones de personas y los otros 30 a doscientas mil. Un disparate.

111111111magencanarias 12.JPGHace 25 años publiqué un trabajo documentado sobre esta barbaridad y las invectivas fueron tremendas, y todas venían a decir que yo no tenía ni idea de política, porque aplicaban la teoría clásica de que en política lo importante no es que algo sea verdad, sino que sea verosímil. Pero es que este galimatías encima carece de verosimilitud, no podría usarse como escenario social de una novela; los críticos la destrozarían por argumento no creíble, inverosímil, insostenible.

Pues con este argumento insostenible, injusto, antidemocrático y caciquil se conforma cada cuatro años el Parlamento de Canarias y su Gobierno, que por obvia lógica democrática conculca la legitimidad. Y en el sistema se han movido con comodidad las tres fuerzas que cada cuatro años han practicado el juego de la silla. En caso de que en esta legislatura no se genere el sistema electoral justo, racional y equitativo que la inmensa mayoría de la sociedad demanda y merece, tal vez los canarios se cansarían de esta sarta de manipulaciones, mentiras y apaños, y actuarían con lucidez democrática; no sería impensable que la respuesta fuese la que José Saramago propuso en la novela citada. ¿Y entonces qué?


imagenciceron.JPG-Y dime: ¿ya has decidido qué vas a votar?

-No, lo decidiré cuando vaya al colegio electoral.

-Eso no es serio, yo lo he decidido después de estudiar las campañas de los partidos.

-Cuando me acerque a la urna, votaré según el número de hombre y mujeres que haya, la estatura, el peso y la mirada de quienes compongan la mesa y de la gente que hayan puesto los partidos como interventores, y un dato importante es el color del pelo.

-Creo que por aquí la mayoría de la gente es morena.

-A mí, lo mismo que a Serrat, me gustan todas las morenas y Pepa Flores.

-Veo que no te va el pelo rubio.

-¿Cómo que no? Me gustan las cabelleras rubias y Georges Clooney.

-Entonces los pelirrojos...

-Me encantan los pelirrojos y Halle Berry.

-Pues está claro que no te atrae lo asiático.

-Te equivocas: los asiáticos, las polinesias...

-¡Para, para! Con ese criterio no creo que te aclares con tu voto.

-Pues lo mismo que tú, si te basas en la campaña.


Hay momentos en que los hechos se confabulan para enviarnos un mensaje. El poder establecido trata de controlarlo todo, y a menudo lo consigue; unas veces lo hace a lo bestia, otras más sutilmente, silenciando lo que resulta incómodo. Ayer, un jurado escapado al control supremo concedió el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades al filósofo Emilio Lledó. Despistes como este pueden ocurrir, los accidentes siempre son posibles, pero es que a una voz crítica discordante como la del filósofo premiado en los últimos meses le han otorgado varios galardones de mucho peso, uno de ellos el Premio Nacional de las Letras. Está claro que hay una pérdida de control, porque el último premio mencionado es concedido por el Ministerio de Cultura, donde por lo visto no anduvieron finos y nombraron un jurado honesto.

11111111rodin.JPGEn Canarias, el profesor Lledó tiene un especial recuerdo por sus años de fructífera docencia en la Universidad de La Laguna, y nos alegramos de estos reconocimientos porque, además de esta memoria cariñosa, está su obra y su voz siempre en vanguardia, y que en más de una ocasión han tratado de acallar. El mensaje que estas señales nos da es que hay que estar siempre alerta, porque el dominio, por muy monolítico que crea ser, siempre tiene fisuras que podremos convertir en brechas de libertad y progreso. Y ese poder, al que la justicia del galardón a Emilio LLedó le ha venido en el momento más inoportuno, sabe que eso significa una oportunidad para los que vigilan sus despistes. Esta evocación del sabio profesor y eminente filósofo y su pensamiento crítico debiera hacer que nos sentáramos a pensar sobre las elecciones del próximo domingo, y como consecuencia esta vez votemos bien, no como hace cuatro años.


Pocos como Antonio Machado han definido España, desde pintarla como "Charanga y pandereta" hasta plasmar la terrible idea de las dos Españas. También hubo dos Francias, dos Alemanias, dos Holandas, porque siempre existieron ricos y pobres, amos y servidores, aristócratas y plebeyos. Esto cambió sustancialmente en Europa con las revoluciones burguesas del siglo XVIII, y aunque sigue habiendo de todo, las diferencias se fueron reduciendo poco a poco. En España no, aquí esa revolución no sucedió, porque el país contemporáneo fundado por Las Cortes de Cádiz en la Constitución de 1812 fue laminado por el absolutismo fernandino, y se perpetuó con el caciquismo provinciano, la maledicencia programada, los nacionalismos galdoss11.JPGexcluyentes y la utilización del miedo, con la religión como aliada. Y si Machado definió a España, antes Galdós la había retratado, con una fotografía permanente porque no se mueve; más de un siglo después, esta sigue siendo una sociedad galdosiana. Hay una plutocracia que lo maneja todo con el poder del dinero y el látigo del miedo. Debe creer que el poder le pertenece por derecho divino, y cuando no tiene el poder nominal actúa como si quienes lo consiguieron en las urnas fuesen unos usurpadores. Ellos nunca pierden, porque siguen siendo los propietarios de casi todo (también quieren robarnos la dignidad), pero cuando el pueblo les dice que los suyos no tendrán la manija del poder político se remueven ofendidos, porque quienes no sean ellos son unos impostores. Se arrogan la bandera nacional, el escudo, el himno y la etiqueta de patriotas, como si esos símbolos no fuesen de todos. Luego critican que no haya apego general a esa simbología después de que ellos la hayan acaparado en exclusiva. Ocurre hasta en el deporte, que cuando los que se creen elegidos de los dioses no ganan es que ha habido una conspiración, porque no reconocerán jamás que el otro fue mejor. Llevamos dos siglos de insultos, desprecios e infamias; lo más triste es que muchos de los que tratan de alcanzar el poder utilizan el mismo lenguaje. España es un país de revanchas y venganzas pendientes, y tengo la impresión de que, de tanto practicar el vocabulario de la corrupción moral ya se ha incorporado a nuestro ADN. Cuando entran en política personajes como Ángel Gabilondo, Luis García Montero o la jueza Carmena, que simplemente actúan como demócratas europeos, casi son objeto de burla. ¿Qué puede esperarse de un país en el que se exige a un inmigrante ganar 1.250 euros al mes para traer a su hijo menor, mientras el salario mínimo es de 757 euros, hay un bar por cada 165 habitantes y un investigador por cada 15.000?


Jonás Meneses es una nueva voz narrativa que se da a conocer con la novela Salacot, en la que juega nítidamente con el espacio y de manera más alambicada con el tiempo, usándolo hasta reducirlo a la nada en el instante que es el punto crucial de la novela. Luego lo fuerza para moverse en otros estadios difícilmente explicables en este trabajo, porque pertenecen a la lógica interna de la obra, y hacerlo es, además de complejo, destripar el argumento. La ciencia-ficción es un género en el que se puede jugar con la imaginación, y a veces de manera arbitraria se fuerzan leyes físicas que los ortodoxos no se atreverían a tocar. Jonás Meneses trata la conjuración del espacio con naturalidad, y aunque aparentemente es el espacio lo que a ojos vista se trangrede en la novela, es el tratamiento del tiempo lo que la hace realmente interesante, no el tiempo en la estructura literaria, sino como concepto moldeable a voluntad en la línea de la teoría de los agujeros de gusano.

imagensalacot5.JPGLas relaciones espacio-tiempo son fundamentales en la conciencia individual y colectiva, si bien han sido traspasadas desde siempre por dioses, héroes y sibilas que trafican con el pasado y, lo más fascinante, con el futuro. Kant retuerce la visión newtoniana de que el tiempo es una percepción; afirma que es al revés: no puede existir percepción si esta no se da en el tiempo. Es decir, nada existe sin el tiempo, y su relación con el espacio es primordial, pues determina velocidad, distancia y otros parámetros a partir siempre del tiempo y el espacio. Aunque ya la literatura jugaba con esas magnitudes a la buena de Dios desde finales del siglo XIX con Un yanqui en la corte del rey Arturo de Mark Twain o buena parte de Julio Verne, y, por supuesto, con La máquina del tiempo de H.G. Welles, llega Einstein y viene a decir con su muy nombrada y también muy desconocida Teoría de la relatividad que la literatura puede usar argumentos cercanos a la ciencia, y esa relación espacio-tiempo intrínseca a toda novela empieza a saltar por los aires desde los albores del siglo XX. Es palpable no solo en novelas que claramente apuestan por el género, de autores como Asimov, Sawyer o Leinster, sino también en la literatura en general, desde los juegos de flashback de Francis Scott Fitzgerald hasta la combinación de otras dimensiones que hacen autores como Juan Rulfo.

Jonás Meneses juega con todo eso, usando para ello su formación científica, y es probable que alguno de sus profesores de materias relativas a la física se habrán echado las manos a la cabeza al ver cómo él trata la ciencia, lógica por definición, precisamente para romper esa simetría clásica entre el espacio y el tiempo, y seguramente le pasará como a los científicos a los que alude Stephen Hawking, a los que no les agradó la idea de que el universo hubiese tenido un principio. Salacot es una lectura amena y desde luego inquietante, y si algún pero hay que oponerle yo diría que el autor estuvo más pendiente de no perder el pulso de su propuesta que de sus personajes, a los que tal vez debió dejarlo más sueltos, aunque también es cierto que cada uno de sus movimientos son tributarios de la idea central del relato; los conflictos latentes solo se esbozan, asunto que por otra parte agradecerán los lectores que se vean arrastrados por la intriga de lo que está sucediendo y no entienden porque rompe toda la lógica que consideramos normalidad.

Esta novela es muy recomendable. Plantea un argumento muy original y desarrollado con soltura, lo que significa que pone a su autor en la tesitura de un desafío, porque si Truman Capote decía que toda novela debe comenzar con un asesinato y de ahí para arriba, Salacot comienza con la aparición de un extraño objeto sobresaliendo de la tierra y sigue subiendo. ¿Qué asunto va a proponernos ahora Jonás Meneses? Puede incluso que su próxima novela no tenga nada que ver con las leyes físicas.


Ya es bien sabido que la deriva económica de Occidente -especialmente de Europa- se fraguó en los años 80 del siglo pasado por un entramado cuyas cabezas más visibles fueron Reagan, Thatcher y el papa Juan Pablo II, pieza fundamental para el primer gran paso, que era el desmoronamiento del sistema soviético, que empezó en Polonia. La secuencia se ha ido desarrollando ante nuestras narices, y cuando alguien advertía lo que se estaba maquinando lo acusaban de cualquier cosa que lo desautorizara o que oliera a azufre demoníaco. La idea era volver a tiempos pasados, acabar con el estado de bienestar que caminaba hacia un reparto más justo y apoderarse no solo de los medios de producción sino también de las vidas hipotecadas de las personas. Primero lo hicieron soterradamente, hablando de globalización, luego fueron un poco más claros y se habló de deslocalización y finalmente, al rebufo de unaimagentalento.JPG crisis económica inducida, dieron un puñetazo sobre la mesa para dejar muy claro quién manda aquí. En esas estamos, porque la crisis visible surgió en 2008 pero el proceso empieza a enseñar las orejas desde la huelga de mineros ingleses (1984-85), que curiosamente coincide en España con lo que llamaron reconversión industrial, y que no era otra cosa que la preparación de los sectores públicos para que pudieran ser privatizado, cosa que sucedió en las décadas siguientes.

Todo lo que un estado debe garantizar a favor de la ciudadanía, como la energía, el transporte, las finanzas y las comunicaciones, ya está en manos privadas, y ahora tratan de privatizar sanidad y educación, como ya sin careta expresó ayer mismo el presidente de la patronal española. Y no se ruborizan personajes como Aznar cuando se arrogan méritos económicos, que seguramente son aplaudidos por quienes se llevan los beneficios de esas subidas del PIB, pero que condenan a la inmensa mayoría al paro o a salarios casi de esclavitud. Con estas premisas, tendríamos que mirar con lupa a quien votamos en los diferentes comicios de este año, porque hemos visto que en el último cuarto de siglo los gobiernos y la política en general han estado al servicio de quienes hacen su fortuna profundizando en la desigualdad. Van tan sobrados, que mienten a sabiendas de que conocemos sus mentiras, pero siguen por ahí, amenazado a quienes les echan en cara sus abusos ("Me he quedao con tu cara", dice una candidata a una ciudadana que le niega la mano) galopando una corrupción que hasta creo que les parece legítima, porque ellos son el poder y cualquier intento de equilibrar la sociedad lo consideran una blasfemia económica, porque por lo visto, como los tronos medievales, el dinero también proviene de Dios.
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(La Ilustración está tomada del blog Empleo & Talento)


En España la palabra CULTURA siempre desencadena alergia. Artista es una palabra que solo tiene sentido respetable entre la farándula del tablao; fuera de ahí suena a menosprecio. Como de alguna manera hay que llamar a quienes se ocupan de lo no tangible, se ha decidido llamarlos intelectuales, con lo que la palabra ya suena como un insulto, y cuando se habla de intelectuales y artistas surge una maliciosa sonrisa social aprendida de Patán, el perro de dibujos animados de Pierre Nodoyuna. Esto siempre ha sido así en España, aunque ahora rindan homenajes, pongan estatuas y rotulen calles con sus nombres, tampoco en el pasado la gente de la cultura gozó del respeto ciudadano, consecuencia seguramente de que nunca tuvo el institucional. Sin embargo, desde que doblamos la esquina del siglo y el milenio, atacar, destruir y degradar la cultura se ha convertido en deporte olímpico. Por esos años, surgió la expresión "rebelión de los iletrados" como anuncio de lo que empezaba a ser una realidad, y se ha generalizado hasta el punto que hay en la red un blog crítico con ese nombre. Importa poco resaltar la evidencia de que los países que cuidan y promueven la cultura, y por ende el respeto a quienes trabajan en ella, son los más avanzados del planeta; tampoco importa decir que la cultura es un factor económico que, a pesar de las penurias y persecuciones encubiertas, aporta el 3,5% del PIB y que es un nicho de empleo sobre todo a partir de pymes y autónomos; da igual que en Europa todo el sector de la cultura genere más empleo que todas las grandes corporaciones energéticas, financieras y de telecomunicaciones juntas (son cifras de la propia UE); todo eso se desprecia, porque a quienes pueden resolverlo no les importa el desempleo, y de paso se promueve una imagen negativa de los artistas e intelectuales como arma destinada al embrutecimiento general.

imagen-patan.JPGMe he tomado la molestia de echarle horas al repaso de los programas de todos los partidos políticos, viejos, nuevos y mediopensionistas, y no he encontrado en ninguno una sola idea que indique que se respeta la cultura en cualquiera de sus vertientes, sea como fuente de empleo, generador de economía o respiración y alma de un país. Los más osados hablan de reducir la terrible carga fiscal que ahora pesa sobre la cultura, pero esa es solo una parte del asunto, y no la más importante. Los programas están llenos de lugares comunes, frases hechas y ambiguas declaraciones de intenciones. Y desde luego, entran en este sector tan fundamental la enseñanza y la investigación. Mal vamos cuando un estado saca pecho porque en los últimos cuatro años ha logrado reducir un 21% su "gasto" en educación; en primer lugar, no es un gasto, es una inversión, y no es desdeñable el esfuerzo en desmantelar un sistema y convertirlo en fábrica de autómatas al modo de los epsilones que aparecen en la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley. Por eso, unos adrede y otros por inercia, todos participan en la voladura controlada de la cultura de este país. De Canarias en particular ni hablo, navego entre la pena, el asco y la indignación.


Los años finales de la década del sesenta y los primeros de la del setenta pillaron la metamorfosis completa de mi generación, y empezamos a entender que el mundo tenía entonces en los Estados Unidos su centro de gravedad. Aunque en España había una dictadura que ni siquiera olía las urnas democráticas, las informaciones sobre lo que sucedía en USA llegaban sin trabas, fueran elecciones (no importaba, votaban muy lejos) y sobre todo los hechos que configuraron toda una época, de la que buena parte se fraguó en aquel país del que hasta entonces, y por obra del cine, llegamos a creer que fue fundado por John Wayne y Gary Cooper a pique de espuelas y golpe de revólver. Pero ya había nacido el Rock -y antes el Jazz-, y aquellas cosas se nos transmitían en primera instancia con la voz de Cirilo Rodríguez a través de Radio nacional, y casi al final de la década quedaban fijadas por las imágenes que nos anunciaba Jesús Hermida, un tipo con un peinado muy peculiar, y una manera de hablar más peculiar aún, pues era en sí mismo una contradicción periodística, ya que quien tiene que transmitir datos no debería andarse con circunloquios a menudo exaperantes.

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzimagenhermida.JPGDetrás de tan personal flequillo aparecían siempre los rascacielos neoyorkinos, y luego las imágenes de aquello que nos marcó, fueran hechos políticos de gran impacto como la escalada en la guerra de Vietnan, y el final de esta, los asesinatos de Bob Kennedy y Martin Luther King o el escándalo Watergate, o bien eventos que dividieron las aguas como el macroconcierto de Woodstocks o el que dieron en California los Rolling Stone en el que encargaron a los Hells Angel (Los Angeles del Infierno) la seguridad a cambio de cervezas; así acabó como acabó. Las primeras imágenes en movimiento de Bob Dylan, Janis Joplin o Jimmy Hendrix nos llegaron precedidas por un comentario interminable de Hermida. Pero sobre todo, Jesús Hermida es el hombre que nos comentó por televisión la primera imágenes de la llegada del hombre a La Luna. Aunque al principio fuera en diferido (a Canarias, las emisiones vía satélite llegaron en los años setenta) todas aquellas informaciones nos dieron una imagen de un país convulso y a la vez influyente, y con esa tendencia que tenía a contar y recontar, fue creando imágenes colectivas sobre los hippies, o sobre hechos que sucedieron antes de que él fuera corresponsal (muerte de Marylin, asesinato de Malcon X, crisis de los misiles). Hermida ejerció durante décadas de experto oficial sobre cualquier asunto norteamericano, y es curioso cómo nuestra memoria nos regatea y se le relaciona más con John Kennedy que con Nixon, cuando la realidad es que vivió de pleno la presidencia y caída del segundo y que llegó a Nueva York cinco años después del magnicidio de Dallas. Tengo la impresión de que el propio Hermida quedó atrapado en ese ejercicio; tal era su fascinación por Estados Unidos, que parecía que no acabó nunca de creer su propia corresponsalía. Aplicaba en cualquier tiempo sus conocimientos de una sociedad que dejó de existir justo cuando llegó Reagan a la Casa Blanca y él regresó a España. De lo que no hay duda es de que, por oportunidad y por estilo, desde siempre fue un mito de la televisión. Como todo lo intangible, no era bueno ni malo, era Jesús Hermida, el hombre que nos contó La Luna y el Watergate (Neil Amstrong y Richard Nixon eran solo personajes de sus relatos).

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