los blogs de Canarias7

Archivos Enero 2014


zzzz20140124_134314.jpgEsta es una historia cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia. Se trata del relato que da lugar a la frase "Roma no paga a traidores", que en el título va en latin porque es más solemne (dónde va a parar). Antes nos contaban en el colegio la gesta de Viriato, un valiente caudillo lusitano (portugués, para seguirnos entendiendo), y digo antes porque si en tiempos muy pretéritos se incidía en la historia desde una falsa visión de heroísmo ibérico, los sucesivos planes de estudios casi la han hecho desaparecer.

El caso es que no había manera de que la gran Roma preimperial (siglo II a.c.) llegase al Atlántico, porque, cada vez que los romanos se acercaban a Portugal, Viriato machacaba una detrás de otra las tropas de centuriones tan prestigiosos como Cayo Vetilio, Cayo Plancio y Cayo Nigido (los enumero para documentar que llamarse Cayo era para los romanos como ahora llamarse Manolo). Entonces, el cónsul Escipión mandó a otro centurión, un tal Marco Pompilio Lenas (esto ya tenía más nivel, era como llamarse Carlos Javier), con el encargo de que sobornara a tres lusitanos, con nombres de más porte: Àudax (Pedro), Ditalco (José) y Minurus (Ramírez) para que traicionaran a su líder y lo eliminaran. Cuando el trío se presentó en el campamento romano con la cabeza de Viriato y para cobrar la recompensa, el cónsul Escipión pronunció la dichosa frasecita (Roma no paga a traidores), y además ordenó: "¡Que los quiten del Mundo!"

Y los quitaron. Al menos fue así cómo me lo contaron. Ya digo, una historia que no tiene relación con la actualidad.


Platero y yo es un libro singular, pero es apenas la cabeza del iceberg que significa la obra de Juan Jamón Jiménez en la literatura en español. Se trata de una narración elegiaca cuya primera versión fue publicada en 1914; tres años más tarde hizo una edición con más capítulos, pero el poeta no quedó conforme, pues siempre tuvo la intención de ampliarlo, y hasta escribió algunos capítulos de lo que sería una especie de segunda parte y que incluso llegó a titular como La otra vida de Platero. Nada de esto cristalizó y el libro que hoy conocemos como definitivo es la versión de 1917.

zzz Platero 1.JPGCuando mencionaba la importancia de JRJ en nuestra literatura no hablaba por hablar. Lo mismo que, después de un barroco tremendo en el que Cervantes y El Lazarillo alargaban su sombra hasta bien entrado el siglo XIX, llegó Galdós y metió en la modernidad a la narrativa de nuestra lengua, el poeta de Moguer, casi medio siglo después, lo hizo con la poesía; es decir; JRJ fundó el siglo XX de la poesía en español.


La sombra de Góngora, Quevedo, Santa Teresa, Lope, Calderón y San Juan de la Cruz alcanzaban incluso más allá del romanticismo. Bécquer, Espronceda y Rosalía (que también fue poeta en castellano) se adscribieron a las corrientes europeas del romanticismo que eran más ideológicas que lingüísticas. Cuando ese alargamiento romántico se tiñó del Azul (1888) modernista con Rubén Darío, esas nuevas maneras prendieron en la Hispanoamérica de José Martí, Amado Nervo y Leopoldo Lugones, y pronto saltaron a España haciendo de bisagra de dos siglos. El propio JRJ veló sus primeras armas poéticas abducido por la música del modernismo.

zzz Platero 2.JPGPero el modernismo, que en las mayoría de las bellas artes y la arquitectura marcó un antes y un después, en literatura fue flor de un día que sentó pocas bases para las siguientes generaciones. Mientras Villaespesa, Machado (Manuel), Rueda y nuestro Tomás Morales se entregaban al ruidoso festín de sonidos que se poblaba de faunos, princesas deslumbrantes, gigantes mitológicos, quioscos de malaquita, héroes invencibles o monstruos marinos que no casaban metafóricamente con el mundo real, JRJ quiso entrar en la poesía sin más equipaje que su propia esencia. Y entró.

Un renombrado y docto profesor isleño (omito el nombre porque él nunca se atrevió a escribirlo y solo lo comentaba de viva voz en privado) comparaba a los rimbombantes poetas modernistas con viajantes que llevaban un saco que sonaba mucho pero que solo contenía chatarra. Luego aparecieron viajantes silenciosos que traían el saco lleno de poesía, y ahí entraban JRJ en el ámbito del español y Alonso Quesada en Canarias. En la segunda década del siglo XX, cuando JRJ tenía apenas treinta años y ya en su haber poemarios tan importantes como Arias tristes o La Soledad Sonora, cada vez más simbolistas y menos modernistas (al final casi ni eso), surge el nuevo Juan Ramón, el que escribiría el epitafio del modernismo literario y abriría para la poesía española e hispanoamericana las puestas del siglo XX. Paradójicamente, como en un sutil juego de palabras, sepulta el modernismo y alumbra la modernidad.

Y el acta de nacimiento de esa nueva manera de abordar el mundo no es un poemario, sino un libro en prosa, una narración: Platero y yo. Con un lenguaje tan sencillo que muchos creyeron que escribía intencionadamente para niños (no era así), JRJ se enfrentó a lo efímero de la vida, representada por Platero, un asno. Era casi una provocación; veníamos de una poesía modernista en la que abundaban los caballos alados, las mariposas multicolores, los unicornios y los pavos reales, y JRJ nos presenta un humilde pollino. Pero no es un libro sobre un asno, es una memoria aparentemente infantil de las peripecias de ese Platero vivo por las callejas de Moguer hasta que el narrador lo supone "feliz en tu prado de rosas eternas".

zzz Platero 3.JPGA partir de ahí la obra de JRJ creció más y más, lejos ya de los corsé modernistas, y es ahora el poeta fundador del que son herederos todos los que desde hace cien años escriben poesía en nuestra lengua. Es la fuente, y la primera gota del manantial poético es precisamente un libro en prosa, Platero y yo. Incluso los poetas que nunca lo han leído (que los hay) escriben en su tiempo porque él desoyó la fanfarria modernista y desató el nudo gordiano que tan magistralmente ataron los grandes poetas del Siglo de Oro. Ese "Yo" que está en el título del libro es el que compromete al poeta con voz esencial de la conciencia propia y de la colectividad.

La vida y la personalidad de JRJ son azarosas y muy interesantes, pero no son el objeto de este trabajo. Mucho se ha dicho y escrito sobre su difícil carácter, y poco de su generosidad y su compromiso personal en la vida cívica. Se cuenta que, cuando le concedieron el Premio Nobel en 1956, año y medio antes de morir, un periodista de Puerto Rico, donde entonces vivía exiliado el poeta, le preguntó por qué había escrito un libro sobre un burro. Parece ser que reportero y cámara salieron a gorrazos de la vivienda que el poeta tenía en la zona universitaria de Río Piedras. Si esta anécdota no es verdad, debiera serlo, porque Platero y yo no es la historia de un burro. Es un faro que a veces olvidamos pero que sigue alumbrando.

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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 el miércoles 28 de enero).


A la desaparición de Juan Gelman hace unos días, hay que sumar la del poeta y novelista José Emilio Pacheco y recordar la de Carlos Fuentes hace año y medio. Tres Premios Cervantes que doblan la esquina del tiempo, como ha sucedido en los últimos años con otros galardonados: Delibes, Roa Bastos, Francisco Ayala. Lo curioso de esta vertiente de la noticia de la muerte de José Emilio Pacheco es que también afecta a México, lugar de refugio de Gelman y de otros creadores que en sus países no tuvieron la libertad para escribir. Con Gelman, además de Argentina, perdió México.

José Emilio Pacheco era un intelectual raro, pues siempre tuvo un gran prestigio sin hacer demasiado ruido. Todos nos remitimos al México legendario, hijo de la revolución, que dio figuras como los muralistas, Frida, el cine de "Indio Fernández" y el acogido de Buñuel, y la expansión de la música popular mexicana de los años 40 y 50 del siglo XX (Jorge Negrete, Pedro Infante, Irma Vila, Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez). Esa parte de la cultura, la musical y la plástica, se liquidó muy pronto, y la otra aguantó un poco más. La literaria también se cerró cuando desaparecieron Alfonso Reyes y Mariano Azuela.


zzz JE Pacheco.JPGPero hija y nieta de esa revolución que también dio cobijo al exilio literario español fue una cultura-puente con la modernidad, acaudillada por Octavio Paz y que se prolongó casi hasta hoy, cuando el México de las rancheras es un mito y hoy asistimos a otro México doliente y trágico, gobernado por la codicia y el dinero de la delincuencia organizada. Las voces disidentes son segadas por la fuerza y las que venían de lejos y comprendían el proceso han sido apagadas por el tiempo. El principio del fin fue la muerte del mencionado Octavio Paz y, ya en el siglo XXI, la partida de la actriz María Félix, "La Doña", que anunciaba que se daba carpetazo a una época; luego se fueron marchando otras voces de gran importancia que alargaron aquel puente, desde Carlos Monsiváis a la peculiar Chavela Vargas, desde Carlos Fuentes hasta José Emilio Pacheco, y La Parca, cruel, se lleva a Gelman de propina.

José Emilio Pacheco tuvo en vida los mayores reconocimiento, si bien no era una estrella fuera de México, aunque sí muy respetado en los ambientes literarios. Pero en México lo adoraban, seguramente porque sabían que era la última piedra del puente que unía a un pueblo sufrido con la memoria de un tiempo que, aunque muy duro, se vuelve en la memoria colectiva "nostalgia de lo no vivido", que diría el propio poeta fallecido. Era la última luz de un grupo de artistas e intelectuales que generaban la esperanza de que alguna vez México fuese el que soñó en el siglo XIX Benito Juárez y en el XX Emiliano Zapata. Ese México por lo visto, como en determinados cuerpos de funcionarios, era "a extinguir" y con José Emilio Pacheco se extingue definitivamente. Pero hay nuevas fuerzas y estoy convencido de que más temprano que tarde también habrá un México nuevo. Descanse en paz el poeta amado, y si su pueblo lo amaba sería por algo.


Hay una serie de ideas que se convierten en lugares comunes pero que parecen estar aceptadas por el inconsciente colectivo. Y si no, comprueben: Los bajitos tienen muy mala leche, los gordos son unos bonachones, los delgados son muy estrictos, las rubias son tontas, los altos son elegantes, las delgadas tiene estilo, los funcionarios son muy tiquis-miquis... Hay una etiqueta que acaba generalizándose y resulta que es mentira, porque conozco a rubias muy inteligentes, a gordos con muy mala uva, a delgadas sin estilo o a flacos relajados.zzzpaiano.JPG Hay de todo, y la profesión, el color del pelo, la altura, el peso, las creencias o cualquier otra circunstancia permanente o transitoria no determina el carácter, la manera de ser o la imagen de las personas. Si tienes los dedos finos y largos dicen que tienes manos de pianista, guitarrista o músico, y todos recordamos cómo las enormes manos contra catálogo del prematuramente desaparecido timplista José Antonio Ramos acariciaban con talento, maestría y agilidad los trastes del pequeño instrumento. Si seguimos esas ideas preconcebidas, ¿qué podríamos decir de alguien que es bajo y gordo? ¿que es bonachón por el peso o que es una hiena por la talla? Hay altos elegantes y bajos también, y de igual manera los hay de todas las estaturas que no lo son. Y lo mismo podríamos decir de otras etiquetas que suelen achacar violencia, ternura, tacañería, generosidad o paciencia según el lugar de procedencia, la religión o cualquier otra característica. Que una persona sea castaña o pellirroja, de Polonia o de Bolivia, trabaje en la sanidad o el comercio, mida o pese más o menos, no la determina, y por eso a la gente hay que tratarla de forma individual. Ya lo dice el refrán: "Cada persona es un mundo y cada doce una docena".


Vivimos tiempos en los que todo pierde sentido. Ya no sirve la lógica tradicional, la que venimos utilizando en los últimos 2.500 años, desde la Grecia Clásica, y el doble si nos remontamos a los Sumerios. Una caja de ahorros fue rescatada en 2010 con más de 8.000 millones de dinero público, y ahora se vende con nuevo nombre a un grupo financiero privado por 1.000 millones; pagamos entre todos la diferencia, y nadie responde ni política ni judicialmente. Nos vienen a decir más o menos que son gajes del oficio. Carlos Floriano, preboste del PP, ha dicho sin pestañear que estamos saliendo de la crisis gracias al esfuerzo de los que más tienen. Según mi lógica de siempre, las cifras dicen que los pobres son legión, que las clases medias casi han desaparecido y que las grandes fortuna ganan a veces hasta un 7% más que en ejercicios anteriores.zzzgalloesc.JPG Ya Sócrates no me sirve, debo armar mal mi pensamiento o directamente esta gente miente. Por otra parte, nos dicen que todo mejora, que ya acabó el rescate europeo de la banca española, que el FMI anuncia una recuperación de la economía y la consecuencia es que el Presidente de la Comisión Europea pide a España más recortes. He tirado los libros de Sócrates a la basura (anda, pero si no escribió ninguno), lo cual me viene a decir que son palabras volanderas las de todos: reforma del Senado, nuevos planes de financiación de las autonomías, el sainete catalán, y mientras tanto familias enteras cosidas por el hambre y ateridas por el frío; pero a ellos les da igual, piensan con la nueva lógica, utilizando voceros en sus medios de comunicación, haciéndonos ver que los guisantes son pequeños pero sabrosos, que la judías verdes son muy saludables y que el pimiento tiene vitamina A; no, señores, háblenme del filete, que casi no se ve, y de los grandes chuletones que ustedes consumen por encima de nuestras posibilidades. A estas alturas, empiezan a no interesarme todas esas reformas estructurales y legislativas anunciadas y que nunca se hacen. Incluso si se hicieran, estaríamos hablando de las verduritas de la guarnición, porque en España hay mucha gente que no come, que vive en la calle y no tiene cobertura social. Sócrates no escribió ningún libro, pero tenía tanto sentido de la justicia que, antes de morir, tuvo en cuenta que había que devolverle un gallo a Esculapio, que pudo ser un hecho real o una gran metáfora (en ese caso más me gusta). Así que, no nos hagan luz de gas, ya no cuela; déjense de machangadas de cuello y corbata, dejen de mentir y dejen de robar.
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(Hablar de estas cosas empieza a ser peligroso, porque ya anda de por medio hasta la mismísima Santa Teresa en boca de un ministro, y actuar hace tiempo que lo es, basta mencionar lo ocurrido con Garzón o el proceso al juez Silva).


Dicen que la gente que trabaja relacionándose con muchas personas sucesivamente acaba teniendo una filosofía vital muy estimable. El galardón se lo adjudican siempre al camarero (más bien al barman) y los/las taxistas. Todo esto es muy discutible, porque es verdad que ambas profesiones se relacionan con muchas personas casi individualmente, pero esa relación suele reducirse a preguntar qué vamos a tomar o a dónde nos llevan. zzzzDSCN428-0.JPGTambién es verdad que los peluqueros (más bien los barberos de toda la vida) deben acabar hasta la coronilla de escuchar a forofos de distintos equipos y a críticos de todos los políticos, pero en este caso el contacto dura al menos lo que un corte de pelo, sin olvidar que la barbería se convierte a menudo en una especie de centro social del barrio, en el que pasan muchas horas charlando parroquianos que no van a usar los servicios del establecimiento. Todo esto viene porque ayer me tocó un taxista muy locuaz, que por lo visto había viajado por todo el mundo. Por su edad esas aventuras debieron suceder no hace demasiados años, pero el caso es que soltó una sentencia que me dejó planchado: "En Estados Unidos te angustias porque no tienes seguridad social para tus hijos; en México porque pueden matar a tus hijas; en Japón porque la radiactividad puede hacer que tengas hijos con tres cabezas; en África porque tus hijos coman y no mueran de malaria o sida; en Oriente Medio porque a tus hijos no les caiga una bomba... Y a aquí tu única preocupación es que tu hijo no se te vuelva del Barça o del Madrid. Esto es una maravilla, ¿no le parece?". Ante la repetitiva preocupación por sus hijos y su convencimiento de lo bien que se vive aquí, tuve que responderle: "Tuerza a la derecha y déjeme en la gasolinera".


zzzzzzzvacas.JPGPara tener sentido de la realidad presente nada mejor que conocer la historia. Es una paradoja, como la mayoría de las grandes verdades, y una paradoja es simplemente una verdad que no lo aparenta. Andamos metidos en superficialidades que consumen horas y horas de radio, televisión y redes sociales, y ríos de tinta en los periódicos y revistas; la actualidad es Belén Esteban haciendo de víctima eterna de no se sabe qué, o Kiko Rivera y Jesulín de Ubrique filosofando a lo Juan Belmonte, que tampoco filosofaba. Y uno relee la historia, compara y se da cuenta de que estamos viviendo uno de los momentos más convulsos de los últimos decenios, hay acontecimientos embalsamados desde 1945 y otros incluso desde 1918 que se precipitan a velocidades de vértigo. Las viejas heridas cerradas en falso comienzan a supurar, desde el Cáucaso hasta Cataluña. Y hay muchas más cosas que huelen a podrido, pero resulta que son Messi y Cristiano Ronaldo los que abren y cierran los telediarios. Ya es arriesgado hasta leer historia, porque nos la cambian según intereses como el chiste de la vaca. Pero, amigo, todas estas incongruencias con apariencia manipulada rebotan, porque esa historia real que no solemos leer nos dice que a las paradojas las carga el diablo.


No. No he renacido transformado en crítico de música pop contemporánea, aunque he de decir que me alegra la proyección exterior que está teniendo el grupo grancanario Efecto pasillo, y que viene cosechando éxitos desde hace varios años (ojalá continúe y que vaya a más). Me refiero al debate sobre si la Infanta Cristina tiene que hacer a pie el recorrido desde la calle hasta la entrada de los juzgados de Palma de Mallorca. La respuesta es tan sencilla como sumar dos más dos: sí. Y debe hacerlo porque esa exposición pública parece que es norma, y la ha sufrido cualquiera que haya sido citado en un juzgado con una imputación sobre su cabeza. Luego si lo han condenado o absuelto se olvida, pero ese recorrido lo han hecho desde afamadas tonadilleras y temibles mafiosos hasta corruptos por demostrar y acusados que luego fueron absueltos. Es decir, siguiendo el discurso de que todos somos iguales ante la ley, la Infanta habrá de hacer ese recorrido.

zzzescarnio.JPGOtra cosa es que exista esa costumbre infamante. No se entiende que personas aún no condenadas tengan que sufrir ese calvario (repugnaría incluso con los culpables), manteniendo el tipo frente a la voracidad de los medios de comunicación y la tendencia de la masa a linchar al primero que tenga ocasión. Suele haber insultos, abucheos y a veces hasta lanzamiento de objetos, y como mínimo las miradas inquisitoriales de quienes las más de las veces no saben ni de qué va la cosa. Es algo que tiene una solución tan sencilla como la de entrar por un aparcamiento subterráneo que suele haber en todos los juzgados o arbitrar en los que no lo hay otro sistema que impida esta exposición. Ese paseíllo recuerda al antiguo castigo de someter a los reos al escarnio público, bárbara costumbre que todos detestamos, mucho más cuando se produce cuando ni siquiera está probada judicialmente la culpabilidad de la persona imputada. Por lo tanto, en ese asunto lo que procede es cambiar el sistema de acceso a los juzgados, no porque ahora tenga que hacer ese paseíllo una Infanta de España, sino porque es denigrante para cualquier persona. Por otra parte, resultaría muy forzado si se hiciera ahora mismo, para evitar que esto suceda a doña Cristina, y sería un escándalo que se omitiese ese paseo para ella y luego se siga aplicando al resto de los ciudadanos. Ese efecto pasillo es ignominioso y por lo tanto es tan impresentable en una sociedad democrática como ponerle orejas de burro al niño que no se sabe la lección, o pintar en los acusados una letra escarlata como hacían a las adúlteras los puritanos de Nueva Inglaterra en el siglo XIX.


Juan Gelman es el paradigma de poeta comprometido en los parámetros enunciados por Gabriel Celaya ("Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse"), Agustín Millares Sall ("Te digo que no vale / que el gris siempre se salga con la suya"), Atahualpa Yupanqui ("Los primero es ser hombre, lo segundo poeta") o Mario Benedetti ("Si a uno le dan palos de ciego la única respuesta eficaz es dar palos de vidente"). Desde muy joven su poesía estuvo aliada con la poesía misma entendida como ejercicio de la belleza y el compromiso; por un lado, nadie puede acusar a Gelman de componer panfletos incendiarios sin rigor poético, pues su poesía es pura imagen y a la vez grito a favor y en contra: "Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos/ rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte", por otro es un dietario palpitante sobre el amor, la soledad, la pasión, la justicia, la vida en toda su extensión e intensidad. Pocos poetas podrán ajustarse tanto a la coherencia, en la línea de José Martí, Miguel Hernández, Roque Dalton o los mencionados Millares y Benedetti.

Gelman responde también al esquema del intelectual latinoamericano, implicado en política hasta las cejas, lo que él, en lugar de asumir embajadas, ministerios o barrocos sillones presidenciales optó por bajar a la calle, a la gente, se jugó el cuello una y otra vez y así su vida fue en gran parte un exilio de la sociedad a la que quería servir. Probablemente muchos pensarán que se equivocó, y seguramente así ocurrió más de una vez, pero es que solo se equivocan los que emprenden acciones. Él mismo aceptó equivocaciones políticas como cuando su grupo montonero hizo migas con el peronismo guevarista, un revuelto que, visto a distancia, no tenía posibilidad de cuajar, pero había que estar allí, en la Argentina de finales de los años sesenta, con la dictadura militar del general Onganía, preludio de lo que sería la Operación Cóndor en la década siguiente, diseñada por Kissinger y ejecutada desde las bases norteamericanas del canal de Panamá.

zzzgelmann.JPGLa lucha con la palabra y la acción se transformó en dolor cuando la Junta Militar de Videla hizo desaparecer a sus hijos y su nuera embarazada de siete meses. Esa niña que nació en la cautividad de su madre pudo por fin abrazarse a su abuelo casi veinticinco años después, y tomar sus apellidos legítimos. Así pudo Juan Gelman en sus últimos años suavizar la tristeza eterna de su mirada. Y ese dolor se convirtió en esperanza a través de sus versos, siempre mirando hacia el futuro colectivo, sin un gimoteo aunque tuviese el alma rota. Con Juan Gelman desaparece uno de los grandes intelectuales que son el envés de los poetas remilgados que nunca comprometen su palabra más allá de la línea de peligro. Porque Gelman hacía verdad lo que Benedetti declaraba: aunque estuviese hablando de flores, mariposaso del frescor del rocío, nunca sería neutral, porque cuando existe el compromiso con la poesía de verdad se ha pactado con la vida a cualquier precio. Descansa en paz, lo mereces, Juan Gelman, gran hombre, gran poeta.
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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 del día 16 de enero)


Acaba de estrenarse El lobo de Wall Street, otra película de Martin Scorsese (MS) que debe hacer un número muy alto, entre ficción y documental, sea para el cine o la televisión, además de sus apariciones como actor en varias decenas de cintas; en esto sigue la estela de grandes directores-actores, no con la contundencia protagonista de Welles, De Sica, Truffaut, Allen o Eastwood, pero sí con la presencia secundaria pero contumaz de John Huston o Sidney Pollack. Cuando escuchamos su nombre pensamos que MS es eso, un director de cine italoamericano que ha dirigido esta o aquella película y que ha aparecido en fotogramas de otras tantas, uno más. Pero si analizamos aunque sea a vuelapluma su trayectoria nos damos cuenta de que pertenece a ese escaso círculo de cineastas que son clásicos vivos porque su obra forma parte de la vida de mucha gente, si es que no ha contribuido a diseñarla.

zzzzztrattoria[1].jpgPero MS no es una isla; es un elemento de un entramado artístico e intelectual que casi puede ser dibujado y que tiene como ADN la sangre italiana de sus miembros y la ciudad insomne de Nueva York. Y ese gráfico tiene forma de constelación, con dos estrellas que brillan con menos fuerza, que son Michael Cimino y Brian de Palma, y cinco luminarias cegadoras: De Niro, Pacino, Coppola, el propio Scorsese y DiCaprio, un cometa gigante que llegó más tarde pero se ha quedado. Nueva York es La Meca de los norteamericanos y tal vez de Occidente, y son muchas las películas y los cineastas nativos o transeúntes que nos la han mostrado (Allen, Capra, Wilder, Edwards, Lang...) pero no con los ojos de inmigrante italiano que tiene dos lenguas maternas. Es como si vieran la ciudad desde dentro y a la vez desde fuera, porque, aunque llevan en NY varias generaciones, no acaban de irse de Italia, especialmente si tienen sangre siciliana.

Esta constelación se fragua en los años setenta del siglo XX; cada uno de estos nombres llegaba con una trayectoria distinta, pero Robert De Niro se encontró con Coppola en El Padrino II, se llevó un Oscar y se convirtió en el gran italiano de NY. Después de triunfar en Europa con el Novecento de Bertolluci, se puso en manos de MS para hacer una obra maestra, Taxi Driver (1976).

zzzzscossss1.JPGYa tenemos a De Niro como estrella que une a Scorsese y Coppola, pero este había encontrado su gran cometa, Al Pacino, cuyo papel de Michael Corleone quedó como un gran clásico inmediatamente. MS sigue sacando provecho del talento de Robert De Niro en Toro salvaje (1980), El rey de la comedia (1983), Goodfellas (1990), El Cabo del Miedo (1991) y Casino (1995). Pero sobre todo queda para la historia New York, New York (1977), un trazo de la ciudad que nunca duerme que se hizo inmortal cuando Sinatra (otro italiano) grabó la canción que Liza Minelli (otra) cantaba en película. Al Pacino ha husmeado el mundo italiano de NY en otras películas, trabajando con Brian de Palma, pero su gran personaje es Corleone, y hasta le dieron un Oscar por Perfume de mujer, remake de una película de 1974 (italiana, por supuesto) de Dino Risi con el gran Gassman.

En los años noventa llega Leonardo DiCaprio, el sueño dorado de un director como Scorsese, joven, guapo, con talento y con gran seriedad en el trabajo. Y así encadenan una serie de películas que se cuentan por éxitos, la última de las cuales es El lobo de Wall Street, la que se estrena ahora, precisamente cuando de Coppola queda el brillo eterno de sus viejas obras y se dedica a criticar la desidia interpretativa de Pacino y De Niro, cosa que empieza a ser verdad, aunque ya estén en la historia del cine personajes como Michael Corleone y Jack La Mota.

zzzzzny.JPGSi De Niro fue el fogonazo que inició la constelación, Scorsese es el que ha mantenido el tipo como ninguno de los actores y directores de su generación. Sigue ahí, abrazado a su idea de contar la ciudad y levantar acta de su tiempo en documentales tan imprescindibles como el que hizo sobre el beatle Georges Harrison. Si el alter ego de John Ford es John Wayne, el de Spielberg es Harrison Ford y el de Fellini Mastroianni, la proyección artística de Scorsese fue en su momento Robert De Niro, pero como Coppola tiene razón, ha tenido que mudarse a Leonardo Di Caprio. Y es lo que sigue vivo de todo aquello, porque mientras Scorsese y DiCaprio siguen con el pulso artístico firme, De Niro se emplea en comedias bufas con Stallone (eso sí, italoamericano) y de Pacino y el propio Coppola no hay noticias. Todos han contado y cantado su amor por Nueva York, como dice la canción del film de MS que tan famosa hicieron Liza Minelli y Frank Sinatra:

"Empiecen a extender la noticia:

me voy vivir (a Nueva York),

quiero ser una parte de ella.

Mis zapatos de vagabundo están deseando cruzar su corazón.

Quiero despertar en la ciudad que nunca duerme

y ser el rey de la colina, en la cima del éxito.

Mis tristezas de pueblo pequeño se esfuman...

Si puedo conseguirlo allí,

lo puedo conseguir en cualquier parte".


Eso es Martin Scorsese.

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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa del Canarias7 del día 15 de enero)


z-carroll.JPGHoy, 14 de enero, es el aniversario de la muerte de Lewis Carroll. El creador de Alicia murió en 1898, y conviene recordar que, aparte de su trayectoria literaria muy reconocida, fue un pionero de la fotografía, especialmente del retrato, y eso es algo de lo que se habla poco. Por eso lo traigo hoy a este post, pues en la era de la imagen es bueno recordar a una de las personas que hicieron avanzar la fotografía, y que fue posiblemente el primer y mejor retratista de la sociedad victoriana que lo cogió de lleno. En sus fotos, aparte de sus aportaciones técnicas, hay una especie de velada ironía ante tanto remilgo, y es que no podía ser de otra manera en un hombre como él. Sus fotos de niñas son una prolongación de la sátira que es Alicia en el País de las Maravillas. Lo mismo que en sus libros, sus niñas son algo más que las inocentes imágenes que nos tralada. Invito a revisar sus fotos, son magníficas.


Si vamos al diccionario de la RAE, encontramos definiciones que, contrastadas con la realidad, no cuadran ni con cartabón. Por ello, creo que es necesario normativizar el asunto y dar a cada palabra el significado que realmente tiene en la vida diaria. Veamos:

Puñetazo-PPLPR054[1].jpgImputado, da.- Persona que sale en los telediarios entrando y saliendo de los juzgados, de los aeropuertos y de las estaciones de esquí.

Desimputado, da.- Persona que se ha pasado la justicia por el arco del triunfo y se cachondea del Estado de Derecho.

Reputado, da.- Persona que tiene fama reconocida de algo, antes era de ser artista, científico, profesional... Ahora de ser chorizo/a imputado/a y luego desimputado/a.

Diputado, da.- Marioneta especializada en pulsar los botones que se le ordena. Últimamente es de una fiabilidad absoluta, siempre aprieta el pulsador que ha determinado la cúpula de su partido, aunque piense lo contrario.

Putada.- Decisiones que se toman en los Consejos de Ministros de los viernes.

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Y así, muchas palabras con la misma terminación y sonido similar. De todas ellas, hay la única que mantiene su significado académico (encolerizado, da) es la siguiente:

EMPUTADO, DA.- Ese soy yo.


zzzooo9.JPGVer que los termómetros de Las Palmas están por debajo de los 15 grados no es frecuente. De hecho, llevábamos dos inviernos que se justificaban con las fechas, pero este año el frío ha vuelto a hacer su aparición como en los primeros años noventa. No me gusta el frío, pero me gusta menos que las cosas se disloquen, y que en enero bajen las temperaturas me desagrada por mi desavenencia con el frío, y me gusta porque se restablece el orden de las cosas, y lo ordenado es que en enero haya frío. Creo que cuando se mantiene durante todo el año una temperie similar la gente se despista, porque la naturaleza parece haberse ido de vacaciones. Este año, como debe ser, en enero hace mucho frío. Si el tiempo se ha puesto en su sito, cada uno debiera saber ahora a qué atenerse, pues va siendo hora de que cada palo aguante su vela. El problema en la actualidad es que, como cantaba el payador gaucho "unos trabajan de trueno y es para otro la llovida". Y debiera llover para todos. Abríguense.


Perdí la cuenta de los muertos de 2013. La verdad es que, con camino andado, se hace recuento y vemos que ya no están muchas de las personas que hemos tratado, o que sin conocerlas personalmente han formado parte de instantes importantes de nuestra vida, que se contruye también con canciones, películas, libros... No sé si eso le pasa a todo el mundo, pero yo recuerdo nítidamente la primera vez que supe que alguien querido había muerto y lo que eso significaba. Era un niño, y me alegré de serlo, porque entonces tenía la falsa información de que para morirse había que ser adulto. El primer personaje público del que tengo memoria de su muerte fue el papa Pío XII; habían pasado solo tres días desde mi cumpleaños, y relacioné el hecho con los años de mi vida que tendría que ir descontando. Fue un mes lúgubre, con la España nacionalcatólica de luto severo, crespones negros en las ventanas, suspensión de la música y oratorios por todas partes. Fue una puesta en escena de la muerte muy larga, casi todo el mes de octubre, que se rompió de forma espectacular cuando eligieron al nuevo papa, Juan XXIII, con las campanas en repique constante. Aquello fue como el descubrimiento y la constatación del olvido de un golpe, el muerto ya era historia y a otra cosa.

zzzxxxDSCN40.JPGPasaron algunos años, y asistí como en una nube a las muertes de personas cercanas o de figuras públicas. Lo de Kennedy hizo tanto ruido que necesariamente tuve que saberlo, pero en aquellos años murieron muchas celebridades y no tengo conciencia de haberme enterado en el momento, para mí siempre estuvieron muertos (Gary Cooper, Hemingway, Camus...), aunque sí que recuerdo que se habló mucho de la muerte de Marylin Monroe, aunque yo entonces no sabía quién era. Sí que me impactó, ya en la adolescencia, la muerte de Azorín en 1967, porque era un escritor que yo había estudiado en los libros y eso me pareció especial, no era un muerto de siempre como Cervantes o Galdós, sino alguien que durante unos años fue mi contemporáneo. Y así, los muertos seguían en cadena: familiares, Janis Joplin, Nabokov, amigos, Mercedes Sosa, Andrés Solana, conocidos, Millares, Luis Natera... Nuestra vida se compone de una suma de vivos y muertos, como el mundo de Pedro Páramo, ya que finalmente Lennon, Ingrid Bergman o el recuerdo de un ser querido es el material con el que se contruye nuestra memoria, lo que somos. Y los muertos de 2013, muchos, me dicen que hay que mirar hacia adelante sin olvidar a los que no están pero sí están, porque seguirán aquí mientras los recordemos.


Señores magos, reyes, sabios o lo que sea de Oriente: Llevo años pidiendo que traigan armonía, que paren las guerras, que dejen en esta sociedad algo de justicia. Y, la verdad, me he cansado, porque siempre lo dejan todo perdido de carbón, seguramente porque debe habérseles acabado la magia, y a estas alturas sabemos que no son reyes, y se discute sobre si son sabios, magos o meros charlatanes de feria. El caso es que estoy convencido de que son incapaces de regalar algo que valga la pena, y lo de la estrella es un cuento chino, porque ya nos cobran hasta por la luz del Sol. Y como veo que no tienen poderes para traer cosa alguna de cierto valor, zxxxxcometa[1].jpgno les pido que traigan esto o lo otro, sino que se lleven a los inútiles que nos gobiernan, porque están ahí haciendo el paripé y dejando que se vaya conformando una sociedad infame, porque hay enfermos a los que se les dilata un tratamiento cuyo retraso significa la muerte, porque se está cobrando por vacunar a recién nacidos, porque se muere la gente a causa de los recortes en sanidad y políticas sociales. Y cuando alguien causa deliberadamente la muerte de otro es un criminal, así de claro. Y no quiero alargarme con los desmanes en justicia, educación o energía. Así, que, señores magos, reyes, sabios o lo que sea, llévense a estos conspiradores de la miseria, creadores de la injusticia, vergüenza de una sociedad que se autoproclama democrática. Y disculpen que no les deje comida para los camellos, la que tenía se la he dado al Banco de Alimentos y a la Casa de Galicia. Llévenselos a la quinta puñeta, o mejor a la sexta, que está más lejos; pero llévenselos, por favor.


Según la lectura popular de la teoría del caos (que es muy cabal, compleja y profunda en el campo científico), las cosas sucederán en el futuro de una manera imposible de predecir. No se trata de adivinar, sino de tratar de acertar las consecuencias de lo que hacemos en el presente, y según esta lectura sesgada, nadie lo puede garantizar. Me dirán que para tal recado no se necesitan alforjas, pero hay quien afirma haber previsto esto o lo otro, o que lo que ha sucedido hoy ha sido consecuencia prevista de acciones que él, que es muy listo, realizó en el pasado. A toro pasado son legión los que dicen haber anunciado la caída del Muro de Berlín o la actual crisis. Lo primero es directamente mentira, lo segundo puede ser, porque eran tan evidentes los despropósitos que se cometían que hasta un ciego veía venir que más tarde o más temprano el globo explotaría. Incluso creo que los responsables preveían ese futuro estallido, pero dejaron que sucediera porque sabían que también en el desatre masivo iban a hacerse más ricos.

zzzzzzzFoto0813.JPGMe ruborizan por reflejo (léase vergüenza ajena) las flores que se echa el presidente de Canarias, arrogándose la supuesta mejora de las condiciones económicas en nuestras islas. En primer lugar, yo no veo esa mejora, y sí me hiere la pobreza que cada día aumenta; en segundo lugar, aunque en verdad estuviera empezando la recuperación, sería por la inercia de la que habla la teoría del caos, no por las acciones del Gobierno de Canarias, que no ha movido una sola ficha salvable (no vale la de echar las culpas a Madrid). En cuanto a Rajoy, más de lo mismo (ruborización por reflejo) porque hace falta tener cuajo para afirmar que las medidas de su gobierno están propiciando la recuperación. Y colijo que es el suyo un gobierno tan eficiente que ha conseguido que también mejore la prima de riesgo para Grecia, Italia y Portugal. Es decir, cuando hay mejoría (si es que la hay, que no lo sé) es por sus acciones, y si la cosa va mal es que la crisis es general, o se le echa la culpa al anterior. Pues, señores presidentes de Canarias y España, aunque no es muy rigurosa, me sigo quedando con la interpretación vulgar de la teoría del caos, porque de ustedes no me creo una sola palabra, incluso cuando se les escape alguna verdad, porque han mentido tanto que mi mente no está entrenada para creer sus sermones de autocomplacencia. Viven ustedes en otro planeta, el de los poderosos, de los cuales son sus más idóneos administradores.


Hace unos días, al felicitarme la Navidad, alguien me deseó que le pidiera a Dios que me diera fe. Quien me lo dijo trata de seguir normas religiosas y me resultó curioso que no hablara de pedir la salvación, el perdón de las faltas o algunas mercedes para la vida terrenal; solo había que pedir por le fe, es decir, quienes la poseen tienen que pedir por no perderla y los demás por conseguirla. La fe es la creencia ciega en algo aunque no se comprenda. Larga es la historia de este debate que ha tenido protagonistas muy sonados, desde el pasaje de San Agustín con respecto a la comprensión de la Santísima Trinidad hasta la encíclica de Juan Pablo II, Fides et Ratio, de 1998. Pero ¿cómo se pide adquirir fe en algo en lo que en principio no se cree? Es todo un reto que se interna en la teología, en la psicología y en no sé cuántas disciplinas más.

zzzzDSCN4586.JPGPor otra parte, hay otros ámbitos de la vida, aparte del religioso, en los que parece que la fe choca frontalmente con lo racional, y hay algunos asuntos que, para mí, tienen que ver con la fe en algo que en principio es opuesto a la racionalidad habitual de quienes se adhieren a ese pensamiento. Uno de ellos es que no consigo entender cómo personas con la sensibilidad y la inteligencia de García Lorca, Orson Welles o Picasso estuviesen tan fascinados por algo tan violento como la tauromaquia. El otro asunto es el del apoyo incondicional de personas también inteligentes y luchadoras a regímenes y doctrinas que son el reverso de lo que incluso reflejan en sus obras, como ocurrió con Pirandello y el fascismo italiano, Sartre y Simone de Beauvoir con el maoísmo o García Márquez con el castrismo. Han visto con sus propios ojos qué es lo que sucede con estos regímenes y siguen apoyándolos. Debe ser cuestión de fe, por eso cada vez que tratamos de reflexionar sobre algo nos alejamos de una creencia ciega. Esta es una de las aristas del ser humano que más inquietud causa, porque cuando hay fe ciega en algo debe ser que no se ve más allá. A estas alturas ni siquiera sé si eso es bueno o es malo.

Feliz Año Nuevo.

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