los blogs de Canarias7

Archivos Agosto 2012


No andaba muy despistado Cervantes cuando creó a un Don Quijote que se había vuelto loco por leer tantos libros de Caballerías que, en su enajenación, se tornó anacrónico caballero medieval, con armadura, rodela y cota de maya, cuando tal atuendo guerrero ya no estaba en uso. Y lo peor es que embarcó en su locura a Sancho, que por muy realista que fuese al final le bailaba el agua, y le siguieron el juego, aunque fuese para burlarse de él, docenas de personajes, pues hasta el Bachiller Sansón Carrasco, que trató siempre de devolverlo a la realidad, tuvo que jugar con las cartas de la locura haciéndose pasar ante Don Quijote como El Caballero de los Espejos o el Caballero de La Luna. En definitiva, la consecuencia de seguir a pies juntillas los libros de Caballerías fue que mucha gente, creyéndolo o no, jugase a los caballeros andantes.

Y ese es el problema que tienen algunos libros cuando entran en el territorio del mito. Es terrible que los más grandes referentes sociales, morales, políticos y hasta económicos tengan como base un libro, a veces varios, pero siempre hay un volumen escrito a menudo hace milenios al que se remiten para interpretar asuntos de hoy. Es cierto que los pilares básicos de la ética o del derecho natural son inamovibles, pero no lo es menos que pueden ser interpretados desde distintas perspectivas. Y esto vale mucho más para asuntos secundarios, como, por ejemplo, no comer carne de determinado animal. El caso es que siempre hay un libro que lo sostiene todo, y por eso hay que tener mucho cuidado con lo que se lee.

El judaísmo se sostiene en la Biblia hebrea, con otros libros adicionales como La Torá y El Talmud; el cristianismo en esa misma Biblia reciclada y aumentada con Los Evangelios, las Cartas, Los Hechos de los Apóstoles y El Apocalipsis; los musulmanes tienen como base El Corán, y así cada religión, sean El Libro del Tao, Los Vedas, El libro de los muertos o el Zend Avesta de Zatatustra. Es asombroso cómo las distintas congregaciones que ahora surgen como esporas (son tiempos confusos, Sancho) tienen "El libro", y ahí están todas las respuestas, por supuesto, según el entendimiento de un lama, un chamán, un gurú, un obispo, un imán o un rabino. Y los libros son tan importantes que la Humanidad atraviesa el río del tiempo flotando sobre un libro.

znnnDuSCN4185.JPGSe me dirá que sólo son los creyentes en la transcendencia quienes siguen esos libros. No sólo ellos, y ahí están El Capital de Marx o el Mein Kampf de Hitler, culpables de tanta intolerancia y violencia como todos los demás. Son venerados como libros sagrados por sus seguidores los escritos por el ahora santo Escrivá de Balaguer, por el Ché Guevara o por cualquiera que convenza a un grupo de que es raeliano, que ha hablado con alienígenas o que conoce la fecha del fin del mundo. Siempre hay un libro.

Y los libros sólo son vehículos que trasladan en el tiempo y en el espacio el pensamiento o la historia de los humanos para que sea conocida por otros humanos. También contienen ciencia, tecnología y cualquier dato que el hombre necesita para proyectarse en sí mismo. No se puede entender nuestra civilización sin los libros, y da igual el soporte en que estén, pues primero fue piedra, luego pergamino, ahora papel y mañana ya es seguro que se valdrán de las nuevas tecnologías. Pero eso es lo de menos. Da igual que el libro te lo dé en mano un librero o que lo leas en Internet. Es su contenido lo que importa.

Y si antes dije que había que tener cuidado con lo que se lee, ahora digo que también hay que tenerlo con lo que se escribe. Porque hay libros que nacieron sin vocación doctrinal, como meras novelas o poemarios, y por razones que nadie consigue explicar se convierten en tótems sociales. El ejemplo más claro es El guardián en el centeno, una novela de Salinger que ha sido leída por varias generaciones de norteamericanos desde su publicación. El caso es que algunos asesinos en serie han declarado haber actuado empujados por el impulso del libro, y lo raro es que en el texto no hay ningún mandato homicida. El asesino de John Lennon y el joven que atentó contra Reagan estaban obsesionados con el libro y lo llevaban encima cuando dispararon. También cuentan que la conducta inestable de Oswald, el supuesto asesino de JFK, tenía que ver con su obsesión por esta novela. Es una obra dura, pero no más que cientos de novelas, y los especialistas no se explican por qué un adolescente lee El guardián en el centeno y piensa en asesinar, y sin embargo lee El crimen y el castigo de Dostoievski y no va corriendo a comprar un hacha para matar ancianitas. De manera que, cuidado con lo libros, los carga el diablo.

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(*) Este trabajo fue publicado hace unos años en otro espacio. Ahora lo pongo al alcance de mis lectores blogueros.


zFoto0398.JPGCuando hay libertad de expresión, cada uno dice lo que piensa, dentro del respeto y fuera del insulto. El identificar lo que se dice con quien lo dice es un derecho y además una obligación. La razón por la que los artículos de opinión, las cartas al Director o los libros llevan la firma de quien los escribe es para dar fe de quien es la persona que porta las ideas allí expresadas, y se responsabiliza de ellas. Sin embargo, hay quien no es capaz de dar la cara y sostener con su firma lo que dice, pero lo dice, envía notas sin firma, porque el anonimato le permite opinar sin argumentos e insultar sin riesgo. Quienes escriben asiduamente en los medios saben mucho de anónimos, y generalmente no se les hace caso, porque no merece la pena. A veces, por el tono, el contenido y algunos otros detalles que al anónimo se le escapan, se sabe quien insulta de manera tan cobarde, con tan escaso estilo. Y se da cuenta de que la incapacidad humana que intuía en el descubierto autor del anónimo es una triste y confirmada realidad. Y ahora con las redes sociales, resulta muy fácil decir al viento cosas sin pruebas tras la máscara del anonimato.


Canarias siempre tuvo una gran imagen en el exterior, y la prueba es que durante siglos fue punto de referencia en cualquier lugar de Europa, e incluso de Norteamérica, pues, aparte de las fundaciones tejanas realizadas por canarios, es historia documental que el brindis por la Independencia de los 13 territorios que fueron el embrión de Estados Unidos en 1774 se realizó con vino canario, y así Washington, Jefferson, Adams y los demás padres fundadores bautizaron el nacimiento del imperio que llega hasta hoy con malvasía insular, tal vez porque, anglosajones al fin y al cabo, nuestro vino tenía el prestigio de haber salido en alguna obra de Shakespeare.

Y esa imagen que una vez funcionó y dio renombre a Canarias, puede crearse de nuevo a poco que explotemos algunas claves de nuestro paso remoto o reciente que tienen incidencia en todo el mundo. Y las referencias culturales, históricas o científicas vuelan con apenas un soplo por nuestra parte. Se sobreestima la influencia que tiene ser cuna de personajes universales. Salvo casos muy aislados como el de Stratford por Shakespeare, Figueres por Dalí o Saltzburgo por Mozart, no tienen demasiado valor mediático -y por lo tanto de imagen- los lugares donde vieron la luz primera ilustres personajes. Importa poco si Donizetti nació en Bérgamo o si Picasso es nativo de Málaga, pero sí que interesa el tiempo que Chopin pasó en la villa de Valdemosa, o la aclimatación de Robert Greaves a la isla mallorquina. Lo que más interesa de Kafka no es que naciera en Praga, sino sus visitas a Viena para verse con su amante Milena Yesenka. Y así con casi todos. ¿Qué valor de imagen internacional tienen las villas aragonesas donde nacieron Goya o Buñuel? Por el contrario, sí que se resalta la última etapa de la vida del pintor en Burdeos o los ciclos mexicano y francés del cineasta.

zzttyyDSCN4183.JPGAunque es sin duda un gran orgullo para nosotros como paisanos suyos que nacieran aquí Manolo Millares, Alfredo Kraus o Pérez Galdós nos sirve de poco, por mucho que se diga que pasearon el nombre de Canarias por el mundo. Eso sólo lo hacen los equipos deportivos cuando llegan a lo más alto con el nombre de una ciudad. Nos dan más imagen exterior los personajes que alguna vez estuvieron en Canarias, aunque sólo sea desde el mar, como le sucedió al naturalista Charles Darwin cuando pasó por las costas de Tenerife en 1831 en su famosa expedición a bordo del Beagle, y no lo dejaron desembarcar por miedo a que en el barco hubiese cólera. También sucedió con Humboldt, cuando recorrió buena parte de Tenerife, o -ya en tiempos recientes y a otro nivel- con la actriz Raquel Welch cuando estuvo en Lanzarote haciendo una película.

Podríamos crear imagen de Canarias, y en este caso desde Gran Canaria, incidiendo en la fructífera estancia del compositor francés Camilo Saint-Säens en nuestra isla, donde incluso inauguró con sus manos el órgano de la iglesia de Guía. O las estancias de Igor Stravinsky en Maspalomas durante sus últimos años (murió en 1971), sin contar las recordadas estancias de nombres tan legendarios como John Huston y Gregory Peck cuando filmaron Moby Dick, de Marcello Mastroianni para rodar Tirma, o la visitas espectaculares de María Callas, sin contar con que en nuestro puerto y nuestra ciudad hicieron parada y fonda docenas de celebridades en la ruta hacia y desde América, como Enrico Carusso, Vaslav Nijinsky, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda o André Bretón.

De todas las celebridades que tuvieron una fuerte relación con Canarias, sin duda la de mayor reclamo es la escritora británica Ágatha Christie, que fue habitual veraneante durante cuatro décadas, casi hasta su muerte en 1976. Hay novelas suyas en las que aparece el Hotel Metropole, y sus personajes hablan del excelente clima y las buenas comunicaciones de Canarias. Muchas de sus páginas fueron escritas en la terraza del Metropole, y sin duda las sombras de Hércules Poirot y la Señorita Marple deben vagar por el edificio hoy convertido en oficinas municipales, pues muchas de sus historias nacieron mirando "las dos playas perfectas" de la ciudad, en palabras de la autora.

Reconociendo el gran valor histórico que el papel de Canarias tuvo en la edad de los grandes descubrimientos geográficos, está visto que eso mucha imagen no crea. Es evidente que por aquí pasaron todos los nombres que hoy son historia, Vespuccio, Magallanes, Juan Sebastián Elcano y todos los demás: Pizarro, Cortés, Valdivia, Orellana... Y es evidente que el más notorio de todos fue el Almirante Cristóbal Colón. Seguimos hurgando ahí, pero aunque históricamente es importante, en cuanto a imagen no nos ha servido de mucho, porque Colón, mediático, lo que se dice mediático, no es. Creemos, pues, imagen utilizando esos resortes mediáticos que nos da la historia. Es una baza para el futuro.
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(*) Este trabajo fue publicado hace unos años en otro espacio. Ahora lo pongo al alcance de mis lectores blogueros.


No me suena bien la música de quienes abominan de la política y hasta dicen que sobran los políticos. Pues nada, implantamos un sistema totalitario, mandamos a casa a todos los políticos elegidos en las urnas y a otra cosa. Ese es un discurso muy peligroso, y nada tiene que ver con ser críticos. El actual sistema está agotado, necesita renovación democrática, pero siempre necesitará de políticos.

zFoto0076.JPGY aunque simpatizo con los nuevos movimientos de masas, tampoco me suena bien esa letanía de "los políticos no nos representan". Hay que hacer presión para mejorar el sistema, para controlar los dispendios de los políticos, para erradicar la corrupción, pero si prescindimos de la política en el horizonte aparecerá la dictadura. Sí, ya sé que de alguna forma lo que está sucediendo es una forma de tiranía, y contra eso también hay que oponerse, siempre desde la política, porque políticos somos todos por acción u omisión, ya lo dijo Aristóteles.

Seguramente hay políticos cuya única ambición solo sea el poder, o peor, los beneficios que puede acarrearles el poder, pero también los hay que tienen vocación de servicio, y con un sistema de listas abiertas se separaría mejor la paja del grano. Pero nunca hay que prescindir de la política, porque entonces la poca o mucha democracia que tengamos se diluirá. Y no creo que quieran eso quienes enarbolan este discurso, empujados la mayoría de las veces por una indignación más que justa. Pero la indignación, incluso la furia, no debe nublarnos el pensamiento.


La valoración de una obra de arte es tal vez uno de los juicios más subjetivos de los que realiza el ser humano. Al principio, una pieza musical, una escultura o un poema, gustaba o no gustaba, pero luego nació la crítica establecida, surgieron los grandes santones que hacían de aduaneros y empezaron a establecerse rangos. Pero la gente siguió teniendo sus gustos personales, y con frecuencia lo que llega a mucha gente se considera de poco valor artístico, aunque sí que lo tenga comercial. Y así entramos en el galimatías donde los críticos enaltecen obras según su propio criterio o, lo que es peor, según les convenga, pues pueden expresar una opinión opuesta a su propio gusto para distinguirse de lo que consideran vulgar. Y luego hay quien sigue esa idea por papanatismo.

José Cadalso fue un ilustrado gaditano que en su vida se adelantó al Romanticismo, pues, loco de amor por su amante muerta, fue al cementerio a desenterrarla. Este episodio real no tiene mucho que ver con su obra, típica de la Ilustración, aunque hay que decir que eminentes ilustrados fueron precursores de la literatura romántica, y el ejemplo más claro es el de Goethe. El caso es que Cadalso escribió un libro que tituló Los eruditos a la violeta, o Curso completo de todas las ciencias, y su Suplemento, que era una sátira "en obsequio de los que pretenden saber mucho, estudiando poco". Y de este pelaje hay mucho pseudocrítico suelto, algunos con mando en plaza, y cuanto más rebuscado es lo que proponen, más prestigio consiguen.

zzcccFoto0455.JPGEsto hace mucho daño a la cultura, porque es la razón por la que hay gente que tiene cierto temor a entrar en una librería, a ir al teatro o a visitar una exposición de pintura. Los críticos lo ponen tan complicado que parece que aquello es cosa de iniciados, una especie de secta en la que hay que tener muchos conocimientos previos para entrar. Yo leí hace tiempo una crítica a un disco de Paco de Lucía que daba pavor, porque decía cosas absolutamente ininteligibles y ahuyentaba a los posibles compradores. Y hablamos de flamenco, un arte que tiene mucho que ver con el sentimiento y la conexión directa guitarra-espectador. Te emociona o te aburre, y no hay mucho más, salvando, por supuesto, el virtuosismo instrumental del gran guitarrista.

Con el cine pasa lo mismo. Es cierto que hay un cine que sólo piensa en llenar salas, y cuenta historias manidas sin pretensión artística alguna. Pero hay películas muy taquilleras que son magníficas, pero por lo visto el cine de verdad tiene que venir firmado por un director de nombre impronunciable, ser una cinta china rarísima o una de las películas de Andy Warhol, que no califico para no cogerme los dedos. Y digo yo que acusar de comercial a una obra de arte es una estupidez, porque todas pretenden llegar a la mayor cantidad de gente posible, y finalmente, cada uno con su caché, cada artista cobra mucho o poco, es decir, comercia.

En literatura vivimos en España una temporada de libros en su mayoría insustanciales que están bendecidos por el aparato mediático y sus voceros a sueldo. Por el contrario, en teatro se va al rebuscamiento, o en su defecto a las novedosas puestas en escena de clásicos reescritos. Y uno se pregunta por qué no se estrenan obras de autores de probada valía como Alfonso Sastre, Fermín Cabal o Eduardo Mendoza, sí, el novelista, que tiene textos dramáticos escritos y nunca se los estrenan, aunque siempre lo solicitan para que haga adaptaciones. O sea, que conoce el teatro.

Y es que los narradores tienen (tenemos) una especie de maldición. Cuando un autor teatral escribe una novela, se le aplaude (Antonio Gala, Francisco Nieva, Fernando Fernán-Gómez), y también si es un poeta el que se interna en la narrativa (Caballero Bonald, Luis Antonio de Villena); en cambio, cuando el novelista Vázquez-Montalbán publicaba poesía no le hacían el menor caso y así con otros narradores, a los que se les considera intrusos en el Parnaso. En el teatro pasa algo parecido, como es el caso del mencionado Eduardo Mendoza. Como lo primero que publiques sea una novela, ya puedes despedirte de los demás géneros, y eso es una barbaridad, porque en esa Europa a la que dicen que pertenecemos a los autores se les mira libro a libro.

No se te ocurra nunca decir que te aburriste viendo Sonata de otoño, de Bergman, que no pudiste con La conjura de los necios o que Tàpies no te dice nada. Hay excelentes obras que pueden no gustar a alguien porque cada uno ve la obra desde su propia historia. Estos que tan entusiastas son de lo raro, probablemente no hayan podido leer completo el Ulises, pero lo jalean porque da prestigio. Y por esa inaccesibilidad se definen los llamados eruditos a la violeta, que a menudo ocultan su ignorancia con una máscara de elitismo.
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(*) Este trabajo fue publicado hace unos años en otro espacio. Ahora lo pongo al alcance de mis lectores blogueros.


La gente se muere, y siempre cuesta asimilar un hecho tan brutal. Pero es intolerable mental y socialmente cuando la muerte se produce como consecuencia de la avaricia, la negligencia o el desprecio a un bien tan único como la vida. Por eso hay que seguir recordando a las víctimas del accidente de Spanair en Barajas y apoyando la lucha para que no se eche tierra sobre algo tan grave y se determinen las culpabilidades si las hubiere, caiga quien caiga.

zjkDSCN4178.JPGSe lo debemos a los muertos y también a quienes en algún momento suben a un transporte público confiados en que lo que depende de los responsables del medio ha sido revisado para garantizar la seguridad. Luego está el azar, que siempre es un imponderable, pero si el desastre se ha producido por una mala praxis humana, incluso no tendríamos que hablar de accidente, sino de otra cosa que tienen que determinar los tribunales.


Suele usarse la palabra mito muy a la ligera, y solemos confundirlo con el talento, con la desgracia o con la singularidad. Y el mito surge de un relato, que puede basarse en una realidad cercana o distante, o simplemente nacer de la imaginación de un pueblo, que es el caso de muchas creencias sobrenaturales, o de una persona, como los mitos clásicos: Edipo, Antígona, Clitemnestra o Prometeo. Aplicamos la palabra mito a personajes que, si acaso, son legendarios, porque alrededor de ellos se crea una historia paralela que exagera sus realidades. Para que sea un mito debe ser un relato ejemplar de algo, válido para cualquier tiempo. Napoleón o Nelson fueron grandes estrategas en la guerra, y tal vez sus biografías tengan algo de leyenda porque se les suele atribuir capacidades exageradas. Mata-Hari fue sólo una espía doble, y por cierto muy flojita porque la pillaron, y se la asimila al mito de la mujer fatal, la que lleva a los hombres a la perdición; pero no hundió a ningún hombre, y sin embargo a ella la fusilaron. Hay mucha confusión en todo esto, porque finalmente las historias son recurrentes, pero el mito es uno. Por eso Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Janis Joplin y Elvis Presley no son mitos, sino que repiten el mito de Ícaro, que escapa de un laberinto volando; quiere llegar tan alto que cae porque el sol le derrite sus alas de cera.

Y es que los mitos son las plantillas sobre las que se escriben nuestras vidas, y así Lady Di, Ava Gardner y Rita Hayworth son mujeres que tienen el mundo y los hombres a sus pies, pero les falta el amor de un hombre concreto; son el mito de la bella infeliz, lo mismo que la mayor parte de los cuentos infantiles responden al origen de la cultura machista, el mito de Adán y Eva, que es el mismo que Pigmalión: el varón que domina a la mujer porque surgió de su costilla o fue esculpida por él. Y de ese mito se nutren La bella durmiente, que tiene que ser despertada por el beso de un hombre, y Blancanieves, que ha de ser liberada de la muerte por un príncipe, tal vez el mismo que saca a Cenicienta de sus fogones y la convierte en mujer feliz. Siempre hay de por medio un hada madrina que viene a hacer las veces de Dios en el Génesis o de Afrodita en el relato de Pigmalión.

zzddDSCN4038.JPGEn Canarias hablamos del mito de El Corredera, cuando en realidad Juan García es un reflejo del eterno mito del fugitivo, que la capacidad imaginativa del pueblo ha llegado a asimilar a una especie de Robin Hood e incluso a Rocambole, cuando tiene una historia casi calcada a la del célebre Joaquín Murieta, cantado por Neruda. Y no es eso, El Corredera fue solo un fugitivo y Murieta, además, un vengador. Y si de mitos canarios hablamos, tendríamos que remontarnos tal vez al mundo aborigen, porque los mitos de todas las culturas al final intentan darnos la misma lección. El Garoé, por ejemplo, que es uno de los relatos legendarios más ajustados al cánon que hay en Canarias, nos remite al árbol del agua como fuente de vida. En la Biblia encontramos el árbol de la ciencia del Paraíso, en Guernica hay un árbol que incluso está en el escudo de Euskadi y aquí mismo, en Gran Canaria, está el pino en el que la creencia popular sitúa la aparición de la Virgen. Y es que el árbol, vegetal poderoso y cobijador, es símbolo de vida en muchas culturas. Los historiadores han sido cautos y a estos relatos los llaman leyendas. Y es que lo son, porque el suicidio por amor de Gara y Jonai repite el mito de los amores contrariados por enemistad de las familias, que viene del mundo clásico y que plasmó creo que definitivamente Shakespeare en Romeo y Julieta.

Pudiera deducirse que ya no son posibles nuevos mitos. No es así, la vida evoluciona y los mitos van fijando nuevas formas. Así, encontramos en pleno siglo XX el mito nuevo de Lolita, pues con esta novela Nabokov instaura un nuevo equilibrio entre el hombre y la mujer, en el que las infractoras ya no son castigadas como Madame Bovary y Escarlata O´Hara y es el varón el que es castigado. Y en Canarias hay otra novela que creó una historia y un personaje que empieza a ser mito; me refiero a Mararía, la mujer que quema su rostro porque entiende que su belleza genera desgracia a su alrededor. Puede que esta historia remita a una referencia anterior; al menos yo no la conozco, y en ese caso Mararía sí que sería un nuevo mito.
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(*) Este trabajo fue publicado hace unos años en otro espacio. Ahora lo pongo al alcance de mis lectores blogueros.


zmanuel%20gonzalez%20barrera%20poeta[1].jpgHa muerto Manuel González Barrera, uno de los componentes de aquella generación de los años sesenta, ya mítica, que se pasó a denominar "Poesía Canaria Última", y que el tiempo ha ido diezmando de manera sistemática: Antonio García Ysábal, Alfonso O'Shanahan, Fernando Ramírez y ahora Manuel González Barrera. Quedan por fortuna referentes vivos de aquella generación que, en plena edad de plomo, arriesgaba más que el prestigio literario con cada palabra que escribía y publicaba. Siguen siendo referentes vivos poetas como Juan Jiménez, Eugenio Padorno Baltasar Espinosa o Lázaro Santana, y el crítico Jorge Rodríguez Padrón. Recordamos la incidencia social que causó la aparición del poemario Guía turística no oficial, recientemente recuperado para las nuevas generaciones. Ha muerto un poeta que veía el mundo desde la poesía, y seguramente una de las personas más entendidas en cine que he conocido, además de ser un gran lector de novela, cosa ciertamente curiosa en un poeta. Pero sobre todo se ha ido un buen hombre, enamorado de Canarias isla a isla, primero Gran Canaria, luego Lanzarote, siempre este mar Atlántico que nos une y nos separa. También fue un hombre de acción en distintos campos (política, ajedrez). Afincado en Lanzarote, sus frecuentes visitas a Gran Canaria significaban siempre un reencuentro con la tertulia grata y el optimismo. Volveremos a leer a González Barrera y lo recordaremos siempre con una sonrisa y una expresividad que envolvía la pasión con que hacía todo. Descanse en paz.


zxFoto0365.JPGUna demostración palpable de la maldad humana es la proliferación de virus informáticos, que son generados por el puro placer de dañar, o bien para vender el antídoto a precio de oro, lo cual también es maldad, porque se inventa la enfermedad y el medicamento. No sé si los seres humanos nacen malvados o se hacen. Para Rouseau el hombre nace limpio y puro, pero luego la sociedad lo malea. Eso quiere decir que todos los seres humanos nacen inocentes, pero luego se vuelven perversos al contacto con los demás, que por lo mismo nacieron inmaculados. Es decir, si seguimos a Rouseau, la maldad surge de la relación entre los seres humanos, es como la chispa que brota por rozamiento entre dos metales que son fríos. Sin llegar a la teoría de un amigo mío, que dice que todo el mundo es malo hasta que se demuestre lo contrario, creo que hay una inclinación hacia la maldad, y si nacemos limpios o nacemos perversos es lo de menos, el caso es que de adultos hay que andarse con cuidado, porque aquí el más tonto hace relojes, digitales y con calculadora, por supuesto.


La creación ha de ser libre, y cuando las circunstancias lo impiden debe buscar la manera de filtrarse por los agujeros que pueda encontrar, como ha hecho en tiempos inquisitoriales y en regímenes políticos sin libertad de expresión. Claro que, la libertad de expresión total no ha existido nunca, porque siempre hay elementos que impiden ir en determinada dirección. Al creador debe pedírsele que, si bien no puede decir todo lo que quiere, al menos no diga lo que no quiere, pero hasta eso a veces resulta imposible. Hay muchas formas de presionar, y en este tiempo, incluso en países en los que supuestamente hay libertad de expresión, surgen inquisidores por doquier, y muestra de ello es el terrible daño que está haciendo a la creación la dictadura de lo políticamente correcto.

Se censura la creación libre. En contrapartida hay más violencia y sexo en los medios. Estoy contra la violencia real, no la que refleja la realidad y muestra lo más abyecto del ser humano. Nada tengo contra el sexo, y no me perturba su traslado a la expresión artística, pero me asquea el sexo gratuito y la exhibición sin argumentos de tripas y sangre. Aún así, defiendo cualquier tipo de expresión artística, da igual cuánto sexo y violencia contenga, y las sociedades sanas deben tener lo mecanismos necesarios para salvaguardar de su influencia al sector más débil, la infancia y la preadolescencia. Pero los mecanismos se han oxidado y pueden verse en la televisión verdaderas barrabasadas a media tarde, sea en series, películas, programas basura o en imágenes de los concursos de telerralidad.

Es un sarcasmo que sea en esta época en la que se exija a los creadores que sean políticamente correctos. Esa fiebre va a acabar con la libertad creativa. En las películas no se fuma, y si alguien sale con un cigarro en la boca es el malo con toda seguridad; si el asesino es un homosexual se tacha a la obra de homofóbica, y si es un chino (perdón, un oriental) es que el creador es racista. No pueden presentarse situaciones vitales distintas a la norma, porque entonces te pueden tachar de cualquier cosa, y en esto hay organizaciones supuestamente progresistas que se comportan como fanáticos. Recuerden el lío que montó la comunidad gay de California cuando se rodaba Instinto básico y los medios dijeron que la asesina era bisexual. Muchas películas que se hicieron hace unas décadas hoy no encontrarían productor, y como ejemplos podemos recordar Lolita, porque no es políticamente correcto que un cuarentón se líe con una niña que tenía doce años en la novela de Nabokov (Kubrick tuvo que ponerle 16 en la película), ni Polanski podría rodar Chinatow, en la que aparece el incesto como elemento de la trama.

zzzFoto0420.JPGCon estos corsés, Perrault no habría podido escribir Caperucita Roja, ni existirían los centenares de cuentos infantiles en los que el machismo, la crueldad, el racismo y todo tipo discriminaciones son parte del argumento. Blancanieves estaba custodiada por siete enanitos, pero ha de venir un hombre, y encima príncipe (que esa es otra) a enamorarla, como si los enanos no fuesen también hombres capaces de enamorar a una mujer. Es de risa, o de pena, que en el mismo telediario se hable de lo constitucional que es la igualdad de todos los seres humanos y llamen Doña Leonor a una niña de parvulario, y que sea motivo de debate sesudo la necesidad de cambiar la Constitución para no discriminar a las mujeres de una sola familia, y se discrimine a más de cuarenta millones de españoles que nunca podrán alcanzar la Jefatura del Estado por muchos méritos que para ello tengan, ni aún siendo ricos, corruptos y mentirosos como en un país que yo me sé. Y luego les parece incorrecto, porque es discriminatorio, que el asesino de mi próxima novela fume, sea homosexual, mujer, mahometano, cojo o negro (en Estados Unidos dirían afroamericano, aquí será afrocanario). Tendría que estar loco el que escribiera una novela sobre una mujer, asesina psicópata, lesbiana, violadora de niñas, negra, coja, musulmana y fumadora (aunque es una idea...)

La vida, por suerte o desdicha, tiene muchas vertientes, y la creación ha de ser reflejo de virtudes y defectos, ha de mostrar lo bueno y lo malo del ser humano, y no cuadra que alcohólicos y toxicómanos sean tenidos por enfermos y los fumadores por delincuentes. Y así, quitamos de la televisión la serie Shin-Chan porque no es apropiada para niños. Y ya me dirán ustedes si no hay violencia en un persistente intento asesinato como son los dibujos de La Pantera Rosa, Pixie y Dixie, El Correcaminos, Bus Bunny y Piolín.

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(*) Este trabajo fue publicado hace unos años en otro espacio. Ahora lo pongo al alcance de mis lectores blogueros.


Nos han dicho por activa y por pasiva que la situación económica de España es mala, nos han culpabilizado de casi todo y desde arriba tratan de salvar a los de siempre. Políticos, empresarios, banqueros, economistas, periodistas especializados y todos los que se acercan a un medio pelean por ver quien dice la cancaburrada más grande. Seguramente esto obedece al propósito de crear miedo colectivo, y está demostrado que tenerle miedo al miedo es lo peor que puede pasarle a una sociedad. No se trata de crear ilusiones imposibles y ocultar la realidad, pero es que por encima de la gente cuelgan muchas espadas de Damocles (EREs, reducción salarial, pensiones, servicios sanitarios...) Nadie da respuestas. Es posible que no las tengan, pero sí que tienen la lengua muy ligera para meter miedo. Así, la gente está crispada, hay dos generaciones de jóvenes que ya no saben dónde mirar y desde las altas esferas se juega con secretismo, indolencia y en muchos casos aprovechando el río revuelto para su ganancia.

zzzzgFoto0392.JPGY esto tiene que cambiar. La situación es difícil, pero hay que encararla entre todos. Y todos quiere decir que no sea solo un sector de la sociedad (los más débiles) el que pague el pato. Con tanta avaricia, al final los poderosos también verán tambalearse sus beneficios, porque si no hay quien compre nadie puede vender. Y esto vale para los países poderosos del norte, que basan su economía en el exceso de producción industrial, y para los más ricos de España. Hay mucha celeridad para congelar, rebajar y hasta quitar pagas de Navidad pasando por encima de La Constitución, pero cuando se habla de la parte de los políticos y los poderosos los plazos se dilatan y se huele que es un capotazo a la realidad (reducción de concejalías para dentro de no sé cuántos años, reforma del Senado no se sabe para cuándo, revisión de los salarios y de los gastos de los políticos de acuerdo a reducción aplicada a los empleados públicos...)

Y a esta sociedad, especialmente a los más jóvenes, hay que encenderles una luz hacia la que dirigirse. Los políticos, los empresarios y todos los que controlan los hilos tienen una ocasión de oro para lucir eso que llaman grandeza y que se demuestra precisamente en los momentos más difíciles. Será que soy todavía algo ingenuo, pero sigo esperando ese giro colectivo, en el que todos caminen hombro con hombro hacia la recuperación económica. En tiempos de bonanza cualquiera puede venderse como un líder de cartón-piedra, pero en los momentos duros hace falta liderazgo pata negra y manos de todos los colores y tamaños empujando detrás. Esa actitud colectiva es la que en momentos complicados ha hecho grandes a Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, Francia... ¿Es que España solo puede ser grande en un campo de fútbol o en una cancha de tenis o baloncesto? Nadal, Gasol y Casillas están muy bien, pero no es suficiente, porque la grandeza del deporte es un espejismo, y ahora necesitamos grandeza de la otra, de la que brilla menos y hace futuro.


zzztDSCN3784.JPGLas noticias que llegan de Mali son cada vez más preocupantes. Los radicales salafistas se han hecho con el control de muchas poblaciones, en la que aplican la Sharía o Ley Islámica, que determina terribles castigos físicos a quienes no cumplen a rajatable los preceptos que ellos han decidido. La Sharía no es una ley coránica, es una interpretación, y por lo tanto depende del fundamentalismo de cada grupo, pero el caso es que cortan brazos a los ladrones, dan palizas por jugar al fútbol y llegan a la muerte por lapidación en caso de adulterio. Esto sucede ahora mismo en el África cercana, pero brotes de todo eso hace años que se dan en Europa, especialmente en Francia y Holanda. En España, el asunto empieza a preocupar, porque desde algunas mezquitas se predica la Sharía y existen grupos de radicales que tratan de que se cumpla. Hay muchos casos de palizas porque una mujer no lleva velo (a veces al padre o al marido por permitírselo) y otros asuntos más graves. La religión es algo íntimo y personal, pero cuando se convierte en ley civil gobernada por el fanatismo estamos retrocediendo siglos, pues estas cosas también pasaron con el cristianismo, y para corroborarlo basta nombrar la Inquisición. Uno creía que el siglo XXI sería más tolerante, pero estamos entrando en un túnel tremendo.


Cuando hablamos de lecturas de verano hay dos verientes: la primera es que nos llevamos a la playa libros ligeros, con escasa enjundia y que son solo un entretenimiento; es decir, para esta corriente un libro de verano es un texto con fecha de caducidad, bien porque trata temas muy puntuales, bien porque carece de profundidad y se queda en lo barrido. A este sector pertenecerían los libros de divulgación con poco fondo y las novelas olvidables pero que hacen pasar el tiempo.

zz67Foto0434.JPGLa otra versión de las lecturas de verano son los grandes tochos, que la gente guarda para cuando tiene más tiempo, y ahí puede entrar de todo, la única condición es que sea un libro voluminoso, que dure. Recuerdo que alguien me contaba que la enormidad de la obra de Proust la leyó durante varios veranos, y otra persona aprovechó una vacaciones para meterse entre pecho y espalda las tres novelas de Millenium. Por mi parte, no suelo hacer distinciones, pero sí que recuerdo una vacaciones en las que mi compañera de hamaca fue el Ulises de Joyce. Yo era entonces un veinteañero y los que iban de entendidos me comentaban que era un libro sublime, que alguien que tiene interés por la literatura (y más si la hace, yo empezaba entonces) tenía que conocer esa joya. Soy disciplinado y no me salté ni una página, pero no disfruté ni un renglón. No me gustó. Con el tiempo, volví sobre esa novela tan afamada y dicen que tan crucial, pensando que tal vez en la madurez la disfrutaría. Tampoco, me sigue pareciendo un ladrillo pretencioso. No me gusta pero la conozco página a página, y he pillado a más de uno en renuncios claros, cuando diserta sobre el libro y se nota a la legua que habla de oídas, porque ni siquiera por disciplina pudo con él. Seguramente es muy buen texto y abrió caminos, pero desde luego yo nunca lo recomiendo a alguien a quien quiero captar para la secta de los lectores.


En Canarias es muy notoria la filiación de determinados creadores con alguno de los poderes que por aquí funcionan o pretenden funcionar. A menudo se establece una simbiosis en la que tanto el creador como quien ostenta el poder salen beneficiados, que es distinto a que el creador se implique en política, permaneciendo fiel a una trayectoria e incluso siendo crítico cuando los suyos están en el poder. La historia de la cultura está llena de nombres que hicieron su obra desde una posición política concreta, fuera a favor o en contra del poder, pero lo que sucede en Canarias es que muchos creadores se mueven sólo en el entorno de pesebre, sin que para ello medie afinidad ideológica, sino simple conveniencia.

zFoto0441.JPGDe ahí provienen los nombres sobredimensionados, que no se corresponden con el valor de su obra, o los ninguneos de creadores valiosos porque no se arrimaron al sol que más calienta, fuera por posicionamiento ético o por incapacidad para trepar. Todo esto ha fabricado un ambiente florentino de conspiración permanente en el mundillo cultural canario. Se vive una especie de guerra larvada de la que la gran perjudicada es la cultura, y los culpables son los propios creadores y la voracidad de los poderes que manipulan a estos grupos, que usan como premios o castigos la subvención, la protección, el silencio o la descalificación, en lo que son cómplices los demás creadores.

Es necesario por lo tanto romper esta práctica mafiosa en la que los capos hacen y deshacen a su antojo, prostituyendo a todos aquellos que les bailan el agua a cambio de una migajas o silenciando a quienes permanecen celosos de su independencia. El círculo solo se rompe cuando el creador escapa al control de la isla, y esto sucede muy pocas veces por la propia dinámica del mercado cultural, en el que, hasta para romper el huevo insular, se hace necesario a veces contar con el apoyo o al menos la aquiescencia de uno de estos grupos de poder. Casos hay de creadores a los que desde Canarias les han volado el puente por el que iban a escapar.

Esta cotidianeidad vergonzante acaba por influir más allá del propio mundillo cultural, puesto que si los artistas, creadores e intelectuales llevan bozal o sirven a la voz de su amo, se convierten en vehículos del encanallamiento de una sociedad. Y ya es hora de poner las cosas en su sitio y saber quién es quién en el arte, la intelectualidad, la creación, la cultura de esta tierra.


Acaba de irse Chabela Vargas, una cantante que vivió durante décadas al filo de la navaja. Sus 93 años le han permitido atravesar toda la memoria de casi un siglo mexicano, desde el mito de la revolución, la leyenda de Frida y Diego, la sombra de Trostki y todo el fulgor de aquel México que llenó muchas horas de música en todo el mundo hispano. Es el aire de Alfonso Reyes, Dolores del Río, Orozco, María Félix, José Alfredo Jiménez, el Indio Fernández, Octavio Paz, Pedro Armendáriz... Qué sé yo. México tiene una especie de pacto con La Muerte, a las que celebran el Día de Difuntos, y ella se cobra vidas jóvenes: Jorge Negrete, Pedro infante, Javier Solís, la propia Frida. Era conocida, pero se convirtió en mito cuando fue resucitada en España por Sabina y Almodóvar, y restaurada por Salma Hayek. La Muerte (en México va con mayúsculas) no quiso tener nada con ella, seguramente porque no había nacido en México, aunque Chabela la provocaba, pero se volvió México mismo, un país que ya empieza a no existir y que es cada día más memoria que realidad. Chabela es acaso el último estertor romántico de aquella revolución que se pierde entre el polvo mostrenco de los narcos, y se va otro 5 de agosto 50 años después de Marilyn. Después de la partida de Carlos Monsiváis y Carlos Fuentes, Chabela echa la llave de la historia y se agranda el gran mito mexicano.

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Que te vaya bonito, Chabela.


El poder siempre tuvo una estrecha relación con la cultura, y en la actualidad esta relación no ha variado. Es evidente que el poder más claro es el político, pero también hay otros poderes, generalmente económicos, que inciden de lleno en la cultura, o para mejor entendernos, en las personas que trabajan algún aspecto cultural, desde la investigación hasta la difusión, aunque esto se nota mucho más en el campo de la creación.

zFoto0442.JPGSi nos circunscribimos al poder político, hay varios tipos de relación. Unas veces es el creador el que se agarra al poder para medrar; otras es el poder el que se vale del creador para justificar su permanencia o para apoyar su pretensión de alcanzar el poder; esto se nota más en tiempos electorales, en los que las fuerzas políticas corren detrás de los creadores buscando que se signifiquen a favor de sus siglas.

Desde que los Médicis de Florencia se convirtieron en protectores de los artistas, muchos han crecido y triunfado a la sombra del poder. Muchos grandes creadores se valieron de su relación con el poder para triunfar. Esto no es intrínsecamente malo, pero acaba siéndolo casi siempre porque el poder, que tiende por su propia naturaleza a envolverlo todo, acaba convirtiendo al creador en su lacayo, de donde viene a deducirse que quienes apoyan su creación artística en una determinada opción política con poder están abocados a formar parte de un clan exclusivo y excluyente que se opone a otros clanes y otros poderes, sean estos políticos, económicos o de otra índole. El valor artístico de la creación es otra cosa, a veces independiente de las relaciones del creador con el poder, aunque suele resultar muy difícil abstraer la propia creación a la dependencia de quien llena cada día el pesebre, porque no todo el mundo tiene el talento de Garcilaso de la Vega, Velázquez, Miguel Angel o Wagner, casos claros de artistas que realizaron su obra junto al poder.


zzDSCN4069.JPGHe visto en varios programas de televisión cómo se juega con la dignidad. Por ejemplo, abordan por la calle a una persona que se ve que tiene pocas luces, le formulan una pregunta sobre Platón o la hacen cantar o hacer barrabasadas que se les ha ocurrio a un supuesto guionista creativo. No le veo la gracia a que un intrépido periodista intente vender a un jubilado casi ciego un jarabe que le devolverá la vista. Es de una crueldad tremenda, y el público aplaude. Luego hay docenas de supuestos videntes que aconsejan a personas incautas, y les aseguro que no hay tantas personas con poderes paranormales, lo que sí hay es mucha charlatanería que se nutre de la angustia ajena. Puede haber un mal programa de cocina, lo peor que puede pasar es que tengan que tirar su receta a la basura, pero aconsejar sin criterio sobre temas graves es otra cosa. Creo firmemente en la libertad de expresión, pero todo esto no sé si entra en ese apartado. A mi modo de ver, no sólo es censurable, sino también sancionable, porque es una agresión cruel contra la dignidad humana.

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