Parece que en La Península les gusta vivir en el filo de la navaja. Por si no hubiera razones suficientes con la crisis económica, cada cual lleva el agua a su molino y tira de la manta buscando un puñado de votos para las inminentes elecciones generales. El único que calla es quien debería hablar, Mariano Rajoy, que sabe que tiene las elecciones ganadas y no quiere meter la pata, por eso sólo dice generalidades, frases hechas y discursos que son envoltura de la nada en papel de celofán. Desde el punto de vista electoral es una medida inteligente, pero ocultar demasiado las cartas puede hacerle perder terreno, no siempre se gana con los suplentes, a veces hay que sacar el equipo titular. Mientras tanto, los demás no pierden ocasión de echar leña al fuego; que si la rebelión catalana en torno a la inmersión lingüística, que si Bildu juega a las medias palabras para ganarle espacio al PNV, que si ahora Zapatero hace caso a Rubalcaba y reinstaura el impuesto sobre el patrimonio, que si González Pons dice, que si Esperanza Aguirre hace... En Canarias es donde parece que todos han quedado mudos. A estas alturas, no sabemos casi nada de posibles candidatos, ni de cómo van a confeccionar las listas los nacionalistas re-unidos, nada. Es como si las elecciones fuesen solo en La Península, porque si los de allá se pasan los de aquí no llegan. Y aunque confíen mucho en la potencia de la publicidad electoral, el conocimiento público de los líderes no se improvisa, sobre todo si a dos meses de las urnas no tenemos ni idea de quienes van a ser.
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Al filo de la navaja
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Esa es la estrategia que lleva utilizando el PP desde hace ya mucho tiempo: dejar hacer a los demás para que se equivoquen y así conservar el crédito político.
Pero lo cierto es que no sé qué crédito político va a tener un partido que no sólo no ha hecho una sola propuesta, sino que además se dedica a boicotear todas las que hacen los demás. En fin, así nos va. Y me temo que así nos irá.
El problema es que hemos transigido durante años con la corrupción que estaba a la vista, y no me refiero a esos casos sonoros que son destapados por intereses contrarios, sino al día a día de nuestros políticos.