En 1996, cuando doña María Rosa Alonso vivía aún en Madrid, Tato Gonçalves y quien esto escribe acudimos a su casa para hacerle unas fotos y una larga entrevista, que reproduzco aquí en su homenaje, cuando acaba de fallecer a los 101 años de edad. Descanse en paz.
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María Rosa Alonso vive en una biblioteca que legará al Instituto de Estudios Canarios. Las paredes de su casa madrileña, incluidas las de su dormitorio, están cubiertas de libros en doble fila. Esta mujer tinerfeña derrocha una fuerza y una vitalidad envidiables. Su mente es clara y certera, y por su boca sale a borbotones su pensamiento, porque nunca ha comido miedo. A medida que transcurre la conversación, su sentido del humor se va tornando discurso firme y a veces tronante, porque siente que le asiste una larga vida dedicada al estudio de Canarias y sus cosas. No tiene televisión ni pelos en la lengua, dice lo que piensa y escribe lo que dice. Al final de la entrevista, ya situada en el punto de lanzamiento, esta mujer tinerfeña hace un discurso que la define y en el que ella intenta definir Canarias.
-¿Angel Valbuena Prat fue tan importante como dicen?
-Valbuena fue el primer catedrático de La Laguna por oposición, y el primero que en serio pensó sobre la literatura de las Islas, sobre la poesía, aunque no estuvo más que dos cursos, porque Menéndez Pidal lo envió luego a Puerto Rico. Yo asistí a sus clases. Toda la gente del 27, la de la Rosa de los Vientos y Gaceta de Arte tienen en cierto modo una deuda con él. Aunque no fuera oficialmente, muchos iban a sus clases, porque usted no se hace idea de lo que era la vida en aquellos pueblos, La Laguna era una ciudad levítica, tremenda, y Las Palmas y Santa Cruz por el estilo, aunque ya empezaba la gente a sacudirse un poco. Creo que Valbuena hizo una buena labor.
-¿No se repiten una y otra vez sus postulados?
-Continuamente. Lo que ocurre es que la vida humana es una radical soledad, todo el mundo está solo. Valbuena dio el punto de partida, y si no se ha ido más allá es porque no han querido.
-Pero ha llovido mucho sobre la poesía canaria y sobre la literatura en general desde que estuvo Valbuena Prat.
-Todo llega cuando tienen que llegar. Está terminado hasta el año 27, ahora les toca a ustedes, a los más jóvenes.
-Usted es uno de los escasos testigos que quedan de la época de Agustín Espinosa, Domingo López Torres... ¿Los trató?
-A todos ellos, aunque cuando se celebró la exposición surrealista de Tenerife, que se endrogaron para llevar a Bretón en un barco frutero, yo estudiaba en Madrid. Yo era una muchacha muy joven, ellos eran algo mayores que yo, pues son casi del 27. Yo los admiraba, pues fui una niña que nunca leyó novela rosa, pasé de Salgari, Dick Turpin y Búfalo Bill a Baroja, Azorín y Valle-Inclán, y eso se lo debo a Valbuena. Luego, cuando me metí en la literatura, leí a Menéndez Pidal y entré en los clásicos.
-Como estudiante en Madrid también conocería a toda aquella pléyade de estudiosos que venían del 98 y del Novecientos...
-Fui alumna de Américo Castro, de Ortega y Gasset, de Morente. Don Américo me quería mandar a Upsala de lectora, pero se me enfadaba porque yo seseaba. El me reprendía: ¿cómo voy a mandarla a Suecia si dice "grasias" en lugar de gracias?
-¿Cómo le afectó la Guerra Civil?
-Me partió por el eje. La sublevación militar me pilló de veraneo en La Laguna. Yo debía de haber terminado en el 37, pero entonces los españoles estaban matándose. Me quedé en La Laguna, sin un céntimo, y con una persecución política muy fastidiosa.
-Pero usted logró terminar la carrera.
-Cuando acabó la guerra volví a Madrid, que ya no era el mismo, e hice el examen final. Tuve que regresar a La Laguna porque tenía a mi madre ya anciana y no pude hacer el doctorado hasta que la pobre falleció. Los años cuarenta fueron terribles.
-Entretanto, daba clases e investigaba en La Laguna.
-Está claro. Ahora hay muchísimos licenciados, pero entonces en La Laguna no había más que una muchacha que había terminado Letras y yo. Entonces el decano, Don Elías Serra Rafols, una persona muy valiosa, me dijo que fuese con ellos, de manera que entré en la Facultad y allí estuve trabajando, gracias a que Don Elías siempre me apoyó.
-¿Estaba un poco marcada políticamente?
-¿Un poco?; un poco, mucho, bastante, demasiado, como decía el inglés. María Rosa Alonso es una buena persona pero es roja. Tengo que decir que la gente de La Laguna siempre fue correcta conmigo, aunque como tenía el cuño de roja no podía ser catedrática de universidad, ni siquiera de instituto. Así que, cuando mi madre murió, acabé el doctorado y me fui a Venezuela.
-Eran buenos tiempos en Venezuela, se iban muchos canarios.
-Ya lo creo, el Bolívar llegó a valer hasta 30 pesetas. De manera que me largué a Venezuela en octubre de 1953.
-Ya dejaba detrás una gran labor investigadora.
-Yo había hecho mi tesis, había publicado otros trabajos, había fundado el Instituto de Estudios Canarios, había hecho muchas cosas. Es que yo siempre fui una niña muy trabajadorcita, muy hacendosa. La cosa era irónica, salí de una dictadura y me metí en otra, por eso estuve cinco años dando clases por mi cuenta, no le pedí nada al gobierno venezolano, había salido huyendo de Franco y no iba a ir a habla con Pérez Giménez.
-Por fortuna, aquella dictadura cayó a finales de los 50.
-Sí, a Pérez Giménez lo echaron, y me han dicho que está aquí, aunque ya debe tener cien años. Luego vino el comandante Wolfgan Larrazábal, que fue una especie de Suárez, un marino que hizo que volviera la democracia con Rómulo Bethencourt. Y entonces sí, entonces me llamaron para dar filología, porque en Venezuela entonces la literatura española la daban los abogados.
-Parece imposible, en la patria de Andrés Bello.
-Pues sí señor, en la patria de Andrés Bello. Ellos daban la literatura venezolana pero la gente que iba de aquí sabíamos un poquito más de esta cosa. A ellos eso de las leyes de la evolución de la lengua les caía muy grande y me fui a Mérida. Muy buena gente, en Mérida, yo trabajé mucho allí, les hice una revista grande, importante, ellos estaban contentísimos y a los muchachos les enseñé lo que eran las palatales, las sonoras y las sordas. Allí estuve hasta que me vine para acá.
-No regresó a Canarias.
-No, tenía aquí en Madrid, este pisito, iba a Tenerife a ver a mi hermana, no tenía casa allí, porque yo siempre he sido una mujer muy pobre a Dios gracias, porque no necesito más de lo que gasto y mi riqueza consiste en no deberle a nadie un céntimo. Volví en el año 67, todavía no se había ido el ilustrísimo Franco, aunque la gente estaba mejor, después del Plan Marshall, cuando Fraga hizo los paradores y se bañó en Palomares.
-Ahora Fraga ha levantado la liebre del federalismo.
-Lo Cortés no quita lo Pizarro, que dicen en Venezuela, y Fraga es un hombre muy inteligente.
-¿Qué ha pasado con el número 1 de la Biblioteca Básica Canaria, la Historia de la Literatura en las Islas?
-Querían que la escribiera, porque yo había hecho en la Historia de Canarias de Edirca un repaso hasta la muerte del viejo Millares Torres. Pero me resulta muy latoso seguir, porque tengo muchas cosas que hacer, Madrid me entretiene mucho, pertenezco a una fundación de cultura, Politeia, que me lleva mucho tiempo, preparo conferencias, tengo que hacerme mis verduras, comprarme mi pescado, ¿comprende?, y tengo que vivir. Yo para hacer una lista de teléfonos no hago una literatura, no es que quiera hacer una obra magna, pero sí algo decentito, decoroso, y eso lleva tiempo; tengo 86 años, ya soy viejita.
-No seré yo quien afirme tal cosa.
-No me sea zalamero; para los jóvenes el futuro es vida, para los viejos el futuro es muerte. En cuanto al libro, parece que va a hacerlo Sebastián de la Nuez. El me ha dicho que la hagamos juntos y yo le he contestado que él la haga por su cuenta y yo por la mía, porque él dice lo que le parece y yo también. Sebastián es muy trabajador, y seguramente hará una cosa buena.
-Usted ya hizo la edición de Antonio de Viana para la BBC.
-Sí, y casi pierdo la vista que me queda. Es un gran poema, a veces algo pesadito, pero cada época tiene su épica. Para hacer la Historia de la Literatura hay que incorporar nuevos trabajos y hacerlo es muy laborioso. Ahí ve usted los tomos del romancero de Maximiano Trapero, magnífico trabajo, y otras obras que me llegan, que debo leer con cuidado, no hacerlo a la ligera.
-Pero sí que conoce bien las generaciones de postguerra.
-Es una época interesante. Cuando Millares Sall publicó sus primeras cosas de poesía social yo trabajaba en La Laguna, y en una revista que teníamos hice una nota y casi me botan; el director era un cura y "¡uh!, ¿cómo ha hecho María Rosa Alonso esta nota? Ella no se ha dado cuenta"; no darme cuenta yo (carcajada); había que hacer muchos meandros para escapar de la censura, decir que sí, pero que no, pero que sí, que usted no se imagina. Por escribir sobre poesía social, casi me llevan presa.
-A los poetas acabaron metiéndolos en chirona.
-Oh, claro, a todos, y a Lezcano, casi lo ciquitrillan.
-Por culpa de los tiempos algunos dejaron de escribir y otros se quedaron en Babia.
-No le importe quedarse en Babia, pues hay una Babia en el norte del Perú y otra en la provincia de León.
-Y los actuales no son buenos tiempos para la poesía.
-Está cayendo, qué curioso, hay un momento de baja de la poesía y una subida de la novela. Y es natural, porque en un mundo que es un hundimiento total, porque vamos hacia un cambio de civilización, hay falta de asideros, la poesía se hace más intimista, y la gente no está por intimidades sino por exteriorizar sus problemas; eso lo recoge la novela. Y para leer poesía hay que tener un sosiego, que no siempre es posible.
-Es que vivimos un final de siglo y un final de milenio...
-Tengo para mí que estamos como estaba Occidente en el siglo V, cuando la gente dejó de ser pagana pero todavía no era cristiana, no se cree en Zeus, pero tampoco en el Cristo de unos pobres que dice que vamos a resucitar. Pues ahora estamos igual. Y ese es el drama, la gente necesita unos supuestos idealistas, que no existen, no importa, porque mientras usted quiera alcanzarlos está dando un nuevo tono al Mundo.
-En los últimos años ha habido una eclosión narrativa.
-Por lo que le decía. Después del boom narrativo de América, vino el canario. Se han escrito muchas novelas; hay algunas muy buenas, porque todo esto es como la esencia de rosas, que para hacer un frasquito hace falta un carretal de rosas. Pero tiene que ser así, y hay que mirarlas todas.
-¿Se sobredimensionó el Boom narrativo canario?
-También el hispanoamericano, aunque dio un García Márquez, un Vargas Llosa, un Bioy Casares y toda esta gente espléndida. Yo creo que es un error que en Canarias hayamos querido hacer una América chiquita, y nos inventamos nuestro pequeño Boom, todo el mundo quiso hacer su novela y eso es un poco peligroso.
-Pero gracias a eso se normalizó la narrativa.
-Sí señor, en eso estoy de acuerdo. Antes no existía novela porque Canarias carecía de madurez para tenerla. Aunque salió un genio que fue Pérez Galdós, pero a ese hay que echarle de comer aparte, como a los Iriarte, como Agustín de Bethencourt, eso es distinto, que han nacido allí pero se desarrollaron en otro espacio, y uno no es de donde nace sino de donde se hace.
-¿La novela es necesariamente un género de madurez?
-Creo que sí, porque desde el mundo clásico, cuando sale en la época helenística la novela bizantina, ya ha habido un ciclo grande de cultura clásica, no sale entes, sale después, y en Occidente empieza a haber gran novela en el siglo XIX; antes estaban Cervantes y otros, pero eran excepciones: la novela como organización colectiva de una creación empieza en el XIX.
-Tampoco hay pensamiento en Canarias.
-No puede haberlo. Canarias es muy joven. En las Islas se es centrífugo o centrípeto, o se va uno y no vuelve, o se queda y dice que como su isla no hay nada en el Mundo. No hay más que esas dos posturas.
-Supongo que debe haber una síntesis de las dos.
-Ah, esa es labor de ustedes, los más jóvenes, ahí está, en eso espero yo. Tenía y tengo la idea de que un país tan pequeño como el nuestro, que está entre tres continentes, no en el centro, porque estamos al lado de África y cuesta mucho llegar a América, digo que nuestra cultura es europea, somos la estación terminal de Europa, porque nuestra tradición es clásica, por consiguiente de Hércules, el mito de Las Afortunadas, y por otro lado la medieval de San Borondón. Los guanches son prehistoria.
-Estamos entre tres continentes pero sólo habla de Europa.
-En Canarias todo es de Europa; creo que las minorías son las que salvarán a nuestras islas, la gente selecta, la gente que trabaja, que tiene un sentido de las cosas. Ni plátanos, ni tomate, que sí, que eso nos da la riqueza, pero si no tenemos un contenido, nos convertimos en una estación de turismo, de gente que entra y sale de las Islas y si te vi no me acuerdo.
-De manera que centrípetos o centrífugos, no es mucho.
-Yo creo que habrá una generación, ya la hay, la de ustedes, la gente nacida en los cincuenta, año detrás año delante, que son los llamados a hacer esa síntesis. Yo no me enteraré, porque las cosas se acaban cuando se acaban, y espero que sea así.
-¿Qué me dice de la polémica sobre la Academia?
-¡Ah, Dios santo!, qué loquitos. La lengua tiene el momento del sistema y el momento del habla; cada comunidad tiene su forma dialectal de expresarse, como los chiquillos, que dicen chi-ton chi-to para decir tonto, o los enamorados que inventan una lengua para quererse. Si usted va a hacer una academia para el andaluz, para el murciano, para el asturiano, para el extremeño, eso no son academias, son cosas de locos. Tal vez esté sobrando hasta la Real Academia Española, pero no sobra porque hace unas ediciones maravillosas.
-También en Canarias se hacen ediciones sobre léxico.
-Oiga, están loquitos; ahora han sacado un diccionario diciendo que "pichirri" es un canarismo, cuando es un venezolanismo, yo no sabía lo que era hasta que llegué a Venezuela. Pichirri es un avaro en Venezuela. Lo confunden todo, y eso no es un diccionario, es un disparate. Yo publiqué dos artículos y creía que se habían detenido. Qué les ha pasado, yo creo que eso es un "andansio" (carcajada).
-¿Un dialecto no puede tener su academia?
-Un habla dialectal no justifica que se haga una academia, no que se quite el habla, porque entre otras cosas, nadie tiene poder para evitar que hablemos como nos da la gana. ¿Qué van a hacer? ¿Mandarnos la policía? Hay muchos trabajos sobre este asunto, todos interesantísimos: Pérez Vidal, Galdós, Valenzuela, Unamuno, yo misma, siempre en el plano de una cosa dialectal.
![z3dsc03482[1].jpg](http://www.canarias7.es/blogs/bardinia/z3dsc03482%5B1%5D.jpg)
"Hay que desarrollar el espíritu artístico y creador y no andarse con bobadas. Darle contenido a las Islas y lo que tengan serio sacarlo y defenderlo. Nuestro contenido insular y nuestra manera de salir al Mundo requieren un trabajo en serio, en vez de estar enfrentados, que no nos hace progresar. ¡Eso nos está matando!, el canarión y el chicharrero. Los hay que vienen hablando guanche, cuando el guanche no existe, es prehistoria, y el guanche tiene su base bereber, que está contra el árabe; ¡bobos! Canarias se ha hecho con el acarreo de Europa, su base literaria es europea, y todos tenemos apellidos extranjeros. Guanches, que son los de Tenerife, y canarios, que son ustedes, que nos han dado el nombre a todos, se acabaron, porque los granujas de los conquistadores no tenían más comercio que vender a la pobre gente. La mitad de los grancanarios se quedaron en Sevilla y los de Tenerife se esparcieron. Y a base de eso quieren hacer una Historia; mire, no: haga usted una maravillosa, una conmovedora Prehistoria. En serio no sabemos casi nada, porque casi todo se lo han inventado. Nuestra Historia la hicieron los portugueses de Madeira, luego se han sacado todo de la manga, como Júpiter se sacó a Minerva de la frente. A mí que no me vengan con boberías, he cumplido muchos años estudiando a mi tierra. Ya tenemos cinco siglos de cultura, que la hemos sacado adelante con gente meritoria; un país no se improvisa diciendo bobadas y falsedades, nuestra tradición es europea, española y andaluza, nos guste o no. La jota se suaviza en isa, la folía es portuguesa y la malagueña andaluza. Nuestra lengua se matiza, se llena de diminutivos, se llena de ternura; poco a poco, las generaciones se enraizan. Allí no ha habido petróleo, ni diamantes, ni nada, y es conmovedor cómo ha hecho el campesino su tierra de la nada, sin agua, y ha salido adelante, ha educado a sus hijos, y tiene su sentido europeo insularizado. Yo me defino una mujer atlántica, y ustedes defínanse atlánticos, porque es la isla, es el mar. Eso es lo que yo espero. Nadie es puro, qué tonterías son esas, ¿vamos a ser Hitler? Pues no".

Desde tiempo inmemorial, se ungía a alguien con aceites, grasas y perfumes para designarlo para una misión, casi siempre sucesoria en un liderazgo. En tribus muy salvajes, el vencedor se ungía a sí mismo con la grasa del vencido (su antecesor derrotado por él) para apropiarse de sus poderes, y en otras latitudes se untaban con grasa de león para adquirir su fiereza. Lo más normal es que alguien con autoridad ungiera al designado, como Samuel -uno de los jueces del Antiguo Testamento con suprema autoridad moral- ungió a David para que fuese rey de Israel. El poder de la unción proviene del peso moral de quien la realiza y no del ungido, por lo que no veo esa fuerza en Zapatero ni en un Comité Federal que ha estado bailando la yenka. Napoleón arrebató al Papa la corona de sus manos cuando este iba a coronarlo y se impuso a sí mismo el símbolo de su poder. De alguna forma su ungió a sí mismo. Rubalcaba será ungido hoy (no confundir ungir con uncir, que esta segunda palabra es sujetar al yugo los bueyes o las mulas), aunque, por mucha conferencia política que celebre el PSOE (otro eufemismo), Rubalcaba está UNGIDO por el Comité Federal pero UNCIDO a los siete años de la era zapaterista y a la última etapa del felipismo. Demasiados amarres. Si es eso lo que quieren...
No soy un un furibundo perseguidor del nacionalismo como la derecha españolista (no confundir con el PP) o Mario Vargas Llosa. Creo que es bueno reconocerse en la propia historia, pero sin fanatismos, por lo que tampoco soy un nacionalista militante. Creo en los territorios, las circunstancias y los momentos, y desde luego este no es el momento para hablar de banderas. Debe ser que algunos tienen un solo discurso, que finalmente vemos que nada tiene que ver con el bienestar general, sino con la obsesión por lograr el poder o por mantenerse en él si ya se tiene. En cuanto a la bandera española, creo que olvidan los catalanes que procede de la senyera, de la que se han tomado dos franjas rojas y una gualda. Pero parece que a nadie, ni a los nacionalistas, les interesa la historia. Y ya saben, hay que conocerla para no repetirla.
Los ganadores pregonan sus proyectos y tratan de extrapolar su victoria a unas posibles elecciones generales anticipadas. Ya sabemos que no hay correspondencia exacta entre unas elecciones y otras, aunque es evidente la tendencia, pero con el porcentaje conseguido el domingo el PP no alcanzaría mayoría absoluta, IU quintuplicaría sus escaños, los grandes partidos nacionalistas ocuparían un gran arco parlamentario y el PSOE se derrumbaría. Esa es la tendencia, sin duda, pero creo que no en esa medida, porque las elecciones generales tienen otras claves. Lo que sí echo en falta -hace tiempo y ahora más- es una conjunción de los políticos de todos lo partidos, empeñados en sacar a este país de la situación en que está. Si ya se saben unos salientes y otros entrantes, que arrimen el hombro, que hablen con los chicos de Sol a ver cómo se sustancia ese vago maremágnum de propuestas, que pongan firmes a los gobiernos autonómicos para que entren en un juego solidario, que dialoguen con los empresarios y los poderes financieros para empujar todos en la misma dirección. Pero no, aquí cada uno a lo suyo y la casa sin barrer. Es como si hubieran sido abducidos por la ansiedad de llegar al poder o el terror de perderlo. Para hablar con ellos de la realidad hay que tener un encuentro en la III fase, porque se olvidan de que el poder no debe ser un fin, sino un medio para organizar lo colectivo.
y de todos los datos científicos que acreditan que la creación, de haberse producido tal y como dice la Biblia (que esa es otra) tuvo lugar hace cientos, o tal vez miles de millones de años, y no once mil años, que en la edad de La Tierra es un suspiro. Con este dato clamorosa e ingenuamente erróneo, deducimos que todo lo demás es un disparate, una alucinación, un cuento chino. No se comprende cómo los estados permiten que se atemorice a la gente de esta manera, porque siempre hay crédulos que pueden vivir días de verdadero pánico. Luego, no sé cómo se las ingenian, siguen adelante y buscan una explicación que otra vez es pura palabrería, que casi siempre nos emplaza a una nueva fecha. Hay una confesión religiosa que anunció la venida de Jesucristo para 1874 y el fin de los tiempos para 1890; luego aplazó estas fechas para diversos años del siglo XX. Lo raro es que, después de estas profecías fallidas, los adeptos continuaron siguiendo a sus líderes. Pues ahora pasa lo mismo, y siento curiosidad por ver cómo explican mañana que hoy no haya habido "arrebatamiento", ni Juicio Final, ni nada. Respeto profundamente las creencias religiosas, pero no tengo igual opinión de los manipuladores que se lucran de la industria del apocalipsis.
Las fábulas vienen de Esopo, pasan por La Fontaine y Samaniego y desembocan en nuestro paisano Tomás de Iriarte. En realidad son mitos que advierten sobre las flaquezas humanas, y desde luego todos estos que he nombrado se pondrían las botas con el Jefe de Tráfico de la provinvia de Soria, quien, según la Unión de Guardias Civiles, es muy exigente con sus subordinados para que no dejen pasar ni una a los conductores que sobrepasan los límites de velocidad. Pues a este señor la Guardia Civil lo ha pillado conduciendo ¡a 207 kilómetros por hora! Debió pensar que, ya que se salta uno la norma, hay que hacerlo a lo grande. Pero claro, es que él es precisamente el máximo responsable de la aplicación de las leyes encaminadas a la seguridad en carretera. Es como poner a la zorra a cuidar de las gallinas, aunque de esto hemos visto mucho en distintas instancias y sobre diversos asuntos. De alguna manera, estamos hablando de corrupción, también en este caso. Tal vez habría que hacer pasar un examen psicológico a toda aquella persona que vaya a desempeñar un cargo con poder, porque tengo la impresión de que algunas (más de las deseables) acaban por creer que son invulnerables, que están por encima de la ley y pueden hacer todo lo que se les apetezca, sin tener en cuenta el daño que pueden infligir a otras personas o a la comunidad en su conjunto. De otra forma no se entienden comportamientos como el de este señor, el del exdirector del FMI o el de Berlusconi, por poner solo tres ejemplos, porque hay muchos. Sin duda, estos no habrían pasado es examen que propongo.
que se calle y siga humillado; es decir, algo similar a la esclavitud. Da vergüenza oír cómo esos poderosos gurús del capitalismo abogan por la contención de los salarios (que ya son de miseria), mientras ellos cobran millones o usan habitaciones de hotel de tres mil dólares sólo para dormir un rato. Ya se le ha visto el plumero a Gallardón, que ha mandado a sus guardias a desalojar a los jóvenes acampados en la Puerta del Sol, con la ayuda, eso sí, de la policía estatal, porque lo que predican estos jóvenes no es del gusto de los dos grandes partidos que controlan el poder desde hace treinta años. Mientras gane uno u otro les funciona su sistema, por eso ponen el grito en el cielo cuando aparece otra fuerza que pueda hacerles daño, aunque sea en una parte del territorio. De ahí la cruzada contra los partidos nacionalistas y la campaña de ridiculización de Izquierda Unida, a la que se suman con fáciles chistes influyentes comunicadores supuestamente progresistas. Ahora los dos grandes partidos, en boca de sus candidatos o en homilías de sus voceros afines, dicen que no votar es reaccionario, por lo que meten en ese saco a Saramago por la propuesta que hace en su celebrada novela Ensayo sobre la lucidez, aunque luego se confiesen admiradores del Premio Nobel portugués. Lo dirán tantas veces que seguramente calará en la gente, porque, Goebbels dixit, "miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá". También decía el ministro de propaganda de Hitler que "una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad". Dice realidad, no verdad. Yo digo que sigue siendo mentira, pero finalmente lo que interesa es cómo la perciben los ciudadanos y si la aceptan se vuelve real. Y ahí los poderosos ganan, tienen todos los instrumentos en sus manos. ya lo dijo Emiliano Zapata: "Lo peor no es la traición que se ve, sino la que no se percibe".
viene a resultar que si finalmente alguien es inocente va a dar igual, porque su imagen ha quedado dañada, y encima hay medios que se resiten a dar por buena una sentencia. ¿Quién restaurará la imagen limpia de Alberto Contador o la de Marta Domínguez? El refranero dice que "honra probada, honra manchada", y por eso habría que buscar la manera de que solo sean expuestos a los medios los casos probados y sentenciados. Ya sé que es muy difícil, pero al menos tendría que haber una normativa que impidiera juicios paralelos. Si alguien es culpable, ya lo dirá la sentencia, y aunque así fuere el castigo mediático es una pena añadida, que incluso puede funcionar como medio de presión sobre todo en los jurados, que son meros ciudadanos sin formación jurídica que se guían por lo que ven y oyen. Este es un asunto complicado, y como afirma la irónica maldición "Pleitos tengas y los ganes". Y aún ganando, habrás perdido la imagen.
La catástrofe de Lorca ha sucedido cuando ningún adivino la había anunciado, mientras se entretenían en vociferar sobre otras ciudades, que siempre tienen cancha porque están en el ADN de nuestra civilización. Roma no es una ciudad más, es "la ciudad" sobre la que se profetiza porque es el centro de una religión multitudinaria. Lorca, sin embargo es un punto en el mapa, como tantas ciudades que suelen ser nombradas solo los domingos y en Carrusel Deportivo porque tienen un equipo de fútbol aunque sea en Segunda B. España es solar de poblaciones muy importantes, que quedaron relegadas casi al olvido cuando a mitad de siglo XIX el país fue dividido en provincias y se dio protagonismo a las capitales. De esta quema de memoria apenas se han salvado Vigo, Santiago, Gijón, La laguna y poco más, y se ha recuperado recientemente Mérida, pero en la Historia grande de España hay docenas de ciudades que fueron las que crearon la columna vertebral de un Estado y que hoy apenas si son conocidas: Astorga, Calatayud, Úbeda, Ciudad Rodrígo, Burgo de Osma, Plasencia, Tudela, Zafra, Cartagena, Antequera, Betancuria, Seu de Urgel, Medinaceli, Toro, Baeza... Lorca es una de esas ciudades que han construido nuestra historia. Dicen los responsables culturales que buena parte del patrimonio destruido por el terremoto es irrecuperable. Una lástima, pero ninguna tan grande como la vida de las personas que se ha llevado la fuerza desatada de la naturaleza. También es una lástima que Lorca entre en el mapa por una desgracia.
Lo más atractivo de El túnel es el clima que se va creando durante toda la narración, a partir de la visión de un cuadro que el protagonista, el pintor Juan Pablo Castel, expone en una galería de arte. María Iribarne, la mujer del drama, se fija en un detalle que el pintor ha pintado en la parte superior derecha del cuadro, una ventanita en la que se vislumbra una playa solitaria y una mujer mirando al mar. Nadie más se ha fijado en la ventanita del cuadro, y el hecho de que María Iribarne lo haga llena de gozo el corazón del pintor. Nace desde entonces una extraña y difícil relación entre Castel y María, se establece un juego furtivo que va agrandando la pasión que él siente por ella, hasta el punto de que acaba presentándose en la estancia campestre que posee el marido de ella. La pasión de Castel se vuelve huracanada y traspasa los límites de la razón. María sigue jugando, no ha sabido captar el interior de Castel con tanta clarividencia como supo percibir el detalle de la ventanita del cuadro.