Impactado aún por la muerte de la actriz francesa Annie Girardot, que nos dio momentos cinematográficos inolvidables (Rocco y sus hermanos, Morir de amor...), me llega la noticia de que un grupo de intelectuales argentinos, encabezados por el Director de la Biblioteca Nacional Horacio González, quiere vetar la presencia y la palabra de Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro de Buenos Aires que se celebrará en abril. Es paradójico que quien ostenta el cargo que en su día ocupó Jorge Luis Borges encabece un movimiento que lo único que pretende es que no se oigan voces arrítmicas con el peronismo reinante. Con ese mismo baremo, Borges hoy no podría hablar en Argentina. No es de recibo que se niegue la palabra a nadie, y menos desde un sector que debiera defender a marchamartillo la libertad de expresión, pero es que, encima, no se la niegan a cualquiera, sino al único Premio Nobel vivo de nuestra lengua, que, además, es Premio Cervantes. Vargas Llosa es esencialmente un demócrata, y se puede discrepar de sus ideas, pero vetarlo tan descaradamente es una jugada política evidente, pues en Argentina están en vísperas de elecciones y los peronistas en el poder no quieren que nadie, y menos alguien con el predicamento de Vargas Llosa, vaya a colocar en la mesa un discurso diferente. Y es que cuando la literatura le hace el juego al poder mal vamos.
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Siempre la intolerancia
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Por lo visto en Argentina recojieron velas y ya puede ir Vargas Llosa a decir su imparable discurso.
Sobre Anne Giradort me impactó que sufriera Alzheimer y con 70 y pico se muriera, creo que en el 2008 hizo un papel de enferma cuando ya padecia esa enfermedad, es una enfermedad zorra, te va borrando tus huellas y al final no sabes quien eres, no se detecta a tiempo, ni hay vacunas, lo que ocure es que la persona no se entera y ya está tipificada la enfermedad del cuidador por la ansiedad y cansancio que genera.
Girardot, que en el cine interpretó todo tipo de papeles, dejó la histórica compañía tres años después, no sin pena, para dedicarse al cine, aunque nunca dejó por completo el teatro y también se dedicó a la televisión.
Pese a la enfermedad de Alzheimer que padecía y que su hija, Giulia Salvatori, reveló públicamente en 2006, la actriz continuó en activo hasta 2007. En 2008, Girardot protagonizó un filme muy diferente a todos los anteriores y brindó su testimonio sobre el mal que padecía y que le llevaba al olvido a pasos agigantados en el documental "Annie Giardot, Ainsi va la vie", de Nicolas Baulieu.