Canarias es una tierra curiosa que ignora lo propio a pesar de ese pseudonaciolismo que se da golpes de pecho una y otra vez. Está claro que para que reconozcan a alguien de aquí tiene que hacerse notar fuera, y si no siempre se quedará en la trastienda de lo que pudo haber sido y no fue.
La última muestra ha sido el grancanario Mateo Gil, estupendo cineasta que este año ha sido galardonado con dos Goyas, uno por su cortometraje y otro por su participación en el guión de Ágora. Rápidamente, todos se han apresurado a indicar que es grancanario, porque eso engorda el espíritu de tribu, pero mientras andaba por aquí no le hacía caso ni el pito del sereno, escondido siempre en la neblina del ninguneo. Yo me alegro muchísimo de que las cosas le vayan tan bien a Mateo Gil, pero habría que mirar también un poco hacia adentro. Ha pasado cien veces y me temo que seguirá pasando, porque por lo visto el mito de la conquista de Madrid sigue funcionando igual que siempre.

Tienes que ir a Madrid para triunfar en lo que te propones.
No conozco a ese muchacho que se llevó el Goya por su corto. Hoy vi en este periódico a la madre muy contenta y es lo notmal, pero al chico ese ni de oidas, solo con ser Canario es para que tenga alli más oportunidades y que lo celebremos los de las Islas, pero es que ese dia yo ni me enteré.
Espero que tenga muchos Goyas más y estemos orgullosos de que sea un Canario, porque esta tierra da muy buenos frutos pero luego hay que ir a Madrid a venderlos.Y es que España y yo somos así Selora....