Hay vida narrativa después de los setenta en Canarias, y tengo que decir que de alguna forma pertenezco al antes y al después, ya que estoy justo en el puente de ambas generaciones, con Domingo Luis Hernández, Díaz Pacheco y la recordada Dolores Campos-Herrero. Y por eso puedo afirmar que, cuando se escribieron aquellas novelas que normalizaban la narración en Canarias, los críticos fueron generosos, y había que serlo, porque era un momento histórico. Luego, algunos de esos críticos se han portado de forma cicatera con las mismas novelas que antaño enaltecieron, y eso puede estar bien si hay una explicación, pero no la ha habido.
Lo importante de aquella hornada de narradores, que no generación, puesto que poco se parecían unos a otros en asuntos estéticos o ideológicos, es que son fundacionales, y nadie puede negar ese carácter a un libro como Crónica de la nada hecha pedazos, aunque luego se haya incluso bromeado con su título, diciendo que son pedazos de crónica hechas nada. Había que escribir ese libro en aquel momento, y Juan Cruz lo hizo. A unos les gustará más o menos, habrá resistido mejor o peor el paso del tiempo, pero está ahí, y es un libro fundacional, histórico y necesario. Ahora no vale decir que si esto o si lo otro, hay que valorar que todas aquellas novelas eran primerizas, algunas titubeante y otras más maduras, pero fruto del entusiasmo de un grupo de veinteañeros que luego han escrito novelas mejores, porque tampoco La mala hora tiene el calibre de El Coronel no tiene quien le escriba o, mucho menos, el de Cien años de soledad.
Salvo un par de novelas muy sólidas, aquella fueron todas las primeras novelas de autores que luego darían sus mejores frutos. Yo no defiendo literariamente todas las novelas de los años setenta, pero sí defiendo el hecho de que se escribieran y el mérito de sus autores, e incluso sí que defiendo algunos títulos, que supieron arrastrar a una vieja Mararía, cansada de esperar. Entonces, que yo sepa, no hubo una especie de masonería que se juramentó sobre un pacto, unas condiciones literarias y una forma de vida concreta. Cada uno siguió su camino.
Unos sobrevivieron, otros triunfaron a lo grande y otros se autoconsagraron como apóstoles de sus cruzadas particulares. Son muy dueños, y no creo que ninguno traicionara a nada ni a nadie, porque nada había que traicionar. Así que no entiendo a qué vienen esos reproches a destiempo que a menudo recaen sobre aquella generación de narradores. Que yo sepa, nadie hizo juramento alguno que haya traicionado. Aunque tal vez otros esperaban que hicieran las cosas no a su gusto, sino al de los demás.
Y ya que he dicho lo que me parece positivo, también voy a decir lo negativo. Al ser una generación fundacional, con la misma fuerza que arrastraron a los fetasianos, podrían no haber hecho tierra quemada de lo que vino después. Parece como que después de los escritores del setenta aquí nadie más ha escrito una novela. Y no lo digo por mí, que me salvé por los pelos cuando metí la cabeza en un póker de premios consecutivos a principios de los ochenta y se armó tanto ruido que da la impresión de que en la penúltima década del siglo XX sólo surgió un nuevo narrador en Canarias. Y no es verdad, hay nuevos narradores, pero sus nombres no suenan, sus libros no circulan, y puedo decir esto porque he estado muy cerca, y tanto en los ochenta como en los noventa el peso primerizo de los narradores ha sido estimable, por lo menos no inferior al que dieron en canal los de los setenta.
Pero no se trata de hacer competiciones. Los del setenta tienen el pedrigree fundacional, eso lo reconozco y lo defiendo, y también digo que como generación cronológica se han mantenido vivos prácticamente todos, cosa que no es frecuente porque muchos suelen abandonar. Hay un centenar largo de novelas escritas por canarios en los últimos 25 años, y con que sólo fuesen buenas el 10%, tendríamos 15 buenas novelas, y eso no pueden decirlo todos los territorios, y, la verdad, tampoco en Sicilia se escribe un Gatopardo cada año. Y ello ha sido posible porque hubo una generación que puso a funcionar la máquina. Cada uno de estos novelistas es una persona, la vida es complicada y se parece mucho a una especie de Titánic que a menudo se hunde, y cada cual arría su salvavidas como mejor puede. No entiendo entonces que se baraje la palabra traición. "No juzguéis y no seréis juzgado", dijo Cristo, y lo crucificaron.
Creo que ha llegado el momento de que quienes se mueven en el campo del estudio de la literatura hagan un balance justo del siglo XX, no sólo de los narradores del último cuarto de siglo, a ver si vamos poniendo las cosas en su sitio de una vez, reivindicamos algunas obras importantes, poco o nada conocidas, y le cortamos la cabeza a algunas estatuas de poetastros que tienen rango de capitán general y sólo fueron compositores de ripios. Y eso es cosa de las universidades, que digo yo que para algo tenemos dos, aunque me temo que todo seguirá igual, repitiendo las máximas de Valbuena Prat, corregidas mil veces, y buscándole las comas a las novelas de Galdós, mientras sigue en el olvido el importante corpus teatral de Don Benito. Y es que debe ser verdad la sentencia de Juancho Armas Marcelo al que le pregunté una vez si Canarias es surrealismo o realismo mágico. El me contestó: "Surrealismo máximo, maestro". Pues eso.
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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 del día 27 de enero)

Y es que tienen la sartén por el mango y el mango también. Originaron el desmadre financiero y pararon el golpe con dineros públicos de todos los países, y nadie les exigió que pusieran sobre la mesa las ruborizantes ganancias de dos décadas. En alguna parte estarán, pero a buen recaudo, no entran en el juego de la crisis. Ahora, ya recuperados en su parte visible, sacan pecho y desafían a los poderes democráticos, que son los elegidos por las urnas, mientras que a los consejos de administración, que son los que manejan el cotarro, los eligen ellos; es decir, se eligen a sí mismos.
En estos días, a raíz de la tragedia de Haití, he leído y escuchado algunas reflexiones sobre la naturaleza humana que traigo hasta aquí porque me parecen importantes y a la vez terribles. Algunos han venido a decir que la tendencia humana es hacia el mal. Se apuntala esta idea con que es mucho más fácil hacer el mal que el bien, y como ejemplos ponían las cien o más formas que hay para romper un vaso y ninguna para reconstruirlo, o las mil maneras de matar y ninguna que haga resucitar.
5.- Maratones televisivos para pedir dinero, y al mismo tiempo hacerse publicidad los guaperas y famosos con sus donaciones que luego degravarán a Hacienda.
En este clima, Zapatero es invitado al Desayuno de Oración que cada año se celebra en Washington, que, aparte de consideraciones religiosas, es la constatación de las buenas relaciones de nuestro Presidente con el inquilino de la Casa Blanca, y no es baladí que en este momento Zapatero presida la UE. Y es entonces cuando Aznar se presenta en los Desayunos de TVE y desempolva un discurso que los del PP actual quieren olvidar. Y todo esto, con la denuncia de la UE de que la OMS ha patinado gravemente en el asunto de la Gripe A, que viene a ser otra maniobra de los neocon para seguir llenando el saco.
Probablemente Obama haya decepcionado a algunos, pero tengo que decir que no a mí. Ya dije antes de que tomara posesión, que desde Theodore Roessevelt (todo el siglo XX), los presidentes norteamericanos están todos cortados por el mismo patrón. Ni Truman fue más bestia que ninguno por lo de Horoshima, ni Wilson fue una hermanita de la caridad porque impulsara la Sociedad de Naciones, ni Kennedy fue tan listo ni Bush Jr. tan tonto. Responden todos a los intereses de los grandes monopolios americanos, y Obama no iba a ser la excepción. Sigue en Irak y Afganistán, se meterá en Pakistán si es lo que les conviene y procurará, como todos los presidentes yanquis, ningunear a Europa. De manera que, esperemos si acaso milagros de otra clase (Paco Suárez dixit) porque Obama es exactamente eso: Presidente de Los estados Unidos, uno más, como Reagan, como Truman y como Bush, por mucha etiqueta que le pongan, aunque ya parece que se le está borrando.
Pero sobre todo el Festival se pensó desde el punto de vista económico como un elemento más de prestigio para hacer Canarias más atractiva en el exterior, puesto que nuestro motor es el turismo, y todo lo que se haga para crear imagen de Canarias es bueno. Hace varios años, y con este mismo motivo (comienzo del Festival) comenté que, en unos años, en las vecinas costas africanas habrá complejos turísticos con una oferta de sol y playa muy parecida a la nuestra. Si la imagen de Canarias va a ser solamente sol y playa, nos ganarán por goleada, porque los costes en África siempre serán menores que aquí. Entonces, lo que necesitamos es crear esa imagen, y el Festival es uno de los elementos que nos da ese rango, pues se trata de hacer que Canarias sea el Montecarlo de esta zona del mundo, que no es muy distinto a otras poblaciones de la costa mediterránea pero es Montecarlo, cuestión de imagen.
Es terrible que esto sucede en el país más pobre de América y uno de los más míseros del mundo. O tal vez la catástrofe es tan grande debido a esa pobreza previa. Pero Haití no es un país cualquiera, y en el recorrido de la libertad es un pionero. Fue el primer lugar del mundo en el que fue abolida la esclavitud, y ello debido a la lucha de sus habitantes, que protagonizaron la llamada Revolución Haitiana. También fue el primer estado americano, después de Estados Unidos, en lograr la independencia, y siempre luchando, pues derrotó al ejército francés de 1904, que era uno de los mejor preparados de entonces.
Este siglo
Ya en el siglo XX, Mussolini sobrevivió a numerosos atentados, e incluso alguna vez fue herido, una de ellas en la nariz, y apareció después en público con un parche espectacular lanzando bravuconadas. Y es que esto de herir en la nariz resulta curioso, aunque sin duda es una casualidad. Los papas también han sido objeto de atentados durante toda la historia, y de conspiraciones contra ellos, pues La Iglesia imita la estructura de poder el Imperio Romano, incluido el cesarismo. Se atentó contra Juan Pablo II (también se especula sobre si la muerte de su antecesor fue un asesinato), y una personalidad como Aldo Moro murió asesinado por la Brigadas Rojas, no en un atentado al uso, es verdad, pero fue un magnicidio porque Moro era Presidente hasta cuando no presidía el Consejo de Ministros. Y ahora se ha puesto de moda decir que los autores de los incidentes (lo de de Benedicto XVI en la Misa del Gallo no fue un atentado) sean dados por locos. En todo caso, si contamos el Vaticano como parte de Italia, tiene este país un historial importante de atentados contra los poderosos en las últimas décadas. También es verdad que en España no podemos hablar muy alto, porque en el período de un siglo murieron asesinados cuatro presidentes de Gobierno, que no es mala marca, empatamos con Estados Unidos..
Y es que quieren normativizarlo todo, que si fumas o no fumas, que si hablas por el móvil conduciendo, que si... Y luego hay cosas concretas de gran importancia que se quedan en tierra de nadie al albur de interpretaciones; por ejemplo -y no es cosa menor- , la edad en la que una persona consiente en mantener relaciones sexuales. Y hay incongruencias como que en un crimen el alcohol es un atenuante, en un accidente de tráfico un agravante.
Decía un maldito poeta francés (¿o era poeta maldito?) que la parte más imprescindible y necesaria de una casa es el retrete, y por ello la más fea. Por el contrario, los salones y las terrazas eran lo más bello, pero se puede vivir sin su existencia. Claro que, de ese modo, la vida es menos agradable y nos parecemos más a un animal primario. Ese era el concepto que se tenía del arte, la literatura y no sé cuántas más cosas supuestamente inútiles, que son como los salones o las terrazas de la mansión de la vida, sin las cuales podemos susbsistir pero no vivir. Porque, en esencia, ¿para qué sirve un cuadro, un poema, una sonata? ¿Qué utilidad tiene la Torre Eiffel? ¿Abriga más o da más sombra una casa hecha por Gaudí que un edificio rectangular sin ambición alguna? ¿Para qué sirve que un tipo corra 100 metros en 9,58 segundos si cualquiera puede adelantarlo en bicicleta?