Que hoy sea el 125 cumpleaños de Agatha Christie me viene a cuento la memoria que suele guardarse en Gran Canaria a viajeros o visitantes que estuvieron en la isla unos meses, unos días o incluso unas horas y esto les hace acreedores a una calle, como mínimo. Siempre he dicho que aquí hay que llegar con la vida medio vivida, porque si no lo que aguarda es el silencio. El listado de nombres que apenas rozaron nuestra isla es muy variado, desde el tenor italiano Stagno (que tiene una plazoleta a su nombre detrás del teatro Pérez Galdós) hasta Camilo Saint-Saens (con calle en Ciudad Jardín) pasado por Carusso, Eva Perón, Silvana Pampanini y un etcétera inabarcable en este espacio.
Pintorescos hay muchos, raros también, pero sobre todos me vienen a la memoria dos. El primero es Javier Bardem, que nació aquí circunstancialmente, se lo llevaron con cinco meses y hace años que lo hicieron hijo predilecto, título que por cierto no ha venido a recoger. La segunda es Agatha Christie, la escritora más leída de todos los tiempos, que pasaba temporadas invernales escribiendo en el viejo Hotel Metropole, y que tiene muchos récords en su haber, entre ellos el de ser autora de la obra teatral La ratonera (The Mousetrap), que es también la pieza más representada de la historia (35 años consecutivos en cartel en un teatro londinense, además de miles de funciones por todo el mundo). Son transeúntes que vienen, se van, nos olvidan y aquí les seguimos dando barniz.

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