Para la mayor parte de la gente, la memoria del Sur de Gran Canaria es la proyección de lo que hoy existe, olor a bronceador, terrazas donde flambean la carne a los turistas y puestos de ventas de cuero y marroquinería en los centros comerciales que uno se pregunta siempre cómo sobreviven pues jamás se ha visto a alguien comprando.
Pero hay otra memoria del sur, la que huele a azufre de la zafra tomatera, a helado viento del norte y a abrasador aire sahariano que venía inmediatamente antes de la cigarra. Eran tiempos duros, que con la distancia se ven épicos, en los que había amos y siervos, exportadores y aparceros. En realidad eran muy malos e injustos tiempos.
Y ahora vienen algunos niños bonitos y hablan negativamente de la eclosión turística, se erigen en ecologistas y defensores de los animales pero no renuncian a la gasolina de su coche, a la electricidad de su ordenador y su equipo de música, al queroseno del reactor que los lleva y los trae a Nueva York o a ver a un Lama a Nepal y al cuero de sus zapatos italianos y sus cazadoras de diseño. Despotrican del turismo y pasan fines de semana en hoteles de lujo, o lo que es peor, en el bungalow de papá.
Yo no defiendo el progreso irracional, pero me cabrean estos ecologistas de pacotilla que se empeñan en que no haya carreteras seguras allí donde hacen falta, porque ellos tienen todos los servicios en su calle, y reivindican la excesiva utilización de suelo para construir, mientras disfrutan de la casona de campo, el superpiso de la capital y el apartamento familiar donde cada fin de semana de verano se hace una barbacoa y se evoca al Ché Guevara cantando la famosa canción de Carlos Puebla. Hay que joderse.

Esos son los progretas. Generalmente, funcionarios de alto standing. Los progresistas son otra cosa. Por ejemplo, no le ríen las gracias a Pepiño.
tengo un amigo que ha ido a trabajar ahi hace unas semanas, y esta encantadisimo, enhorabuena canarios! saludos
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