Como ayer comenté con uno de los comunicantes de este blog, hay que tener cuidado cuando hay poco espacio para explicarse, porque puede entenderse lo contrario de lo que se quiere decir. Y ese es hoy mi caso, porque creo que la democracia es un sistema ideal, pero no existe realmente, porque esa democracia, todas las democracias, sufren una especie de perversión porque dependen de los votos de los ciudadanos. Y por eso a menudo se ocultan cosas, se miente o no se actúa, porque hacer lo correcto puede significar una pérdida de votos.
El problema es que se profesionalizado la política, y hay gente que lleva treinta años sin bajarse del coche oficial. Por eso no me siento seguro con el tratamiento que se está dando a la gripe A, pues no sé si me están diciendo toda la verdad, tanto unos aumentando la alarma como otros atenuándola. Y esta sensación de incertidumbre se acentúa porque estamos en plena campaña electoral, y cualquier declaración o actuación puede sumar o restar votos.
Esto se agrava con el sistema de listas cerradas que padecemos. El poder de los partidos políticos (osea, las cúpulas profesionalizadas de los mismos) es total. Votas a López Aguilar o a Mayor Oreja, pero detrás hay una lista de personas que nos meten de equipaje y luego son tan diputados como los cabezas de lista. Hay que abrir las listas y que cada candidato responda en su jurisdicción. Puede que de ese modo la democracia no sea tampoco inmaculada (no lo es absolutamente en Francia o en Gran Bretaña), pero desde luego hay un trecho comparada con la nuestra. Y si no miren cómo se han cargado en 24 hora al Presidente del Parlamento Británico, y aquí nunca pasa nada, y mira que ha habido asuntos raros.
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La foto está en Facebook, son extrañas formaciones de nubes que semejan caballos. Tal vez sea una metáfora de la democracia.

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