Parece que nunca pasa de actualidad la fábula de nuestro paisano Tomás de Iriarte en la que dos conejos discuten si los perros que los persiguen son galgos o podencos. Pues en esas seguimos, con el Senado casi en bloqueo institucional
y mientras discutiendo si fue primero el huevo o la gallina. No es la primera vez que lo digo, pero pocas veces se hace tan necesario un gobierno de concentración como en la actual coyuntura, y esto vale para España y para Canarias.
Pero no. Ahí siguen discutiendo sandeces, aparcando iniciativas y dejándolo todo al albur de una posible victoria electoral en los próximos comicios, sean cuando sean. Lo más triste es que eso nada va a solucionar, porque, gane quien gane, se invierta o no los equilibrios de poder, por lo visto estamos condenados a no tener oposición constructiva ni gobierno que propicie que todos arrimen el hombro.
Galgos o podencos, qué más da. Al final de la fábula, mientras los conejos discutían algo tan superficial, lo perros los atraparon. Fin de la historia. Pregunta con moraleja: ¿Cuándo vamos a tener unos políticos -y políticas- que nos hagan sentir seguros y orgullosos de ellos como en aquella rareza histórica que fue la Transición?

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