Sobre su Premio de novela, que ya no existe
Es triste que en la ciudad que lo vio nacer hayan eliminado un premio de novela que llevaba su nombre. Pero estas cosas ocurren aquí con demasiada frecuencia, porque los criterios culturales los marcan los políticos, y a veces ni ellos, sino sus miedos a los poderes fácticos que nunca se acaba de saber quiénes los forman.
Pero es que somos maximalistas para lo bueno y para lo malo. Yo gané ese premio hace casi 25 años, y dos años después como ganador de la última edición formé parte de jurado. Y ocurrió que en la reunión de ese jurado en el que yo estaba, un componente que nunca había escrito nada creativo, ni tenía peso crítico, ni nada de nada, y que estaba allí sentado porque supongo que actuaba como comisario de eseos poderes que lo mangonean todo, propuso que el premio quedara desierto. Esto puede ocurrir si se estima que las obras presentadas son muy endebles y no hay al menos una que pueda publicarse con dignidad, pero en aquella ocasión no era el caso, porque los cuatro jurados restantes pensábamos que sí que había nivel para dar un premio.
El argumento de aquel erudito a la violeta fue demoledor, y agárrense que esto es para enmarcar. Aquel "renacentista", que por lo visto tenía suma autoridad en todas las artes, fuera literatura, danza, pintura, música o lo que se terciara, dijo como el que pronuncia una sentencia: "Es que para ganar el Premio Pérez Galdós hay que ser tan buen novelista como Don Benito". Genial, en tres segundos me había elevado a la misma categoría que usted, don Benito, puesto que yo había ganado dos años antes el premio que llevaba su nombre. El argumento, si no fuese tan mezquino es hasta surrealista.
Si nos guiamos por el razonamiento de aquel administrador de la mediocridad con ínfulas de Leonardo Da Vinci, para ganar determinados premios hay que ser tan buen poeta como Juan Ramón Jiménez, tan extraordinario tenor como Alfredo Kraus, tan excelso dramaturgo como Lope de Vega o tan alto novelista como usted, si estos premios llevan tales denominaciones. Lo terrible del caso es que, por mucho que argumenté que aquel premio era una vía de salida especialmente para autores noveles, los otros tres miembros del jurado, acaso amedrentados por el poder de quien sostenía el impostado prestigio de aquel Da Vinci, no por sus disparatados razonamientos, le siguieron la corriente y votaron por dejar el premio desierto. Mi perplejidad dio paso a la consecuencia de entender que en una sociedad llena de miedos el mayor disparate se convierte en normalidad.
Y fue así cómo me convertí en el último ganador de aquel premio, y los políticos de turno se apresuraron a corroborar el desaguisado quitando de la programación cultural del Cabildo de Gran Canaria el Premio de Novela Pérez Galdós, otra infamia más contra la cultura de esta tierra. No me extraña que aquí todo se agoste porque con estos antecedentes también se otorga cada tres años el Premio Canarias, y le aseguro que ahora mismo hay una larga lista de personas que lo merecen en varias modalidades y que la mayoría no lo obtendrán porque, aunque alcancen a cumplir cien años, llegará antes la muerte que el premio.
Así se fueron sin el galardón figuras tan incontestables como Joaquín Artiles, Jesús Arencibia, Pino Ojeda, Félix Casanova de Ayala, Josefina de la Torre, Pilar Lojendio, Santiago Santana, Pino Betancor, José Antonio Ramos... Y ahora mismo tienen trayectoria y merecimientos para ser Premio Canarias nombres tan fundamentales en su actividad como Totoyo Millares, Juan Jiménez, Juancho Armas Marcelo, José Luis Fajardo, Cecilia Domínguez, Maximiano Trapero, Víctor Ramírez, Pascual Calabuig, Mary Sánchez, Elsa López, Giraldo, Jorge Rodríguez Padrón, Juan Barbuzano, Ramón Trujillo, Eugenio Padorno, Guillermo González, Taburiente, Gelu Barbu, Luis Molowny, Los Gofiones, Juan Carlos Valerón (por deportista, por artista y por buena gente)... Eso, don Benito, es mezquindad, ni más ni menos. Pero eso usted ya lo sabe.
Siempre suyo.

Desengáñate: en esta tierra de horteridad apabullante, solamente se lograría dar un Premio Canarias anual si fuera a la mejor murga, comparsa o agrupación carnavalera. Porque en Canarias, las administraciones públicas están fijo recordando que somos pobres y que no hay dinero para nada, pero luego los millones para los Carnavales (que no dejan de ser una verbena gorda para que la gente se coja unas moñas de impresión) sobran y se sacan de donde sea. En cuanto la lo del imbécil del jurado, gentucilla como esa, que va de snob y erudita, es precisamente la que devalúa la cultura y la que provica que el término "intelectual" sea para mucha gente peyorativo.
Totalmente de acuerdo.Muy triste que se les llene la boca con Don Benito pero luego desaparecen el Premio literario, las ayudas al Teatro que lleva su nombre...Y con los Premios Canarias más de lo mismo, racaneando. Por cierto, yo sí añadiría a la lista su nombre, Don Emilio, pues tiene obra y calidad en casi todos los géneros pero, en fin, uno nunca sabe de estas cosas... que se lo digan a José Mª Millares o a Juan Jiménez o...