Dicen que no hay demasiadas razones para esperar mucho del nuevo año. En realidad los años no dan ni quitan, son un mera medida del tiempo humano basado en el tiempo astronómico, y los años son buenos a malos según la vaya a cada cual.
Yo, sin embargo, espero que en este próximo período de 365 días todo vaya mejor, aunque eso es un modo de hablar, porque seguirán pasando cosas, buenas y malas, es la vida. Cuentan que, al terminar la misa del 31 de diciembre del año final del siglo XIX (no sé si 1899 o 1900, que hasta para eso hay opiniones), un obispo ofició una oración fúnebre por las almas de todos sus diocesanos. Los canónigos de su catedral le expresaron su sorpresa, porque en vísperas de año y siglo nuevos se esperaba de él algo más alegre.
-¿Alegre? -argumentó el obispo-, he rezado un responso porque vamos a entrar en un siglo del que no vamos a salir vivos los que estamos en edad de pecar.
Pues eso, que el obispo tenía razón pero se pasó siete diócesis. Todavía no he decidido si el clérigo de mi relato era un aguafiestas, un pesimista o un tipo con un gran sentido del humor (negro en este caso). Yo como no soy obispo ni regento diócesis alguna, me permito desearles de corazón un próspero y venturoso año 2009. Y lo hago hoy porque mañana pocos ordenadores van a funcionar con la resaca.

Yo me identifico con el humor negro del relato. Gracias y que te lo pases bien. Tanto, que se te carguen las pilas y regreses.
Felicidades.
Sergio N.