los blogs de Canarias7

Archivos Octubre 2008

aZ.jpgUn amable comunicante me sugirió ayer que dedicase uno de estos comentarios a Gianni Vattimo, filósofo italiano en la órbita de las universidades americanas y padre de lo que se ha dado en llamar "Pensamiento débil".

Más que entrar al trapo, echo balones fuera, porque conozco un par de libros de Vattimo y, francamente, salvo haber sido uno de los acuñadores de la postmodernidad, poco más allá puedo ir, porque se mueve entre bastiones muy fuertes, del tamaño de Nietzsche, Heidegger y Orwell, una veces para explicarlos, otras para epigonarlos y las más para contradecirlos, casi siempre con argumentos que, a mi modo de ver, no son demasiado consistentes. Parte de la idea de la no existencia de Dios, pero luego se echa en brazos de la filosofía cristiana (lo cual puede no ser una contradicción aunque a primera vista lo parezca).

Como se ve, para entrar en este tema en profundidad hay que ser un especialista, y es evidente que sólo soy un diletante que simplemente lee e interpreta, pero sin escuela, rigor ni línea académica. En cualquier caso, tengo que decir que no acabo de fiarme de intelectuales como Fukuyama, Chomsky y el propio Vattimo, que al amparo del dinero de las fundaciones norteamericanas llevan años anunciando "el fin de la historia". Es como creer en Cioran, predicador impenitente del suicidio, que murió de viejo a los 86 años. Aquí queda el espacio para quien quiera entrar, porque como dijo aquel, yo soy el carpintero y sólo estoy arreglando el confesionario.

28.jpgAyer fui al dentista y en la sala de espera estuve hojeando las publicaciones pasadas de fecha que siempre hay en las consultas de los médicos (dicen que no ponen las actualizadas porque la gente se las lleva). El caso es que había una caterva de revistas y suplementos de periódicos canarios, y pude comprobar, una vez más, que en Canarias sólo se respeta a quienes salen fuera, da igual lo que hagan. Las portadas de estas publicaciones estaban ocupadas sin excepción por canarios y canarias ultramarinos. Los únicos personajes canarios domiciliados que aparecían de vez en cuando en una portada eran políticos (que se repiten) y caras mediáticas, siempre de la televisión.

Algunos de estos personajes merecen esas portadas, porque tienen un gran nivel en cualquier parte: una medallistas olímpica, un campeón de europa de fútbol, figuras reconocidas internacionalmente en distintos campos (Chirino, Blahnick, Suárez del Toro...) Pero la inmensa mayoría son simplemente flor de un día, o de mucho tiempo pero que sólo tienen relumbrón en Canarias precisamente porque viven lejos (eso de que triunfan está por ver). Luego hay aquí otras personas que incluso son mejores y que se parten la crisma trabajando y nadie les reconoce nada. Y esto pasa sobre todo en el mundo de la cultura.

El mensaje es bien claro: si quieres que te reconozcan en Canarias, vete fuera, y vienes a Canarias buscar subvenciones, a recibir galardones y a cobrar cachés. Ya lo decía mi abuela: "Entre todos la mataron y ella sola se murió".

Sabater.jpgOctubre es el mes por excelencia del mercado de los premios literarios. Se fallan los Premios Nacionales y, salvo contadas excepciones, los galardones vienen a recaer en los nombres de siempre, después de una buena batida mediática que acaba por convencer a los jurados. Ya tuvimos la muestra cuando se empeñaron una y otra vez en los Cuadernos de Nueva York, de José Hierro, o la perreta que cogieron hace un par de años con Caballero Bonald, y ahora mismo con ese empeño en convertir el libro de Millás, El mundo, que también fue Premio Planeta el año pasado, en el no va más. Eso es muy peligroso, aunque no tanto para Millás, que ya es un autor consolidado, pero tengo memoria de la locura que se tejió alrededor de los primeros libros de Luis Landero, Javier Cercas y mucho antes con el niño-prodigio Juan Manuel de Prada. El globo se desinfló.

Hagan un listado de los nombres literarios españoles y latinoamericanos y verán que se rotan en la obtención de la media docena de premios grandes que hay en España (Alfaguara, Planeta, Biblioteca Breve, Herralde, Nadal, Primavera, Azorín, Torrevieja...), que se mueven alrededor de grandes editoras que a su vez tienen sus movimientos de traslación en los grandes medios. Son círculos concéntricos y viciosos que se repiten, lo cual no quiere decir que entre tantos libros y premios no haya alguna novela buena o un excelente poemario, e incluso puede que sea excepcional, como ocurre con El Jinete Polaco, de Muñoz Molina, pero no es la norma.

Cada vez que vaya a fallarse uno de esos galardones, hagan cuentas y miren a ver a cuáles de esa veintena de nombres le falta ese premio, y entre ellos andará el juego. Por ejemplo, todavía no tienen el Planeta Almudena Grandes, Rosa Montero o Vicente Molina Foix, y por lo tanto están al caer. Y da pena que, por ejemplo, este año se hayan presentado más de 500 novelas, cuando todos sabemos que son premios pactados. Y también da pena que figuras tan prestigiosas como Pere Gimferrer, Alfredo Bryce Echenique o Alvaro Pombo pongan sus nombres en el jurado, tragando con el sistema mercantilista y comercial de la editora. Hace un par de años Juan Marsé montó un pifostio porque denunció todo esto desde su condición de miembro del jurado del Premio Planeta, aunque creo que lo hizo mal y tarde, después de haber participado en la puesta en escena durante años, seguramente porque en esa edición no pudo sacar a alguno de su protegidos.

Con los demás premios sucede lo mismo, y vemos cómo se repiten Lorenzo Silva (por cierto, tampoco tiene el Planeta, añadan ese nombre), el mencionado Millás, Lucía Echevarría o Espido Freire. Y también da pena ver cómo se suben a la noria del dinero fácil nombres que uno respetaba como el de Fernando Sabater. Lo que más gracia hace es que en vísperas del fallo de este premio siempre suenan nombres mediáticos de personas que nunca han escrito un libro. Hace unos años se hablaba de Jesús Hermida, en otra edición salió el nombre de Mercedes Milá y este año entraba en las quinielas la periodista Angels Barceló, que es fantástica en la radio pero de la que no conozco ni una sola línea publicada.

Está claro que no estamos hablando de literatura, sino de negocio editorial, y los premios Nacionales forman parte de esa rueda, en la que las grandes editoras y grupos mediáticos se reparten los premios entre los de sus cuadras. Nadie que no haya publicado en esas grandes editoras tiene la más mínima posibilidad de entrar en la discusión del jurado, y mucho menos de conseguir el premio.

Con el Nobel pasa lo mismo. Es triste ver cómo el Premio Nobel de cualquier modalidad recae siempre en personas e instituciones que han hecho algo grandioso en su campo: médicos que descubren el virus del sida, físicos que indagan en descubrimientos que nos harán avanzar y personalidades que se han entregado a luchar por la paz. Con el de Literatura siempre es un mercado persa, que si le toca a alguien en lengua francesa, que toca un escritor del Tercer Mundo, que si los suecos le tiene manía a los americanos y hace casi dos décadas que no le dan el Nobel en esta disciplina, dejando atrás verdaderos pilares de la literatura contemporánea.

Suenan siempre nombres mediáticos, aunque sean buenos. Algunos incluso son mediáticos por razones externas a la literatura, como es el caso de Milan Kundera, un autor que está bien, pero que a mi parecer está sobredimensionado, y que se hizo famoso porque escapó del Telón de Acero, y en Occidente lo convirtieron en una estrella. Ahora resulta que tal vez no sea tan inmaculado como parecía, y haya sido un delator en su juventud, como Grass fue miembro de la SS y Cela censor en el régimen franquista. Eso no importa, el caso es que sea mediático o sea suceptible de serlo.

Por eso, cuando medimos los prestigios tal vez no estemos siendo justos. Hay etiquetas para todo: Dan Brown es un mal escritor que vende mucho, Coelho y Bucay son los oráculos de la gente que anda perdida y busca salidas fuera de la lógica, Vázquez-Figueroa es un mero autor de aventuras...

Y al mismo tiempo resulta que este o aquel nombre es la quintaesencia de la literatura aunque sus libros no los entienda ni él. Todavía sigo preguntándome veinte años después por qué han sacralizado a un escritor como Juan Benet, que fue capaz de confesar que no le extrañaba que la gente se aburriera leyéndolo ya que él era incapaz de corregir las pruebas de sus libros porque se dormía. La culpa no es suya, sino de quienes lo convirtieron en santón.

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(Este artículo se publica hoy en el suplemento impreso Pleamar del diario Canarias7).

vvvv.jpgDe nuevo surge el debate estéril -otro más- en Canarias. Como en el congreso de CC se arpbó lo de la nación canaria, el PP ha tardado nada en saltarles al cuello. Y es que hay palabras que las carga el diablo, porque ni siquiera los más sofisticados diccionarios se ponen de acuerdo en la diferencia o la similitud de los términos que se refieren a una comunidad, un territorio, una cultura. Veamos algunas entradas del diccionario de la RAE:

Nación. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno. Territorio de ese país. Conjunto de personas de un mismo origen (¿canarios del mismo origen?) y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

Región. Porción de territorio determinada por caracteres étnicos o circunstancias especiales de clima, producción, topografía, administración, gobierno, etc. Cada una de las grandes divisiones territoriales de una nación, definida por características geográficas e histórico-sociales, y que puede dividirse a su vez en provincias, departamentos, etc. (Ya empiezo a no aclararme).

Estado. En el régimen federal, porción de territorio cuyos habitantes se rigen por leyes propias, aunque estén sometidos en ciertos asuntos a las decisiones de un gobierno común. (Esto parecen tenerlo más claro Ibarretxe y Montilla).

Territorio. Porción de la superficie terrestre perteneciente a una nación, región, provincia, etc. (?)

Pueblo. Conjunto de personas de un lugar, región o país (todos, supongo). País con gobierno independiente (ahí ya no me rindo).

En conclusión, que mientras sigamos discutiendo si son galgos o podencos, haya guerras fratricidas en todos los partidos y no haya un objetivo común DE INTERÉS GENERAL NO PARTIDARIO, el perrazo de la crisis nos seguirá dando chabascadas (¿han visto?, una palabra canaria, y no está en el diccionario de la RAE)

(¿Por qué esa foto? ¿Y por qué no? Si aquí el paro galopa y se debate sobre los anillos de Saturno, yo puedo hablar de una cosa en el blog y poner una foto sin sentido... Desde ese punto de vista, la foto se acomoda al comentario, no tienen relación alguna. Y no me negarán que estos dos hacen muy buena pareja. Dan más en pantalla que Soria y López Aguilar...)

18.JPGAhora queGoogle ha ganado el Príncipe de Asturias, puede explicarse por qué la crisis económica tiene su origen en la valoración falsa de los intangibles. Hace siglos que Adam Smith, Karl Marx y Malthus dejaron clara la diferencia entre valor y precio. Hasta ahora esta idea sólo era una bonita teoría que nadie aplicaba, porque en la práctica el precio era el valor de una cosa. Ahora, por fin, se han dado cuenta de que no es así, pero sólo tenía que preguntárselo a cualquier numismático, puesto que una moneda de cinco pesetas de la época de Isabel II cuesta en el mercado en torno a los 100 euros, y otra del mismo valor, de veinte años después (1869) ha llegado a cotizarse en 24.000 euros (sí, cuatro millones de pesetas). Son iguales, pesan lo mismo pero de la primera hay miles rodando por ahí y de la segunda sólo una pocas. Está claro que el valor es el mismo, pero el precio es muy diferente porque tiene el valor intangible de la escasez.

Eso siempre fue así, al escasear sube el precio, no el valor, pero lo que no se entiende es que suban los precios cuando hay abundancia de un producto. Eso ha sucedido con las viviendas, y los más viejos del lugar llevan años preguntándose cómo era posible que un piso twviera esos precios, cuando podían comprar todos los que quisieran. Esta valoración falsa de las cosas nos ha llevado al callejón en que estamos, y los portales de Internet son una prueba de ello, bendecidos por respaldos tan importantes como el Príncipe de Asturias. No estoy en contra de Internet, estamos precisamente en esa vía, sólo digo que las cosas valen lo que valen, no lo que se paga por ellas. Y han hecho bien en premiar a Google, porque otra cosa sería que le dieran el Nobel de Economía a Alan Greenspan, último responsable de todo este lío desde su asiento de Presidente de la Reserva Federal Norteamericana.

casab.jpgLa semana pasada fue Colin Powell el que se pasó al bando de Obama, ahora es Scott McClellan, mañana puede ser el mismísimo hermano de Bush, el gobernador de Florida, mirando de lejo su posible asalto a la Casa Blanca, para perpetuar el apellido que ya lleva dos generaciones presidenciales.

Con la crisis económica, la desatrosa campaña desarrollada por McCain y las encuestas que dan como ganador a Obama, ya los medios más influyentes y los personajes que incluso tocaron balón en la época de Bush se decantan por lo que ellos llaman el cambio. Eso demuestra el escaso espacio ideológico que hay entre demócratas y republicanos. Powell incluso ha dejado entrever que si el Presidente lo llama (en caso de que sea Obama), él tendrá que considerarlo; es decir, pudiera estar cerca del despacho oval, tocando poder. Y McClellan lo mismo.

Desde las elecciones de Reagan no había estado tan claro un favorito a diez días de las elecciones. Pero no hay que confiarse, porque el racismo pesa mucho en Estados Unidos (hay quien dice que hasta un 6%), y que quienes hoy declaran que votarán a Obama le negarán su voto a la hora de la verdad. Tiene once puntos de ventaja, lo que quiere decir que le sobran cuatro, pero existe el problema de las circunscrpciones, puesto que el que gana aunque sea por un voto se lleva todos los representantes. Y ocurre que Obama arrasa en muchos estados, pero en otros anda por detrás o en empate técnico. Eso quiere decir que Obama conseguirá más votos eso seguro, pero dependiendo de cómo se distribuyan puede ganar por paliza o... incluso perder. Está claro que las elecciones americanas las carga el diablo.

Acabo de escuchar la noticia de que Garzón ha ordenado la apertura de la fosa granadina del Barranco de Víznar, donde están los restos de García Lorca y otros tres mil asesinados y casi me he echado a temblar. No sé, es una emoción indefinible, y escribo estas líneas sin otra guía que la de esas sensaciones y sentimientos que me invaden.

Federico.jpgHemos oído y leído muchas veces en estos días que los asesinados en aquella guerra merecen una sepultura digna. Y la merecen, pero al pensar en Lorca me he estremecido, porque el maldito Barranco de Víznar es hoy un lugar en el que el respeto y la memoria se unen conformando una dignidad que tal vez no pueda igualar el más fastuoso panteón.

Aquel paraje granadino es un cementerio, y acaso no haya mayor dignidad que dejar que reposen allí eternamente los restos de aquel poeta, aquel maestro de escuela y aquel banderillero que son la bandera de miles de personas que comparte su espacio y su memoria.

No sé. Siempre he imaginado el Barranco de Víznar como un lugar sagrado. El odio lo regó de sangre y el tiempo lo ha hecho florecer. En cualquier caso, Federico ya no está allí, está en sus versos, en su teatro, en las voces quebradas de sus amigos que lo lloraron y en las de quienes hoy les ponen música, y en la música que el propio Lorca rescató de la mano de su amigo el Maestro Manuel de Falla.

adl.jpgAunque el santoral de la Iglesia ha cambiado, hasta no hace muchos años el 24 de octubre era día de San Rafael, y en memoria de nuestro Rafael Romero, Alonso Quesada, escribí y publiqué este relato que es ficción pero que pudo haber ocurrido, si es que no sucedió:

Rafael Romero (1) estaba a punto de retirarse a convalecer a Teror. Su endeble salud se había ido requebrajando de tanto trabajo. Para salir adelante había entregado muchas horas al Banco Británico, a la Junta de Obras del Puerto y a la dirección de algunos periódicos. Publicaba sus Crónicas sin desmayo, como si la enfermedad no fuera con él. El año anterior había sufrido un nuevo revés económico -el enésimo-, pues la librería que había cogido con un socio en la calle Obispo Codina se arruinó. Aquellas dificultades tal vez ayudaron a minar aun más su precaria salud, y casi se repuso cuando estuvo descansando una temporada en Agaete; pero a principios de año, había vuelto a recaer.

Cuando estaba en Las Palmas, pasaba por el bar de Toribio a interesarse por la vida ciudadana, seguramente para tomar notas que llevar a sus Crónicas. Toribio le veía la muerte pintada en la cara, pero le animaba, aunque Romero sabía muy bien que su mal era incurable.

-Corren malos tiempos, Toribio -comentó Rafael Romero aquella mañana-, desde que Primo de Rivera ha puesto la pezuña en Madrid, se la juega uno cuando escribe.

-Tenga usted cuidado, no vaya a meterse en líos, como ese amigo suyo de Salamanca que anda desterrado en Fuerteventura.

Se refería Toribio a Don Miguel de Unamuno, que por su oposición al cuartelazo de Primo había tenido que sufrir la mordaza y el extrañamiento. Don Miguel era buen amigo epistolar de Romero desde que se conocieron en 1910 durante los juegos florales convocados por el Gabinete Literario. Rafael estaba triste por la suerte que corría su amigo, pero poco podía hacer, enfermo como estaba y autocensurado por la precaución de no crear más dificultades a su joven esposa y a Amalita, su hija recién nacida.

Alguno de sus amigos andaba por Madrid, desde donde le enviaba noticias de sus conocidos afincados en la capital. Eran tiempos difíciles, aunque para él no fueron peores que los de siempre, atado a una isla y unas circuntancias que casi no le dejaban otra respiración que la de abrir en canal a su ciudad a través de sus escritos.

-Ayer recibí carta de mi amigo Gabriel (2) -comentó el escritor-, me dice que Madrid está muerto, y aunque a él no le han quitado el puesto que tiene en Bellas Artes, hay que andarse con ojo porque el Directorio Militar odia a todos los que piensan. No ha tenido mucha suerte mi amigo Gabriel, aunque escribe con una perfección que casi da miedo.

-Pero usted mismo ha dicho que es uno de los mejores escritores que hay en España -interpuso Toribio.

-Y lo es, pero hoy no se le hace justicia a su grandeza. Tampoco se la hacen a Don Benito Pérez Galdós, recientemente fallecido, ni al conejero Pepe Betancor (3), ni al extremeño Felipe Trigo, que me ha enviado uno de su libros por medio de Luisito Doreste Silva y me he quedado impresionado de lo gran novelista que es. Madrid es la finca de cuatro, Ortega y tres más, que incluso se meten con un escritor tan grande como Don Miguel de Unamuno. Los amos son los que se mueven alrededor de La Colombine (4), que es buena amiga, pero que todo lo consigue a golpe de triángulo invertido.

-No le comprendo...

-Que es un poco liviana, un poco ...

-¡Un belillo!

-Eso mismo, Toribio, pero en fino.

-¡Qué se le va ha hacer, Don Rafael! -le animaba Toribio- yo como sólo conozco algunos cuentos de Calleja que me lee César Ayala, el del mercado, me fío de lo que usted me dice.

Llegó el verano. En el bar de Toribio se supo que un tal Monsieur Dumay, director del periódico francés Le Quotidien, había fletado el barco L'Aiglon para sacar a Don Miguel de Unamuno de España. La noticia corrió en voz baja, y se confirmó cuando la esposa de Don Miguel llegó a Las Palmas para reunirse con él y partir juntos hacia el extranjero.

Don Miguel llegó a Las Palmas el 9 de julio procedente de Puerto Cabras. A media tarde tomó café en el bar de Toribio en compañía de Luis Millares Carló y los jóvenes Juan Rodríguez Doreste y Luis Doreste Silva. Eran muchos los que sabían que Don Miguel estaba en la ciudad, y seguramente hasta era conocida su presencia por las autoridades, pero nadie quiso complicarse y lo dejaron moverse por las casas de sus amigos y el Gabinete Literario.

A eso de las siete, caminando despacito, llegó Rafael Romero del brazo de Rita, su esposa. Estaba más delgado que nunca y las ojeras hacían que sus enormes ojos resaltaran aún más en su vivaz semblante. Sus jóvenes amigos se interesaron por su salud y él respondió con frases corteses. Don Miguel le dio un abrazo y todos se sentaron alrededor de la única mesa del bar. Allí estuvieron charlando hasta muy tarde, y luego -todos menos Romero y su esposa- acompañaron a Don Miguel en un paseo por el barrio de Vegueta.

El día que Don Miguel de Unamuno se marchó, amaneció despejado en Las Palmas, hecho poco usual en el mes de julio, cuando las nubes grises en forma de panza de burro suelen cubrir la ciudad y crear un bochornoso ambiente de invernadero. La pequeña y discreta comitiva se encaminó al muelle para despedir al ilustre evadido que tan certeramente había hablado en 1910 sobre la insularidad, la lejanía, el caciquismo y el pseudocolonialismo que sufría Canarias.

De paso, y antes de dirigirse al puerto, Don Miguel pasó por el bar de Toribio, donde Rafael Romero le aguardaba, pues no se sentía con fuerzas para llegar hasta el muelle.

-Que tenga usted un buen viaje, maestro -dijo a Don Miguel-, y aunque le haya servido de prisión, no guarde usted rencor a Fuerteventura.

-No se preocupe, amigo, pocas veces alguien habrá sufrido prisión más agradable, por el clima, por las gentes y por el paisaje, que Fuerteventura es como un trozo de Castilla flotando en el océano.

-También puede ser un trozo de Sahara -replicó, amable, Romero.

-En efecto -dijo Unamuno-, tal vez usted la sienta africana, pero a mí me devuelve Castilla. Piense usted, querido Romero, que el paisaje lo define quien lo mira, en sí mismo no es más que arcilla, sílice y cal.

-Como las palabras -aceptó Romero-, se construyen con el mismo material libelos, sentencias, poemas y requiebros.

-Y oraciones, Romero, y oraciones.

Unamuno se levantó. Romero quiso hacer lo mismo, pero las fuerzas le faltaban.

-Descanse usted, y cuídese -le aconsejó Don Miguel-, le escribiré en cuanto me haya instalado en París, esperemos que por poco tiempo, hasta que el asno de Primo deje de pisotear la dignidad española.

-Dé un abrazo de mi parte al amigo Gabriel cuando pase por Madrid -dijo Romero-, y dígale que sus cartas han sido muy alentadoras para mí.

-No hable en pasado; y no se preocupe, saludaré a Gabriel de su parte. Al fin y al cabo lo tres tenemos los nombres de los tres arcángeles.

-No lo había pensado -dijo Romero-: Miguel, Gabriel y Rafael. A usted le toca combatir con sus palabras que son de fuego como la espada de su arcángel.

-Hasta la vista, Don Rafael.

-Hasta siempre, Don Miguel.

Unamuno se fue enseguida. Su larga figura se perdió calle de La Pelota abajo. Pasaría mucho tiempo antes de que Don Miguel diera el abrazo encargado por Romero. Eso sería cuando el asno de Primo dejara de rebuznar; no lo vería Romero, que murió en noviembre del año siguiente. Por Luis Doreste Silva sabría Don Miguel que Rafael Romero fue enterrado con dignidad gracias a la colecta que entre los amigos hizo Juan Rodríguez Doreste. Muchos echarían en falta al gran escritor, pero Toribio y César Ayala, en su escasa instrucción, echaron de menos al fiel amigo, y si acaso la gracia de las crónicas que escribía en el periódico hasta poco antes de su muerte.
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(1) Alonso Quesada.
(2) Gabriel Miró.
(3) Angel Guerra.
(4) Carmen de Burgos, escritora, primera periodista española y mal vista en su tiempo por mantener una conducta sexual libre, pionera en la reivindicación de los derechos de la mujer.

(En la foto aparecen Alonso Quesada, Miguel de Unamuno y Gabriel Miró)

sebrenica.jpgEn una entrevista que le hice hace diez años a Arturo Pérez-Reverte, aludiendo a su memoria como corresponsal de guerra, me dijo una frase escalofriante: "En la guerra no hay inocentes". Venía a decir que las víctimas tampoco son inocentes, incluso los niños, pues se entra en una dinámica de destrucción y crueldad que hace posible que niños de ocho años sean a menudo factores de muerte.

Esta reflexión nos hace temblar, porque si la infancia, que es el símbolo de la inocencia, se mancha con el odio y la sangre, ¿qué podemos esperar de los adultos? Y así debe ser, porque de otra forma no se explican casos como el de aquel médico pediatra del hospital de Sarajevo que se convirtió en francotirador en las montañas que rodeaban la ciudad, y disparaba con su rifle a todo lo que caminase por la calle, incluso niños. Por ello hay que evitar siempre el primer disparo, porque luego ya no se sabe qué puede ocurrir con la mente de los seres humanos implicados.

Es escalofriante la conversación que mantienen los escritores Arkadi Bábchenko y Emir Suljagic, antiguos soldados en Bosnia y Chechenia. Si lo que dicen es de verdad lo que piensan, Pérez-Reverte no se equivocó. Por eso hay que oponerse a la guerra a toda costa.

Seguramente los que creen en la ciencia a toda costa no estarán de acuerdo conmigo, pero que La India luna.jpghaya entrado en la carrera espacial me parece un chiste. Es evidente que ya lo han hecho hace años Estados Unidos, la URSS (ahora es Rusia), Europa desde la Guayana, China y Japón. Está claro que las comunicaciones se han modernizado muchísimo con los satélites, y que la investigación espacial es necesaria porque aporta avances a la vida en La Tierra. El problema es que se lo han tomado como una carrera, cada cual hace la guerra por su cuenta, compite con los otros y de ese modo los gastaos son supermillonarios. Ya que es tan necesario e importante, lo lógico sería que hubiese un espacio común para que ahora los hindúes no tengan que estar probando cohetes que ya se probaron hace cuarenta años en Cabo Cañaveral.

Y mientras dicen que los recortes en la emisión de gases nocivos a la atmósfera tendrá que retrasarse por la crisis (para no atosigar a las empresas), no hay problema en liarse a gastar millones en una carrera irracional. Seguramente en el futuro no habrá otro manera de vivir que escapando hacia otros mundos porque La Tierra será inhabitable, pero tal vez no hiciera falta si todo ese dinero se empleara en hacer más habitable este planeta.


gb.jpgHe leído por ahí que el escocés Gordon Brown, Primer Ministro británico, le está enmendando la plana a otro escocés, Adam Smith, doscientos años después de que este pusiera las bases teóricas del capitalismo. En medio quedan tipos como Keynes, y no podemos olvidar a Marx y Engels, que, como todos los demás, trataron de explicar, entender y extender su concepción de las relaciones económicas de la sociedad después de la Revolución Francesa.

Yo no sé si Gordon Brown puede tener autoridad académica para igualarse a los mencionados, pero sí que tiene algo que aquellos no tenían: poder. Aunque el poder en estos casos es relativo, porque depende de cómo se tomen sus medidas los grandes tiburones. Tampoco creo que el intervencionismo de urgencia que se está practicando en estos momentos sea la receta opuesta al liberalismo galopante, porque me suena más a "échame una mano que esto se hunde, a ver si reflotamos".

Cuanto más nos alejemos a la economía primitiva de trueque, mayor peligro hay de estafas como la que ahora nos atenaza, pero sí que tendríamos que volver a un equilibrio entre el valor real de las cosas y las quimeras financieras que se montan y que finalmente son humo. Lo que sí está claro es que a pocos políticos les ha venido tan bien la crisis como a Brown, estaba muerto y no sólo ha resucitado sino que va camino de convertirse en un mesías.

Hace hoy 90 años que acabó la que ahora conocemos como I Guerra Mundial (1914-18), que entonces fue llamada Guerra Europea (transcurrió en Europa aunque intervino Estados Unidos) y también Gran Guerra. Terminó con una herida cerrada en falso porque se firmaron varios tratados de paz, cada vencedor y cada vencido por su lado, como en una especie de liga inacabable que puso las bases para una nueva guerra dos décadas después.

me.jpgLa importancia de esta guerra es que cambió un mundo que ya parecía inamovible. Prusia se partió en dos por el corredor polaco, semilla de una nueva contienda. Desapareció el Imperio Austro-Húngaro, uno de los más poderosos de Europa. Turquía era expulsada de Europa y sólo se le dejó la actual Istambul y alrededores. Crecieron Checoeslovaquia, Rumanía y Yogoeslavia, lo que implicó el empequeñecimiento de Hungría y la desaparición de lo que había sido la Gran Serbia.

Paralelamente, en Rusia cayó el zarismo y se instauró el Imperio Soviético. Y así, más o menos se ha mantenido el mundo hasta ahora, aun con la II Guerra Mundial y la Guerra Fría de por medio, pero de repente, cuando cayó el primer ladrillo del Muro de Berlín empezó a cambiar todo. Estamos en otra encrucijada de la Historia, tratando de hacer una Europa sin fronteras (hoy una utopía) y el mundo que hagamos hoy durará al menos hasta que acabe el siglo. Siempre fue así, y a lo mejor algún día aprendemos la lección.

sima.jpgMenuda carajera se está montando en torno al empeño del Juez Garzón en abrir las fosas de los fusilados del franquismo. Si no fuese porque estamos hablando del asesinato de miles de personas, una limpieza ideológica sistemática que tal vez entre en el apartado de genocidio, la verdad es que el asunto se pone interesante desde muchos puntos de vista. Por una parte está el político, si es o no oportuno hacer esto ahora y de esta forma; por otra el jurídico, puesto que si se entiende que hubo una operación similar a la llamada "solución final" de los nazis se trata entonces de crímenes contra la Humanidad, y estos no prescriben con la ley de Amnistía de 1977, como no prescribieron las matanzas argentina con la Ley de Punto Final. La cuestión es quién determina si son o no crímenes contra la Humanidad.

Lo cierto es que hay mucha gente que se está poniendo nerviosa, y no porque pueda acarrearle castigo, puesto que quienes así procedieron están todos muertos, sino porque ello puede influir incluso en su patrimonio. Si se declara que hubo delito y que por esos abusos hubo familias que se apropiaron de patrimonio de las víctimas, habrá que ver qué pasa con esas propiedades, porque entonces vendría otro debate: si los herederos de los asesinados tienen derecho a reclamar ese patrimonio y como consecuencia perderlo los herederos de los verdugos.

Luego está la visión de los historiadores, y la traspolación del asunto a las batallitas políticas diarias. Hay instituciones, como La Iglesia, que prefieren que no se remueva el pasado, porque saldrían a la luz actitudes e incluso conductas que tienen poco que ver con el Evangelio. Y, claro, hay opiniones para todos los gustos, dependiendo de qué línea tiene cada medio de comunicación.

Fotos: ¿Les suena de algo la Sima Jinámar?

wall.jpgEn momentos como el actual cabe preguntarse para qué elegir a este o aquel partido, a este o aquel candidato, si finalmente todos hacen lo mismo, es decir, engrasar la maquinaria de siempre. Resulta curioso ver cómo las recetas aplicadas por Alemania y Francia (con gobiernos conservadores), son las mismas que las que aplican Madrid y Londres, donde se supone que laboristas y socialistas deben tener otras políticas. Y, por supuesto, todos hacen lo mismo que Bush, cuya administración es la bestia negra en todo este lío, por dejar retozar a sus anchas a los tiburones de Wall Street.

El Estado avala a los bancos y garantiza un fondo de muchos millones. La cadena debiera seguir con el control de a dónde va el dinero de esos bancos, y luego qué hacen las empresas que lo consiguen. De este modo se podría incidir en menos despidos, salarios más dignos y bienestar de todos. Pero la cadena no llegará ahí, porque hablan de flexibilización del mercado de trabajo (menudo eufemismo), contención de salarios (ganamos un 34 % menos que en el resto de la UE) y presumo que nadie va a ir en ayuda de una familia que puede perder su casa porque la hipoteca la ahoga. No van a cambiar el sistema, van a repararlo para seguir haciendo lo mismo (en este enlace lo explican perfectamente). Y, la verdad, acaba uno pensando que da igual Zapatero que Rajoy, Obama que McCain, Berlusconi que Prodi... Todos son admistradores del capitalismo más feroz.

¿Quién dijo ideologías?

www.jpgPara empezar, tengo que decir que la asignación de la palabra "intelectuales" a la gente de la cultura me parece una perversión, pero es una manera de entenderse. Intelectual es toda aquella persona que piensa, es decir, toda persona, lo que sucede es que quienes tienen un nombre por razones artísticas tienen más cancha a la hora de hablar. Nada más, porque tampoco poseen más información que cualquier otro ciudadano, y a menudo se sobrevalora su capacidad de análisis, puesto que se puede ser buen pintor, excelente músico o excelso poeta y carecer de dotes para enfrentarse a datos diversos que conduzcan a una posible conclusión. En todo caso, lo que hacen los intectuales es posicionarse, como cualquier otro ciudadano, pero no deben ser faro de la política. Otra cosa es el pensamiento.

Antes se hablaba mucho de los intelectuales y el poder, luego ese debate se circunscribió a épocas de elecciones y ahora ni siquiera se plantea. Hay quien confunde el poder con la política, y quien mezcla ambas con la corrupción intelectual, la venta del alma y la adicción al chocolate del loro. Eso sucede cuando el poder cree que trata con verdaderos intelectuales, porque a estos no les gusta el chocolate y los loros son habladores sin ideas, sin cerebro, sin intelecto.

Habría que plantearse y contestar en primer lugar algunas preguntas. El poder en una democracia es el ejercicio legítimo de la voluntad mayoritaria, la política una actividad mental y social en la que todos estamos imbuidos y el intelectual es aquella persona que tiene la capacidad de crear opinión, aunque sus méritos no sean mayores que los de otros que carecen de audiencia. Todo esto no tiene por qué ser corrupto, aunque a veces lo sea. Pasa lo mismo que con cualquier actividad humana; puede haber un profesor corrupto que aprueba o suspende a su alumnado por razones ajenas a las académicas, o un médico, un taxista, una enfermera o un labrador que trangredan la ética.

¿Quiere esto decir que todos los profesores, médicos, enfermeras, taxistas y labradores son corruptos? Claro que no, pues la corrupción como la virtud, la desidia o la decencia tienen que ver con la persona, no con las características de lo que hacen. Es evidente que hay actividades corruptas por naturaleza, pero en las demás hay de todo, y no tienen por qué ser más corruptas que otras la política o la intelectualidad cuando está el poder de por medio. ¿Por qué si algo tan noble y excelso como la maternidad puede corromperse alquilando el propio útero para el hijo de otra está tan mal vista la relación entre los intelecuales y la política?

Bertolt Brecht fue un gran autor que siempre estuvo luchando por sus ideales, apoyó el régimen de la República Democrática Alemana y hasta dirigió una serie de actividades teatrales que estaban subvencionadas por el gobierno de Berlín-Este. Es un caso en el que la política, el poder y el intelectual respiran el mismo aire. Si eso sucede en Occidente se le mira con lupa, pero hay que pensar que si el Partido Comunista francés hubiese gobernado en París seguramente Sartre habría colaborado con él. José Martí creyó en la independencia cubana y murió en la guerra de hace más de un siglo, pero si hubiese sobrevivido es probable que hubiese estado junto al poder cubano, y sería corrupto si se hubiese vendido a la dependencia norteamericana, porque habría cambiado de caballo en plena carrera.

La deducción es evidente: un artista o un intelectual debe ser independiente, es decir, debe ser honesto consigo mismo, con sus ideas y su manera de concebir la sociedad en que vive. Esto nada tiene que ver con el poder, sino con la reflexión y la creación. Y no hay corrupción en el artista o creador que en determinado momento ejerce una acción política, porque es la suya, porque coincide con su manera de pensar. Y ahí termina toda relación, pues si esto se hace en función de beneficios personales que puedan lograrse posteriormente empieza a entrarse en el callejón sin salida de la corrupción. Entonces sí. Hay, además, creadores e intelectuales que se mueven en la política activa, más allá de la reflexión o la crítica, y esto se ha visto más en América, donde grandes creadores fueron diputados, embajadores e incluso presidentes: Rubén Darío, Pablo Neruda, Octavio Paz, Rómulo Bethencourt... Vaclav Havel, autor dramático, fue presidente de la República Checa; Rafael Alberti, Carlos Barral, Ortega y Gasset, Pérez Galdós y tantos otros fueron diputados, y Federico García Lorca recorrió media España promocionando el teatro clásico con su "Barraca", pagada por el gobierno de la II República. ¿Eran corruptos y pesebristas todos estos?

El poder busca ocuparlo todo, es su oficio, como el ladrido en los perros. Manejar políticas culturales hace que el poder pueda atribuirse funciones de creación de pensamiento, y los intelectuales que le sirven de paraguas no hacen bien. Asunto distinto es el credo de cada uno, y ahí la palabra coherencia es fundamental.

Por ello, hay que ser cuidadoso, porque casi siempre son más corruptos quienes esperan calentarse a cualquier sol, y no acabo de fiarme de los artistas e intelectuales que dicen a boca llena que la política no va con ellos. Claro que va, los intelectuales son tan políticos como los diputados, y si no que se dediquen a otra cosa, pero hay que ser coherente, pensar en colectivo y no acercarse al poder para medrar sino para sacar adelante un proyecto, siempre que coincida con la idea que el intelectual tiene. Los que no quieren saber nada de política son los que sólo piensan en sí mismos y esa es la mayor corrupción que existe.

***
Este artículo se publica hoy en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7. A veces los intelectuales, sin querer o queriendo, comprometen su propia vida; por eso en la imagen aparecen García Lorca, José Martí y Miguel Hernández.

tigre.jpgLas matanzas que desgraciadamente menudean en el Tercer Mundo se nos presentan como una cuestión tribal, salvajes iletrados contra fanáticos irracionales y viceversa; y encima son negros, hindúes, afganos, pakistaníes: diferentes. Es casi normal considerar que estas supuestas razas de tercera y de cultura inferior armen de cuando en cuando una masacre sin lógica posible.

Y todo eso es mentira, porque ninguna raza es superior a otra, ni, por supuesto, una cultura milenaria es inferior sólo porque no sigue los dictados de la vieja y taimada cultura con raíz europea. Es más, los culpables últimos en los desastres del Tercer Mundo hay que buscarlos en el mundo desarrollado, que suma así a su larga cadena de despropósitos coloniales una masacre detrás de otra. Cuando la sangre corre en Occidente siempre es por razones económicas; si es en el Tercer Mundo es que son unos salvajes.

Y no es cuestión de salvajismo, porque las fieras son salvajes y jamás atacan si no es para comer o en legítima defensa. Curiosamente, las ciudades del mundo desarrollado son hoy más peligrosas que una junga llena de tigres de Bengala. Claro, dirán los de siempre, la inmigración... Si es que no tenemos remedio.

Confesionario.jpgEs en los momentos difíciles cuando hay que dar la talla, y es evidente que nuestro políticos no la están dando en este punto del camino en el que la crisis financiera es más que una amenaza. Ha bastado una llamada telefónica para que hablen los dirigentes de la Europa más rica y una indicación de Zapatero para que Sarkozy convoque a los 27. El Primer Ministro británico ha hablado con el líder de la oposición sin mayores algaradas y, en fin, parece que lo normal en estos casos es que haya unidad de acción ante graves problemas de Estado, y en este caso más, porque sobrepasa cualquier frontera.

En España no. Aquí sigue funcionando el "sostenella y no enmendalla". Y de eso acuso a todos los políticos, sin excepción, porque da vergüenza ajena que para la inevitable reunión de Zapatero con Rajoy hayan tenido que reunirse (y pre-reunirse) Solbes y Montoro. El PP no arrima el hombro, pone condiciones y provoca imagen de desunión. El PSOE sigue con su velocidad de crucero y no quiere oír hablar de alternativas que no sean las suyas. Así no vamos a ninguna parte, y que no vengan a decirme que son hombres de Estado aquellos que anteponen las miserias de sus luchas partidistas al país al que supuestamente sirven. Los que hablan de patriotismo ahora tienen ocasión de demostrarlo, que ese esunto no es sólo fanfarrias, banderas y desfiles.

Como sucedió en un evento puntual terrible como el 11-M, el gobierno -de cualquier signo- se las arregla solo, no cuenta con nadie, y se echa en falta una declaración institucional de la Cámara de Diputados, una fotografía con los portavoces parlamentarios todos a una para afrontar el problema. Aquí cada cual va a ver cómo saca tajada. Ojalá tenga que desdecirme en los próximos días, pero de momento está claro que a esta generación política -a toda- le queda ancho el traje de estadista. Como mucho son partidistas, aledeanistas, caprichosos, interesados... Unas joyas que parecen obedecer a la consigna "cuanto peor, mejor". Dios nos coja confesados.

(Así se explica el confesionario de la foto).

Hispanidad.jpg

El Yin:

No es cierto que la Hispanidad sea la expresión de la más grande epopeya realizada por el hombre, como nos quisieron hacer creer durante décadas; tampoco es justo decir que la Hispanidad es una gran mentira, la negatividad absoluta para América. Siempre nos tientan los maximalismos, y entre la epopeya y la mentira yo me quedo con la Historia y la realidad. Es histórico que hubo salvajadas, mestizaje, criollismo y discriminación como en cualquier conquista, y también que el castellano se extendió por toda América; la realidad es ahora que más de trescientos millones de personas hablan una misma lengua, que hay valores culturales que compartimos y que el colonialismo económico sigue azotando a gran parte de América. La Hispanidad es al final la lengua y la emigración, pero debiera ser la solidaridad y el conocimiento de los pueblos con sus mentiras y sus verdades contadas en castellano.

El Yan:

En San Salvador, Guatemala o Managua hay cientos de bandas juveniles armadas que se matan por la heroína o por el territorio. En Chiapas y Guerrero sigue existiendo el feudalismo. Los mineros que extraen las esmeraldas colombianas viven en chabolas y pasan hambre. El 70% de la riqueza de Paraguay es propiedad de 16 familias. Haití es el país más pobre del planeta. Niños venezolanos son raptados y asesinados para comerciar con sus órganos en un lucrativo mercado internacional. Miles de muchachas latinoamericanas, huyendo de la miseria, ejercen la prostitución en Europa y Estados Unidos. Otras tantas son vendidas en la trata de blancas. En Ciudad Juaréz matan mujeres a centenares y nadie pone coto. Los indios andinos de Perú, Bolivia y Ecuador son curiosidades turísticas, viven en la pobreza y se menosprecia su cultura; por eso molesta tanto que Evo Morales sea Presidente.

Eso también es Hispanidad, tanto o más que los telegramas que Georges Bush le envía al Rey de España por estas fechas.

Yin_yang.jpgSobre la religión -cualquier religión- se ha dicho de todo, desde que es una fuente de valores eternos a que es el opio del pueblo. Como en tantas otras cosas, los maximalismos conducen siempre a callejones sin salida, y tan fanático es el que se juramenta religiosamente más allá de los límites de la cordura como el que se atrinchera en la racionalidad inocua que sólo admite lo que cabe en la ciencia conocida.

Desde el fanatismo que ha conducido a cruzadas, guerras santas, odios seculares y creencias unívocas, hasta la coexistencia de diversos credos, ha habido y hay de todo. Es indudable que uno se alista en lo segundo, y ha renunciado hace mucho tiempo a debatir algo tan íntimo, tan personal, como las propias creencias, que incluso tienen matices individuales dentro de un mismo credo genérico.

Por eso, cuando se habla de religión, hay que reclamar, ante y sobre todo, respeto. Y al mismo tiempo respeto para los no creyentes, porque todo ser humano tiene su manera de enfrentarse a lo irracional.

africain[1].gifTengo en estima la literaura de Vargas Llosa, pero a este paso da la impresión de que le va a pasar como a Borges: eterno candidato y nunca premiado. Ya comentaba hace unos días que volvían a sonar los nombre de siempre, con el norteamericano Philip Roth a la cabeza, pero este también parece del sino de Vargas Llosa. Es verdad que candidatos durante muchos años fueron finalmente premiados, como Cela o Saramago, pero no cabe duda de que el galardón a Jean-Marie Gustave Le Clézio es otra sorpresa de las que ya nos tiene acostumbrados la Academia Sueca.

Siempre me resultan curiosas las razones que esgrime el portavoz sueco para conceder el premio. Este año ha dicho del novelista francés que es "El escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante". Casi nada, y eso que ya viene traducido en los periódicos. Este mismo texto se le podría aplicar a cualquiera, y en realidad, con definiciones tan generalistas lo que quieren decir los suecos, que son muy suyos, es que le han concedido el premio porque les da la gana. Confieso que Le Clézio no es precisamente mi escritor de cabecera, aunque me resulta simpático por periférica, pues aunque nació en Niza ha vivido muchos años en Isla Mauricio. De alguna manera, es un escritor insular y africano, pues así se tilda a sí mismo en un libro autobiográfico de hace unos años. Ya verán como más temprano que tarde algún gurú de por aquí dirá que este premio es un reconocimiento a la literatura periférica, africana, insular y, si me apuran, canaria. Cosas veredes.

Mucho se ha hablado de la crisis y mucho más que se hablará, pero los problemas de fondo no se atacan, y cuando se habla de medidas siempre pagan los de abajo: abaratar los despidos, contener los salarios, no cotizar a la seguridad social y otras lindezas por el estilo, pero nunca se dice que hay que contener los beneficios, consolidar el empleo y cosas así.

tibu.jpgPor lo visto se trata de que les vaya bien en cualquier circunstancia a los grandes tiburones del capitalismo. Siempre se habla de bancos, finanzas y mercado, y los ultraliberales -que retozan a sus anchas en tiempos de bonanza- se arriman al Estado cuando pintan bastos. No hay dinero para socorrer a un anciano y se habilitan miles de millones para salvar un banco. Si esto no es capitalismo...

Las medidas que se han implantado en los últimos días van en ese sentido, y cuando se refloten los grandes trasatlánticos volverán a decir que hay que reducir el Estado y a airear multimillonarios beneficios anuales. Y hay varias preguntas que me asaltan: ¿ Por qué no están en la cárcel por estafa quienes armaron el lío de las hipotecas-basura, previa devolución del dinero que no ha desaparecido, sino que ha cambiado de sitio? ¿Por qué se ponen a circular miles de millones de dinero público para salvar un sistema corrupto?

Y así muchas preguntas, y si pienso en Canarias me pregunto qué ha sido de los billones de pesetas paralizados en la RIC, que estaban pensados para generar riqueza colectiva y empleo. No debemos olvidar que ese dinero son impuestos no pagados y por lo tanto dinero de todos. Ahora hace falta, aunque sólo sea para pagar el seguro de desempleo.

Moby Dick o la ballena blanca, antes que película, es una novela del neoyorkino Herman Melville (1819-1891), que empieza confundiendo en el título, puesto que la ballena no es tal, sino un cachalote, de la misma familia, pero no del mismo pueblo. La obra vio la luz en 1851 y fue un fracaso, el más estrepitoso de su autor. Luego publicaría otros libros, como Benito Cereno, del que Alonso Quesada tomaría uno de sus heterónimos. En el siglo fundacional de una literatura norteamericana propia, Melville pasó desapercibido en medio del fulgor de Mark Twain, Poe, Hawthorne, Whitman o Emily Dickinson. Hoy Moby Dick es el tótem literario de Estados Unidos.

Algo parecido sucedió cien años después, cuando John Huston filmó el libro de Melville. Posiblemente Moby Dick sea la película de Huston que menos impacto tuvo en el público y que la crítica trató peor. No fue entendida su manera de encontrarse con la gran tragedia del destino personificada en el capitán Ahab y el gran cachalote con pensamientos y sentimientos casi humanos, y es ahora cuando empieza a cobrar valor cinematográfico, como sucedió con el libro de Melville, que de ignorado y oculto, pasó a convertirse más de medio siglo después en bandera de la gran literatura norteamericana.

nn.jpgNadie sabe a ciencia cierta qué quiso decir Melville en su novela, puesto que hay interpretaciones para todos los gustos. Unos piensan que Moby Dick es el destino inexorable, otros que es el demonio, y los hay que lo entienden como a un Dios pre-evangélico, furioso, injusto, un Dios sin Cristo. Huston se acercó más a la última interpretación, pero considera razonable la furia de Dios contra el hombre, puesto que Adán y Eva lo desafiaron en el Paraíso y él los condenó a la infelicidad. Cada vez que el ser humano busca la felicidad incumple el mandato de Dios, es como una blasfemia.

Como escritor, me interesa el proceso que seguía Huston para adaptar una novela al cine. Unas veces -las menos-, mete casi toda la novela (Dublineses), otras hace una versión libre (La Reina de Africa), y casi siempre intenta avanzar por uno de los varios caminos que tiene el libro adaptado, dejando en un segundo plano elementos que en el texto son primordiales (El halcón maltés). Otras veces, la versión, más que libre, es tan libérrima que ni el autor de la novela reconocería su texto en la película (Bajo el volcán). Al rodar Moby Dick, Huston se ciñe al texto, pero no a todo el texto, pues prescinde de las tres cuartas partes de la novela y se centra sólo en el duelo final entre el capitán Ahab y el pez (él lo llama así) que no es tal pez.

Huston estaba obsesionado con esta película y quiso hacerla desde que leyó la novela. Sus filmaciones en las islas Aleutianas durante la II Guerra Mundial debieron llenarle la cabeza de imágenes de aquel mar frío del estrecho de Bering. Y es curiosa esta combinación, puesto que Melville había imaginado sus historias en un mar cálido, en la Polinesia. Cuando por fin llegó la hora de rodar, Huston entendió que el Mar de Irlanda era el lugar, pues seguía teniendo en la mente el mar frío de Bering. La paradoja fue que tuvo que bajar al sur a coronar la cinta, si bien en el subtrópico canario aquel invierno fue muy desapacible y el mar venía helado por la Gulf Stream, aterida de fiordos recién derretidos. Melville se salió con la suya.

Uno de los enigmas de la cinta es la caracterización de Gregory Peck en el papel de Ahab. Se parece a los retratos de Abraham Lincoln, con una especie de barba mormona y rala que acentúa el parecido con la figura desgarbada y cansina atribuida a Lincoln sobre todo desde que Henry Fonda fijase su imagen en la película El joven Lincoln (J. Ford. 1939). La respuesta puede estar más en Melville que en Huston, o en la combinación de los dos. Me aventuro a pensar que tal vez Huston quiso rendir un homenaje a Melville, que en sus cuarenta años de vida literaria fracasada después de la publicación de Moby Dick se entregó de lleno a escribir poemas sobre la Guerra de Seseción, donde Lincoln aparece como un héroe clásico.

Hay que reconocer que Huston tenía un don especial para acercarse a las epopeyas humanas que generalmente no lo parecen. Su obra está plagada de antihéroes que inevitablemente llegan al fracaso, como en una tragedia de Esquilo. Bebiera de Kipling, de Melville o de Forester, Huston siempre es Huston, y el oro de El Tesoro de Sierra Madre se lo lleva el viento, El hombre que pudo reinar nunca lo consiguió y -no podía ser de otra manera- el capitán Ahab es engullido por la bestia. Hasta los finales felices como el de Cayo Largo tienen el amargo sabor del fracaso.

Moby Dick casi repitió en su rodaje la epopeya imaginada por Melville, puesto que la furia del mar irlandés creó muchísimos problemas y por eso se escogió como alternativa la bahía de Las Palmas de Gran Canaria buscando aguas más tranquilas en invierno. Tampoco las encontró Huston en Canarias, y tuvo que enfrentarse a un terrible temporal marino, aunque logró filmar la última escena del plan de rodaje cuando daban las doce campanadas del 31 de diciembre de 1955. También hubo otros temporales que tuvo que capear Huston en Las Palmas, pero no puedo contarlos aquí porque para hacerlo he necesitado las 220 páginas que tiene mi novela Hotel Madrid.

***
(*) Este artículo aparece hoy en el suplemento cultural Pleamar en la edición de papel de Canarias7.

Este es un enlace para el relato de Melville, por si alguien que no lo conoce quiere leerlo.


Es curioso ver la desigualdad con que son tratados distintos personajes o eventos por las instituciones y los medios de comunicación cuando se cumplen fechas redondas referidas a su nacimiento o su muerte.

ass.jpgEn las últimas décadas hemos tenido dos celebraciones anuales de Mozart, una por el nacimiento y otra por la muerte, un año en el que Federico García Lorca estuvo hasta en la sopa, celebraciones de Chaplin, Picasso o Neruda, y otro en el que a don Quijote sólo le faltó ser entrevistado por Iñaki Gabilondo. También nos atiborraron a celebraciones cuando la novela Cien años de soledad cumplió 40 años. Y en Canarias hemos tenido años recordatorios de Galdós, de Alonso Quesada y creo recordar que de Pedro García Cabrera.

Y sorprende que, cuando llegan centenarios o fechas parecidas de otras figuras de similar tamaño, pasen de puntillas y casi ni se note en los medios. Este año está ocurriendo con el centenario de la muerte del gran compositor Rimski-Kórsakov o con el cincuentenario del poeta Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura, o del Papa Pío XII, el último antes del gran cambio que supuso el Concilio Vaticano II. Y poco suenan los centenarios cumplidos este año por Atahualpa Yupanqui, Simone de Beauvoir, Salvador Allende, Cartier-Bressons y una pléyade de actrices a cuál mejor: Carole Lombard, Bette Davis, Joan Crawford, Anna Magnani... A lo mejor también es cuestión de suerte.

Las celebraciones con motivo de los 25 años de Canarias7 me llenan de recuerdos, puesto que este cuarto de siglo del periódico coincide con mi andadura pública en la escritura, porque, además, yo cumplo años con el periódico. Algunas veces me presentan como escritor y periodista, por mi vinculación con esta cabecera, y aunque intento aclarar que no es periodismo en sentido estricto lo que hago, da igual, porque mis textos se publican en un periódico.

portada.jpgCuando miro hacia atrás en mi modesta trayectoria literaria, veo siempre al fondo a Canarias7. Recuerdo las primeras travesías del periódico, cuando entregaba a la inolvidable Dolores Campos-Herrero -entonces responsable de cultura- mis textos mecanografiados, iniciando un camino que aún continúa. He escrito miles de artículos, centenares de entrevistas -lo más parecido al periodismo que he hecho, porque en realidad son conversaciones- y una senda literaria paralela a los libros.

Cuando escribo mi currículo literario, aparece siempre Canarias7. En estas páginas he publicado docenas de relatos, hice una novela por entregas al modo del siglo XIX, publiqué en su página web la primera novela en castellano por Internet (una semana antes que Sábato y un mes antes que Pérez-Reverte, que se apuntaron el tanto en la lengua y en España). El mérito fue del periódico, que creyó antes que nadie en la nueva Sociedad de la Información. Una de estas novelas va camino de las librerías junto a otras dos en un mismo volumen, pues las tres conforman un corpus que es a su vez una novela poliédrica.... No es casualidad que Canarias7 haya sido premiado por su implicación en la animación a la lectura, y en eso tiene mucho que ver nuestro querido Pleamar.

En fin; aquí se publicaron cada domingo Crónicas del salitre, Penúltimas décadas, y cada año, coincidiendo con el Festival de Cine, un relato por entregas en nueve capítulos. Podría decirse que no es posible entender mi literatura sin Canarias7, y sobre todo recuerdo con ternura (y agobio) mi querido Al reverso, escrito a la manera del maestro Robert Escarpit, que saqué a diario durante más de cinco años.

Canarias7 es por ello una prolongación de mi casa y un espacio para mi obra literaria. Es de justicia que lo agradezca y haga una felicitación colectiva que me incluye, porque yo me siento parte de este periódico. Espero que el periódico y yo cumplamos otro cuarto de siglo con un comentario similar a este. Y que ustedes lo lean. Gracias.

leone.jpgEstamos en un momento muy difícil en el que lo más importante es la credibilidad, la confianza, la imagen, porque eso da optimismo colectivo y hace avanzar.

Y ha estallado el gran debate nacional. No importa que Sarkozy no invitase a Zapatero a la reunión de los grandes de Europa (y eso que dicen que hemos adelantado a Italia, seguramente por el arcén), que la crisis incida en la calidad de vida de los españoles o que no se aclaren con lo que ahora hay que hacer con los cuatro millones de inmigrantes que han llegado a España en la última década (también en tiempos de Aznar, no crean). Tampoco es debate que valga la pena el de los tiempos marichaláricos de la monarquía, la nariz de Letizia o el frenazo en la inversiones públicas.

Esas son menudencias, porque lo importante en este país es llegar al fondo de una cuestión vital: ¿Quién es mejor, Messi o Agüero? Ah, son argentinos pero juegan en España, y eso es fundamental para el desarrollo de este país. Guardiola, el entrenador del Barcelona, haciendo un alarde de catalanismo militante, ha dicho que el mejor es Messi, y como Guardiola es catalán estamos esperando unas declaraciones de los españoles antiperiféricos a favor de Agüero, como sostén del pueblo español desde las filas del Atlético de Madrid.

(No sé quién es el de la foto. Por la pinta me suena a "Leo" Messi, aunque a lo mejor es Agüero)

Resulta sorprendente la información que aparece en el Canarias7 de ayer, con referencia a la capacidad del niño de ocho años Nakul Goel para hacer cálculos metemáticos en segundos.

Foto0349.jpgEs evidente que el cerebro humano es una máquina con unas posibilidades aún desconocidas, y que debidamente adiestrado es capaz de muchas cosas. Lo que me sorprende es que existan esos métodos y no se generalicen, que quien lo domina haga cursos a los docentes para que estos puedan usarlo en el aula.

Por lo pronto, la expresión más usada en cuanto a la educación es el temido "fracaso escolar". Y es que ya la escuela no representa lo que siempre fue, porque la sociedad le ha perdido el respeto. Por otra parte, cada dos por tres se introducen cambios en el sistema, que no duran ni una generación. Tanta especialización en primaria puede que no haya sido una buena estrategia, y hay corrientes pedagógicas que afirman que esos cambios de profesores dispersan a los niños. Puede ser, por eso habría que sentarse a pensar en acciones efectivas que estén por encima de la creciente burocratización de la enseñanza.

Si les digo la verdad, no entiendo cuál es la razón por la que la asignatura de Educación para la Ciudadanía tiene tantos detractores, desde la Iglesia Católica hasta algunos gobiernos autónomos del PP.

Aleph1.jpgSe supone que en esta asignatura se enseñan valores democráticos y de convivencia, se forma en la tolerancia y la no discriminación, se busca, en fin, educar ciudadanos y ciudadanas democráticos. Pero no quiero entrar en el tema, que para mí está claro, sino en las decisiones rayanas en la locura que se están tomando en algunos territorios. De verdad, creo que por ahí anda mucha gente con cargos de responsabilidad que no se está tomando la medicación.

Y es que ya es rizar el rizo -y entra en el territorio del disparate- que la Comunidad Valenciana haya determinado que la Educación para la Ciudadanía ha de impartirse ¡¡¡EN INGLÉS!!! Sí, sí, algo inexplicable, porque en Secundaria, los profesores de Filosofía y los de Historia -que son los habilitados para impartirla- puede que no hablen la lengua de Shakespeare. Por esa misma razón, la asignatura de artes plásticas debería impartirse en italiano, francés o ruso, según qué escuela pictórica se vaya a seguir, que esa es otra. Los entrenamientos de fútbol serán dirigidos en portugués con acento brasileño (para eso son más campeones del Mundo que nadie) y la música clásica en alemán, por lo de Bach, Mozart y Beethoven.

Por cierto, la Religión Católica se debiera impartir en latín, aunque los más puristas montarán el pifostio alegando que ha de ser en arameo, que era la lengua que hablaba Jesucristo; aunque lo que está en arameo es la cabeza de algunos.

(El gráfico es el Aleph, el primer signo del alfabeto arameo)

Como todos los años en octubre, comienza la danza de la concesión de Premios Nobel. El de Literatura se suele fallar el segundo jueves de este mes, aunque a veces lo retrasan al tercero, pero siempre es en jueves, al menos en los que yo recuerdo.

Medalla_.jpgEl Premio Nobel está mal dado desde sus comienzos, hace más de cien años. Alfred Nobel dejó establecido en su testamento que se le concediese a un persona con valores literarios en ascenso, como una especie de beca para proteger a los buenos creadores que pudieran dedicarse a escribir a tiempo completo. Pero no se hizo así, sino que se le empezó a conceder a plumas consagradas, que en la mayoría de los casos no necesitan el premio puesto que ya tienen reconocimiento amplio. Al final todo se reduce a politiqueos sobre si el galardonado va a ser europeo, americano o chino.

Siempre decimos que autores como Tolstoi, Galdós, Joyce o Borges fueron injustamente privados del galardón, pero en realidad no les hacía falta, porque han quedado en la historia de la Literatura con letras grandes. Es decir, no necesitaron el Nobel ni ellos ni su literatura. Como tampoco les añadió gran cosa a otros que sí lo obtuvieron, como Kipling, Hemingway o García Márquez. Ahora se habla de Philip Roth, de Vargas Llosa y hasta de Paul Auster. ¿Creen que estos autores necesitan el Nobel? ¿Les añadiría proyección? ¿Se les leería más? A todas estas preguntas yo contestaría que no, y tal vez el premio mayor para un escritor es que no necesite que le den el Nobel.

Cuenta un eco legendario que una vez existió un niño que empezó a hacer poesía antes de conocer el alfabeto. Lo que le llamaba la atención de las revistas no es que tuviesen dibujos o fotografías, sino las páginas llenas con varias columnas de letras. A los cinco años, los niños preguntan, y su abuela le dijo que poner palabras en columna era ser poeta, que era el puesto más alto que podía alcanzar un ser humano. Entonces aquel niño trazó garabatos y compuso una columna. La abuela, que era poeta sin versos, le dijo que aquello era un poema, lo mandó a hacer otro y el niño se sintió poeta. Ese niño bien podría ser Rafael Arozarena, que sabemos que es poeta, como hay muchos, pero él lo sería aunque no hubiera escrito un solo verso porque así lo decretó su abuela un día ya lejano.

arozarena.jpgCon los años ha llegado ser muy gráfico, y eso tiene que ver con su concepto de la poesía cuando era niño, la sublimación del sentido de la pureza, que lo llevó a formar parte del grupo fetasiano, que invocaba a Fetasa no en el sentido que Tzara proclamaba a Dadá, sino como un intento de concreción imposible. Los fetasianos dijeron que Fetasa es más que Dios, es Dios al infinito, el temblor de estar ante una deidad. Se dieron cuenta de que las religiones se agrietan precisamente porque tratan de explicar a Dios. Y entendieron que eso no podía expresarse. Para Arozarena Fetasa no es nada y sigue siendo Fetasa. No es soberbia, porque la humildad suprema es decir "No lo comprendo, pero hay más". Arozarena, como Sócrates, se sabe humano y Fetasa es NO tratar de explicar lo inexplicable ni de comprender lo incomprensible. Quién sabe si San Agustín se hizo fetasiano cuando fue sobrepasado por el Misterio de la Santísima Trinidad.

Pero vayamos, por fin con Mararía:

Siempre he dicho que las películas que son adaptaciones de novelas son otra cosa, pero no son la novela de la que provienen. Y ha de ser así porque es otro soporte, porque hay menos tiempo y porque las imágenes pueden contar cosas que nunca podrán hacer las palabras, y al mismo tiempo hay palabras que jamás podrán trasladarse a un fotograma. Por eso, cuando vi la película Mararía, me di cuenta al instante de que estaba ante la Mararía de Antonio Betancor, el director, no ante la de Arozarena.

La Mararía de verdad no es tampoco la de la novela, es la que surge de la novela como representación de una isla con el rostro quemado. Rafel Arozarena tuvo la intuición juvenil de sugerir mucho más de lo que contaba, y ya sabemos que las sugerencias tienen efectos distintos en cada persona. Yo tengo mi propia Mararía, y he podido comprobar que no coincide con la de otros lectores de la novela, que curiosamente ninguno se imagina a tan hermosa mujer con el semblante, también hermoso, de Goya Toledo. La idea de belleza que nos sugiere Rafael Arozarena es tan sublime y al mismo tiempo tan diabólica, que resulta inalcanzable en la realidad aún por una mujer, aunque sea muy bella, y desde luego Goya Toledo lo es, pero es tangible y humana. La Mararía de Arozarena tiene una belleza tan imposible que ni siquiera puede existir en la novela, sino en la imaginación de quienes la leen. Es algo así como Fetasa.

Y es curioso este fenómeno, porque, por lo general, el cine presta sus rostros a personajes novelescos e incluso históricos que luego son recordados con la cara del actor o la actriz que los encarnó. Zapata tiene el rostro de Marlon Brando, Margarite Gautier el de Greta Garbo, Doña Bárbara el de María Félix, Cyrano de Bergerac el de Gérard Depardieu, Escarlata O'Hara el de Vivien Leigh... Ninguna actriz -y ha sido interpretada por muchas y muy bellas- ha quedado como el rostro de Helena de Troya porque su belleza, como la de Mararía, no es humana.

Desconozco si el mito de Mararía se hubiese asentado en la colectividad de no haber escrito Arozarena la historia que le contaron un caluroso día de los años cuarenta caminando entre las blancas casas de Femés. Probablemente no, y hasta es posible que aquella fuese una historia más de un pueblo perdido, y quien supo captar el mito fue el escritor. Y es un gran mito, que explica una isla y que la trasciende, como el de Hamlet, el de Don Quijote o el de Don Juan, que nacieron del ingenio humano.

Ese es el gran mérito de esta novela y por eso necesariamente tuvo que ser escrita por un poeta, como El Doctor Zhivago, y eso tiene poco que ver con las estúpidas broncas supuestamente literarias que airean en los medios autores multimillonarios como Ruiz-Zafón. Arozarena ni siquiera se complace en hablar de Mararía, porque sabe que el mito lo ha superado, va más allá de la novela, y desde aquí tengo que decir, como escritor, que ese debiera ser el objetivo de todo novelista, crear historias que lo sobrepasen.

Seguramente muchos lo intentamos, pocos lo consiguen, y Arozarena es uno de ellos. Una vez me preguntaron qué novela canaria me hubiera gustado escribir, y mi respuesta es obvia, Mararía, porque puede que las haya más recias en cuanto a la estructura, incluso más cuidadas literariamente, pero que tengan ese espíritu creador que se traspasa a los lectores, yo no conozco ninguna en Canarias con esa potencia. Y fuera tampoco hay muchas, no crean.

(*) Este artículo aparece hoy en el suplemento cultural Pleamar en la edición de papel de Canarias7.

La foto nos la hizo mi amigo el fotógrafo Tato Gonçalves en la terraza del Hotel Santa Catalina en 1995.

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