Controlar los medios siempre ha sido el sueño de cualquier poder, en cualquier tiempo y circunstancia. Y aunque lo sesudos periódicos tenen el peso intelectual y la radio es la inmediatez, el caballo de Troya de la influencia es sin duda la televisión. ¿Para qué si no se inventó en tiempos el Festival de Benidorm?
Ahora hay que pensar también en Internet, porque ya el control de los medios se escapa... ¿O no? La preocupación de los gobernantes es tremenda en este campo, y a veces me pregunto si realmente la televisión influye tanto. Algo debe tener al agua cuando la bendicen, y si no ahí está Berlusconi, tratando de filtrar todo lo que se ve en un televisor italiano gracias al poderío de sus cadenas privadas y al control que ejerce sobre la RAI desde el poder político.
Francia, la Francia que presume de ser la patria de la libertad (también de la de expresión), anda metida en ese mismo debate, puesto que el marido de Carla Bruni (ese que llaman Nicolás) quiere que los dirigentes de la televisión pública sean nombrados directamente por el Gobierno, ni siquiera por el Parlamento, como en España. Y los franceses dicen que no. A ver qué pasa.

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