En vísperas de la Noche de San Juan, se oyen muchas alusiones a la magia, las brujas, lo irracional. Y como cada uno de nosotros nos creemos cuerdos y moderados, y los locos y fanáticos son los otros, convendría que nos echásemos una miradita para tratar de entender que, como dice el refrán, cada loco con su tema, siempre, por supuesto, que no trate de alistarnos en él o nos organice una guerra santa.
El ser humano siempre ha tratado de buscar respuestas imposibles, porque su paso por la vida le parece demasiado pobre y se imagina que debe haber algo más. Es posible, no lo sé, si lo supiera sería profeta de algún evangelio, y sé que hay muchas personas que se instalan en la comodidad de lo establecido aunque no tengan muy claro que hacer vida pública religiosa es simplemente una manera de integrarse en la sociedad.
Pero lo que resulta contradictorio es ver cómo para muchos la locura y el fanatismo está en los demás. Hemos visto docenas de veces cómo el mismo que enzalsa la fe y valor de los mártires de su religión trata de fanáticos a los que otra considera también mártires de su causa. El otro día, un tipo que acababa de encenderle velas a Santa Rita, trató de ignorante y supersticiosa a una mujer que leía el horóscopo. Pues vale, si la Noche de San Juan tiene alguna magia es la de celebrar la llegada del verano junto a la gente querida. Eso sí que es magia.

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