Tal vez para hacer honor a su silenciosa trayectoria, este mes de junio ha ido transcurriendo sin que se haya recordado debidamente el 120 aniversario del nacimiento de Fernando Pessoa, un escritor portugués, coetáneo de otros dos poetas grandes y discretos: Antonio Machado y Alonso Quesada.
Fernando Pessoa fue el más discreto de todos, pues se le ha conocido después de muerto. Machado estaba detrás de Juan de Mairena y Alonso Quesada era en realidad un heterónimo de Rafael Romero -uno de los muchos que usó-. Pero fue Fernando Pessoa quien llevó a la excelencia la práctica de los heterónimos, nombres con los que firmaba sus obras y a los que creaba una vida y una trayectoria literaria. Y, además, cada uno de ellos era distinto, tenía sus propias ideas y hasta su estilo marcado. Ricardo Reis o Alvaro Campos son caras diferentes de un mismo hombre, que de esta manera quizás quería decirnos que en realidad ni siquiera estamos seguros de quienes somos.
Nació en 1888 y murió en 1935, y casi desapareció con un solo libro publicado (que no tuvo éxito). Su obra estaba en su escritorio. Un día salió de allí, inundó Lisboa, Portugal, el Mundo, y acaso hoy sepa Pessoa quién es: Uno de los más grandes escritores del siglo XX.
(Aunque toca, hoy no quiero hablar de Sanjuaneras, solsticios y brujas. Eso sí, felicito a los juanes y juanas).

Escribir un comentario