Otra vez toca fútbol, y en España el deporte se mide por el caudillismo, que por cierto heredaron las naciones hispanoamericanas. Aparte de los deportes individuales, donde los personalismos son lógicos, el baloncesto es Gasol, el ciclismo es Induráin o Bahamontes y los demás deportes colectivos no mueven masas porque no hay una figuras mediáticas.
El fútbol es un deporte de equipo, pero la memoria colectiva ha grabado a fuego el gol de Zarra en Maracaná a Inglaterra, que no fue de cabeza, que no, aunque así lo recuerda mucha gente que nunca lo vio. Sería porque los ingleses, para lavar la afrenta de la derrota, dijeron entonces que Zarra tenía la mejor cabeza del mundo después de la de Churchil. Otro gol recordado, este sí, de cabeza, fue el que Marcelino le marcó a la URSS en el Bernabéu y que dío a España el único título que tiene. Y así, puntualmente, los madridistas recuerdan el gol de Mijatovich que les dio la séptima copa de Europa y los del Barça el de Koeman que les dio la primera. No hay más, el fútbol es un figurón y diez sombras alrededor.
España quiso que ese figurón fuese Raúl, pero nunca hizo historia con la selección, y ahora quieren que sea Torres, aunque se le está adelantando Villa. Todavía no sabemos quién es el caudillo de la tropa, y España, como no gane la Eurocopa, será un fracaso, porque la gente buscará culpables aunque llegue a la final, si la pierde. La cosa no tiene remedio, somos así.

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