El nuevo envite del Lendakari vasco vuelve a poner una vez más sobre la mesa el diálogo de sordos que viene desarrollándose desde hace años en Euskadi. Con un PNV ambiguo, un PP en crisis, un PSOE que no puede alcanzar la mayoría absoluta en aquel territorio y las pistolas de ETA recargándose con la inoportunidad de Ibarretxe, nos espera un verano tremendo.
Y un otoño. Y un invierno... Hace muchos años que cansa el hecho de que una tierra que tiene 7.250 kms cuadrados de extensión y algo más de dos millones de habitantes (cifras aproximadas a las de Canarias), que supone alrededor del 5% de la población española y sólo un 1,5% de su territorio, nos tenga constantemente en vilo.
La cuestión es que hay un millar de muertos, y siempre está la amenaza de que aumente el número; en estas circunstancias el problema vasco influye en la vida nacional de una manera desproporcionada. El Lendakari se ha vuelto a equivocar... O no, porque tal vez lo que persiga es que ese pequeño territorio siga mandando en toda la política española. Hay desproporción e inoportunidad, y eso es inmoral cuando hay vidas de personas en juego.

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