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Siempre se está muriendo gente que son referencias temporales, para bien o para mal, y como decía aquel, últimamente se están muriendo incluso personas que no se habían muerto nunca. Cuando muere alguna figura pública legendaria el comentario general es que se clausura una época. Referido al cine, nos los dijeron cuando murió Paul Newman, pero en realidad la época -los años 50- empezó a clausurarse apenas empezar, cuando murió James Dean, y luego, uno a uno, fueron desapareciendo todos los grandes (Montgomery Clift, Marlon Brando, Elizabeth Taylor...) Que desaparezcan ancianos como Fraga, Mingote o Wislawa Szymborska, o personas casi centenarias como Sábato o Eve Arnold -la fotógrafa del siglo XX en la agencia Magnum- es en cierto modo el cerrojazo de una época que tuvo su esplendor hace tiempo, pero cuando vemos que se mueren Michael Jackson, Amy Winehouse o Whitney Houston uno se mosquea porque no hablamos de los últimos de Filipinas, sino de personajes que de alguna forma han formado parte de nuestras vidas. En algún momento, sus canciones, sus libros o sus actos nos hacen pensar, nos alegran o nos sirven de revulsivo aunque sea solo en asuntos secundarios, que al fin y al cabo son los sumandos de la vida. No los recordamos cada momento, pero sabemos que siguen ahí Areta Franklin, Juan Goytisolo, Sofía Loren o incluso figuras que hemos considerado anecdóticas (Georgie Dann) o que no son de nuestro gusto, pero se hacen presentes y forman parte del marco de nuestra vida.

zzFoto0359.JPGY de repente se van. Alguna vez escuchamos extasiados Mercedes Sosa, a Etta James diosa del soul y rhythm and blues, bailamos al son de las canciones de Donna Summer, reina de la música disco junto a los Bee Gees -que también van cayendo uno a uno-, disfrutamos de las películas de Ben Gazzara, Anne Girardot, Dennis Hooper o Jane Russell (la morena que era el contrapunto de Marilyn en Los caballeros las prefieren rubias), leímos con admiración a Carlos Fuentes, Mario Benedetti y Antonio Tabucchi, vimos la belleza en el fútbol del brasileño Sócrates y el canario Justo Gilberto y nos enteramos de cosas importantes de boca de Pedro Macía y Marisa Medina en la televisión. Hasta se nos muere nuestro amigo Aurelio Ayala. Y ya esas referencias no están, han pasado al departamento mental de lo inamovible, como Julio César o Dante. Hace unos días, alguien me decía que las dos terceras partes de las personas que había conocido ya no estaban. Es como si el siglo XX estuviera haciendo inventario. Y en estas, tengo que ponerme duro y decir. "¡Dejen de morirse, carajo!"
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(Es que esto no para. Ya tiene uno miedo de mirar la prensa o coger el teléfono. Con el post ya publicado, me entero que también han muerto el periodista José Luis Gutiérez y el cantante Robin Gibb, uno de los Bee Gees, lo que rompe por la cima la leyenda de la música disco, puesto que otra de sus cimas, Donna Summer, acaba de morir también).


(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa del periódico Canarias7 del pasado miércoles, con motivo de la estancia del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa en Las Palmas de Gran Canaria)

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Érase una vez un adolescente al que le recomendaron leer La ciudad y los perros, y él creyó entonces que aquella novela hablaría de la urbe en que residía, en cuya Plaza Mayor ocho perros verdes de bronce vigilan el naciente para que no vengan más piratas a saquear la catedral que tienen enfrente. Si las siguiente novelas de su autor, Mario Vargas Llosa, que venían reseñadas en la solapilla del libro, se llamaban La casa verde (como los perros de bronce) y Conversación en La Catedral, estaba claro que aquella obra hablaría de la ciudad del muchacho, que tenía cierto entrenamiento lector porque se puso de moda en el intercambio dominical de libros en el balneario de la playa entre los jóvenes de su generación leer a los novelistas rusos del siglo XIX. Gorki, Turgénev y Tolstoi estaban bien, pero el Mike Jagger de todos ellos era Dostoievski y el héroe abominable y a la vez fascinante respondía al nombre y el mito de Raskolnikof.

zzperros3.jpgPero La ciudad y los perros no trataba de su ciudad, sino de otra que era la más lejana del mundo en su concepción del espacio, pues la gente, cuando quería dar sensación de distancia decía "de aquí a Lima". Pero estaba bien aquella novela, porque contaba historias de muchachos como él, de la amistad masculina, de la lealtad y de la traición, que es una trampa en la que es difícil no caer a esa edad cuando se interpone el vuelo de una falda. La amistad, la lealtad y el honor saltan por los aires dinamitados por el olor a hembra. La trama de la novela le despierta un interés que entonces proviene del cotilleo, porque también ve reflejado su mundo en las rivalidades, los liderazgos y el dominio de unos sobre otros, como había visto en la película recién estrenada El joven Törless, basada en una novela de Robert Musil, escritor que, aunque no era ruso, también formaba parte de aquella biblioteca virtual del balneario. Eran tiempos de dictadura en su ciudad, y resultaba curioso leer los comportamientos y actitudes sociales en una novela, pues La ciudad y los perros tiene como telón de fondo otra dictadura, la que se conoce en Perú como Ochenio, bajo la divisa de Manuel Arturo Odría, un héroe de la guerra contra Ecuador, porque Perú ha tenido enfrentamientos armados con casi todos sus vecinos, fuera con Colombia en la década de los treinta del siglo XX, con Chile en el siglo XIX y el recurrente tiroteo fronterizo con Ecuador, que volvió a repetirse en 1998. Casi siempre estas guerras por un trozo de tierra, a menudo improductiva, o por el control de un río surgían como factor aglutinante propiciado por las incesantes dictaduras militares en todo el subcontinente, pues volvió a pasar con la Argentina de la Junta Militar con el diferendo del canal de Beagle con Chile o la Guerra de Las Malvinas.

zzperros2.jpgAños después, aquel adolescente aprendió a vislumbrar el doble fondo de las buenas novelas a través del ensayo La orgía perpetua, otra vez de Vargas Llosa, que abría en canal Madame Bovary, pero que aportaba herramientas para cualquier novela. Entonces hizo una nueva lectura de La ciudad y los perros, y se dio cuenta de que aquella narración aparentemente realista representaba el Perú en cada uno de sus personajes y en sus comportamientos. Y no solo el Perú, sino buena parte de Hispanoamérica, donde el racismo, las castas y la herencia de la oligarquía criolla (que es la que propició la independencia de España primero y la atomización después) sigue siendo dueña de sus pequeños predios condenando a todo el continente a ser cabeza de ratón. También se percató en aquella segunda lectura de que Lima no está tan lejos, porque de algún modo aquella novela de Vargas Llosa que se situaba en una ciudad lejanísima hablaba también de su propia ciudad, de las castas, el criollismo y del peso de los apellidos.

zzperros1.JPGAños después, en una entrevista que le hizo el lector metido a periodista, Bryce Echenique, otro peruano de ida y vuelta, le contó que en Perú suelen decir: "Si Kafka hubiera nacido aquí, sería costumbrista". Y eso está en La Ciudad y los perros, escrita por un novelista que nació en el sur profundo peruano, se crió en la boliviana Cochabamba y fue a parar antes de su entrada en el colegio militar Leoncio Prado a San Miguel de Piura, en la punta norte de Perú. Y esta novela también habla de la ciudad del lector; porque Lima es como una isla desconectada de cien mundos costeños y mil andinos y amazónicos. Es como La balsa de la Medusa de un país en el que, después de la tormenta, sobreviven unos pocos a costa de los otros, que son devorados o tirados al mar. Pero nadie sabe cuándo sucedió el naufragio, y Perú es un intento de puzle que no hay manera de cuadrar, porque cada pieza tiene una forma aleatoria y las clases dominantes trabajan para que siga siendo así. No en vano, Zavalita, uno de los personajes de Conversación en La Catedral se pregunta en qué momento se jodió el Perú.


La novela es una neurosis vanidosa y necesaria. Por lo tanto, los novelistas son neuróticos por definición, pero no hay que cuidarse de ellos, están bajo control; cuando sufren algún ataque, se les pasa en seguida si se les administra una dosis razonable de Chivas de 12 años. Eso sí, hay que andar siempre vigilantes por si el neurótico empeora, y se convierte en un obseso o, más grave aun, en un psicópata. zjjFoto0311.JPGEs entonces cuando confunde realidad con ficción, entra en la paranoia y ya es irrecuperable hasta para la literatura. Por lo tanto, creo que en Canarias, tal vez debido al clima, a la presión atmosférica o a la humedad relativa del aire, existe el peligro de que la normal neurosis literaria cruce la barrera de la obsesión y entre en el territorio de la psicopatía. Cuando a los narradores se les agudiza la enfermedad intentan ir más allá de la escritura, y empiezan a poner o quitar preposiciones entre "literatura" y "canaria". Este debate es tan inútil y eterno como la discusión sobre el sexo de los ángeles. Por lo tanto, y esto lo afirmo con la certeza de que no soy el primero en hacerlo, la literatura no tiene más patria que la lengua en que está escrita. Poner a cada uno en su sitio es siempre el mayor respeto que puede rendírsele a un escritor, a su obra y a la cultura de la que proviene. Tan grave como olvidar autores estimables es sobredimensionar a otros, que a menudo son una mera curiosidad. Y lo que importa a la cultura es la obra; el escritor es simplemente un ciudadano. A lo mejor resulta que los consagrados son realmente imprescindibles y los enterrados merecen estarlo, pero eso, como el Teorema de Pitágoras, tiene que ser demostrado, porque la ausencia de estudios rigurosos sepultan obras y autores de valía y crean fantasmas difíciles de espantar.


Detrás del 15-M hay una gran conspiración y hasta tiene soporte económico. Eso es lo que ha dicho con todas las letras la delegada del Gobierno en Madrid, y Esperanza Aguirre si no ha manifestado algo parecido debe ser que se lo he oído decir en mis pesadillas. Y, amigos y amigas, puedo decir que es cierto, tengo datos. Hay soporte económico, me lo dijo anoche un amigo de la mili que vive en Vallecas, y me contó que le llevó a la Puerta del Sol unos bocadillos y unas cervezas a un sobrino suyo, para que no pasara hambre si decidía acampar. zzzsemf.JPGComo es su padrino, le llevó bocadillos de jamón pata negra, y cerveza alemana, en una neverita de playa. Mi amigo se gastó una pasta, me dijo que unos 40 euros, un dineral de apoyo a la causa. Por otra parte, sin duda está detrás una sociedad secreta, que pertenece al rito maltés, que son muy rumbosos, en contraposición de los del rito escocés, que son muy tacaños. Esta sociedad practica una ideología que viene de la época de los sumerios, y que consiste en oponerse a la guerra, ayudar a los desempleados, acoger a los inmigrantes y otras actividades subversivas. Es el fin del Estado, hablan de conceptos como solidaridad, justicia y humanidad. Un desatre. Así que, mucho cuidado con el 15-M, porque unos cuantos muchachos y muchachas acampados en una plaza pueden generar el Armagedón, se puede abrir el séptimo sello del Apocalipsis, y hasta puede que hagan una tortilla de papas con una campingás (si tienen neveras de playa puede ser alta traición, y ya tortilla con jamón es la leche). No cabe duda, es una conspiración, pero no judeomasónica, son peores, tratan de salvar el planeta para las próximas generaciones, una plaga terrible, contando mentiras sobre el calentamiento global, la desertización y la contaminación nuclear con los vertidos de la central de Fukushima. Le he dicho a mi amigo que se ande con ojo, porque como lo pillen llevando un bocadillo a la Puerta del Sol le pueden aplicar la Ley antiterrorista por colaboracionismo. Lo tenía por gente de orden, y ahora resulta que financia a miembros de la sociedad secreta de la tortilla de papas. No acaba uno de conocer a la gente.


Con la muerte de Carlos Fuentes, no sólo desaparece un gigante de la novela en español, sino un ensayista que supo heredar a Alfonso Reyes y es con Monsiváis y Octavio Paz el más eficaz cirujano de México y uno de lo mejores de América Latina. La mayor parte de la gente que lee hoy a los autores españoles y latinamericanos no suele percatarse de la importancia que el Boom de los años sesenta tuvo para nuestra lengua y para la novela en general. Y uno de los artífices fue Carlos Fuentes. Por eso, la novela está hoy de luto, y América Latina ha perdido a uno de sus mayores valedores.

Cuando en los años sesenta la novela hispanoamericana dio un campanazo que se oyó más allá de nuestra lengua, ya se hablaba de que los tres mosqueteros de aquella generación literaria eran García Márquez, Cabrera Infante y Carlos Fuentes, pero en lugar de un D'Artagnan había dos, uno mayor que ellos, Julio Cortázar, y otro más joven, Vargas LLosa, aunque tampoco andaban lejos Lezama, Donoso y Rosa Bastos. Aquello fue un festival que había empezado con menos ruido en las décadas anteriores con Carpentier, Asturias, Uslar Pietri, Sábato, Onetti. Entre todos, pusieron sobre la mesa tres docenas de obras maestras que incomodaron a los novelistas españoles, pero aquello era un ciclón, en el que también empujaban Bioy Casares, Mujica Láinez, Rulfo, Gómez Valderrama, Otero Silva... Hasta la cuentística de Borges y Arreola tuvo que ver con todo aquello. Fue como el renacimiento de la novela en español, que había tenido su último siglo de oro en el realismo, con fogonazos puntuales lanzados por Valle-Inclán, Baroja y Cela. La actual narrativa española le debe mucho a estos autores, aunque muchos lo ignoren o ncluso lo nieguen.

zcarlos_fuentes.jpgCarlos Fuentes estuvo hace unos años en Las Palmas. Dio una conferencia que más bien parecía un monólogo teatral. Era un maestro de la palabra y sabía llevarse al auditorio a su terreno. Era un elegante seductor, un gentleman, y a la vez un aliado de la verdad. Su gran talento como creador y como observador de la realidad dio lugar a una obra narrativa y ensayística abrumadora, y no podemos olvidar su estrecha relación con el cine, no solo porque muchas de sus novelas fueron adaptadas a la pantalla, sino que trabajó el guión como si fuese un género literario. De sus muchos trabajos, me viene a la memoria la adaptación que realizó de Pedro Páramo, la singular novela de Rulfo. De unos años a esta parte, estos gigantes han ido desapareciendo. García Márquez sigue vivo (aunque anteayer en Twitter circuló el falso rumor de que había muerto); en cualquier caso, las noticias que nos llegan de él no son buenas. Y ahora se va Fuentes, la novela en español se va quedando sin sus chamanes. Nos encomendamos al que sigue en plenitud y que casualmente anda estos días por Las Palmas: Mario Vargas Llosa, que al irse diluyendo quintetos, póckers y triunviratos, queda como el único Pontífice de la novela en español. No es por eliminación, es que antes había muchos, un concilio pontifical y todos y cada uno de ellos eran Sumos Sacerdotes. Descanse en paz Carlos Fuentes.

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NOTA ADICIONAL: Ayer se lamentaba el presidente mexicano de que Carlos Fuentes hubiera muerto sin el Premio Nobel. Tenía categoría y obra más que sobrada para ello, pero es que en este ramillete de narradores podría haber recaído un docena de Nobel, porque son a cual más grande (se me quedó en el tintero Alvaro Mutis). El Nobel es una lotería entre merecedores al galardón, pero no es poco que haya en estas dos generaciones narrativas nada menos que DIEZ Cervantes y TRES Nobel. La cifra crece con los poetas (Paz, Parra, Gelman) lo que da idea de la potencia del español en América. Los que no lo alcanzaron, como Borges, Cortázar, Onetti o el propio Fuentes, serán dentro de un siglo igual de grandes que los premiados, el premio es solo una circunstancia social.


bruce-main[1].jpgNo cabe duda de que la actuación de Bruce Springsteen esta noche quedará fichada en los anales de Canarias en la misma medida que la de hace unos años Michael Jackson en Tenerife o alguno de los irrepetibles de la música clásica que han pasado por aquí. Siempre digo (lo digo tanto que hasta de eso me salió una novela) que Canarias es un lugar en el que los que verdaderamente dejan huella son los transeúntes. Nacer, vivir y morir aquí no se valora, y también he dicho que para que reconozcan a alguien aquí hay que vivir media vida -o más- fuera (Chirino), o venirse a Canarias cuando ya se tiene medio vivida (Gelu Barbu). Es lo que tiene ser isleños, aunque todavía no entiendo esa fascinación por los transeúntes en esta tierra; eso se deja para lugares perdidos por donde no pasa nadie, y si alguien llega una vez se monta la fiesta eterna, como les pasa en las islas Galápagos con Darwin. Pero es que por aquí han pasado centenares de figuras que están en letras muy grandes en la memoria del planeta, desde el primer descubridor Cristóbal Colón hasta el más reciente y afamado, el astronauta Neil Armstrong. Pero aquí seguimos, fascinados porque llega el "El Boss". Por otra parte, hay que decir que aunque suelen venir a actuar grandes figuras del espectáculo, también es verdad que de las gigantescas muy pocas, y desde luego Springsteen lo es, porque, salvo el mencionado Michael Jackson, no llegan hasta aquí con frecuencia Madonnas y Sinatras. Por eso tal vez hoy haya que hacer una excepción y considerar que la actuación en vivo del "Boss" será para contarla a las generaciones futuras.


Alguna vez todos hemos jugado con fichas de dominó puestas en vertical, colocadas una detrás de otra, haciendo que al empujar la primera caigan todas las demás. Así está sucediendo con los gobiernos de toda Europa. La crisis se ha llevado por delante a unos cuantos; primero empezó con los llamados progresistas del sur y con el laborista británico Gordon Brown, y los conservadores creyeron que había llegado su gran momento zz66143_298[1].jpgporque habían fracasado las políticas socialdemócratas. Luego se ha visto que no, que lo que estaba podrido era todo el sistema, y han empezado a caer como fichas de dominó los conservadores. Al ruido originado por la derrota de Sarkozy le siguen los crujidos que en Alemania da el partido de Merkel en las elecciones sucesivas en distintos territorios federales alemanes. Es la tamborada del anuncio de que el próximo año puede haber un cambio en Alemania. La crisis no entiende de siglas políticas, la gente vota lo contrario de lo que está en el poder por si suena la flauta. Pero no nos engañemos, que Hollande sea presidente de Francia o que incluso lleguen a mandar a Merkel a su casa no obrará el mlagro de los panes y los peces. Pasa lo mismo que cuando muchos pensaban que la llegada a la Casa Blanca de un afroamericano iba a significar algo. Pues no, es solo un dato para las estadísticas, porque Obama es antes que nada el Presidente de Estados Unidos y, en lo esencial, hace lo mismo que sus antecesores. Por eso, la tímida esperanza que supone que Alemania y Francia puedan estar lideradas por socialdemócratas no debe llevarnos a engaño. Son las dos potencias vertebrales de la UE y de la eurozona y tratarán de mantener su hegemonía a toda costa. De modo que la única esperanza en el cambio está en la fuerza que pueda generar la calle unida. Como antes.


Desde que existe la prensa, allá por el siglo XVIII, se ha utilizado la información para crear estados de opinión. Napoleón dictaba mensajes que eran reproducidos por todo el país para convencer a los franceses de la necesidad de hacer grande a Francia, humillar a los germanos, conquistar Rusia y llegar por La Península Ibérica al Cabo de San Vicente, que la mayoría de los franceses ni quiera sabían donde estaba. Es más ni siquiera sabían leer, pero siempre había alguien en cada pueblo que leía en alta voz.

zjjjjjjcaena.JPGEste fenómeno ha ido aumentando con el tiempo, y si Ortega y Gasset fue tan conocido en su tiempo como hoy pueda serlo Antonio Gala fue porque la mayor parte de su obra la escribió en la prensa, y España entera esperaba a ver qué habían escrito Don José (Ortega), Don Miguel (Unamuno) y Don Antonio (Machado). En los pueblos más alejados, con una España en la que el analfabetismo absoluto era del 85% en 1931, se esperaba con fruición los artículos de los tres autores mencionados, que alguien leía en alta voz y que luego se trasladaba de boca en boca por todo el pueblo. El periódico llegaba con varios días de retraso, a veces semanas, pero el estado de opinión de toda España se generaba a partir de un artículo de 3.000 ejemplares de tirada. A veces ni siquiera llegaba el periódico, pero unos a otros se informaban por carta o traía la nueva alguien que había viajado a la capital.

Apenas nació, la radio se generalizó en tiendas, cafés y casas de gente acomodada en los años treinta. Goebels, ministro de Hitler, se dio cuenta de que los ensayos que Mussolini había hecho en Italia con sus encendidos discursos radiados eran adecuados para extender la ideología nacional-socialista entre los alemanes. En la Guerra Civil española la radio fue un instrumento determinante, puesto que a través de las ondas se alentaba a los soldados propios, se desmoralizaba al enemigo, se informaba, se arengaba y se desinformaba. Quien más la usó y mejor provecho le sacó fue Queipo de Llano desde Sevilla, y en la II Guerra Mundial la radio fue imprescindible. Cuando Churchill prometió a los ingleses sangre, sudor y lágrimas, lo hizo a través de la radio, por no volver a repetir la historia de la canción Lilí Marlenne desde Radio Belgrado.

Hoy, la información es más que nunca poder, pero tiene a la vez más posibilidades de hacerse permeable y de ser manipulada por otros o dinamitada. Hace unos años, la información se podía controlar mejor, pero ahora el mundo está regado de terminales de bolsillo que pueden contradecir las versiones oficiales, y corren a la misma velocidad. Por eso el poder -cualquier clase de poder- sigue obsesionado por controlar la información, asunto que hoy es imposible. Y como ven esa imposibilidad, inundan las redes y las ondas hertzianas con informaciones de consumo que hagan que lo verdaderamente importante, aunque es asequible, se olvide, Esa es la manera en que hoy se utiliza la información, a menudo para desinformar.


(NOTA INICIAL: Pido disculpas porque este post se ha quedado más largo de lo habitual, pero era necesario ese espacio para decir lo que quería. Pensé partirlo en dos, pero entonces cada parte quedaría coja)
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El compromiso del escritor es un debate que no tiene final, porque a menudo lo que no se ve es más combativo que un argumento sobre oprimidos y opresores. Algo tan aparentemente inocuo como la ciencia-ficción puede ser un texto muy comprometido, y ejemplos claros son Un mundo feliz de Huxley, 1984 de Orwell o Farenheit 451 y Crónicas marcianas de Ray Bradbury. Por otra parte, poca consistencia tendrían El Señor Presidente o Doctor Zhivago, si Miguel Angel Asturias o Boris Pasternak hubieran sido malos narradores, pues el peso no lo da la historia que se cuenta, sino cómo se cuenta. Y ese Quijote tan comentado y tan poco y mal leído es un texto con una gran carga social. Pero lo básico es que son buenos textos literarios, y a partir de ahí podemos empezar a hablar, porque un libro siempre ha de tratar de algo, contar algo, ya sea una epopeya como Guerra y paz o un asunto nimio como buena parte de los libros de Antonio Tabucci.

zzepopeya1.JPGHay escritores a quienes les cuelgan el sambenito de combativos, militantes o sociales. Pedro Lezcano, por ejemplo, se negaba a aceptar que él fuese un poeta social, que es como quedará en la historia, aunque tal vez él no tuviera razón, porque sí que escribió poemas con claro contenido social, y también otros que no aceptarían esta etiqueta. Hay escritores que proclaman su compromiso con la literatura sin adjetivos, y luego está la escala de los prestigios. Hay autores que son tenidos por la quintaesencia de la literatura, y casi siempre son minoritarios. Los hay buenos, pero otros son un suplicio, pero queda mal decir que Fulano tiene cosas interesantes y otras que no las entiende ni él, o que Zutano, precursor y maestro de narradores, era un verdadero martirio que no llevaba a ninguna parte. Hay quien nos deportaría a Siberia si dijéramos que se nos atraganta Juan Benet, aunque hayamos escuchado de sus labios que no entendía cómo había gente que era capaz de leer sus novelas, cuando él se aburría mortalmente mientras las escribía. Julio Verne, del que se cumple el centenario de su muerte, fue tenido en su tiempo por un escritor menor, popular y dedicado al mero entretenimiento, lo mismo que Galdós, denostado por los exquisitos de la Generación del 27 y hasta por Valle-Inclán. A ver quién se los salta cien años después. Cuando un escritor vende muchos libros recae sobre él la desconfianza literaria. Javier Cercas fue el hallazgo de hace unos años, como anteriormente le ocurrió a Rivas o a Landero. Ahora venden mucho y empiezan a ser sospechosos. Roberto Bolaño y Dulce Chacón escapan porque están muertos y eso los mitifica.

zzepopeya2.JPGCon los escritores ocurre que a veces se proclaman nombres y libros como dogmas de fe, y así permanecen en el tiempo. Se marca a fuego una especie de listado y ese no se mueve, aunque a escondidas te reconozcan que tal poeta es un mero hacedor de ripios o que tal novelista es infumable. Pero ahí están, con sus nombres relucientes, e incluso con calles y plazas a su nombre. En el listado de los buenos autores canarios faltan tantos nombres como sobran usurpadores de una gloria inmerecida. Se me preguntará en este punto por esos poetas y novelistas que sobran o faltan. Mi función es decirlo, pero establecerlo es misión de la crítica universitaria, que debe ir un poco más allá del relato de la vida y el listado de las obras. Digo yo que para algo pagamos dos universidades, donde curiosamente la Literatura Canaria es una asignatura optativa. Así pasamos por encima de autores y libros importantes, mientras seguimos repitiendo elogios dedicados a otros muy inferiores.

Y esto entronca con el compromiso, pero no del escritor, sino de las sociedades con su propia historia. Sólo creo en la literatura comprometida, y ese es un concepto muy amplio, porque un texto literario, sea del género que sea, cumple siempre una función. Eso sí, debe ser honesto y estar bien escrito. El mercado de los prestigios bebe en el vaso largo de la ignorancia y la vanidad de la política y el dinero, que se deslumbran cuando alguien les ofrece pasar a la historia como mecenas de quien con toneladas de hexámetros dactílicos pretende eclipsar a Homero y a Virgilio proponiendo la epopeya imposible de una sociedad maniatada y asustadiza.


zzFoto0345.JPGDesde el siglo XVIII, los Derechos Humanos figuran en el frontispicio de todas las constituciones que se precien de democráticas, aunque esta palabrita es cuando menos polisémica (de la Polinesia, que diría un recordado alumno). Democracia había en Atenas y las mujeres eran un cero a la izquierda, lo mismo que fue clamor democrático la obra de Jefferson, primero la Constitución de Virgina y luego la Norteamericana, pero los negros eran esclavos y así siguieron cien años más. Luego, tras la guerra de Secesión, fue abolida la esclavitud en el Sur, porque en el Norte también había esclavos y tardaron más en ser liberados (otra guerra económica, por lo que se ve). Y todo esto dentro del gran marco de la democracia, hasta que en los años sesenta del siglo XX se aprobó la Ley de Derechos Civiles. En Europa la cosa no fue mejor, pues tanto hablar de democracia y en Suiza el voto femenino comenzó ¡en 1971! Así que queda mucho para hablar de democracia plena, y encima nos hacen retroceder en Derechos Humanos fundamentales, como la salud, la educación o la atención a las dependencias. Es decir, los recortes irracionales, improvisados y destructivos que hace el Gobierno atentan contra los Derechos Humanos. Así de claro, porque nadie se explica que se recorten 10.000 millones en Sanidad y Educación y ahora no haya problema en poner sobre la mesa el doble para salvar a un banco. Si esto no es cinismo... Claro, es cinismo democrático, porque con el actual sistema tienen mayoría absoluta, que interpretan como una dictadura de cuatro años.