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Sé que muchos dirán que es necesario el progreso. Estoy de acuerdo, lo que pasa es que muchas veces no tiene explicación tanta investigación inútil, cuando las necesidades reales del ser humano son conocer la forma de vencer el cáncer o el sida, procurar un vejez digna a las personas mayores o simplemente saciar el hambre de millones de personas o simplemente que puedan beber agua potable. A la gente parece habérsele olvidado que solo tenemos dos opciones: ser muertos prematuros o ancianos necesitado de protección, pero parece que se empeñan en meternos en la cabeza que solo se mueren o envejecen los otros. Que hayan descubierto planetas supuestamente habitables (incluso es probable que ya no existan y solo nos llegue su luz) me me parece una inutilidad brillante. ahgggPICT0061.JPGCreo que investigar es fundamental, buscar la manera de optimizar recursos para sobrevivir, crear nuevos medios, y nos cuentan que es eso lo que hacen, pero luego vemos que esas investigaciones van siempre encaminadas a tener más poder que el rival, y hemos alcanzado logros como la bomba de neutrones o los aviones indetectables. Otro cuento que nos repiten como un mantra es que gracias a la guerra y a las rivalidades se han hecho grandes descubrimientos. Más a mi favor, se necesita ser burros para poner en circulación la penicilina porque hay guerra, aunque llevase descubierta casi veinte años. ¿Le agradecemos a la II Guera Mundial el descubrimiento de Fleming o ponemos en la picota a quienes conociéndolo lo dejaron aparcado porque decían que no era rentable? La rentabilidad se mide en dólares, no en vidas. Ya va para medio siglo que el hombre pisara la Luna, tras el chorro de dólares que costaron los proyectos Mercury, Géminis y Apolo de la NASA, y por lo visto el resultado es que ahora tenemos relojes digitales o que se perfeccionó el velcro (que era anterior), adelantos que podrían haber sido logrados con mucho menos dinero sin La Luna en juego. Además, nos iba muy bien con los relojes de cuerda sin pilas contaminantes, y el velcro es muy práctico pero siempre perderá ante la sensualidad de una cremallera. No hay color. Digo yo que estaría bien gastar mucho dinero en investigar la manera de que siguiera habiendo vida en La Tierra.


Federico J. Silva acaba de publicar Las calmas aparentes, una novela que despacho apresuradamente con el calificativo de magnífica. Sigo en la urgencia para acabar, y digo que es literariamente muy sólida y de argumento muy atractivo, con lo que lo que no corro riesgo alguno con la recomendación de su lectura; no decepcionará a ningún tipo de lector porque cada palabra está escogida para que surta efectos distintos y siempre positivos. Y ya está, no tengo nada más que decir al respecto. Bueno, sí: no dejen de leerla.

He acelerado los dispendios usuales porque esta novela es como el vértice de la pirámide de un debate que viene desde muy lejos, desde el mismísimo origen de la novela moderna, ya saben, aquello que venía de los cantares de gesta y pasó por aventuras caballerescas castellanas, poemas épicos portugueses y "decamerones" italianos hasta subirse al Rocinante cervantino que sigue cabalgando siempre buscando rutas nuevas por esa Mancha sin fin que es la novela, cuya liquidación se viene anunciando en los últimos cuatro siglos y que no parece que, de momento, vaya a producirse.

imagen federico silva.JPGAunque yo mismo he dicho que detrás de una buena novela siempre debe haber un poeta aunque nunca haya escrito un verso con intención, lo cierto es que los propios escritores, la crítica y los lectores siempre han establecido una frontera entre novela y poesía, lo que sucede es que nunca ha habido acuerdo en el lugar donde trazar la línea. Se han ido acuñando sentencias que se aceptan por inercia, pero también se discuten sin tregua. Una de ellas es que los poetas son los mejores prosistas, con lo cual Ortega condenó a Gabriel Miró a ser un novelista de 2ª división, porque lo suyo era la prosa y la narrativa era asunto de Baroja. Otra es que en el siglo XX la gran novela es norteamericana, hecho que no es verdad; cierto es que hay figuras renombradas como Faulkner, Chandler, Kerouac, Capote, Harper Lee y una larga lista que llega a nuestro días con nombres rutilantes y que, en efecto, son grandes novelistas, pero también es cierto que el aparato publicitario es incomparable, y una manera de cimentar la hegemonía norteamericana. También hay en Europa, en Asia, en América del Sur y en África gigantes narrativos contemporáneos; los nombres y las obras están ahí, pero parece que no iluminan hasta que los bendice el New York Times.

¿Y qué pinta la novela de Federico J. Silva en todo esto? Conozco a Federico hace 25 años y nuestra relación ha sido un Guadiana, eso sí de aguas muy limpias, y desconozco sus planteamientos narrativos desde su posición de ser uno de nuestros más consolidados poetas, si fueron instintivos o deliberados. Pocas veces han tenido fortuna los novelistas reconocidos que han publicado poesía (Vázquez Montalbán, Julio Cortázar, Paul Auster...) Esos poemas se tienen como curiosidades, y muchos autores casi esconden un poemario de primera juventud como un pecado iniciático antes de la novela. Por el contrario, los poetas que se han adentrado en la novela han tenido mejor acogida, y a veces es una sola novela en medio de una larga obra poética (Pasternak es el paradigma, aunque la lista es larga).

imagen federico silva1.JPGCarlos Marzal en su artículo del volumen colectivo Los escritores y el lenguaje afirma que los poetas, cuando escriben novelas, acostumbran a actuar como si fueran Dios. Esa es otra sentencia falsa, todo novelista actúa como un dios, es la premisa imprescindible de todo creador. Lo que sí es cierto es que, mientras que algunos eligieron establecer lazos lingüísticos o estructurales entre su poesía y su narrativa, otros prefirieron evitar todo diálogo entre ambas prácticas. El Buscón no parece escrito por el poeta Quevedo, ni Doctor Zhivago por el poeta Pasternak, porque ellos enfocaron la narrativa con un estilo distinto al que usaban en poesía. Por el contrario, hay una continuidad entre el Cortázar poeta y el autor de Rayuela. No sé si fue una elección o un instinto. Yo me inclino por la primera opción, porque si bien toda buena novela ha de ser escrita desde la poesía (etimológicamente creación), no es lo mismo mirada que estilo poético. En mi opinión, cuando se pretende narrar con estilo poético casi siempre se transita la tierra de nadie y, salvo excepciones muy raras, acaba por no ser poesía ni narrativa.

Federico J. Silva se instala entre los que separan estilos, aunque gráficamente pudiera parecer lo contrario. Las calmas aparentes tiene apenas 90 páginas, está dividida en 59 capítulos, y alguno de ellos no llega a completar la página. Al hojearla, pensaríamos que es una serie de prosas poéticas. Pero no; se trata de una novela muy narrativa, casi diría que rabiosamente narrativa, que en cada expresión parece exigirnos que atendamos, que se están contando cosas importantes. Nada que ver con el bien marcado lenguaje poético de Federico J. Silva. Esta novela es en ocasiones brutal y salvaje, y esa concepción de puzzle proviene de la narrativa y solo de la narrativa. De modo que no acudamos a Las calmas aparentes como si fuese la curiosidad de una novela de poeta. Es una novela distinta dentro del abanico de géneros y perspectivas, pero distinta en su narratividad, muy alejada y opuesta a la concepción de un lenguaje poético. Ni siquiera hablo de experimentalismo, ya que opino como Eugenio D'Ors, "los experimentos con gaseosa", y esto es literatura bien hecha. Estamos por lo tanto en ese vértice del que hablaba: la conjunción de mucha literatura para contar una buena historia. Y es que una buena novela es eso, nada más (y nada menos).


imagenbike.JPGHay momento en los que nada parece importante, y la única razón por la que seguimos adelante es por la inercia del esfuerzo anterior. Supongo que es como ir en bicicleta, que unas veces pedaleamos con fuerza y otras paramos los pies sobre los pedales y nos dejamos ir porque no tenemos prisa para llegar a ninguna parte. A menudo es necesario dejar descansar las piernas y dejarse llevar por la inercia, siempre que la bicicleta no pierda tanta velocidad que acabe cayendo. Al final, lo único que importa es el viaje, porque en realidad vamos a ninguna parte, o a cualquier sitio. A veces, ni siquiera el camino importa, y lo que nos apetece es que nos dé la brisa en la cara y nos olvidamos del camino. Esta sensación nos agobia en ocasiones puntuales, y lo que realmente merece la pena no es la meta, ni el camino, ni la brisa en la cara, ni el pedaleo. Cada vez tengo más claro que lo importante es la bicicleta, sin la cual lo demás no tiene sentido. Digo yo que será el calor...


Lo que está sucediendo en este país no es preocupante, es alarmante. Ya se ha instalado el fundamentalismo, o tal vez habría que hablar en plural. De repente, las fuerzas conservadoras (reaccionarias, mucho mejor) atacan en tromba. No voy a describir con detalle el panorama político, económico, social, laboral, cultural, educativo y de toda índole que se ha ido generando paso a paso en los últimos años. La precaria democracia que armamos hace 35 años se ha ido reduciendo, y encima vienen otros detrás acusando a las generaciones jóvenes de entonces de esa precariedad, como si ellos no fuesen beneficiarios de aquellas tiempos duros, y casi nos están diciendo a la cara que le democracia la están inventando ellos. Y así, entre unos y otros, todos los avances que habíamos ido arañando en más de tres décadas muy complicadas pero muy esperanzadoras se están yendo al traste. Sólo falta que, por decreto, se vuelva a instaurar el Santo Oficio, si es que de alguna forma no existe ya.


zzzz88888DSCN4070.JPGLa España federal que sería lo natural por el recorrido histórico de este país, está cada día más lejos, y con ello se radicalizan las posturas periféricas, lo que en lugar de desembocar en un Estado plural pero unitario puede acabar como el rosario de la aurora. Pero nadie hace política, España se ha convertido en un gran gabinete de prensa en el que cada cual trata de hacerse una imagen y ganar adeptos. Pero nadie dice con claridad qué es lo que va a hacer, y tampoco vislumbro un gesto de negociación, de diálogo, de hacer política. Neoliberales, ultraderecha nostágica y cavernícola, democristianos, independentistas, nacionalistas de ocasión, revolucionarios de libro, socialdemócratas desnortados, izquierdistas dispersos...Todo el mundo alega tener la razón absoluta, pero el caso es que se pierden en discusiones gigantescas sobre detalles nimios, y nadie entra en el magro del asunto. Así, las grandes corporaciones aprovechan el río revuelto y los 35 años de esa pobre democracia que ahora nos critican por el otro lado se van a pique porque los derechos desaparecen. Muchos sectores se están equivocando de enemigo, y se sienten más legitimados los que dicen la cancaburrada más grande. Eso se llama sinrazón, intolerancia, desvarío, intransigencia, disparate, o si quieren usar vocabulario mediático, fundamentalismo.


zzzz--cafe.JPGHay demasiados teóricos consagrados en disciplinas varias, como millones de seguidores que son supuestamente cultos y avanzados. Siguen subidos a la teoría, a los juegos de palabras y a los focos mediáticos, sus galardones se les amontonan, sus paredes están llenas de diplomas en varios idiomas y su prepotencia solo es comparable al entusiasmo con que los interesados aplauden y a la altura de la ola que hacen los papanatas para que no les digan antiguos. Estos teóricos de lo divino y lo humano nunca han movido un dedo para hacer algo que sea útil a los demás, pero se les tiene por grandes aportadores a la colectividad, de la que han vivido como marajás porque todos asumen que lo merecen.

Pero, ¡ay! estos grurús están cabreados porque no concitan unanimidad, y no entienden cómo es posible que el universo entero no se rinda ante su deslumbrante sabiduría. La razón es tan obvia que a veces no se percibe entre tanta luminaria: y es que un superteórico que predica sobre los ingenieros de caminos, canales y puertos puede engañar a universidades, institutos y comités especializados, pero nunca podrá engañar a un carretero viajado, a un buen fontanero o a un viejo pescador. Lo siento.


No sé si es por la plomiza, húmeda y pegajosa canícula de julio, pero estoy volviéndome perezoso para entablar diálogos con opiniones diversas porque tengo la impresión de que se ha perdido la capacidad de pensar y razonar, con lo que explicar lo obvio se vuelve tarea imposible. Rehúyo conversaciones de este tipo porque no hay posibilidad de que, no que te den la razón, sino de que simplemente tomen en consideración lo que dices. Esto ocurre cada vez con más frecuencia en la vida diaria, y esta es una muestra: me han contado que en una comunidad de vecinos uno de ellos dice que tiene estropeada la pintura de una habitación por humedades ocasionadas por unas filtraciones desde la azotea común, que ya están resueltas. Y digo dice porque nadie ha visto su casa, y cuando se le envía al vecino afectado un pintor para que arregle los desperfectos que él reclama, alega que en su casa no entra nadie. somrIMG_1049.JPGDespués de varios intentos fallidos de que el pintor entre a hacer su trabajo, se desiste porque de momento no existe la manera de pintar una pared interior a distancia y a ciegas, salvo intervención milagrosa, mágica o alienígena. Pues este señor ha denunciado a la comunidad porque no le han pintado la pared. Ardo en deseos de que me cuenten la cara que va a poner el juez cuando tenga asunto tan "pintoresco" sobre su mesa.

Cada loco está con su tema y no es posible llegar a acuerdos porque nadie mueve un milímetro su posición. Hay evidencias de que hay una epidemia de obcecación; una de ellas es lo que está ocurriendo en Cataluña, unos siguen en su carrera, otros empeñados en un centralismo sin el menor gesto de entendimiento, y la mayoría entretenida con los culebrones varios del verano, como si lo importante para la permanencia del estado fuese saber si el Real Madrid sobrevivirá a Casillas o si por fin van a darle el tercer grado a Isabel Pantoja. En nuestra ciudad, media isla se echó a la calle para celebrar el ascenso de la UD Las Palmas, y me temo que serán muchas menos las personas que se opongan a un disparate tan brutal como es el derribo de la Biblioteca Pública de la calle Venegas, que es un quebrantamiento de la lógica en una supuesta sociedad avanzada y democrática, un atentado a la cultura, por muy argumentado que esté jurídicamente. No siempre lo legal es legítimo, y este es el caso. Si hablamos de lo de Grecia y la UE o de las torpezas monumentales que tirios y troyanos están perpetrando en Oriente Medio, se vislumbra afonía y bloqueo antes de empezar a hablar. En cada caso, las cosas son de una única manera, se emiten juicios y se plantean acciones sin tener en cuenta lo que no sea titular apresurado y a menudo inducido de un noticiario. Y se oyen disparates a cual más descomunal y desinformado, pero es imposible cambiar esas ideas porque nadie admite un dato nuevo que haga peligrar su opinión monolítica. Y cansa.


La primavera que acabamos de dejar atrás fue prolífica en ediciones canarias, y se me han ido acumulando en el escritorio sin que haya podido dar cuenta de ellas porque no se puede opinar "de solapilla" sobre un libro que a quien lo escribió le ha costado mucho tiempo y esfuerzo. La poesía llega de la mano de tres mujeres de generaciones y temáticas distintas, y es un género que ocupa aparentemente poco tiempo en la lectura; eso es engañoso, porque, al menos yo, soy incapaz de leer un libro de poemas de corrido, uno detrás de otro, porque si la buena poesía es esencialidad, su instalación mental lleva un tiempo de reflexión, y uso el término adrede porque es un juego de espejos entre la palabra escrita y los registros que ya poseemos, que se enfrentan, multiplican y a veces hasta se anulan.


tres libros.JPGEl primer volumen es Himno a la vida, un poemario en el que Rosario Valcárcel bucea su propia memoria para ir estableciendo una especie de escalera vital, cuyos peldaños quedan suspendidos en el aire como una sugerencia para que el lector mire en ese espejo los momentos paralelos al poemario, en el que hay guiños a otros poetas, a la visión de la transcendencia y a la situación de la mujer en este convulso planeta en este tiempo. Es un viaje en zig-zag por la realidad y la ensoñación, por el recuerdo y los deseos, por todo aquello que nos hace humanos.

Evelyn de Lezcano entrega un nuevo poemario, Vertientes, en el que se desvincula de la escritura-homenaje a Panero que hizo en su anterior libro. Ahora es ella, sin ecos, con su voz primigenia, y con el punto central que en algún momento suelen tocar los poetas insulares. El mar que es cárcel y a la vez camino, la isla como refugio y metáfora de un mundo cerrado en sí mismo, y como espejo -otra vez- de la propia existencia, contradiciendo la idea de John Donne. Para Evelyn, es necesario "insularizar" cada persona para llegar a su esencia. No somos islas precisamente porque está el mar que nos une a todas las tierras del mundo. En esa contradicción, la poeta maneja sentimientos, que son como remos en ese mar, y a veces como tormentas que anuncian naufragios. Es muy importante el salto cualitativo que Evelyn de Lezcano experimenta en este libro.

La tercera mujer, la más joven, es Alba Sabina Pérez, que desde sus primeros libros nos ha hecho girar la mirada hacia su escritura. Esta vez es un poemario con un título muy curioso, Ya nadie lee a Penti Saaritsa, que parece un guiño al innovador poeta finlandés, pero que finalmente es un recurso literario para que la poeta dialogue -se mire en el espejo- con su propia poesía. Es este un libro muy arriesgado, tanto para la autora como para el editor, pero conociendo la sabiduría poética de Nicolás Melini, responsable de la edición, puedes lanzarte sin miedo. Acierta la poeta con su valentía de exploradora insomne y acierta el editor porque estamos ante un magnífico poemario, en el que se huele que estamos ante una escitora joven que ya es realidad y que anuncia entre líneas un gran recorrido futuro.

Ya he descargado un poco el escritorio, aunque hay más poesía y también narrativa, que acometo sin pausa aunque con calma, que hace mucho calor; seguramente volveré sobre los poemas de estos libros ya leídos, porque hay que seguir mirándose al espejo, como el que se peina cada día.


Todos tenemos iconos de distintas épocas de nuestra vida. Omar Sharif se corresponde con mi adolescencia, y aquella picardía que se le escapaba entre la separación de sus dientes nos lo hacía más familiar. Fue el contrapunto perfecto en Lawrence de Arabia y tengo que confesar que sentía envidia cuando veía Doctor Zhivago porque el indescifrable azul de los ojos de Larissa estaba dedicado a él. Cuando estuvo en Las Palmas en 2004, solicité una entrevista y me citaron. Llegué al lugar convenido y me dijeron que tenía 5 minutos, justo detrás de un fotógrafo de agencia y antes de una televisión local. Imposible alcanzar con esas prisas la cercanía necesaria para entablar un diálogo. Así que, en medio de un cabreo monumental, solo acerté a estrechar su mano, intercambiar unas palabras amables en su español magnífico y comprobar que, efectivamente, parte de su encanto salía de la separación de sus dientes pícaros. Hizo un gesto tratando de disculpar a la organización. Entendió caballerosamente que no le hiciera ninguna pregunta y me emplazó para otra ocasión que ya sé que nunca llegará.


Sharrif 11.JPGCon Javier Krahe, icono de mis mejores años, sí logré la complicidad necesaria para hacer una entrevista disparatada, que era una especie de juego policíaco que yo perpetraba los domingos del verano de 1996 en el periódico Canarias7. Fue muy divertido estar con él, siempre dispuesto a cualquier heterodoxia que se le propusiera. Era como nuestro Georges Brassens accesible y cercano, y en ese tono irónico y humorístico en el que cantaba verdades como puños charlamos y hasta bebimos cubata a las 12 de la mañana. Eran otros tiempos, que por lo visto se están diluyendo en la neblina desconocida del siglo XXI. Como homenaje, enlazo esa "especie de interrogatorio" que, aunque hecha en agosto, se publicó el 12 de septiembre de 1996. Es una forma de que ambos, Omar Sharif y Javier Krahe, sigan aquí, porque son parte fundamental de nuestro imaginario personal.

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Enlace entrevista a Javier Krahe: KRAHE 12-09-96.pdf


Hay muchas teorías para tratar de explicar por qué suceden las cosas, y siempre a posteriori. Si hablamos de la historia, hay quien habla de ciclos, y otros dicen que los momentos oscuros y los luminosos tienen que ver con quiénes lideran las sociedades. Hay momentos en los que confluyen personalidades de mucho talento en diversas materias y al mismo tiempo coinciden con dirigentes que supieron encauzar esa fuerza creativa; entonces se producen hitos como la Grecia de Pericles o el Renacimiento. Cuando no hay talento creativo en la ciencia o el pensamiento, la brillantez de los dirigentes puede hacer que se vivan épocas tranquilas, sin saltos hacia adelante pero sin retrocesos, tiempos grises, que siempre son mejores que los negros. Las catástrofes, los tiempos oscuros y los retrocesos se producen cuando la torpeza, el egoísmo y la cerrazón se apodera de las clases dirigentes, que no son capaces de ver más allá del minuto que viven, y entonces da igual el talento científico, artístico y creativo que exista, porque se estrellará contra esa torpeza, o aun peor, que esos dirigentes egoístas lo utilicen para destruir, como ha sucedido en demasiadas ocasiones durante la historia de la Humanidad.


img03699999.JPGHoy parece hacerse realidad la idea de Albert Schweitzer, gran humanista en la teoría y la acción y Premio Nobel de la Paz 1952, que curiosamente era tío del filósofo Jean-Paul Sartre. Decía Schweitzer que a menudo los hombres se envilecen cuando están al servicio de los ideales más elevados. Si miramos a nuestro alrededor, nos encontramos con dirigentes de gran responsabilidad, incluso planetaria, con imputaciones de corrupción, con pasados inquietantes al servicio de intereses bastardos. Y los que parecen limpios se ciñen a las voluntades de los dueños del dinero, da igual el sufrimiento que generen. No veo por ninguna parte a personajes con la determinación, la inteligencia, la valentía o la generosidad de tantos dirigentes que hicieron posible una vida mejor a sus congéneres. Espero equivocarme, pero estos parecen tiempos oscuros, en los que solo se actúa para la imagen, para mayor gloria propia, y no entiendo a qué juegan Merkel, Rajoy, Mas o Juncker, y tampoco me dan más luz Tsipras, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón o Pedro Sánchez. Ya sé que unos reman, otros van a vela y otros a motor, pero estoy harto de que se discuta hasta el cansancio qué va a pasar con ellos y sus formaciones, si Fulanito va a ir en tal lista o Menganita se va a sumar a una plataforma. Esa no es la cuestión cuando hay gente que no come. No hacen falta líderes carismáticos, basta de fanfarria y postureo; lo que necesitamos son gestores de y para lo público, como en su momento lo fueron Georges Marshall, Simone Veil, Antonio Morales, Jacques Delors, Jean Monet, Billy Brandt y algunos de los que hicieron posible la Transición, asunto que se ha convertido en anatema. Como hay Fiestas Lustrales en Santa Cruz de La Palma, creo que estamos en época de Baile de los Enanos. Nuestra única esperanza es que crezcan.


Después de escuchar con atención el discurso de investidura de Fernando Clavijo, candidato a la Presidencia del Gobierno de Canarias puedo afirmar que es posible estar hablando 65 minutos sin expresar el más mínimo atisbo de concreción. En realidad es el mismo discurso de siempre, y nunca sabremos si el gobierno que tenga que materializar ese discurso cumplirá o no, porque se desconoce qué es lo que se ha prometido. Por hablar solo de sectores que conozco, es muy musical llenarse la boca con que habrá una educación que consagre los principios de equidad, que las universidades deben tener mayor protagonismo social o que la Televisión Canaria ha de poner en valor nuestra cultura, porque suena muy bien en Teobaldo Power, pero no es un estreno, es la misma canción de hace cuatro, ocho, doce años, de la que nunca hemos sabido el significado de la letra. El mismo déjà vu cada cuatro años. Ah, sí, se habla de un Plan Canario de Cultura y de un Consejo Canario de la Cultura, que los iniciados seguramente conocerán, y de los que los pobres mortales esperamos que no sean coartadas para acomodar compromisos y atender clientelismos. Como la DSCN4038f.JPGmedia docena de discursos de investidura anteriores, también promete acometer leyes de Bibliotecas, Archivos, Mecenazgo y Patrimonio Histórico y Cultural (en caso de ir juntas, deberían poner también la receta del bienmesabe, para completar).

Y en esa línea ambigua movida por la inercia son tratados todos los demás sectores. Si he de ser sincero, no esperaba el discurso de Martin Luher King, aunque en el momento actual era una ocasión de oro para que pudiéramos hacernos la ilusión de que Canarias va a recibir de verdad un impulso diferente, al menos un impulso. Este pacto de gobierno es como un matrimonio de conveniencia, que se ha sabido desde que se conocieron los números de la noche electoral. Es como una ensoñación veraniega: las cosas son así porque así han de ser, es la costumbre, consejería de más o de menos, y que se hace con una desgana intelectual y política que roza la falta de respeto a la ciudadanía y que solo sirve para repartir las canonjías y cubrir las formas. No hay nervio, no hay combustible, no hay empuje. Por no haber, ni siquiera hay ideas (pensar en ideologías ya sería para nota). Ojalá me equivoque, y entonces será un gozo tragarme estas palabras, pero si no enseñan algo más lo que se está viendo es que se hace política de oficio. Señor Clavijo, ya que no lo han bendecido los dioses con el don de ilusionar con la palabra, por favor, convenza con los hechos, no permita que perdamos otra legislatura sin rumbo ni proyecto. Suerte.

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