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Como la semana pasada, a causa del temporal, hubo que suspender la presentación de mi novela La mitad de un Credo, esta se realiza hoy, en el mismo lugar y hora: Instituto de la Isleta, C/ Juan Rejón 58, a las 11:30 horas. Sé que no es la hora acostumbrada para la presentación de un libro, pero este quiero que llegue también a los más jóvenes, porque habla de la inutilidad de la pena de muerte y rescata uno de nuestros mitos populares, como es Juan García El Corredera (en la novela lo llamo Buganvilla). Y digo lo mismo, como este es mi blog aquí lo anuncio, que ya hablaré otro día del gobierno de Zapatero, que ya tiene bastante con torear al Financial Times.

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Y ya que hablamos de libros y presentaciones, esta noche también será glosado en público El libro de los naufragios, un poemario póstumo de Dolores Campos-Herrero. Será presentado por Santiago Gil y es uno de los libros que Lola dejó escritos antes de su marcha prematura.

Y mañana otra, la de la novela Los latidos del tiempo, de Miguel Angel Sosa Machín, que forma parte de la misma colección en la que sale la mía. Es una colección que se llama genéricamente Tiempos de silencio, y que promete buena narrativa de la que ahora, por suerte, se está haciendo en Canarias.

La muerte prematura de Dolores Campos-Herrero dejó tras de sí un gran duelo entre las muchas personas que la querían, pero literariamente ya empieza ser hora de que cese el duelo y celebremos su literatura, que empezó públicamente con un libro de poesía y se cierra -a falta de otros escritos que tal vez aún sigan inéditos- con otro poemario que se nos entrega ahora mismo. En medio hay una de las colecciones de relatos más importantes de las últimas décadas en nuestra lengua, sólo interrumpida por el poemario Siete lunas, y desde luego un corpus muy singular y valioso en el ámbito de Canarias.

Siempre le preguntábamos que para cuándo una novela, como si las doscientas páginas de una narración fuesen el certificado definitivo de su trayectoria literaria. Nunca nos la dio, y ni falta que hizo, y siempre bromeábamos con la novela que tampoco nunca Borges escribió. Ella iba en sentido contrario, cada vez la narrativa de Lola se condensaba más y más, hasta convertirse en una abanderada de los microrrelatos. A través de su obra se ha ido componiendo una especie de gran novela que nos muestra su visión del mundo, el posicionamiento que siempre aparecía implícitamente, porque su prosa no era muy dada a exponer directamente las ideas de la autora, aunque siempre quedaban patentes por los movimientos y diálogos de sus personajes.

Estamos por lo tanto ante una escritora que ha significado mucho en nuestra literatura, puesto que su obra sirvió de espejo para que empezaran a salir nuevas voces. Dije aquí la semana pasada que Lola, Domingo Luis Hernández, Agustín Díaz Pacheco y quien esto escribe hicimos de puente entre la generación de Boom y la que se inició al filo del año noventa. Se le ha llegado a llamar incluso Generación del silencio, por la dificultar para dejar oír su voz, pero entre esa selva silenciosa fue abriéndose camino un nuevo tiempo para la literatura, fuera narrativa o poesía, y de ambas Lola fue un ariete.

CORTÁZAR Y LAS SIEMPREVIVAS

Mantuve siempre con Lola una relación muy curiosa, e incluso alguna admiración común casi secreta por algunos autores que no suenan demasiado para el gran público. Uno de nuestros amores fue el novelista castellano Jesús Fernández Santos, autor de novelas importantísimas que se empeñan en olvidar, y sobre todo de un libro de cuentos, Cabeza rapada, que es una joya literaria, en una España en la que el cuento no gozaba del predicamento que siempre tuvo en Latinoamérica (Cortázar, Borges, Arreola, Rulfo, Monterroso, Benedetti...) Nuestra sincronicidad con Fernández Santos llegó a ser tal, que cuando él publicó una de sus últimas novelas, un magnífico relato sobre la represión en la Guerra Civil que tituló Los Jinetes del Alba, escribí una reseña, y ella me llamó desde el Canarias7 para decirme que también había escrito otra y que casi podían superponerse, tanta era la similitud de enfoque que a los dos nos produjo aquella novela. Pactamos que yo hablaría más del autor y ella de la obra, y así quedó una página más diversa.

Pero es evidente que sus gustos literarios tenían un cierto tinte negro, amaba los relatos con una cierta sordidez, o simplemente sorpresivos, y para eso lo detectivesco es único. Sherlock Holmes era su gran personaje favorito, y con él esa literatura inglesa que se movía a la sombra del perro de Baskerville, los relatos de Borges y Bioy Casares y por supuesto Cortázar. Recuerdo que hice un viaje a París, y entonces ella me dio unas siemprevivas para que las pusiera en la tumba de Cortázar, que hacía poco había muerto. Fui al cementerio de Montparnasse y coloqué las flores en la lápida del autor admirado, y me hice una foto como certificación de que había cumplido su encargo.

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NUESTRAS "PRIMERAS VECES"

Y es que nuestra relación fue un conglomerado de "primeras veces". La había conocido una tarde de invierno en la redacción de Canaria7, donde ella era la responsable de la sección de Cultura. Le llevé un artículo que navegaba entre la creación y la crítica, hablando de García Márquez (acababa de publicarse Crónica de una muerte anunciada) y tratando de hacer un paralelismo entre Macondo y Canarias. Lola lo publicó (fue mi debut en este periódico) con una entradilla muy generosa, pues por entonces yo tenía un par de premios literarios pero las novelas premiadas aún no habían sido publicadas. Cuando, por fin, salió mi primera novela, Lola me hizo una entrevista (la primera que hice en cualquier medio) y también hizo la primera crítica publicada sobre una obra mía. Esa fue nuestra primera "primera vez".

Y hubo otras, muchas. Poco después ella publicó su primer libro, un poemario titulado Chanel número cinco, y fui yo quien escribió y publicó la primera crítica sobre el libro y sobre Lola como escritora. Durante años fue un toma y daca con que ambos nos ayudamos a cruzar aquel desierto literario que fueron los años ochenta. Y como telón de fondo el Canarias7, que es como el buque en el que navegamos siempre y desde el que nos lanzábamos salvavidas. Pocas veces un periódico ha tenido tanta incidencia en la trayectoria de unos escritores como entonces este medio con nosotros.
A finales de la década mencionada se abrió la colección Nuevas Escrituras Canarias, que codirigí con Agustín Díaz Pacheco, otra piedra del puente del que les hablé. Cuando hubo que sacar el primer número (salieron 32 en siete años), y conociendo las gran estupidez que es el pleito insular pero que nos marca, escogimos a Lola para abrir la colección porque había nacido en Tenerife y estaba radicada en Gran Canaria. Era la única manera de que nadie se rasgara las vestiduras. Y allí se publicó el libro que considero fundacional de toda su narrativa, la colección de cuentos Basora. Fue esa otra "primera vez". También lo fue cuando obtuvo el Premio Atlántico de Literatura Infantil y Juvenil con Azalea, para ser publicada en la Biblioteca Infantil Canaria, que se hizo para normalizar la literatura infantil entre los autores canarios.

Nuestra trayectoria fue una permanente coincidencia de "primeras veces". Juntos reabrimos una colección para leer en la guagua, luego formamos parte de un proyecto de escritores y fotógrafos llamado La otra ciudad, en el que Lola escribió un magnífico relato situado en un barrio de la periferia de la urbe. Y hubo muchas más coincidencias, hasta el punto de que incluso tratamos de escribir una novela a seis manos con Orlando Alonso, vía correo electrónico. Aquel proyecto se fue muriendo porque cada uno de los tres tenía su propia idea de la narración y los intereses no casaban, de manera que cuando ya teníamos un buen avance vimos que aquello no tenía pies ni cabeza y lo dejamos. Pero lo intentamos, y la marcada personalidad literaria de cada uno, especialmente la de Lola, fue la causa final de que no pudiésemos mezclar agua y aceite.

Y así pasó un cuarto de siglo, y noté -también por primera vez- su falta entre el público cuando presenté en 2008 la primera que sacaba después de que ella se hubiese ido. Ahora el puente que entonces ayudamos a formar se ha convertido en un edificio literario enorme, sólido y que sigue creciendo, porque si quisiera enumerar nombres de la narrativa y la poesía viva en Canarias necesitaría mucho espacio. Hay autores y autoras de mucho calibre, con una potencia literaria muy madura, por lo que podemos decir que nunca hubo un momento de la historia de Canarias con tantos y tan buenos escritores y con obras que ya conforman los cimientos de una gran literatura narrativa (la poesía venía de lejos). Y Lola, además del valor de su propia obra desnuda, es también una pieza fundamental del motor que ha hecho que uno se asombre casi cada día con nuevas y magníficas obras escritas aquí. Por todo ello, Dolores Campos-Herrero, la mujer que derrochaba ironía y generosidad, es una figura central del impulso de la literatura en Canarias a comienzos del siglo XXI.
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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 del día 3 de febrero)


Lo de la reforma laboral es un arcano que todo el mundo menciona pero que nadie explica, o al menos no explican lo que significa para cada cual. Ahora dicen que habrá reforma laboral sin cambios estructurales. Le he estado dando vueltas y no consigo visualizar el concepto, porque me suena algo así como la cuadratura del círculo o se me parece a aquella estupidez de imposibles en la que los listillos decían que Dios no es todopoderoso, porque ni siquiera él puede hacer un círculo cuadrado. Vamos, que está en chino mandarín.

zDSCN2795.JPG(En el texto de arriba está perfectamente explicado el concepto. El que no lo entiende es porque no quiere).

Como se ve, se trata de forzar las palabras hasta que no signifiquen gran cosa y por lo tanto no comprometan. Hace dos días, los sindicatos y la patronal salían de la reunión con Zapatero en La Moncloa con una cierta cara de satisfacción, pero no sabemos por qué. A veces pienso que ninguno -empresarios, sindicatos y gobierno- tiene una idea cabal del asunto, y para dar la impresión de que saben por dónde van se han reunido a tomar café y han acordado decir que... bueno... que es el camino indicado... que el diálogo es importante... que...

Lo que me pregunto es cómo sabe Rajoy con certeza de lo que hablaron, pues tardó minutos para ponerse en contra. A lo mejor eso también forma parte del guión. Es decir, seguimos sin saber exactamente en qué consiste esa tan cacareada reforma laboral que parece ser la causa de todos los males y al mismo tiempo la solución a todos los problemas.

Dice el Diccionario que ignorantes es el "que no tiene noticia de algo", y por eso me da risa cuando alguien trata a otro de ignorante pretendiendo insultarlo. Si, como dice la Academia, ignorante es aquel que ignora algo, me temo que los seres humanos sabemos muy poco de casi todo, porque los campos del conocimiento son muchos y muy amplios; es decir, podríamos afirmar que ignorantes somos todos.

DSCN2410.JPGEn realidad los mayores ignorantes que existen son aquello que creen saberlo todo, porque ignoran lo básico: nadie sabe todo de todo. Al final de su vida, hicieron un homenaje al gran Victor Hugo, toda una institución del siglo XIX francés, no sólo por su obra literaria, muy respetada y valorada entonces y ahora, sino por su implicación política, social y de todo tipo. Todo un personaje Victor Hugo, y en este homenaje quien pronunció el panegírico lo llamó sabio. Entonces, el gran hombre, se levantó y dijo solamente: "¿Sabio yo? ¡Dios Míos! Si daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro". Efectivamente, Victor Hugo era un sabio porque sabía lo fundamental, que podemos saber algo o incluso muchísimo de muchas cosas, pero ignoramos mil veces más de lo que una vida da para aprender.

Por lo visto ayer fue un día de oración tan importante que Zapatero se fue a Estados Unidos para rezar junto a Obama. Esta debe ser una oración muy especial, porque no se hace en un templo, santuario o lugar sagrado, sino en el hotel Hilton de Washington, el emblema del lujo, el poder y el dinero. Obama no quiere venir a Europa porque tiene un problema en casa, y Zapatero, que preside España y Europa, de fue a rezar a orillas del Potomac.Tiró del Deuteronomio y dijo: "No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero", Y eso lo soltó en toda la jeta del la crema del capitalismo. No sé si eso son agallas o suena más bien como ir a provocar al león en su guarida.

zora.JPGLos poderosos, influyentes y amos de casi todo elevan sus plegarias desde un áureo salón enmoquetado, y eso seguro que tiene mejor entrada que si rezaran unos pobres en un inhóspito espacio sin calefacción. Tal vez, quienes hoy se reúnen a desayunar y rezar (es cosa rara porque siempre la oración suele ir acompañada de ayuno) debieran dejar de darse golpes de pecho y actuar por sí mismos. Tienen todo el poder, pueden cambiar el mundo si se lo proponen, pero lo único que hacen es rezar.

Se pide la intervención divina cuando las posibilidades humanas han sido rebasadas, pues el lema de ese desayuno es "rezar como si todo dependiera de Dios y trabajar como si todo dependiera de nosotros". Y en este caso simplemente tienen que actuar en consecuencia. Ellos tienen las respuestas, pero, como siempre, pasan la pelota, y ahora nada menos que a Dios. Al ver tanta hipocresía puesta de largo veo que la Humanidad no tiene solución, porque cuando alguien tiene en su mano la solución lo único que hace es rezar. Dios nos coja confesados.


Hace hoy 20 años que fue liberado Nelson Mandela de Robben Island, la isla-cárcel que está frente a Ciudad del Cabo, después de 27 años de prisión. Firmó su liberación el nuevo presidente sudafricano Frederik Willem de Klerk, que había sustituido al segregacionista Pieter W. Botha. Klerk entendió que se acercaba un tiempo nuevo y que la supremacía blanca tenía que dejar paso a una auténtica democracia igualitaria.

zm4.jpgNelson Mandela abandonó Robben Island cargado de prestigio, pues si bien había practicado la lucha armada como última alternativa, acabó por entender -y lo que es más importante, que los demás entendieran- que la resistencia pacífica es un arma muy poderosa. Claro que, para practicarla hay que tener mucha fe, mucha paciencia, una resistencia infinita y una fortaleza de ánimo casi más allá de lo humano. Mandela tenía todo eso, forjado a base de sufrimiento, pero sobre todo tenía las ideas muy claras y un talento político sólo comparable a su tremenda humanidad. Con tanto dolor a sus espaldas, es casi imposible encontrar una foto en la que no esté sonriendo.

Ahora que se estrena la película Invictus, no debemos dejarnos llevar por la espectacularidad del cine, porque la figura de Mandela es un símbolo más poderoso que la fanfarria de una banda sonora. Y digo esto sin haber visto aún la película, contando con que será buena como suelen ser todas las dirigidas por Clint Eastwood, y sabiendo que Morgan Freeman, haciendo de Mandela, estará tan bien como siempre. Pero Mandela es mucho más que un personaje de cine. Trato de hacer memoria y no consigo encontrar una figura histórica de su envergadura en muchas décadas hacia atrás, y eso que me he fijado en Gandhi, Teresa de Calcuta, Luther King, todos buscadores de la libertad desde la no violencia. Tal vez la diferencia es que Mandela se hace grande en el sufrimiento y esto lo convierte en invencible. Hoy, 4 de febrero, es un día para celebrar al gran Nelson Mandela, en sus 92 años duramente forjados.


Ya sabemos que el mundo es muy grande, que existen muchas culturas y que en cada una de ellas hay costumbres curiosas. Bueno, curiosas para los demás, porque para cada cual lo suyo es lo verdadero, y se atiene a normas ancestrales o por lo menos muy dilatadas en el tiempo. Que sucedan cosas que nos parecen curiosas en Uganda, en Nueva Guinea-Papúa, en los atolones Tuamotu o en una perdida aldea de Mongolia es normal, porque llevan siglos inmersos en otro tipo de vida y costumbres; lo que más me sorprende es lo curioso que sucede en nuestro ámbito occidental.

zmarmota[1].JPGY los norteamericanos me sorprenden constantemente, o al menos despiertan mi curiosidad, porque son europeos trasplantados (los indios fueron casi exterminados) y en el último siglo y medio han hecho un imperio, han patentado más de la mitad de los inventos o avances científicos importantes y se supone que deben estar muy avanzados como sociedad. Pero resulta que siguen haciendo cosas tan raras como tratar de predecir el resto del invierno observando lo que hace una marmota (ahora es la marmota Phil) al salir de su madriguera al amanecer del primer martes de febrero. No me parece bien ni mal, pero sí que pienso que entraría en los esquemas de otra cultura, pero es que ocurre cada año en Pensylvania. Tal vez esa dicotomía entre lo científico y lo irracional es signo de naciones importantes, porque Japón es también un balanceo entre la tradición y los avances tecnológicos.

Dice el refranero popular que "Si por La Candelaria llueve, el invierno ahora nos viene; y si por La Candelaria no llovió, el invierno se acabó". Pues eso, que, según la tradición todavía queda mucho invierno, que ya no sé si es buena o mala noticia, porque aquí cuando llueve se arma siempre un buen follón, porque se unen la falta de costumbre, los disparates urbanísticos y el estado de las infraestructuras.Y es que La Candelaria ha dado este año agua hasta decir basta.

(Esta foto fue publicada ayer -tal vez aún continúe- en el digital de Canarias7. No sé si es de Arcadio Suárez o de algún lector. Lo que sí es verdad es que es impresionante)

Hoy tocaba hablar de mi libro LA MITAD DE UN CREDO, que iba a presentarse hoy en el Instituto de La Isleta, pero el temporal ha determinado la suspensión de dicho acto, y aprovecho este espacio para que lo sepan quienes tuvieran intención de acudir y aún no se hayan enterado. Ya les informaré de la nueva fecha, y mientras seguiremos alegres y temerosos por el agua que nos está cayendo, porque nunca sabemos cúanto daño puede hacer una borrasca (más bien tiene pinta de tormenta tropical) que es por otra parte necesaria para nuestra supervivencia. En todo caso, siempre es bonito ver los barrancos como ríos y los riscos como destiladeras. Y que no pase nada.

Hay muchas formas de dictadura, y vivimos inmersos en muchas, grandes y pequeñas, que son como enormes paquidermos que todo lo arrasan. Cuando hablamos de fanatismo pensamos en mentes extremas, enajenadas y entregadas a muerte a una idea; y es así, sólo que las que conviven con nosotros cada día no lo parecen, pues incluso algunas estás cubiertas de una pátina cultural o progresista. No se te ocurra tratar de poner algo de razón en uno de estos pensamientos únicos porque enseguida se rasgan las vestiduras y te acusan de blasfemo de una causa a la que otros suponen tu adhesión inquebrantable, sin que tú la hayas manifestado.

zelef.JPGLas cosas tienen muchos matices, y aunque se esté con la mayor parte de ellos hay otros en los que se puede discrepar. Pero no, es un todo monolítico y como abras la boca te conviertes automáticamente en un hereje o un traidor. Hay asuntos intocables en toda su extensión, que pasan por la ecología, la etnografía, la historia, la cultura y cien asuntos más. Hay que andarse con pies de plomo hasta cuando se habla del Carnaval. Si dices que te parece excesivo ese remolque que anuncia las fiestas carnavaleras por la ciudad a medianoche con una música ensordecedora, despertando a enfermos y bebés y que causa un gran malestar a muchos vecinos, resulta que eres un retrógrado que no entiendes que el Carnaval es una manifestación popular que, además, da lustre a la ciudad. Y no es eso, pero como se te ha ocurrido arañar en un matiz pequeñísimo de la idea global, en realidad eres un fascista. Y así pasa con todo, de manera que cada día es más arriesgado poner una idea sobre la mesa.


Hay vida narrativa después de los setenta en Canarias, y tengo que decir que de alguna forma pertenezco al antes y al después, ya que estoy justo en el puente de ambas generaciones, con Domingo Luis Hernández, Díaz Pacheco y la recordada Dolores Campos-Herrero. Y por eso puedo afirmar que, cuando se escribieron aquellas novelas que normalizaban la narración en Canarias, los críticos fueron generosos, y había que serlo, porque era un momento histórico. Luego, algunos de esos críticos se han portado de forma cicatera con las mismas novelas que antaño enaltecieron, y eso puede estar bien si hay una explicación, pero no la ha habido.

Lo importante de aquella hornada de narradores, que no generación, puesto que poco se parecían unos a otros en asuntos estéticos o ideológicos, es que son fundacionales, y nadie puede negar ese carácter a un libro como Crónica de la nada hecha pedazos, aunque luego se haya incluso bromeado con su título, diciendo que son pedazos de crónica hechas nada. Había que escribir ese libro en aquel momento, y Juan Cruz lo hizo. A unos les gustará más o menos, habrá resistido mejor o peor el paso del tiempo, pero está ahí, y es un libro fundacional, histórico y necesario. Ahora no vale decir que si esto o si lo otro, hay que valorar que todas aquellas novelas eran primerizas, algunas titubeante y otras más maduras, pero fruto del entusiasmo de un grupo de veinteañeros que luego han escrito novelas mejores, porque tampoco La mala hora tiene el calibre de El Coronel no tiene quien le escriba o, mucho menos, el de Cien años de soledad.

Salvo un par de novelas muy sólidas, aquella fueron todas las primeras novelas de autores que luego darían sus mejores frutos. Yo no defiendo literariamente todas las novelas de los años setenta, pero sí defiendo el hecho de que se escribieran y el mérito de sus autores, e incluso sí que defiendo algunos títulos, que supieron arrastrar a una vieja Mararía, cansada de esperar. Entonces, que yo sepa, no hubo una especie de masonería que se juramentó sobre un pacto, unas condiciones literarias y una forma de vida concreta. Cada uno siguió su camino.

Unos sobrevivieron, otros triunfaron a lo grande y otros se autoconsagraron como apóstoles de sus cruzadas particulares. Son muy dueños, y no creo que ninguno traicionara a nada ni a nadie, porque nada había que traicionar. Así que no entiendo a qué vienen esos reproches a destiempo que a menudo recaen sobre aquella generación de narradores. Que yo sepa, nadie hizo juramento alguno que haya traicionado. Aunque tal vez otros esperaban que hicieran las cosas no a su gusto, sino al de los demás.

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(De pie: Luis Alemany, Rafael Franquelo, Dolores Campos-Herrero, El autor del texto, Juan Manuel García Ramos, Mario Vargas Llosa y Juan Cruz. Sentados: Luis León Barreto, Alberto Omar y Juancho Armas Marcelo)

Y ya que he dicho lo que me parece positivo, también voy a decir lo negativo. Al ser una generación fundacional, con la misma fuerza que arrastraron a los fetasianos, podrían no haber hecho tierra quemada de lo que vino después. Parece como que después de los escritores del setenta aquí nadie más ha escrito una novela. Y no lo digo por mí, que me salvé por los pelos cuando metí la cabeza en un póker de premios consecutivos a principios de los ochenta y se armó tanto ruido que da la impresión de que en la penúltima década del siglo XX sólo surgió un nuevo narrador en Canarias. Y no es verdad, hay nuevos narradores, pero sus nombres no suenan, sus libros no circulan, y puedo decir esto porque he estado muy cerca, y tanto en los ochenta como en los noventa el peso primerizo de los narradores ha sido estimable, por lo menos no inferior al que dieron en canal los de los setenta.

Pero no se trata de hacer competiciones. Los del setenta tienen el pedrigree fundacional, eso lo reconozco y lo defiendo, y también digo que como generación cronológica se han mantenido vivos prácticamente todos, cosa que no es frecuente porque muchos suelen abandonar. Hay un centenar largo de novelas escritas por canarios en los últimos 25 años, y con que sólo fuesen buenas el 10%, tendríamos 15 buenas novelas, y eso no pueden decirlo todos los territorios, y, la verdad, tampoco en Sicilia se escribe un Gatopardo cada año. Y ello ha sido posible porque hubo una generación que puso a funcionar la máquina. Cada uno de estos novelistas es una persona, la vida es complicada y se parece mucho a una especie de Titánic que a menudo se hunde, y cada cual arría su salvavidas como mejor puede. No entiendo entonces que se baraje la palabra traición. "No juzguéis y no seréis juzgado", dijo Cristo, y lo crucificaron.

Creo que ha llegado el momento de que quienes se mueven en el campo del estudio de la literatura hagan un balance justo del siglo XX, no sólo de los narradores del último cuarto de siglo, a ver si vamos poniendo las cosas en su sitio de una vez, reivindicamos algunas obras importantes, poco o nada conocidas, y le cortamos la cabeza a algunas estatuas de poetastros que tienen rango de capitán general y sólo fueron compositores de ripios. Y eso es cosa de las universidades, que digo yo que para algo tenemos dos, aunque me temo que todo seguirá igual, repitiendo las máximas de Valbuena Prat, corregidas mil veces, y buscándole las comas a las novelas de Galdós, mientras sigue en el olvido el importante corpus teatral de Don Benito. Y es que debe ser verdad la sentencia de Juancho Armas Marcelo al que le pregunté una vez si Canarias es surrealismo o realismo mágico. El me contestó: "Surrealismo máximo, maestro". Pues eso.
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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 del día 27 de enero)