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La muerte como experiencia singularizadora (2ª parte)

"Yo os elogio mi muerte, la muerte libre, que viene a mí porque yo quiero.
¿Y cuándo querré? - Quien tiene una meta y un heredero quiere la muerte en el momento justo para la meta y el heredero.
Y por respeto a la meta y al heredero ya no colgará coronas marchitas en el santuario de la vida".
Friedrich Nietzsche, Así habló Zarathustra.


El hecho de la muerte se puede analizar desde dos puntos de vista antagónicos e incompatibles, uno impersonal, desde la opinión pública o la colectividad ("man" o "uno" en la terminología heideggeriana), y otro personal, desde la propia conciencia, no como algo que le sucede a los demás o una mera posibilidad entre otras, sino como la posibilidad más propia del ser humano.

Al diluirse en la opinión pública, la muerte queda encubierta como algo postergable indefinidamente, generando así un sentimiento de falsa seguridad ante ella. En cambio, adelantándonos y anticipándonos a ella, podremos aceptarla y comprenderla como posibilidad, como la posibilidad más real de todas.

ser y tiempo.jpgLa tesis de Heidegger es que debemos elegir esta última opción, la personal, para que la anticipación de la muerte se convierta en una "experiencia singularizadora", aquella que nos abre a la conciencia de que somos un ente único, distinto a todos los demás, y responsabilizarnos de nuestra propia existencia: "La muerte no «pertenece» tan sólo indiferentemente al propio Dasein, sino que ella reivindica a éste en su singularidad".

La anticipación de la muerte nos permite esta autocomprensión por una doble vía. Primero, al experimentar nuestra existencia como un proceso que poco o nada tiene que ver con un hecho consumado o clausurado: "A la constitución de ser del Dasein le pertenece esencialmente la aperturidad en general".

Y en segundo lugar, al experimentarla como un acontecimiento esencialmente intransferible: "El adelantarse (a la muerte) hace comprender al Dasein que debe hacerse cargo exclusivamente por sí mismo del poder-ser en el que está radicalmente en juego su ser más propio". Al tomar conciencia de la singularidad de la propia existencia, se constituye un Dasein diferente al resto, individual y responsable, con capacidad de decidir libremente sin las ataduras que imponen la moda o las habladurías.

Precisamente ahí radica el riesgo de una decisión que en cada caso puede provocar, o bien la perdición del individuo, que implica la disolución de la propia identidad en la colectividad, o bien la creación de una identidad propia y autónoma capaz de enfrentarse a la dictadura del "uno": "La muerte es la posibilidad más propia del Dasein. El estar vuelto hacia esta posibilidad la abre al Dasein su más propio poder-ser, en el que su ser está puesto radicalmente en juego. Allí puede manifestársele al Dasein que en esta eminente posibilidad de sí mismo queda arrebatado al uno, es decir, que, adelantándose, puede siempre escaparse de él".

En última instancia, la anticipación de la muerte coloca al ser humano ante la necesidad de elegir entre un modo de vida impropio, que Heidegger denomina "inautenticidad", o un modo de vida propio, "auténtico".

Solo desde esta "autenticidad" de la que habla Heidegger, seremos capaces de mirar de frente a la muerte como el Zaratustra de Nietzsche, inevitablemente doblegados ante su aniquilación, pero con el consuelo de pensar que quizás nuestra vida haya valido la pena.

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7 comentarios

1

Mirar de frente a la muerte es casi un imposible en la civilización occidental, y menos después de haber pasado por el tamiz de la segunda mitad del siglo XX, en el que se divinizó la juventud. Antes, venerar a los ancianos seguramente tendría también que ver con que ya se avecindaban a la muerte, pero ya la vida se ha convertido en un juego de ordenador, y me temo que muchos jóvenes piensan que tienen varias vidas y pueden empezar de nuevo la partida. Pero no, como dijo el clásico, la vida es una obra de teatro sin texto y sin ensayo.

2

Tienes razón, Emilio. La banalización de la muerte, en el mejor de los casos, o su negación, en el peor de ellos, me parece uno de los síntomas de esta sociedad a menudo infantilizada en la que vivimos.
De ahí, la importancia de reflexiones como la de Heidegger sobre el tema, no para anclarnos en un pesimismo paralizante, como en muchos casos hizo el existencialismo (por eso, a pesar de ser el "padre filosóofico" de la corriente existencialista, Heidegger nunca se identificó con ella), sino para reivindicar el carácter único y al mismo tiempo efímero de la existencia.
Por eso la muerte, o en este caso, su anticipación, es "la" experiencia singularizadora por antonomasia. El ser humano enfrentado con autenticidad a esa anticipación no puede quedar inmune ni anestesiado para enfrentar los múltiples desafíos que le impone la vida.

3

Muero, luego existo.

4

Me parece mucho más fácil teorizar sobre las categorías del ente, por decir algo, que sobre la muerte. Creo que no importa mucho lo que pensemos sobre el asunto, a la hora de enfrentarnos a ella, es mucho más relevante la parte sumergida del iceberg.

Los comentarios me invitan a poner este enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=1wKPPt8JMts

Por otro lado cuento una experiencia que me sucedió justo esta mañana. Yo en mi trabajo atiendo al público. Hoy se sentó un señor mayor con el que tengo muy buena relación para unas cuestiones administrativas que no vienen al caso. Me dijo que había cogido la guagua para ir al Ayuntamiento y que había tomado la determinación de no volver a coger ninguna jamás. Pensé que le había pasado algo desagradable y le di a entender que estaba dispuesto a escucharlo. Cuando entró en la guagua se le cayó el bono al suelo, después de validarlo, y dos chicos se agacharon a recogérselo. Después, con la guagua en marcha, empezó a caminar hacia el fondo y una señora le ofreció el asiento. Otros dos chicos se levantaron y le ofrecieron el suyo para que la señora no estuviera de pie. Le pregunté a mi cliente su edad. Ochenta y cuatro años. Quizá no debí hacerlo, quizá fui brusco. Se emocionó, e hizo que yo me emocionara también. Le dije que debía alegrarse de que quedara gente joven con educación. Los ojos se nos humedecían. Rebajamos la tensión con algunos comentarios. Se levantó y se fue.

Hay hechos puntuales que nos envejecen de pronto, con los que tomamos conciencia de la edad que tenemos, como si el tiempo, en vez de avanzar de manera continua, nos metiera empellones.

5

“Vivimos en una sociedad en la que los fallecimientos, desde el punto de vista psicopedagógico, se ocultan y se banalizan privándonos de un sentido de la vida que vaya más allá de lo inmediato. Se transmite a los niños, a la juventud, una educación futurista y muy poco basada en el presente. Viven en una realidad virtual y la muerte se ha convertido en un tabú.” Concepción Poch”
En nuestro mundo occidental se niega la muerte, se la esconde, se la maquilla y se le hace desaparecer. Los medios de comunicación nos muestran “lo que sucede en el mundo”, nos recuerdan que ELLA sigue ahí. Pero lo hace en forma de catástrofes, accidentes, conflictos bélicos, asesinatos,… bien distante y alejada de nosotros.
En la generación del tener que rivaliza con la del ser, los niños y adolescentes afrontan la muerte con dificultades añadidas a otras épocas, cuando la muerte no se ocultaba. Las familias, los docentes, los medios de comunicación... pueden enseñarles a asumir la muerte como una fase más -sin traumas- de la vida.
¿Hasta cuando una educación en la muerte será considerada un tabú contraproducente en la escuela y en nuestra sociedad? Mientras se fomente la cultura del tener frente al ser, tendrá muy pocas opciones y a las nuevas generaciones se le privará integrar a la muerte en su contexto de vida.

6

A Juanjo. A menudo, un gesto o una situación como la que comentas expresa mucho más que todas las palabras posibles que uno pueda escribir sobre el tema. De tu comentario, sin embargo, me quedo con ese gesto de complicidad entre ese señor mayor -que seguramente nunca sabrá del respeto y la admiración que sentimos hacia él y hacia su experiencia de la vida- y tú.
Ojalá que sean muchos los años venideros y con buena salud para que ese señor continúe cogiendo la guagua, o caminando si lo prefiere. Su sola presencia es un ejemplo de fortaleza y resistencia para todos los demás. Como digo, a menudo sobran las palabras.

7

Totalmente de acuerdo contigo, Manolo. Gracias por participar con tus opiniones y bienvenido al blog. Saludos.

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